Historia de los Mayas

Ámbito geográfico y lingüístico

La civilización Maya

La historia Maya

Organización Socio-económica

La Religión

Vida Cultural

Ámbito geográfico y lingüístico

Maya-Maske

Máscara maya del periodo posclásico, encontrada en Placeres, Campeche

Los pueblos de estirpe maya ocupaban y siguen habitandolos territorios centroamericanos correspondientes a la península del Yucatán (Estados de Yucatán, Campeche y territorio de Quintana Roo), Estado de Tabasco y Chiapas, en México; Honduras británica; la mayor parte de Guatemala, el oeste de Honduras y parte de El Salvador; de una mayor expansión es indicio la existencia de los huaxtecas, más al Norte, en Veracruz, Tamaulipas y San Luis Potosí.

País casi todo él de clima cálido, dividido geográficamente en la meseta y las cordilleras de Guatemala, erizadas de volcanes, de clima algo menos caliente, con los valles de los ríos Motagua y Usamacinta; las tierras bajas del Petén, con el lago de igual nombre, centro de una cuenca interna, rodeadas de colinas, y aun limitadas al Este por una alta sierra, país de sabanas y de extensos bosques, rico en recursos de todas clases; y las llanuras yucatecas, calizas, escasas en agua, donde los pozos naturales o cenotes concentran la población y donde la selva es sustituida por el matorral espeso, principal región marítima de los mayas. La zona de Tabasco es sumamente cálida, húmeda y cruzada por ríos.

La familia lingüística comprende el huaxteca, cuyo pueblo permaneció aislado y en bajo nivel de cultura, sin participar en el desenvolvimiento del resto; el maya propio, del Yucatán, con el lacandón de Chiapas; el grupo quiché, en Guatemala, al que pertenecen el quiché, el cakchiquel —ambos muy hablados aún—, el tzutuhil, el kekchí, el pocomán y el poconchí; el grupo mame, en Guatemala y Chiapas; el grupo tzendal y tzotzil, en Chiapas, y el chontal (Tabasco), chol, chañabal (Chiapas) y chorti (Guatemala y Honduras).

No hay coincidencias entre los filólogos y etnólogos en la clasificación de estas lenguas: Rivet y W. Lehmann hacen dos grupos, tzendal-maya y poconchí-quiché-mame; Morley agrupa por un lado el maya, quiché y mame y por otro el tzendal y chol. El número de gentes que hablan hoy estas lenguas asciende a cerca de dos millones. Dentro de las características de la raza americana se distinguen por su estatura más bien baja y la extrema braquicefalia y no faltan los rasgos reveladores de su comunidad con las razas mongólicas.

La civilización Maya

La civilización maya es una de las más antiguas de América y de las más florecientes del Nuevo Mundo, habiendo superado en algunos aspectos a la mexicana e incaica; puede compararse dignamente en otros a las antiguas orientales, y aun en algún respecto con las culturas clásicas.

Su historia es, sin embargo, muy poco conocida, por la pérdida de sus manuscritos, ya a través de las edades o a raíz de la conquista y la conversión. Por tanto la fuente capital para el estudio de esta cultura es la arqueología, en primer término los restos de sus ciudades; valiosa ayuda para la historia maya ha sido el desciframiento del avanzadísimo sistema de cronología que poseía.

Problema muy discutido ha sido el del origen de esta cultura, que es indudablemente la más antigua de las altas civilizaciones americanas indígenas. para la escuela norteamericana en general, y también para la mexicana, procede de un desarrollo puramente indígena, sin aportaciones exteriores; Graebner (y la escuela difusionista o historicocultural) admiten la influencia de elementos venidos de Asia a través del Pacífico, señalando especialmente una coincidencia indudable entre los calendarios maya y y los del este y sudeste de Asia, como ya advirtió Humboldt. Krickeberg admite el origen autóctono de esta cultura, aunque acepta posibles influjos asiáticos durante su desenvolvimiento.

Probablemente brotó del nivel llamado cultura media, del que también derivó la civilización mexicana, caracterizado por la agricultura, la cerámica, el tejido; el uso de instrumentos de piedra, hueso y madera, organización tribal y religión desarrollada, nivel de tipo neolítico. Recientemente, algunos arqueólogos mexicanos han supuesto que la cultura maya es posterior y derivada de la cultura olmeca, de la región de Veracruz y Tabasco (hallazgos de Tres Zapotes y la Venta), aduciéndose fechas grabadas en sus monumentos que remontan a los siglos I a. de C. y I y II de. de C.

Morley rechaza la autenticidad de tales fechas y considera que la cultura maya es anterior a la olmeca; que surgió en la región del Petén, a base del cultivo del maíz, que debió iniciarse por pueblos ya mayas, en las tierras altas del occidente de Guatemala, hacia el III o II milenios a. de C., de donde se extendería en el I a. de C. al Yucatán, y las fechas ciertas más antiguas conocidas son las consignadas en la placa de Leyden (320 d. J. C.) y en una estela de Uaxactún (año 328); por tanto, coloca en el s. IV d. J.C., el comienzo de la cultura maya, caracterizada por el uso de la escritura, del calendario y de la gran arquitectura abovedada de piedra, habiendo vivido hasta entonces los mayas del Petén y del Yucatán, en el estadio neolítico dicho, aunque se debe admitir un largo desarrollo hasta llegar a dicho momento, ya bastante evolucionado (época premaya III de Morley, siglos IV a. de C. al IV d. de C.); otros arqueólogos adelantan el principio de la alta cultura maya a las proximidades de la era cristiana.

Para Krickeberg la cultura olmeca se debe a protomayas, y la premaya (anterior e los siglos IV y VI) es una variante temprana de la alta cultura mesoamericana. El comienzo del calendario se sitúa en 353 ó en 235 a. de C., antecediendo, como en el antiguo Egipto, a otras manifestaciones culturales.

La historia Maya

Se divide la historia maya —apenas conocida en hechos y nombres, mucho menos que la e inca— en Antiguo Imperio (siglo IV d. de C. a fines del siglo X) y Nuevo Imperio (fines del siglo X a la conquista). Los primeros focos radicaron en las ciudades de Uaxactún y Tikal, en el Petén, cuna, al parecer, de la alta cultura maya, a partir del siglo IV d. de J.C., desde donde se difundió con rapidez a las zonas inmediatas, valle del Usumacinta, mesetas de Guatemala y Honduras, y al Yucatán (siglo V), aunque aquí con menor intensidad, surgiendo nuevas ciudades, reveladas por sus monumentos.

Se ha supuesto que no existían tales ciudades propiamente, sino que los yacimientos indican los centros religiosos y políticos donde se concentraban los monumentos, focos de amplias regiones agrícolas y de población dispersa, que debió ser extraordinariamente densa (Krickeberg); morley se inclina a creer que se trataba de verdaderas ciudades, en forma muy amplia y dispersa, habiendo desaparecido por la pobreza de su material las casas populares.

La gran metrópoli del Antigo Imperio fue Tikal y su rival Copán, en Honduras, aparecida en el siglo V; también en el siglo V al VI aparecieron Toniná, Piedras Negras, Yaxchilán y Palenque (valle de Usumacinta), Calakmuy (sur del Yucatán) y Naatchtún (Petén); Tulun y Cobá (norte del Yucatán), a fines del VI y comienzos del VII. Se conocen estas fechas por la costumbre generalizada de erigir estelas fechadas al final de ciertos periodos de su cronología.

Tras un periodo breve de transición (633-731), en que aparecen Quiriguá (valle del Montagua) y Etzná (Yucatán), sobreviene un tercer periodo (731-987); alcanza su edad de oro la cultura maya, expresada en su arte, en el siglo VIII, con obras maravillosas, pero desde comienzos del siglo IX aparece la decadencia, disminuyendo las estelas fechadas o cesando la actividad arquitectónica; las ciudades eran abandonadas y borradas por la selva, no sobreviviendo una sola en la época de la conquista española y quedando totalmente olvidada su historia; la población emigró, dirigiéndose a las mesetas de Guatemala y en buena parte al Yucatán —por el sudoeste del mismo—, ya colonizado a partir del siglo V y donde se fueron fundando nuevas ciudades, como la futura gran metrópli de Chichén-Itzá, que aparece desde 435-455, pero abandonada por los itzáes a fines del siglo VII, y sus monumentos desde 879; se ha atribuido la rápida ruina de la antigua civilización maya a catástrofes naturales, cambio de clima, decadencia interna, agotamiento, epidemias guerreras, pareciendo más probable que se debiera principalmente a insuficiencia de su agricultura para sostener una elevada población.

Desde fines del s. X (987) comienza en Nuevo Imperio maya, cuyo centro fue el norte del Yucatán, iniciado por inmigraciones desde el sudoeste, como la de los itzáes, que vuelven a ocupar Chichén-Itzá, algo antes de 987, acompañados por elementos mexicanos, mandados, según sus tradiciones, por el héroe Cuculkán, que parece ser el mismo Quetzálcoatl , y que también fundó Mayapán; otro héroe migratorio, Votan, de los tzentales, parece ser idéntico, con fuerte tono mítico; otras leyendas llaman Itzamná al fundador de Mayapán.

Los tutul-xiús, mandados por su jefe Ah Zuitok Tutul Xiú, fundaron a su vez Uxmal, entre 987 y 1007; estos habían salido de Nonoual, en Tulapán, país identificable con la Tula o Tollan , centro de los toltecas. Queda en claro una invasión o mejor inmigración de elementos mexicanos, pero asimilados a la cultura maya con otros mayas, que se establecieron en la época dicha en el norte del Yucatán, implantaron nuevas dinastías —cocomes, en Mayapá; tutul-xiús, en Uxmal—, y fundaron una confederación de las tres ciudades, Liga de Mayapán, que ejerció la hegemonía y continuó la cultura maya provocando su resurgimiento, aunque con influjos nahuas.

Los siglos XI y XII fueron de gran prosperidad, como lo indica el arte y se convirtieron Uxmal y Chichén-Itzá en grandes ciudades; en 1194 se rompió la alianza y Mayapán venció a Chichén-Itzá, imponiendo su hegemonía con ayuda de guerreros mexicanos permanentes.

La opresión de Mayapán provocó una sublevación general en 1441, se destruyó la ciudad, desapareció su Estado, se abandonaron las grandes ciudades (Uxmal y Chichén-Itzá) y reinó una completa fragmentación política, que hallaron los españoles al siglo siguiente, cuando se descubrió el Yucatán y cuando Montejo emprendió, con bastantes dificultades, la conquista de la península, donde halló en plena decadencia la cultura maya, a la que habían contribuido numerosas epidemias y calamidades naturales.

En 1546 estuvo terminada la sumisión. Quedó independiente un señorío, el Itzá, fundado en el Petén, a raíz de la caída de Mayapán, y que no fue conquistado hasta 1697 por Martín de Ursúa. Alvarado, que a su vez, había conquistado los reinos de los quichés, cakchiqueles y tzutuhiles, en Guatemala.

Organización Socio-económica

No existió probablemente nunca un verdadero imperio maya, pues predominó el régimen de ciudades-estados, confederados, entre las que destacaban las mayores mencionadas. Cada Estado estaba regido por señores hereditarios, los halach uinic o ahau, cada uno de ellos era un jefe militar y político de amplios poderes, y quizá también religioso en el Antiguo Imperio; nombraba a los caciques secundarios y se asesoraba por un consejo de jefes, sacerdotes y altos personajes; había además jefes supremos militares nacom por periodos de tres años.

La nobleza estaba formada por los caciques de lugares menores, de carácter hereditario batab, que conservaban sus genealogías, de las que algunas quedan de la época española, y había funcionarios menores para las pequeñas circunscripciones. El sacerdocio era también hereditario y gozaba de elevada consideración, presidido por un gran sacerdote; intervenían en el gobierno y eran los depositarios de los conocimientos científicos; entre sus diversas clases figuraban adivinos y sacrificadores.

La masa popular, dedicada a la agricultura y a oficios, estaba muy sometida a las clases superiores, a las que abonaban tributos de productos agrícolas, prestaciones en trabajo y transporte, por la falta de animales de carga y tiro; las tierras eran comunales.

Existía la esclavitud, alimentada principalmente por los prisioneros de guerra y también por herencia y compra. No había organización tribal en la época de la conquista, pero quedan huellas de una antigua existencia de clanes exógamos; la familia era, en general, monógama, con grandes facilidades para el repudio, y la sucesión estrictamente patrilineal.

La base económica del pueblo maya afincaba en la agricultura y fundamentalmente en el cultivo del maíz, planta sagrada, originaria probablemente de aquella área, más que del Perú; su siembra era objeto de una fiesta solemne, y su rendimiento tan grande que Morley calcula que con mes y medio de trabajo se podía recoger lo suficiente para una familia, quedando más de diez meses disponibles para los enormes trabajos arquitectónicos.

También se cultivaba frijol, calabazas, batata, yuca, frutas tropicales, cacao, algodón, tabaco, etc.; no se conocía más instrumento que el palo cavador, y el procedimiento de cultivo, la tala, la roza o quema del monte y el abandono del campo agotado a los pocos años. Completaban los medios de vida la abundancia de caza, la miel, las fibras (sisal) y otros productos vegetales espontáneos (buenas maderas, plantas tintóreas, especias, resinas odoríferas).

Es de advertir que la cultura maya apenas pasó de la Edad de Piedra, en su etapa neolítica; en el Antiguo Imperio aún fue desconocido el metal, y en el Moderno se usó el cobre y algo el oro en objetos decorativos, pero en reducida cantidad y no en armas o herramientas. Sobresalieron los mayas en la talla de la piedra, el tejido (con bellas muestras según las representaciones plásticas, a veces con una especie de bordado), la plumaria, la cestería y la esterería.

La cerámica, cuyo apogeo corresponde al Antiguo Imperio, fases Tzakol y Tepeu, produjo vasijas y figuras de arcilla, aquellas con decoración plástica y policromía, con gran riqueza de formas y ejemplares sumamente bellos y delicados, de brillantes colores, que supera a veces al resto de la cerámica americana; no conoció el torno de alfarero. Asimismo han dejado los mayas excelentes muestras de lapidaria (especialmente en jade); los bellos mosaicos hallados parecen de origen mexicano.

El tráfico terrestre era a espaldas del hombre, existiendo buenas calzadas, hechas probablemente con fines religiosos y políticos, y por las que circulaban los mercaderes; por ellas, en parte transitó la hueste de Cortés en su expedición a Honduras y le dieron un mapa indígena con indicación de caminos. Navegaban en buenas y grandes canoas, como la que halló Colón en su último viaje.

Al parecer, navegaban hasta Panamá, pero si hubo navegaciones a Cuba fueron fortuitas. Como moneda usaban granos de cacao, cuentas de colores o piececitas de cobre. Los granos de cacao no eran pesados, sino contados, lo que hacían fácilmente por su pericia matemática.

La Religión

La religión consistió primeramente en el culto de fuerzas naturales, adquiriendo mayor complejidad al desarrollarse la civilización; aparecieron divinidades agrícolas; los dioses se individualizaron y se relacionaron con el calendario y la astronomía y tomó el culto carácter más ceremonioso, surgiendo los grandes santuarios; la religión adquirió en el alto sacerdocio tono teológico y esotérico.

Los principales dioses —unos benéficos, otros malévolos— eran Itzamná, dios del cielo, soberano de otras deidades, cuyo santuario estaba en Izamal; se le consideraba también héroe civilizador, coincidiendo con Cuculkán, el Quetzalcolt , cuyo centro estaba en Chichén-Itzá; Chac, dios de la lluvia; el del maíz (de nombre desconocido), deidad benévola; Ek Chuak, dios de la guerra y de los mercaderes; Hunab Ku, dios creador, pero oscurecido; Ixchel, diosa del agua y de la maternidad, esposa de Itzamná y maléfica; Ah Puch, dios de la muerte, y otras divinidades que representaban los astros o conceptos cronológicos, como los batab, dioses de los días y de los puntos cardinales; otros de los meses, del mundo superior y del inferior, etc.; algunos adoptaban formas hipostáticas

El culto consistía en numerosas fiestas solemnes; se practicaban oraciones, sacrificios, sahumerios, danzas rituales, peregrinaciones, ayunos, abstinencias, penitencias (como extraerse sangre), una especie de confesión.

También existían sacrificios humanos y se afirmaba a los misioneros del s. XVI que con la idolatría habían sido introducidos por los nahuas, debiendo de ser más cierto respecto de aquellos; parece, en efecto, haber poseído más elevación la fe en el Antiguo que en el Nuevo Imperio.

Creían en la vida futura de premios y castigos y en la inmortalidad del alma, y en que el mundo había sido creado cuatro veces, pereciendo cada una por un diluvio; también se practicaba la adivinación. El Popol-Vuh considera dioses creadores a Tepeu Y Gucumatz, originadores de los clanes quichés.

Vida Cultural

Conocieron los mayas la escritura, siendo en ello los únicos pueblos de América con los mexicanos. Era pictográfica e ideográfica, inferior a la , que ya estaba evolucionada al fonetismo, siendo erróneo el supuesto alfabeto maya dado a conocer por fray Diego de Landa en el s. XVI. Solo se han descifrado los signos aritméticos y calendáricos.

Del naufragio de la cultura maya sobreviven solo tres códices jeroglíficos: el de Dresde, el de París Peresianus y el Tro-Cortesiano, en el Museo de América, de Madrid; están en papel de corteza o de maguey, con un baño de cal y pintados encima y plegados en acordeón.

En escritura latina, aprendida de los misioneros, quedan algunas obras de tipo histórico, como los libros de Chilam-Balam (tres: de Maní, de Titzimin y de Chumayel, la crónica escrita por Nakuk Pechen el s. XVI; los Anales de los Cakchiqueles o memorial Cakchiquel de Tecpan-Atitlan; la obra cumbre de la literatura indígena americana conocida es el Popol-Vuh, escrito en el s. XVI, conocido por la transcripción y traducción de Fr. Francisco Ximénez en el XVIII y publicada por Brasseur de Bourbourg en 1861 (v, ed, española de A. Recinos, México, 1947); en lengua quiché contiene las tradiciones cosmogónicas, mitológicas e históricas de los quichés, siendo una obra de gran valor literario por su forma y por su pensamiento. Queda una representación dramática ritual, en quiché, el Rabinal Achi, descubierto por Brasseur.

Notabilísima altura alcanzaron los mayas en las matemáticas y en la astronomía, con realizaciones sorprendentes y superiores a las civilizaciones clásicas del Viejo Mundo, conocidas por sus numerosas inscripciones. En numeración —que era vigesimal— inventaron el cero y dieron gran desarrollo al valor de la posición de las cifras, expresando fácilmente cantidades muy grandes.

En astronomía conocieron la predicción de eclipses, la duración exacta del año solar —introduciendo una corrección más precisa que la gregoriana—, de las lunaciones y de las revoluciones de Venus, utilizando como observatorios las cimas de las pirámides-templos o construcciones ad hoc, y desde luego sin aparatos.

Aplicaron sus excelentes conocimientos astronómicos al calendario, de extraordinaria complejidad y precisión; había un año convencional de doscientos sesenta días tzolkin, de finalidad ritual, cuyos días se designaban por una combinación de un número y un nombre; otro de trescientos sesenta y cinco días, dividido en 18 meses de 20 días, más cinco complementarios, que volvía a coincidir con el anterior cada 52 años. las fechas mayas se componen de cinco cantidades, expresivas de otros tantos periodos, cada uno veinte veces mayor que el inferior, salvo uno (día o kin, uinal = 20 días; tun = 360 (20 x 18); katún = 20 tunes; baktún = 20 katunes), más la indicación del día; tales periodos marcan el tiempo transcurrido desde el comienzo de la era maya, cuyo principio real se supone en las fechas dichas antes (el teórico corresponde a 3113 a. de C.); esta es la cuenta larga o serie inicial, a la que se agrega la serie secundaria que corrige astronómicamente a la otra, y la de cuenta corta, menos exacta, pero más sencilla de expresar. Probablemente muy difícil ha sido establecer la concordancia del calendario maya con el gregoriano.

El arte maya ha producido obras sumamente notables. la arquitectura, a base de piedra y cemento de cal, ha dejado principalmente palacios y templos, y se divide en las dos etapas del Antiguo y Nuevo Imperio. Se construían edificios sobre plataformas o sobre pirámides escalonadas y con escalinatas, que alcanzan a veces alturas muy grandes, como una de Tikal, que tiene 70 metros.

La construcción más antigua es un pirámide de Uaxactún, del s. IV d. de C. Las construcciones eran de forma alargada y rectangular, de varios pisos, con varias puertas y sin ventanas, y se usó, por excepción en América, la bóveda, aunque falsa, en saledizo o por acumulación de hiladas. A veces se corona el edificio por un muro a modo de cresta; las fachadas se revestían de relieves en piedra, estuco o madera, con escenas y figuras o temas geométricos. El apogeo se alcanzó en el Yucatán, en el Nuevo Imperio.

Los restos más notables son los templos-pirámides de Tikal, Copán, Yaxchilán, Chichén-Itzá y Uxmal (el templo de las Inscripciones en Palenque ha demostrado que las pirámides eran también funerarias); los palacios de Palenque, Chichén-Itzá (casa de las monjas) y Uxmal (casa del gobernador, la más bella construcción); observatorios (Uaxactún, el Caracol de Chichén-Itzá); juego de pelota (Copán, Chichén, Uxzmal); columnatas (Chichén, Sayil), recintos para espectáculos, plataformas para danzas rituales; son muy escasas, en cambio, las fortificaciones.

Existen otros restos de interés en Calakmul, Naranjo, Nakum (Petén), Kabah y Labná (Yucatán) (ambas ofrecen falsos arcos, Dzbilchaltun, [N. del Yucatán], San José [Belice]) etc., conociéndose hoy ruinas o emplazamientos de unas 116 ciudades mayas, grandes o pequeñas, sin contar el área quiché.

La escultura desarrollada a lo largo de los diversos periodos de la cultura maya, alcanzó su apogeo y sus formas más perfectas en el siglo VIII. Las figuras, del perfil al comienzo, se hicieron, asimismo, de frente, trabajándose en piedra caliza de preferencia, y también en madera, estuco y arcilla. Aparece en forma de relieves (bajo y medio), revestimientos de estuco, dinteles de madera, y sobre todo en numerosas estelas, unas con figuras y otras con jeroglíficos y fechas. Fue más rígida y hierática la escultura exenta o en grandes estelas, y con más libertad en los relieves.

En el Nuevo Imperio la escultura fue principalmente decorativa y subordinada a la arquitectura. Obras muy notables son las estelas de Copán, Quiriguá (donde hay una de más de diez metros de altura). Piedras Negras —estas marcan la evolución hacia el apogeo artístico—; Los relieves de Palenque (uno muy famoso con una especie de cruz); de Seibal, el bellísimo de Piedras Negras; los dinteles de madera de Tikal y los de piedra de Yaxchilán; el trono de Piedras Negras y el del jaguar rojo de Chichén-Itzá; los relieves de estuco de Palenque, la estatua exenta de Chac Mool en Chichén, etcétera.

En general, la escultura maya ofrece mayor gracia y elegancia que la mexicana y la inca, a las que supera. También se cultivó la pintura, aunque quedan escasos restos, reveladores del nivel alcanzado, como los frescos de Uaxactún y Bonampak, del Antiguo Imperio —los de Bonampak no han confirmado el supuesto carácter idílico atribuido a los mayas—; los de Chichén-Itzá (templo de los guerreros, con una escena de pesca, templo de los jaguares, con una de combate), además de los vasos pintados y de los códices citados.

Quien primero describió la cultura maya y recogió noticias únicas fue el prelado fray Diego de Landa, en la segunda mitad del siglo XVI Relación de las cosas de Yucatán, no publicado hasta 1864, pero usado por Herrera), a quien siguieron fray Antonio de Ciudad Real (en la Relación... de algunas cosas... que sucedieron al padre fray Antonio Ponce... (fines del s. XVI), Bernardo de Lizana Devocionario de Nuestra Señora de Izamal y Diego López de Cogolludo Historia de Yucatán (siglo XVII ambos).

En el siglo XVIII se descubrieron Palenque y otras ciudades del Antiguo Imperio. Carlos III ordenó al enterarse la exploración de Palenque, que llevó a cabo José de Estachería. En el XIX y XX la investigación maya ha despertado enorme interés, abriendo la marcha de abate Brasseur de Bourbourg, que dio a conocer los principales textos mayas, tras él León, lord Kingsborough, de Rosny, Stephens, Maudslay, Brinton, Seler, Lehmann, Förstemann, Cyrus Thomas, Holmes, Maler, Spiden, J. Eric S. Thompson, Tozzer, Sylvanus G. Morley La civilización maya, traducción española, México, 1947), von Hagen, Alberto Ruz Lhullier, Miguel Covarrubias, Kelemen, etc., habiendo trabajado especialmente investigadores mexicanos, alemanes y norteamericanos.

Actualmente se llevan con gran actividad las exploraciones y excavaciones en toda el área maya. La civilización maya brilla primordialmente en el terreno de la arquitectura, la escultura, la pintura y las artes industriales, y muy por encima de las demás precolombinas en la numeración, la astronomía y el calendario, siendo inferior en organización política, caminos y trabajo del metal, adoleciendo de las mismas carencias —rueda, arado, animales domésticos, hierro— que el resto de América; avalora esta cultura el hecho de haber conseguido sus magníficas realizaciones en plena Edad de la Piedra. Fue también la más temprana de las altas culturas americanas, y por ello ya estaba lejos de su apogeo al ponerse en contacto con la civilización europea.

R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo F-M, págs. 974-979.