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Época Prehispánica.

Machu Picchu, arquitectura incaicaMachu Picchu.

Los primeros pueblos que aparecieron en territorio peruano fueron cazadores y pescadores y dejaron restos de instrumentos de piedra, conchas y hueso. El largo periodo en que se desarrollan estas culturas ha sido llamado precerámico y los restos más antiguos han sido fechados por el método del Carbono 14 hacia el cuarto milenio antes de Cristo. Alrededor del año 1200 a. C. aparecen los primeros restos de cerámica y hacia el año 1000 el cultivo del maíz y la primera cerámica decorada. Esta es la llamada cultura Chavín que se extendió por la zona andina del N. y por la costa central y septentrional, donde recibe el nombre de Cupisnique. El nombre de Chavín lo tomó de una pequeña localidad que conserva unas ruinas monumentales.

La decoración de esta pintura se caracteriza por las líneas curvas que aparecen, tanto en los relieves (estela de Raimondi) como en la cerámica, de color marrón terroso y negra. Como tema principal de la decoración aparece la cabeza de un felino. Surgen después una serie de innovaciones técnicas que dan lugar a dos nuevas culturas en los valles de la costa septentrional: Salinar en el valle de Chicama y Gallinazo en el valle del Virú. A la primera pertenece una cerámica con decoración blanca sobre fondo rojo y a la segunda un estilo con decoración negativa. Estas dos culturas practicaron la irrigación, cultivaron la quina y la coca y dejaron restos de construcciones de adobe.

En la Península de Paracas se han encontrado restos de viviendas cubiertas con techos de paja, pero los hallazgos más importantes son los de cerámica y tejido. Se pueden distinguir dos periodos: el de las cavernas y el de las necrópolis. Lo más importante de esta cultura son los tejidos, que se distinguen por su delicado colorido, jamás igualado posteriormente. Algunos están cubiertos de bordados de vivos colores y se representan seres mitológicos, guerreros, danzas, monstruos, etc. En algunos mantos se han identificado hasta 22 colores distintos. Todas estas culturas pertenecen al llamado periodo formativo.

El siguiente periodo recibe el nombre de clásico y se caracteriza por el desarrollo de los procesos técnicos. A él pertenecen: la cultura Mochica, en la costa septentrional; Recuay, en el callejón de Huaylas, en las tierras altas del Norte; Nazca, en la costa Sur, y Tiahuanaco clásico, en el lago Titicaca.

La Cultura Mochica

Antes llamada Proto-Chimú o Chimú antiguo, fue desarrollada por un pueblo de agricultores y pescadores, aunque practicaban la caza, si bien como deporte más que como complemento alimenticio. Los restos más importantes son las Huaca del Sol y la Huaca de la Luna, en el valle de Moche, en el que quedan extensos canales de irrigación.

La base principal de la fama artística de los mochica es su cerámica, asombrosa por su variedad, cantidad y calidad pictórica. Los colores empleados en la decoración son el rojo, el blanco y posteriormente, el negro. La decoración era naturalista y sirve de fuente para conocer el género de vida de este pueblo; se representan grupos de guerreros, cazadores, caciques transportados en literas, etc.

Características de esta cultura son las vasijas retrato que reproducen tipos físicos muy varios y en algunas ocasiones enfermedades, deformaciones o mutilaciones. También pertenecen a esta cultura los jarrones silbadores, las vasijas con vertedera en estribo y los jarros zoomorfos. Trabajaron igualmente el oro, la plata y el cobre, habiéndose encontrado joyas variadas de estos metales.

La Cultura Recuay

En el callejón de Huylas, hábitat de la cultura Recuay, se conservan restos de construcciones de piedra, esculturas y, sobre todo, un tipo de cerámica de variadas formas con decoración negativa en negro sobre blanco y rojo. Característico de esta cerámica es la aparición como motivo decorativo de felinos de perfil.

La Cultura Nazca

Se situó en tres valles: Nazca, Pisco e Inca. Su cerámica no suministra tanta información sobre su vida y organización como la Mochica, pero se puede observar que daban más importancia a lo sobrenatural que a las actividades humanas. Esta cerámica se caracteriza por su policromía, llegando a veces a emplearse hasta ocho colores, aunque no es original en sus formas. En la decoración, los temas representados son pájaros, peces y frutas, muy estilizados, o motivos mitológicos y religiosos (demonios, genios), algunos con cabeza humana.

La Cultura Tiahuanaco

En cuanto a la cultura Tiahuanaco de este periodo clásico, véase Bolivia prehispánica. Antes del periodo posclásico hubo un momento de influencia de Tiahuanaco en todo el territorio, llamado periodo expansionista, que terminó con la aparición de tres estados costeros: Chimú, Cuismancu y Chincha.

Estos estados construyeron grandes centros urbanos, por lo que son llamados constructores de ciudades. El más importante es el reino Chimú, cuya capital fue Chanchan. Se conservan restos de edificios con motivos semejantes a los de los tejidos. Algunas de las calzadas atribuidas a los incas fueron seguramente construidas por los chimú.

Trabajaron el oro, la plata y también el bronce. La cerámica más usual era la de arcilla negra pulimentada, y menos corriente la de barro rojo, igualmente pulimentada. Las vasijas eran campaniformes, con gollete en forma de espuela o reproducían cabezas de animales. Los tejidos presentaban franjas horizontales y diagonales, así como figuras de peces y aves. También hacían tejidos de plumas de varios colores unidas por urdimbres de algodón.

En el siglo XV todas estas culturas desaparecen absorbidas por un pueblo guerrero e imperialista: los incas.

La cultura propia del altiplano cuzqueño, continuación de la llamada cultura de Chanapata, la impusieron los incas en todo este vasto imperio, aunque apenas si logró arraigar fuera del territorio peruano, y por eso se le llama cultura incaica. No responde, pues, esta denominación de incaica a los motivos etnográficos o geográficos que dan nombre a las culturas que florecieron con anterioridad a ella en territorio peruano, como las culturas chavín, lambayeque, racuay, mochica, chimú, pachacamac, paracas, nazca, tiahuanacu, etc., sino a una denominación puramente política.

Antes de la expansión política inca se han sucedido en Perú y en el alto Perú o Bolivia diversas culturas, y han habitado pueblos distintos que pueden agruparse según las tres zonas geográficas de los países andinos centrales: los yuncas, en la costa; los quechuas, en los valles y sierras, y los collas o simaraies, en la meseta, principalmente en el actual territorio boliviano.

A partir de rasgos comunes a la cultura andina (en tejidos, cerámica, metalurgia, plástica y arquitectura), formada ya hacia 500 d. C., en tres etapas se ha difundido una cultura general para todo el país o buena parte de él, sobreponiéndose a las locales: las más antigua, la de chavín, originaria de la región andina, desde 300 ó 400 d. C. , hasta 600, aproximadamente; siguieron los periodos locales antiguos (600 ó 700 a 900), a los que se sobrepuso la segunda parte general, procedente de Tiahuanco, o periodos medios (900-1200); una nueva fase de periodos locales recientes (siglo XIII o XIV-XV) fue sustituida por la difusión general de la cultura propiamente inca, desde 1400 y antes, hasta la Conquista.

Entre los yuncas se incluyen los chimús, en la zona norte de la costa, quienes desarrollaron una avanzada civilización, manifiesta en la rica técnica del tejido y, sobre todo, en la cerámica polícroma de gran perfección y refinado arte que culmina en los vasos con efigies; hay dos etapas locales: la de mochica (siglo VII-IX) e Ica (1000-1400); para Uhle, el comienzo de las culturas costeras habría sido influido por elementos procedentes de la América media, del área maya o emparentados con ella, al lado de desarrollos autóctonos.

Las culturas costeras, de historia desconocida y solo reconstruidas arqueológicamente, se caracterizaban, además, por el florecimiento agrícola, en una zona desértica, gracias al riego; pirámides escalonadas (las de Moche, del periodo mochica, y las de de Pachacamac, del periodo medio); ciudades como Chancán, capital Chimú, y Pachacamac, con un santuario famoso aún en la época inca; arquitectura de adobe, labores de mosaico y plumería; metalurgia de cobre, oro y plata (la etapa antigua de Nazca era aún de instrumentos de piedra; división en cacicatos; asimismo, con espíritus en formas animales; divinidades felinas; culto lunar; tumbas de pozo y momificación de cadáveres.

En las regiones andinas Callejón de Huailas, alto Marañón) precedieron a los incas otras antiguas culturas, de origen influido asimismo en parte por la América media, pero de mucho más desarrollo autóctono: Chavín, extendía al resto; Huaraz, Recuay, en el periodo medio; con arquitectura en piedra semejante a la de San Agustín (Colombia) y a la de Tiahuanco.

En las mesetas, los collas o aimaraies, que se extendieron al centro del Perú, y su cultura ejerció fuerte influjo en la costa; su centro fue Tiahuanaco, cerca del lago Titicaca, cuyas grandiosas ruinas atestiguan un brillante desarrollo arquitectónico, a base de grandes bloques de piedra, elementos monolíticos y construcciones sobre plataformas; otras ruinas importantes son las de Copacabana, con restos también posteriores. Asimismo era conocida la metalurgia, que quizá tuvo allí su punto de difusión.

La cultura de Tiahuanaco corresponde al citado periodo antiguo (hacia 700 a 900), en el que llega a su fase clásica, esparciéndose después su influjo a la costa, donde dio tono a los periodos medios, e incluso al norte de Chile, a la cordillera oriental de Bolivia y al nordeste argentino; su etapa decadente antecede a la expansión inca.

Hoy no se admite, en general, el parentesco de las lenguas aimará y quechua, supuesto antesHans Horkheimer, El Perú prehispánico, Lima 1950, 2 volúmenes;Luis E. Valcárcel, Historia antigua del Perú, Lima 1943 y 1948, 2 vols;Juan Banayas, Los mitos comunistas, socialistas y colectivistas del Perú prehispánico, Lima, 1951;Sally Falk Moore, Power and property in inca Perú, Nueva York, 1958;José Alcina Franch, Manual de Arqueología americana, Madrid, 1965.

TUDELA DE LA ORDEN, José-MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 933.