Venezuela

Época Prehispánica
El Descubrimiento
Época colonial
Época indepencia
Época independiente

Época Prehispánica

Figurita Timoto-Cuica
Estatuilla de una ofrenda humana timoto-cuica hecha con cerámica, siglo VI.

Cuxent y Rouse, a quienes se deben las más importantes investigaciones arqueológicas en Venezuela han establecido cinco periodos para el estudio de la historia del país. El primero abarca desde 5.000 a 1.000 años a. de C., el segundo desde el 1.000 a 300 a. de C., el tercero desde el 300 a 1.000 d. C., el cuarto del 1.000 a 1. 500 y el quinto de 1.500 hasta nuestros días.

El primer periodo corresponde a una etapa pre-cerámica y pre-agrícola, ya que hasta el segundo no aparecen los primeros grupos de alfareros y agricultores, posiblemente de lengua arauaca. La región más poblada de Venezuela fue la zona costero-montañosa, donde había aldeas densamente pobladas en las zonas de agricultura intensiva y una población periférica nómada.

La región de los llanos tenía escasa población ya que sus habitantes eran nómadas, a excepción de los que ocupaban las proximidades del Orinoco y las llanuras interfluviales en las que se podía desarrollar la agricultura. Los nómadas tenían que vivir en la estación de la inundación en zonas más altas. La población del S. del Orinoco y las selvas era también escasa, de recolectores, cazadores y pescadores que utilizaban los ríos como medio de comunicación.

La mayoría de la población pertenecía a dos familias étnicas: los caribes y los aruacos o arauacos. Entre los primeros figuraban las tribus de los teques, zaparos, jirajaras y motilones; y a los segundos correspondían los achaguas, salivas, chaimas y caiquetíos. Los caribes, procedentes de las Antillas Menores, eran buenos Mariños, valientes, agresivos, belicosos y crueles y dominaron a las tribus que ocupaban el país anteriormente.

Los aruacos eran más pacíficos y agricultores unos y otros vivían de la caza y de la pesca. La cordillera andina y algunos valles cercanos estaban habitados por los timoto-cuicas, refugiados en altas cumbres por estar presionados por los pueblos de filiación arauaca y caribe. Cultivaban el maíz, la yuca, la batata y la papa. Eran alfareros. En la región del lago Maracaibo se encontraban grupos de origen arauaco y caribe.

Construían palafitos y eran de economía pre-agrícola. Pescaban con redes y anzuelos. Los caiquetíos poblaban las islas de Curaçao, Aruba y Bonaire y la costa hasta los llanos del Apure y márgenes del Orinoco. Otros creen que solo se extendían desde la costa en que está la península de Paraguaná hasta el río Tocuyo. Habitaban en aldeas en cuyos límites sembraban y cazaban. Algunas estaban fortificadas y su agricultura era de riego.

Los diversos caciques obedecían al Gran Cacique de Paraguaná, cuyo último representante fue Manauare, que siguió ejerciendo en nombre del rey de España. Los jirajaras ocupaban la región montañosa al este del lago Maracaibo. Los aragua y tacarigua habitaban la región del lago de Valencia hasta la costa. Eran alfareros y los restos de su producción cerámica, fabricada con los limos arcillosos lacustres, son los más conocidos y estudiados.

En la región de Cumaná habitaban los chaimas, bajos de estatura y agricultores, pero eran las mujeres las que practicaban las labores del campo; los pariagotos, cumanagotos, píritus, palenques, guaiqueríes y otras tribus, unas caribes y otras aruacas. En el delta del Orinoco y el Caroní, los guaraunos, que vivían de la pesca y hacían sus casas en los árboles.

Los achaguas vivían en los llanos del Apure, Meta y Orinoco, y eran pacíficos como también los salivas, a orillas de este, del Meta, Guaviare y Vichada. En el valle central, los teques (caribes) y los Caracas, de quienes tomó su nombre la capital. Otros guaiqueríes, más pacíficos que los anteriormente citados, vivían en la isla Margarita y en Carúpano.

Los otomacos, arauacas y guayanos del bajo Orinoco eran también más adelante insumisos y los últimos dieron nombre a la región de Guayana. A orillas del lago Maraciabo habitaban los zaparos; en la región de Mérida, los chamas, una de cuyas tribus era la de los mucuchíes.

El nivel cultural era en general bajo, aunque con matices; no se conocían metales útiles; los cultivos principales eran el maíz, la yuca y el ají y se utilizaban también frutas tropicales, de las que había gran variedad. Además de la fabricación de armas e instrumentos, las principales artesanías eran la alfarería, siendo la mejor la de los cuicas, y la construcción de piraguas.

En contraste con el bajo nivel de la época de la conquista, quedan restos de calzadas de tierra, en extensión de varios kilómetros, en Barinas y la del Maraca a Cumarepo, caminos o diques contra las inundaciones, y que se ignora por quienes fueron construidos.R.B.: CALVO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 933.

Descubrimiento y Colonización

El descubrimiento del litoral

El primer descubridor de Venezuela fue Colón en su tercer viaje. El 31-VIII-1498 vio la isla de Trinidad y al día siguiente percibió la Tierra Firme, en la costa al sur de dicha isla. Penetró en el golfo de Paria, entre Trinidad y la costa de Paria, y el 3 vio esta, llamándola isla de Gracia, por creerla tal; fue pasando ante las bocas del Orinoco, y salió el día 13 del golfo por la boca del Drago, recorriendo luego la costa hacia el oeste hasta el cabo de las Conchas, donde comenzaba la península de Araya y descubrió la isla Margarita (15-VIII), no prosiguiendo su descubrimiento por su prisa en llegar a la Española (actual Santo Domingo).

Creyó por la abundancia de agua dulce a causa de los caudalosos ríos que por allí desembocaban y la belleza del paisaje que por allá se encontraba el paraíso terrenal; sospechó al ver que se prolongaba la costa que se trataba de otro mundo, es decir, otro continente y lanzó sus rara teoría de tener la Tierra forma de pera.

No desembarcó por tener una afección a los ojos y lo hizo Pedro de Terreros, que tomó posesión en nombre de los Reyes Católicos. Al año siguiente recorrió la costa venezolana Alonso de Hojeda, gracias al mapa de Colón que le proporcionó el obispo Fonseca, siendo este el primer viaje autorizado por los reyes después de los primeros de Colón; le acompañaban Juan de la Cosa y Américo Vespucio.

Parece que llegaron a la costa de Guayana y siguiéndola hacia el Oeste hallaron la desembocadura del Orinoco, volvieron a ver Trinidad, el golfo de Paria y el litoral visto por Colón y siguieron después en dirección oeste hasta recorrer toda la costa venezolana actual, desembarcando en varios lugares; en Puerto Flechado (Chichirivichi) tuvieron un combate con los indígenas, que le hirieron veintiún hombres; descubrieron la isla de Curaçao, el golfo de Maracaibo, donde al pueblo indio de Coquibacoa, por ser palafítico le denominaron Venezuela o pequeña Venecia, nombre que se debería a Vespucio como italiano; también vieron el lago de Maracaibo, que llamaron de San Bartolomé y llegaron al cabo de la Vela en la península de Guajira, desde donde emprendieron viaje a la Española (30-VIII-1499), de modo que este recorrido se efectuó sobre todo en los meses de julio y agosto.

El mismo año de 1499 salieron poco después que Hojeda, Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra y arribaron a Paria y marcharon al Oeste, rescatando perlas en la isla Margarita, donde desembarcaron, anticipándose a Hojeda; pasaron luego a Curiana (Cumaná), donde permanecieron tres meses, agasajados por los indios, y donde obtuvieron más perlas; en Cauchieto, más al Oeste —quizá cerca de Coro—, consiguieron oro; reconocieron todos los puertos, pero rechazados violentamente cerca del actual Puerto Cabello, retrocedieron a Curiana, consiguiendo más perlas y emprendieron el regreso a España el 13-II-1500, habiendo realizado un gran negocio.

En 1500 también pasó por Paria Vicente Yáñez Pinzón después de recorrer la costa norte del actual Brasil y de las Guayanas, y semejante itinerario efectuó el mismo año Diego de Lepe, capturando esclavos; parece que un nuevo viaje efectuó Guerra con su hermano Luis, en busca de oro, perlas, brasil y esclavos, acudiendo a la violencia para su consecución, regresando a España en noviembre de 1501, ordenándosele que pusiera en libertad a los cautivos.

A fines de 1500 había vuelto a recorrer parte de la costa venezolana Rodrigo de Bastidas, que se dirigió al golfo de Maracaibo y desde el cabo de la Vela continuó por el actual litoral colombiano, del que fue su descubridor.

Nombrado Hojeda gobernador de Coquibacoa partió con cuatro barcos en 1502, recorrió de nuevo Paria y el resto de la costa por Valfermese (coro), hasta un lugar pasado el cabo de Coquibacoa, cerca del cabo de la Vela, donde intentó fundar una factoría Santa Cruz —quizá en Bahía Honda— maltratando a los indios; sus socios García de Ocampo (o Campos) y Juan de Vergara, que había ido por víveres a Jamaica, lo prendieron y abandonando la colonización, partieron a la Española. Quizá efectuó Hojeda otro viaje en 1505, lo cual no es seguro.

Cubagua y Cumaná

Ya se había reconocido toda la costa venezolana y desde el segundo viaje de Hojeda había una preocupación colonizadora; el rey varias veces ordenó construir una fortaleza en la Costa de las Perlas, sin que se hubiera llevado a cabo todavía en 1512.

Pero ya existía hacia 1510 una factoría en la pequeña y estéril Cubagua, cerca de Margarita, por la abundancia de perlas; destruida por los indios a causa de las tropelías sufridas, fue repoblada en seguida (1520), fundándose la población de Nueva Cádiz, asegurada por la fundación de una fortaleza en Cumaná por Jácome Castellón.

Prosperó Nueva Cádiz por las pesquerías de perlas, convirtiéndose en una ciudad importante y rica y que sufrió ataques de corsarios franceses; las pesquerías fueron una causa de esclavitud de los indios por ser los esclavos los obligados a bucear, prefiriéndose los lucayos como buenos nadadores.

El agotamiento de los bancos de ostras produce la decadencia de la ciudad, destruida en 1541 por un temporal y dos años después acabada de destruir por los piratas. Tuvo ayuntamiento y un alcalde; y allí fue tesorero el futuro historiador Juan de Castellanos. Carlos V dio unas ordenanzas en 1527 referentes al gobierno y a la explotación de las perlas.

Hacia 1539 el foco de la explotación de las perlas se desplazó al cabo de la Vela. Para la colonización de la isla Margarita se dio una capitulación al oidor Marcelo de Villalobos (1525), durando el señorío de sus sucesores hasta fines de siglo.

En 1513 fray Pedro de Córdoba, superior de los dominicos de Santo Domingo, envió la primera misión a la costa, estableciéndose dos religiosos en la región de Cumaná, pero por los desmanes de los cazadores de esclavos fueron muertos por los indios.

De nuevo se intentó la conversión en 1516, fundando los franciscanos un convento en el mismo sitio, y los dominicos otros en Chichirivichi, pero una cacería de esclavos por un tal Alonso de Ojeda —distinto del famoso conquistador— provocó la destrucción de ambos y la muerte de varios misioneros (1520).

La Audiencia de Santo Domingo envió a Gonzalo de Ocampo (1521), que castigó duramente a los indios y fundó Nueva Toledo, reconstruyéndose el convento franciscano.

Las Casas propuso a Carlos V y sus consejeros flamencos un plan de colonización pacífica en Tierra Firme, en un espacio de mil leguas, donde se construirían diez fortalezas en la costa y otras tantas en el interior con otros tantos pueblos de cristianos que convivirían y traficarían en paz con los indios.

No aceptado, propuso la concesión de 300 lenguas de Paria a Santa Marta y la colaboración con las comunidades religiosas mencionadas, llevando allí además labradores castellanos y fundando tres poblaciones, otorgándosele tras difíciles gestiones, una capitulación (1519 y 1520).

Cuando llegó Las Casas a las Indias ya había ocurrido la citada destrucción de los conventos y la represión de Ocampo. No obstante quiso fundar un establecimiento en Cumaná, donde el de Ocampo, que fracasó por falta de apoyo, la deserción de la gente y por haber sido destruido por los indios en su ausencia (1521).

Poco después la Audiencia de Santo Domingo envió otra expedición de castigo con Jácome de Castellón, que fundó la mencionada fortaleza en la boca del río Cumaná y entonces es cuando se echó la base para esta futura ciudad después de los fracasos anteriores.

Se organizó en 1523 con el nombre de Nueva Córdoba gobernándola Castellón hasta 1533, pero su vida fue precaria, por los ataques de los indios. la región de Cumaná hasta el Amazonas recibía el nombre de Nueva Andalucía.

Carácter de la conquista. —Coro—

Hasta ya comenzada la tercera década del s. XVI la costa venezolana carecía de poblaciones estables, salvo Cabagua, y solo era un cazadero de esclavos o una zona de tráfico con los indios, permutándose por parte de estos oro, perlas y esclavos por instrumentos de hierro y sobre todo, por vino; pero los engaños o desmanes habían ocasionado las catástrofes referidas.

La cacería de esclavos estaba autorizada por real cédula de 1511, la cual permitía cautivar a los caribes por su carácter indómito, contrario a toda sugerencia pacífica y enemigos de los indios ya sometidos; fue dicha autorización una fuente de abusos, pues la captura se extendió no solo a las llamadas islas inútiles, es decir no colonizables y sujetas a tales empresas esclavistas, sino a otros muchos territorios no incluidos, como Curaçao, y a los indios que convino tomar por caribes como pretexto.

Hasta fines de ese decenio no comenzó la colonización y la conquista definitivas; pero es de advertir que, a diferencia de otros países americanos, la conquista no contó con un caudillo, alma de ella, ni se efectuó en una o varias campañas sucesivas, ni el país fue dominado en su mayoría en una empres única o principal; la conquista y colonización fueron lentas, graduales y desde varios puntos de partida o focos, lo que da un carácter especial a la historia colonial venezolana y explica la fragmentación jurisdiccional del país hasta su unificación en el s. XVIII.

La población india está fragmentada en numerosos grupos muy pequeños, que habitaban en rancherías o aldeas que correspondían a un clan y en guerra unos con otros; carecían de organización social y política que permitiera reducirlos a pueblos, excepto los caiquetíos; incluso más que caciques había jefes guerreros, prestigiosos según su valor.

Por otra parte, los caribes, indómitos y belicosos, eran un peligro constante. Por aquel motivo, no era fácil superponer la autoridad española a la organización indígena, como en otros países, por lo primitiva de esta (C.Siso, La formación del pueblo venezolano, I, 125-6 y 195-6; M., 1951).

La primera fundación fija en la costa parece que se debe a Juan de Ampíes, nombrado factor (oficial real) de las Indias, con sede en Santo Domingo y jurisdicción también sobre Tierra Firme. Ampíes, hombre humano, quiso proteger a los indios de las islas de Curaçao o de los Gigantes, Honaire y Aruba y devolvió allí algunos cautivos y estableció españoles para educar a los habitantes, otorgándosele en 1526 oficialmente su protección con privilegio de tráfico exclusivo y concediéndosele luego las islas en encomienda, comprometiéndose él a tener a los indios como naborias o servidores.

No está claro si se le autorizó a establecerse también en la costa o solo a traficar en ella, pero Ampíes se acogió a la primera interpretación. Se cree ordinariamente que Ampíes fundó Coro en 1527; Guillermo Morón cree que solo fundó una ranchería o pueblo y en 1528 Los orígenes históricos de Venezuela, I, págs. 265-266; M., 1954); fue erigido Coro en ciudad en 1531 al crearse su obispado. Ampíes perdió Coro al tener que entregarlo a los alemanes y murió en 1533.

El cacique de la región de Coro era Manaure, jefe de los caiquetíos, cuya sumisión e influjo permitieron la consolidación de Coro, cuya gobernación se llamó también de Venezuela, extendiéndose este nombre luego a otras comarcas.

La colonización alemana

En 1528 Carlos V concedió a los Welser, a través de Enrique Ehinger o Alfinger y Jerónimo Sailer una capitulación (27-III) para el descubrimiento, conquista y colonización de Venezuela, entre Santa Marta y Maracapana, límite de Cumaná, exceptuando las islas dadas a Ampíes.

Los Welser, banqueros y comerciantes alemanes de gran categoría buscaron ante todo la explotación de las supuestas riquezas del país; aunque nombraron gobernadores alemanes de su confianza, representantes al mismo tiempo de sus intereses, los soldados de sus expediciones fueron en su mayoría españoles.

Se sucedieron los siguientes: Ambrosio Alfinger, que llegó en 1529 a Coro, retirándose Ampíes. Con él iba su teniente Bartolomé Sailer. Recorrió el lago de Maracaibo y fundó una ranchería, origen de la población de este nombre; se internó por las montañas hacia el suroeste y regresó a Coro en 1530; allí dejó como suplente a Federmann y se fue a Santo Domingo en busca de refuerzos.

En 1531 efectuó otra expedición por tierras actualmente colombianas hasta el río Magdalena, pereciendo al regreso (1532 ó 1533); Pedro de San Martín y Juan de Villegas llevaron el resto de la hueste a Coro. Capturó un rico botín Alfinger, pero se distinguió por su crueldad hacia los indios, y por el método de tener sometidos a los soldados por medio de prestamos y deudas, sin repartirles tierras ni botín, contrariamente a la práctica española.

Al tener noticia de la muerte de Alfinger, los habitantes de Coro estaban descontentos de su representante Bartolomé de Santillana y es cuando la Audiencia de Santo Domingo propuso la creación de un obispado, siendo nombrado primer prelado Rodrigo de Bastidas, hijo del descubridor homónimo (1531), el cual actuó asimismo como gobernador en tres ocasiones.

Se nombró gobernador a Nicolas Federmann, ausente entonces, pero, poco grato, recayó el nombramiento en Jorge Hohermut, llamado Jorge de Spira (1534). Federmann, entre tanto, marchó al cabo de la Vela, se internó en la jurisdicción de Santa Marta y volvió a Maracaibo y Coro; en el valle de Carora hizo que se le uniera la tropa de Jerónimo de Alderete, de la expedición de Ortal; estuvieron una temporada en Barquisimeto (1538) y luego emprendieron la marcha al Sur, en busca de países áureos, llegaron al Apure y se internaron en los Llanos, atravesando el Arauca y el Meta, dirigiéndose luego a la Cordillera, anticipándose Pedro de Limpias para abrir el camino y llegar a la meseta de Bogotá, donde ya se encontraba su conquistador Jiménez de Quesada, haciendo inútiles los esfuerzos de Federmann (1539) que con aquel y Belalcázar regresó a España; con Spira fue el primer descubridor de los Llanos y penetró en regiones desconocidas hasta entonces, sufriendo muchas penalidades, pero supo dirigir su hueste con gran pericia.

Jorge de Spira, sin poder contar con su insubordinado Federmann, salió de Coro en 1535 y se dirigió a Barquisimeto, y luego al Suroeste en busca de tierras ricas siguiendo la sierra; en 1536 se metieron por los Llanos, y cruzaron el Apure, el Arauca y el Opia (1536); al año siguiente llegaban a Papamene, y luego emprendieron le regreso ante la pobreza del país y el hambre y demás penalidades sufridas; en mayo de 1536 llegaron a Coro con solo noventa hombres, encontrándose con que se le había sustituido en el gobierno por el doctor Navarro enviado por la Audiencia; Spira, tras su fracasada expedición —de gran interés geográfico— murió en Coro en 1540.

La Audiencia nombró gobernador interino al obispo Bastidas y luego lo fue otro alemán, Felipe de Hutten, que había participado en la expedición de Spira y que quiso descubrir el fantástico Dorado; partió en 1541, y siguiendo la ruta casi de Spira, llegó a Nuestra Señora, donde ya había estado este; siguió vagando por aquellos territorios y volvió a Nuestra Señora y marchó al país de los omaguas, que suponía rico en oro, cruzó el Guaviare y combatió con los omaguas, a los que derrotó; emprendió el regreso, enviando por delante a Pedro de Limpias, que descontento con él, se puso de acuerdo con Juan de Carvajal, falso gobernador, quien tendió una celada a Hutten y le obligó a dejar su hueste y marchar a Coro, sorprendiéndole luego y haciéndole degollar, junto con Bartolomé Welser y dos compañeros más de ellos (1546).

Durante su ausencia de Coro, y trasladado Bastidas a Puerto Rico, fue nombrado gobernador Enrique Remboldt, que falleció a poco, sucediéndole Juan de Frías, quien marchó a Cubagua y dejó como teniente al mencionado Carvajal, que se hizo pasar por el gobernador legítimo, falsificando documentos, y emprendió una expedición, fundando en 1545 la ciudad de Tocuyo, que durante algún tiempo fue el centro de la gobernación y el punto de partida de las expediciones.

Ante los fracasos de los alemanes y los desmanes de Carvajal, la Audiencia declaró nula la concesión hecha a aquellos y envió a Juan Pérez de Tolosa (1546), quien al saber la muerte de los alemanes, buscó rápidamente a Carvajal para sorprenderlo, cruzando las montañas y los Llanos de Carora, hasta dar con él, procesarlo y ahorcarlo (1546). La dominación alemana había concluido de hecho, pero hasta 1556 en que fue anulada oficialmente la concesión, los Welser siguieron siendo los dueños eminentes del país, habiendo perdido interés por él desde la trágica muerte del joven Bartolomé.

Se ha discutido la eficacia de este raro episodio, por ser la única conquista realizada por extranjeros en la América española. El interés comercial de los Welser se vio contrarrestado por el afán aventurero de sus gobernadores, lanzados a locas expediciones en busca de imaginarios países, por difíciles y alejadas comarcas, sin haber llevado a cabo casi ninguna fundación de ciudades ni una obra positiva. Pero descubrieron el interior de la actual Venezuela y recorrieron por primera vez los Llanos, siendo de gran interés geográfico sus expediciones.

Fundación de nuevas ciudades

Pérez de Tolosa envió a su hermano Alonso a una expedición, que fue a los Llanos y luego por la cordillera de Mérida hasta Cúcuta, pasando muchas dificultades y sin gran provecho (1547-1550); también envió al veterano Juan de Villegas, que halló el lago de Tacarigua y en 1548 fundó en la costa a Boburata, completándose al año siguiente, aunque por los ataque de los piratas se despobló veinte años después.

Por muerte de Tolosa, le sucedió Villegas en el gobierno (1548), y además de Boburata, hizo fundar San Felipe de Buria y Nueva Segovia o Barquisimeto (1552). Buria era zona minera, pero una rebelión de negros y la subsiguiente de los jirajaras, que resistieron tres cuartos de siglo, motivaron el abandono de aquella.

Alonso Arias de Villacinda, nuevo gobernador (1554) fundó Las Palmas, Nirgua y en 1555 a orillas del lago Tacarigua, Valencia, efectuando la erección de esta Alonso Díaz Moreno. A la muerte de Villacinda, los alcaldes de Tocuyo dieron el mando de una expedición a Diego García de Paredes, hijo del famoso homónimo, quien fundó Trujillo (1556), destruida en seguida por los indios, y repoblada por el mismo García de Paredes, cambiando el emplazamiento, que tampoco sería el definitivo. Buria, abandonada, fue sustituida por Villa Rica y luego por Nuevo Jerez, pronto abandonado también por los ataques de los jirajaras, y definitivamente en el XVII por Nirgua.

Fajardo y Losada. La fundación de Caracas

Por 1555 comenzaron los hechos de Francisco Fajardo, natural de Margarita, a quien su condición de mestizo e hijo de una cacica, facilitaron buen recibimiento por las tribus de la región central; inició sus expediciones en 1555; nombrado gobernador de la comarca, fundó la villa del Rosario, aunque tuvo que sostener duras luchas con algunas tribus.

En otra expedición, estableció un hato de ganado en el valle de San Francisco, en territorio de los Caracas (1560), y fundó luego Collado o Caraballeda, en la costa; el hato fue destruido poco después por el cacique Paramaconi, mientras recorría el valle del Tuy Juan Rodríguez Suárez, y luchaba con el cacique Guaicaipuro, que acabó por matarlo en una dura batalla (1561). Rodríguez Suárez había hecho la primera fundación de Mérida (1558).

Por entonces llegó a las costas venezolanas Lope de Aguirre, con sus marañones que desembarcó en Boburata y siguió por Valencia y Barqisimeto, sembrando el terror y perdiendo a su gente por las deserciones, hasta que terminó su trágica carrera en segundo lugar.

Destituido el gobernador Pablo Collado, su sucesor no socorrió a Fajardo. quien tuvo que abandonar la villa citada de Collado, al unirse el cacique Guaicamacuare, su amigo hasta entonces, a Guaicaipuro (1562). Al emprender Fajardo otra campaña en 1564, pereció ejecutado inicuamente por su enemigo Alonso Cobos, justicia de Cumaná; pero los vecinos de Margarita lo vengaron, prendiendo a Cobos y ejecutándolo en la isla.

Otro gobernador, Pedro Ponce de León, llegó decidido a acabar con la fuerte resistencia de los Caracas, que habían obtenido muchos triunfos, encargó la empresa a Diego de Losada, veterano de Venezuela desde bastantes años atrás, lucho con varias tribus, arbacos, teques y Caracas, y para asegurar el dominio fundó la ciudad de Santiago de León de Caracas (1567). Pronto tuvo que rechazar Losada un gran ataque de muchas tribus reunidas, aunque sin Guaicaipuro.

Restableció Caraballeda (1568), donde estuvo el Collado y por una asechanza logró que pereciera Guaicaipuro, el principal y más valiente caudillo indio, con lo cual se sometieron varias tribus, como la de los mariches, a cuyos caciques hizo matar Losada por sospechar que conspiraban (1569); por el reparto de encomiendas, fue destituido Losada, que murió a poco. Garci González de Silva logró herir a Paramaconi, dándole por muerto, y este cacique, sucesor de Guaicaipuro en el prestigio, acabó por someterse definitivamente.

En 1568 Diego Fernández de Serpa recibió la gobernación de Paria y fundó Cumaná en 1569, donde había existido Nueva Córdoba, reducida a un villorrio; poco después pereció Serpa luchando con los cumanagotos.

Otras regiones

Se ha llevado hasta el último tercio del s. XVI la conquista del centro de Venezuela. Volviendo a otras regiones, la isla Margarita aumentó de importancia y población hacia 1541, cuando los vecinos de Cubagua abandonaron esta isla y se trasladaron a aquella. Servía de base para expediciones al continente, como las de Fajardo; era un señorío de los descendientes de Villalobos hasta fines de siglo.

En el cabo de la Vela surgió Nuestra Señora de los Remedios, cuya fundación se atribuye a Federmann, quien solo estableció una ranchería efímera; empezó por ser un puerto y unas pesquerías, citados en 1539 y en 1542 aparece como ciudad; según Juan de Castellanos la ciudad se debió a trasladarse allí los vecinos de Nueva Cádiz de Cubagua; el citado nombre religioso se le dio en 1546, pero prevaleció el de Río de la Hacha, por haberse trasladado el emplazamiento más al Oeste, con lo que vino a caer en la jurisdicción de Santa Marta y, por tanto, de Nueva Granada.

Ponce de León encargó en 1568 a Alonso Pacheco la conquista de las tierras visitadas por Alfinger; armó el interesado unos bergantines para recorrer el lago de Maracaibo y durante su navegación luchó con los belicosos indios de sus riberas. En 1571 fundó tierra adentro Ciudad Rodrigo, abandonada a poco; en 1574 Pedro Maldonado la volvió a erigir en las orillas con el nombre de Nueva Zamora, hoy Maracaibo.

Trinidad y Guayana

En cuanto a la región oriental, Guayana y Trinidad, en 1521 recibió Bastidas padre una capitulación para conquistar la isla de Trinidad, no llevada a efecto. Otra para lo mismo se hizo con Antonio Sedeño en 1530, que desembarcó, se llevó algunos indios aunque le estaba prohibido hacer esclavos y parece que puso en libertad algunos cautivos y, excediéndose de sus facultades, levantó una fortaleza en la costa de Paria, que no estaba incluida en su gobernación.

Volvió en 1532 con una autorización para hacer guerra a los caribes, pero chocó con la resistencia india y mala voluntad en otras colonias, como Cubagua, de donde podían auxiliarle, y fracasado, dejó la empresa en 1535. Siguió Trinidad como escala, permaneciendo algunos caciques en buenas relaciones con los españoles; dos capitulaciones para poblar la isla, a Juan Sedano en 1544 y Juan Ponce de León, que también fracasó (1571).

Diego de Ordás, compañero de Cortés en la conquista de México, obtuvo la gobernación desde el Amazonas hasta Maracapana; con su hueste entro en el Amazonas (1531), empujándolo las corrientes hasta el mar y llegó a Paria, pero en otro lugar. Penetró en el Orinoco —llamado entonces también el Huyapari— y lo remontó, en busca de países ricos en oro, sufriendo muchas penalidades y considerables pérdidas de hombres, luchando con los indios, hasta el asalto de Carichana, cerca de la desembocadura del Meta, o más allá, hasta los raudales de Atures, desde donde retrocedió, insubordinándosele sus soldados y siendo preso en Cumaná y llevado a la Española.

Había efectuado el primer recorrido del Orinoco y explorado Guayana. Dejó como teniente a Alonso de Herrera, que se apoderó también del fuerte de Sedeño. El tesorero de Ordás, Jerónimo de Ortal, quiso continuar la empresa, en colaboración con Jerónimo Hernández de Alderete (1535); nombró teniente al citado Herrera, quien llevó la vanguardia por el Orinoco y con más suerte que Ordás venció los rápidos y subió por el Meta, en dirección al país chibcha, pereciendo de un flechazo, y se volvió la hueste. Terminó esta empresa, dedicándose sus participantes al tráfico de esclavos. Ortal, arruinado, aún intentó dos veces ir de la costa al Meta.

En 1568 concedió Felipe II la gobernación de los Omaguas con el nombre de Nueva Extremadura al extremeño Pedro Malaver de Silva, y a Diego Fernández de Serpa, Guayana, con el nombre de Nueva Andalucía. Partió el primero rápidamente y desembarcó en Borburata; su sobrino Garci González de Silva se separó de él y acudió en socorro de Caracas; Silva se internó en los Llanos, sufriendo muchas calamidades y hubo de retirarse; pereció a manos de los caribes años después al intentar reanudar la empresa. Serpa fundó Santiago de los Caballeros en territorio de los cumanagotos, que le sorprendieron, pereciendo él y muchos expedicionarios, como queda dicho.

En 1576 acudieron los primeros misioneros jesuitas a Guayana, pero a los tres años los expulsaron los holandeses. En 1591 Antonio de Berrío, nieto de Jiménez de Quesada, desde Nueva Granada bajó por los ríos Casanare, Meta y Orinoco, tomó posesión de Trinidad y fundó allí San José de Oruña, y luego Santo Tomé (1591) a unos 50 km. al este del río Caroní, en el Orinoco.

Para conquistar el Dorado, reclutó en España a dos mil personas, con más de veinte religiosos (1595), pereciendo la mayoría o cayendo en poder de los caribes; desde Santo Tomé envió al portugués Álvaro Jorge en busca de la fantástica Manoa por el río Paragua, pereciendo la mayor parte de los expedicionarios. En aquel mismo año Walter Raleigh incendió San José, apresó a Berrío y subió por el Orinoco hasta el Caroní, pretendiendo a su regreso que había descubierto el Dorado.R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 933-939.

Época colonial

Venezuela colonial

En realidad la conquista no había terminado en el momento en que concluye el art. anterior, pues hacia 1570 había gran parte del territorio hoy venezolano desconocido —como los Llanos a pesar de las expediciones que lo habían cruzado— y el valle del Orinoco, y en el resto quedaban muchas tribus insumisas.

De hecho, el núcleo propiamente venezolano, la costa y las regiones montañosas próximas y la cordillera de Mérida, no quedaron sometidas hasta 1600 aproximadamente; los núcleos poblados por blancos eran esporádicos, con grandes espacios intermedios no colonizados.

La geografía había opuesto enormes dificultades, por la extensión, el clima y el relieve del territorio, unidas a la tenaz resistencia india. Había obligado la conquista a muchos esfuerzos, a derroches de heroísmo y a vencer calamidades de toda clase, sin el prestigio que rodeó la conquista de otros países americanos; por su parte los cronistas dejaron la memoria de muchos jefes indios que se distinguieron por su valor y constancia, y de los que algunos se han mencionado.

Pero sin la ayuda y alianza de algunas tribus los conquistadores habrían hallado más dificultades en triunfar, y no dejaron de experimentarse fracasos y derrotas. Tampoco formaba Venezuela una unidad política, por existir dos gobernaciones efectivas distintas: la propiamente venezolana, con la capital en Coro y en realidad en El Tocuyo, y la de Nueva Andalucía o Cumaná —la antigua Paria— y las regiones orientales. Dependían ambas de la Audiencia de Santo Domingo. La más desarrollada era Venezuela.

La segunda mitad del siglo XVI

Las amenazas piráticas contra Coro obligaron a llevar las arcas de la Hacienda a Barquisimeto (1559) y en 1564 se trasladó aquí toda la administración, hasta que la capital se fijó en Caracas. Borburata fue asaltada por piratas franceses en 1555 y más tarde destruida e incendiada por franceses e ingleses, lo que obligó a sus vecinos a abandonarla en 1570.

En 1572 fue nombrado gobernador de Venezuela Diego de Mazariegos, quien nombró teniente suyo a Diego de Montes, por cuyo encargo Juan de Salamanca fundó San Juan Bautista del Portillo de Carora en el mismo año. En la región de Caracas Pedro Alonso Gáleas logró matar al cacique Tamanaco y en una expedición de Garci González de Silva se registró el heroico hecho de Sorocaima, que prefirió la mutilación a invitar a la sumisión a los indios, los cuales, sin embargo, aterrorizados, se sometieron.

En 1577 llegó el gobernador Juan de Pimentel y dispuso el traslado de la capital de Coro a Caracas, donde quedó definitivamente asentada. En Coro quedó el obispado, trasladado igualmente a Caracas en 1615, en que lo hizo el prelado, y el cabildo en 1635, aprobándose canónicamente el cambio en 1638.

Encomendó Pimentel al citado González de Silva la sumisión de los cumanagotos, envalentonados por la derrota y muerte de Serpa, pero también fue derrotado; a poco fundó Espíritu Santo en tierra de los quiriquires, abandonada luego.

Contribuyó a la sumisión la baja en gran proporción de los indios, por la primera epidemia de viruela, llevada por un barco portugués en 1580 y que causó enorme mortandad. Según fray Pedro Simón pereció en ocho años un tercio de la población.

En 1584 Sebastián Díaz de Alfar fundó San Sebastián de los Reyes. Cristóbal Cobos logró someter a los cumanagotos y fundó San Cristóbal (1585). Anteriormente, en 1576, Juan Andrés Varela fundó Altamira de Cáceres, luego Barinas. En 1586 se fundó La Guaira, el puerto de Caracas, por haber abandonado los vecinos a Caraballeda.

El gobierno de Osorio

La habilitación del puerto de la Guaira fue obra del gobernador Diego de Osorio, llegado en 1587. Por intentar evitar abusos con los indios, envió la Audiencia un juez pesquisidor, cuyos excesos motivaron su suspensión. Para tratar de los asuntos de interés del país convocó Osorio en 1589 una reunión de representantes de las ciudades de la provincia, los cuales eligieron como procurador en la Corte a Simón de Bolívar El Viejo, secretario de la Audiencia de Santo Domingo, llegado con Osorio y tronco de la familia de Bolívar el Libertador.

Se dieron unas extensas instrucciones en las que se solicitaban del monarca mejoras para los colonos, como importación de negros, rebaja de los quintos reales, fijar y ampliar los límites de la gobernación, exención del almojarifazgo, y de otros impuestos, licencia para que fueran don navíos anuales con mercaderías, reducir a la apelación el procedimiento en la Audiencia, y nombramiento de un teniente de gobernador letrado; evitar el envío de jueces de comisión, impuestos para las fortificaciones de la Guaira, autorización para usar las perlas como moneda, confirmación de la esclavitud de los indios rebeldes y otras.

Bolívar tuvo éxito en la Corte y logró rápido y favorable despacho para esas peticiones —salvo la introducción de negros— añadiéndose el escudo de Caracas y una escuela de Gramática (1592); también se creó en esta fecha el Seminario, pero no pudo establecerse por falta de medios hasta 1641. Bolívar por su parte fue nombrado regidor y contador general y tuvo otros cargos, como alcalde y aguacil mayor de Caracas, falleciendo en 1616.

Osorio repartió encomiendas, fijó las rentas del cabildo y le dio ordenanzas, consiguiendo del rey que los cargos de regidor dejaran de ser elegibles y fueran vendibles y perpetuos; procuró agrupar a los indios en pueblos y evitar el trabajo forzoso; hizo abrir caminos a Aragua y La Guaira y fundó Espíritu Santo o Guanare, por medio de Juan Fernández de León (1593). En 1595 durante la ausencia de Osorio de la capital, Drake desembarcó y tomó Caracas saqueándola. Sucedió a Osorio en 1597 Gonzalo Piña Lidueña, que había fundado Gibraltar a orillas del lago Maracaibo (1592).

El siglo XVII

En 1618 Walter Raleigh repitió su ataque a Guayana y se apoderó y destruyó Santo Tomé; a su regreso fue ejecutado por este acto de piratería. Fue reconstruida aquella ciudad por Fernando de Berrío al año siguiente. Durante el s. XVII cabe recordar la fundación de una fortaleza en Araya, a cuyas salinas acudían los holandeses (1624). Se fundó Nuestra Señora de la Victoria (Nirgua) (1628) y, sometidos los cumanagotos se fundó en su territorio Nueva Barcelona por Juan de Urpín en 1637.

No faltaron otros ataques piráticos, como el del francés Gramont, que tomó La Guaira en 1680, pero se evitó que llegara a Caracas. Guayana, más abandonada, fue visitada por los holandeses, que se aliaron con los caribes y ambos volvieron a tomar y destruir Santo Tomé en 1629 y 1637; y no se pudo evitar que se establecieran permanentemente, formando la colonia de la Guayana holandesa, cuya primera factoría data de fines del s. XVI, existiendo ya tres o cuatro en 1613, tomándolas luego a su cargo la Compañía de las Indias Occidentales y fundándose más factorías a los largo del s. XVII.

También se apoderaron los holandeses de Curaçao en 1634 y lo conservaron en los sucesivo, convirtiéndolo en un foco de contrabando y de cultivo del caco. A su vez se fundaron las factorías francesas en 1626 y 1635 (Cayena), asegurándose el dominio en los tiempos siguientes. No faltaron calamidades en este siglo, como epidemias de viruela (1614, 1667); otras enfermedades (1658); hambres (1614 y 1627); terremotos (1641), el incendio de Asunción por los holandeses (1662), el saqueo de Maracaibo por el Olonés, el de Valencia por los franceses (1677), el de Margarita y Trinidad por los mismos (1678).

La propiedad

El s. XVII fue de escaso desarrollo para Venezuela, con muy exigua población blanca; eran pocas las villas y ciudades separadas por grandes extensiones desiertas o peligrosas por los ataques indios, y por tanto poco relacionadas entre sí.

Las encomiendas también eran poco provechosas; las había concedido el intruso Carvajal al fundar Tocuyó en 1545 y las ratificó Pérez de Tolosa para asegurar a los colonos una recompensa; como en otros países, la legislación española tasó las rentas de las encomiendas, convertidas en tributo a favor del encomendero, pero la pobreza motivó que siguiera el trabajo personal, como en la región oriental.

Esto era fuente de abusos, y así ordenó el rey en 1688 que se quitaran las encomiendas a los Cumaná. Pero la encomienda jugó un papel importante en la economía venezolana, pues con ellas comenzó realmente la colonización, basada en el cultivo; dio origen a la hacienda, en régimen autárquico por la pobreza del país; allí se importaron plantas europeas, se desarrollaron las americanas y en especial el ganado, antes desconocido, junto con algunas incipientes industrias de transformación de los productos, como trapiches para el azúcar y el aguardiente.

En los Llanos se dio el hato para la cría de ganado, que permitía al indio un trabajo más nómada y menos sujeto. Las haciendas se convirtieron en latifundios, trabajados por negros esclavos o indios en régimen de servidumbre, y donde, en las de tipo agrícola, se cultivaba sobre todo caña, cacao y tabaco, siendo célebre el de Barinas; aparte de los productos alimenticios, ante todo el maíz, la yuca y plátano, alimentos fundamentales de los indígenas. El cacao se dio en excelentes condiciones y fue uno de los principales artículos de exportación —en parte clandestina— hasta su regularización en el s. XVIII.

La estrecha convivencia de los propietarios con sus trabajadores, negros o indios, y la falta de mujeres blancas, originaron pronto una nueva población mestiza y mulata, y una relación menos dura y más familiar con sus subordinados que en otros países americanos. Tuvo así la sociedad colonial venezolana en buena parte un carácter feudal, servil y agrario, formándose una aristocracia de grandes propietarios, los grandes cacaos, y una oligarquía de blancos criollos que con el tiempo mostrarían su rivalidad con el peninsular y aspirarían a gobernarse por sí mismos.

Las misiones

A mediados del s. XVII, tanto Venezuela como Cumaná estaban poco desarrolladas, en especial la segunda; el país era pobre y escasamente colonizado; la mayoría de los indios vivían en estado primitivo, sin cristianizar y en luchas mutuas o con los blancos, y los sometidos, sujetos a la encomienda. la población indígena era nómada, muy subdividida y sin estabilidad. A partir de 1650 comienza un nuevo periodo, en el que Venezuela efectuará progresos visibles y sustanciales, por obra de la Iglesia, y se inicia en el seno de las pequeñas comunidades religiosas una verdadera etapa de colonización, de educación y de actividad y vida social (Siso).

Francisco Rodríguez Leite, vecino de San Cristóbal de Cumanagotos, sugirió al obispo de Puerto Rico, Lope de Haro, la conveniencia de colonizar el país por medio de misiones. Pero no se llevó a efecto el proyecto hasta 1650, en que llegaron tres franciscanos, uno de ellos, fray Francisco de Pamplona, había sido en el siglo el valiente y pendenciero militar Tiburcio de Redin (1597-1651), retratado por Juan Rizi (Museo del Prado), que había combatido antes en los mares americanos, siendo nombrado almirante de una flota en 1626, famoso por sus atrevidas hazañas, y que entró en religión en 1636.

Aconsejados él y sus compañeros, fundaron en la región de Cumaná la primera misión entre los Píritus y luego entre los Cochimas y Chacopatas, siendo bien recibidos; congregaban a los indios en pueblos y ergían iglesias; su bondadosa conducta les atrajo pronto el afecto de los indios, al ver el contraste con la dureza de los seglares, y conquistaron su adhesión, desviviéndose por obedecerles y atenderles. Sufrieron contrariedades y oposición por parte de algunas autoridades, lo que causó que en 1654 las misiones de Píritu o de la provincia de Nueva Barcelona se encomendaran a los franciscanos observantes y los capuchinos pasaron a Nueva Andalucía o resto de Cumaná.

Más adelante se dividió el campo misional confiando a los capuchinos aragoneses la ribera izquierda del bajo Orinoco; a los capuchinos catalanes, la orilla derecha, y desde 1753, solo el valle del Caroní; a los capuchinos andaluces, los Llanos de Caracas; a los jesuitas, la orilla derecha del Orinoco desde el río Cuchivero aguas arriba; unos vivían de la ganadería y otros de la agricultura.

En Cumaná fray José de Garavantes logró reducir a los indómitos caribes, pero el rápido esfuerzo realizado en esa provincia quedó destruido por los abusos de los encomenderos que penetraban en los pueblos de misiones y que provocaron una rebelión en 1669, siguiendo ataques de caribes y franceses combinados en 1673 y 1674, que destruyeron varios pueblos, teniendo que volver a comenzar la tarea; a fines del s. XVIII, según Humboldt, había 19 pueblos de indios y otros tantos de doctrina y todos los indios estaban reducidos y cristianizados. En la provincia de Barcelona, se reanudaron las misiones entre los cumanagotos en 1655 por los observantes, con su centro en Píritu, cuya tribu se distinguió por su lealtad y docilidad.

Allí laboró fray Matías Ruiz Blanco, autor de una relación sobre dichas misiones, y hasta fines del s. XVIII se fundaron 51 pueblos, no subsistentes todos al mismo tiempo, y el llamado pueblo de españoles para resguardo de indios —de vigilancia— de El Pao. En los Llanos, de difícil tarea por el carácter nómada y salvaje de sus moradores, refugio además de huidos, comenzó la conversión en 1659 y llegaron a fundarse 45 pueblos más varias villas y pueblos de resguardo, entre ellos San Carlos de Austria, Araure, Calabozo. Las misiones de capuchinos catalanes en Guayana comenzaron con efectividad en 1724 y transformaron el país, elevándolo a un alto grado de prosperidad como afirmó Humboldt; en el Caroní habían fundado por 1773 veinte pueblos.

Los jesuitas que ya tenían misiones en los Llanos de Casanare y del Meta en territorio neogranadino, comenzaron a intentar fundarlas en el Orinoco por un grupo de padres alemanes para facilitar la comunicación de aquellas con el océano, y erigieron algunas entre los salivas; fracasadas, logró implantarlas definitivamente en el alto Orinoco el padre José Gumilla, ayudado por el indio cristiano Antonio Calaimí; fundó el pueblo de Casiabo, y en 1731, protegido por una pequeña tropa, se internó por las selvas del Orinoco, fundando varios pueblos entre los salivas y asegurando así la comunicación de Nueva Granada con el Orinoco.

Hubo que establecer pequeñas guarniciones y fortines para proteger los pueblos contra los caribes que iban a cazar esclavos para los holandeses y los portugueses. Hubo que establecer hatos para el ganado y conucos de cultivos para asegurar la alimentación y la vida económica de estas comunidades, e industria productiva fue la obtención del aceite de huevos de tortuga, de mucho uso por falta de otro; también en las misiones jesuíticas se introdujo por primera vez en Venezuela el cultivo del café, por obra de Gumilla. Encontraron la comunicación con el Amazonas por el Casiquiare. Gumilla ha dejado además la historia de las misiones de la Compañía en su importante obra El Orinoco Ilustrado (1741). Toda la labor realizada quedó destruida con la expulsión de 1767.

Las misiones lograron agrupar a indios dispersos, convertirlos, inculcarles el régimen de la familia cristiana, el amor a los hijos, y acostumbrarles al trabajo agrícola y al uso del ganado, en forma regular y suavizar sus belicosas costumbres. Gracias a ellas se colonizó una extensa zona del país, se integró en la futura nacionalidad, se incorporaron a ella y a su economía las masas indias. Humboldt visitó esas regiones y reconoció la honda labor llevada a cabo, aunque juzgó que el barniz de civilización era superficial y que el indio estaba demasiado sujeto, lo que repercutía en su carácter.

El régimen interno se basaba en la plena autoridad del misionero a través de los alcaldes indios, sin intervención de otras autoridades, y con derecho a nombrar tenientes de justicia en los pueblos de españoles de la zona; a los veinte años de la fundación los pueblos indios debían pasar a la jurisdicción civil y eclesiástica ordinaria, lo que no siempre se cumplía, prolongándose la tutela misionera.

Además de las nuevas técnicas dichas, enseñaron los misioneros artes y oficios europeos, adquiriéndose pronto bastante habilidad. Cada pueblo tenía su conuco o plantación de la comunidad y cuyo producto constituía una reserva y su trabajo era obligatorio para todos, y los conucos o tierras particulares de cada familia; además de los productos alimenticios citados, los misioneros introdujeron en tales tierras la caña de azúcar, café, cacao y añil; donde las condiciones del suelo eran más adecuadas, fomentaron la ganadería y hubo también hatos de comunidad.

Una real cédula de 1702 legalizó la referida situación económica de las misiones, que no estaba muy conforme con su regla, atribuyendo la propiedad a los pueblos de indios y la administración a los misioneros.

Las razas

Dado el bajo nivel cultural del indio y su dispersión demográfica, no pudo ofrecer fuerte resistencia a la conquista ni mantener su rudimentaria organización, ya quebrantada en muchas tribus por los ataques de los caribes. Se conservó puro más o menos tiempo según las regiones, como se ha visto en las zonas que tomaron a su cargo las Misiones, los Llanos, Guayana, la cordillera de Mérida; pero diversos factores contribuyeron a su desaparición en el resto o a que no formara una masa homogénea como en otros países hispanoamericanos, sustituyéndole el pardo o sea la masa de mestizos, mulatos y zambos y sus diversos matices. Pero formó el principal ingrediente en la formación del llanero o pastor. A fines de la época colonial los indios puros eran solo 120.000.

El negro, que habría de formar una parte importante en la composición del pueblo venezolano, comenzó a ser introducido desde los primeros tiempos de la conquista, como indican las concesiones a Ortal y a los Welser, los cuales las negociaron con tratantes portugueses; en el s. XVI hubo algunas introducciones como las de Hawkins y Serpa, sin ser abundantes; pero al avanzar la colonización hubo una gran demanda para minas y cultivos, como lo manifiesta la petición de tres mil que solicitó en nombre de la provincia el mencionado Bolívar y que no se otorgó.

Durante los s. XVI y XVII la importación estuvo a cargo de portugueses, que poseían los asientos; al comienzo del s. XVIII tuvo el monopolio una compañía francesa y en virtud del tratado de Utrecht los ingleses.

La Compañía Guipuzcoana entró en colisión con ellos por intentar evitar el contrabando que se hacía a la sombra de la trata y también obtuvo licencias de introducción (1765) y siguió aumentando la demanda, considerando indispensable al negro. En 1789 se declaró la libertad de comercio de esclavos para Venezuela y las Antillas a los súbditos españoles y también por dos años a extranjeros.

Al comenzar la emancipación eran los esclavos unos 62.000, de ellos 40.000 en la provincia de Caracas. la mayoría se hallaba en las regiones costeras y bajas y de más rica agricultura. La mayor parte procedían de la zona bantú; y luego del Senegal y Guinea. Trabajaron en minas, pesquerías de perlas y plantaciones, en especial las de caña y cacao; buscaron yacimientos mineros y por su valor y tenacidad combatieron en todas las expediciones; más tarde, más que su fortaleza física se buscó su habilidad manual y se especializaron en oficios y se les prefirió para capataces.

Pero también hubo siempre gran cantidad de huidos o cimarrones, que vivían en cumbes o pueblos en lugares recónditos. No faltaron pueblos de negros libres, como Nirgua, repoblada con cimarrones perdonados, con zambos y mulatos. A raíz de la revolución haitiana se prohibió la entrada de negros extranjeros. Había facilidades para la manumisión, pero en la realidad se ponían muchas dificultades, como también para su matrimonio legítimo.

En 1784 se suprimió el carimbo o marca con hierro. La legislación que tendía a suavizar la suerte de los esclavos fue copiosa, pero también se incumplió con frecuencia (cf. Miguel Acosta Saignes, Vida de los esclavos negros en Venezuela, Caracas, 1967).

El pardo era en general libre y a fines de la época colonial venía a formar la mitad de la población. La corona, en el s. XVIII, concedió las llamadas gracias al sacar (1795), por las que se dispensaba de tal condición social, pudiendo recibir el tratamiento de don u optar a cargos públicos, mediante un arancel, lo que provocó reclamaciones del municipio de Caracas, formado por la oligarquía criolla, opuesta a tal igualdad, alegando la ilegitimidad de origen de los pardos y su procedencia de la esclavitud, o que el ingreso en las milicias exacerbaba su vanidad (1796 y 1802).

Por aquella época los funcionarios españoles tendían a favorecer a los hombres de color frente a los criollos, demasiado orgullosos y menos dóciles. Los miembros de la aristocracia dueña de los latifundios y los esclavos recibían el nombre de mantuanos.

La economía en los s. XVI y XVII

Ya se han indicado los principales productos de interés en los primeros tiempos, agrícolas de alimentación —maíz, yuca, plátanos— o materias preciosas, como las perlas. En las regiones de bastante altitud se cultivó el trigo, ya que no eran propicias al maíz, y por los indios, ya que el negro tampoco podía vivir en su clima.

El ganado se multiplicó pronto en grandes cantidades, especialmente en los Llanos y su explotación originó el tipo del llanero. serpa había llevado 800 reses. La principal exportación fue siempre la de cueros; en el s. XVII llegó a formar el 75 por ciento de las exportaciones; desde el s. XVII, también la harina —por poco tiempo—; el tabaco, ya desde fines del XVI, muy requerido por los extranjeros y objeto de contrabando, lo que ocasionó muchas plantaciones.

Sufrió una crisis, por haber pedido el municipio de Caracas su supresión (1606) y el gobernador Sancho de Alquiza hizo destruir las plantaciones, lo que causó una grave crisis económica general, por lo que se volvió a autorizar su cultivo en 1612, creciendo pronto la producción; pero un monopolio de la exportación y la competencia del tabaco norteamericano lo hicieron entrar de nuevo en crisis.

El tabaco más apreciado era el de Barinas. Pero entonces empezó a desarrollarse el cultivo del cacao, que abrió el tráfico con Veracruz y dio origen a grandes fortunas y a la formación de una flota propia en competencia con la de España; a fines del XVII el cacao venezolano ejercía un verdadero monopolio en México, pero sufrió fuertemente la competencia del de Guayaquil; exportación que permitía a Venezuela proveerse de moneda mexicana, ya que el numerario era escaso, y el comercio debía hacerse por trueque o pequeños trozos de oro.

La producción de caña de azúcar solo servía para el consumo del país. El oro, a pesar de las minas, era raro, aunque las de Buría al descubrirse facilitaron en su tiempo la riqueza y el comercio. Tampoco fue abundante el cobre de las minas de Cocorote. Durante algún tiempo se desarrolló la fabricación de lienzos ordinarios, en especial en El Tocuyo, por la abundancia de algodón, exportándose algo incluso (s. XVII), pero decayó luego casi totalmente.

La exportación a España consistía en cueros, tabaco, zarzaparrilla, palo brasil y el cacao, que aumentó mucho en la segunda mitad del s. XVII. Ya en 1560, el procurador de la provincia, Sancho Briceño, pidió un navío de registro, lo que indica una economía desarrollada..

En el XVI llegaban pocos barcos, pero se recibían mercancías por las Antillas —Santo Domingo o Puerto Rico— y por Cartagena. La flota de Indias destacaba un patache a Margarita para recoger la correspondencia y las rentas reales y desembarcar las mercancías destinadas a Venezuela. Desde 1584 aumentó algo el tráfico directo con España al rebajarse el almojarifazgo para las mercancías procedentes de Sevilla.

No es cierto el aislamiento marítimo con la metrópoli como se ha creído, pues siempre existió, aunque con crisis, siendo la más grave la iniciada hacia 1671 por las guerras de la época de Carlos II y la de Sucesión, por la amenaza de los corsarios y el consiguiente encarecimiento de las mercancías españolas, con el auge del contrabando —en el s. XVI cabe recordar las visitas con este objeto de Hawkins en 1565 y 1567, esta vez con Drake—.

Aquel siempre existió, distinguiéndose los holandeses en el s. XVII, además de los franceses e ingleses y contando con la complicidad de las autoridades, de otros personajes y de aún la mayoría de la población y el pretexto de las arribadas forzosas, que llegaron a superar a las legítimas.

La corrupción administrativa hacía inútiles todas las repetidas órdenes oficiales para la represión del contrabando. Favoreció a este el establecimiento de los extranjeros en las Antillas Menores y en Curaçao. Especial interés contrabandista hubo por la sal de Araya y de la isla Tortuga, que sostuvieron con tenacidad los holandeses, pese a los ataque que les infligieron en 1605 y 1631.

La formación territorial de Venezuela

La gobernación de Venezuela y de Cumaná dependían de la Audiencia de Santo Domingo. La primera comprendía la parte central y occidental de la actual república; Cumaná, la oriental con Guayana. Margarita tenía un gobernador particular. Mérida fue una gobernación dependiente de Nueva Granada y se creó otra en La Grita (1575); ambas se convirtieron en corregimientos en 1609 y se unieron en una sola gobernación en 1625.

En 1676, Maracaibo fue incorporado a Mérida, que formaba parte de Nueva Granada. La gobernación de Venezuela estaba delimitada en la costa entre Maracapana y el cabo de la Vela. Cumaná y Guayana dependían de la Audiencia de Santo Domingo. Al crearse el virreinato de Nueva Granada por primera vez en 1717 pasó a depender Venezuela de él y de la Audiencia de Santa Fe, y también Cumaná y Guayana, volviéndose a la situación anterior en 1723 al suprimirse el virreinato; pero en 1731 se separó Venezuela, colocándola bajo la Audiencia de Santo Domingo al restablecerse definitivamente el virreinato en 1739; volvió a abarcar Venezuela, Maracaibo, Cumaná, Guayana, Trinidad, Margarita y el Orinoco.

El 12-II-1742 se eximió al gobierno y capitanía general de Venezuela de toda dependencia del virreinato, y este proceso culminó en 1777 (Real Cédula del 8 de septiembre) al erigirse la capitanía general de Venezuela, agregándosele las provincias de Cumaná, Guayana, Maracaibo e islas de Margarita y Trinidad, separándolas de toda dependencia de Nueva Granada.

Ya se había ordenado lo mismo en 1742, pero no se había aplicado. Guayana había sido separada de Cumaná en 1764, formando un gobierno dependiente de Nueva Granada hasta la referida incorporación y su capital se trasladó a Angostura. Margarita dependió de Santo Domingo hasta 1777.

Así quedó constituido aunque tardíamente el marco de la nacionalidad venezolana, ensamblando territorios fragmentados desde la conquista. En 1787 se fundó la provincia de Barinas, pero en 1797 se perdió la isla de Trinidad, convertida en colonia inglesa. En 1786 (R. C. de 13 de junio) se perfeccionó la organización política de Venezuela con la creación de la Audiencia de Caracas, instalada al año siguiente.

Al crearse la capitanía general, Maracaibo y Guayana fueron separadas de la Audiencia de Santa Fe y agregadas a la de Santo Domingo, como ya lo estaban Margarita, Cumaná y Trinidad, hasta la creación de la Audiencia de Caracas. También se había creado la Intendencia en 1776. No quedaron fijados los límites con el Brasil ni las colonias extranjeras en Guayana.

En 1793 se fundó el Consulado, con jurisdicción comercial en toda la Capitanía. En cuanto a la organización eclesiástica, se creó el obispado de Mérida en 1777 y el de Guayana en 1790. Cumaná había dependido del obispado de Puerto Rico desde 1588 y Guayana desde 1625. Mérida dependió al principio de Santa Fe. En 1803 Caracas fue erigida en arzobispado, con Mérida y Guayana por sedes sufragáneas. La jurisdicción inquisitorial era la de Cartagena desde su fundación en 1610; en Venezuela entendió en muy pocos casos.

Entre los gobernadores del s. XVIII cabe citar a Juan José de Cañas (1711-1714), extravagante e inmoral que detestaba a las clases altas y que fue destituido y preso; Diego Portales, que tuvo hondas diferencia con el municipio caraqueño, que le puso preso en 1724, reponiéndole el rey en 1726, pero el cabildo perdió varios de sus privilegios gubernativos. Felipe Ricardos, que reprimió la insurrección de J. F. de León; Manuel de Guevara Vasconcellos, que hubo de hacer frente a las primeras tentativas separatistas.

En Guayana hubo a fines del s. XVIII gobernadores, dotados de gran espíritu de progreso, cuyos proyectos, de haberlo aceptado, habrían cambiado las condiciones de aquella pobre región. Manuel Centurión (1766-1776), que propuso una colonización civil al lado de la exclusiva de las misiones; Felipe de Inciarte, que aceptó el plan del intendente de Caracas José de Ábalos, de fundar nuevos hatos con 12.000 reses ofrecidas por los capuchinos catalanes; formar aldeas con indios ya cristianos, atraer fugitivos de las Guayanas extranjeras y exención de impuesto por diez años a los nuevos colonos; Manuel Marmión (1783-1791), que redactó otro amplio proyecto de colonización y de extensión de cultivos, no llevado a la práctica.

En Cumaná se distinguió el gobernador Carlos de Sucre, antepasado del general de este nombre. Con motivo de la delimitación de confines entre las posesiones españolas y portuguesas realizaron exploraciones en las comarcas más interiores de Venezuela las expediciones de Iturriaga y José Solano.

La Compañía Guipuzcoana

Los primeros años del s. XVIII fueron muy desfavorables para la economía venezolana, a causa de la Guerra de Sucesión. Felipe V hizo un contrato con la Compañía Real de Guinea, francesa, para la introducción de negros, pudiendo llevarse en cambio productos americanos en sus barcos, contrariamente a la exclusivista política seguida hasta entonces, lo que duró hasta la paz de Utrecht.

Ya había gran escasez de mercancías antes de 1700, y la guerra interrumpió en gran parte el tráfico, tanto con España como con las otras provincias americanas, salvo México, sobreviniendo una gran escasez, carestía de precios y falta de exportación, sin los franceses atenuaran demasiado la situación, la provincia quedó casi arruinada, y la Hacienda en pésima situación; no faltó, sin embargo, el contrabando inglés.

Por la paz de Utrecht la Compañía inglesa del Mar del Sur obtuvo el privilegio del asiento de negros, que le abrió el mercado americano y que le permitió dominar el mercado y el tráfico de Venezuela desde 1715, llevándose géneros del país a cambio de esclavos y de mercancías introducidas con el pretexto de los negros. Nuevas guerras dificultaron la comunicación con España y de 1715 a 1720 no llegó ningún barco de esta, pero no es cierto que no llegase ninguno en veinte años como se ha dicho.

El gobierno de Felipe V creía en la eficacia de las compañías de comercio para el tráfico de los países ultraMariños y se sentía acuciado por la necesidad de rehacer económicamente a España, por lo que estaba dispuesto a patrocinar una compañía que combatiese el contrabando, importase el cacao necesario y garantizara fuertes ingresos a la corona. (Eduardo Arcila Farías, Economía colonial de Venezuela, México, 1946, p. 148.)

Negoció con ese fin la provincia de Guipúzcoa con el ministro Patiño y se concedió el 25-IX-1728 el privilegio correspondiente a la Real Compañía Guipuzcoana; debería enviar dos barcos armados cada año a Venezuela directamente, sin pasar por Cádiz, salvo a la vuelta, y llevar toda clase de mercancías para todo el país; reprimiría el contrabando con sus barcos y otras ventajas que le daban el monopolio comercial de la provincia, sin posibles competidores desde 1724, y gozando de plena protección oficial. En 1730 salió de Pasajes la primera expedición y fue un buen negocio desde el primer momento.

Fue recibida la Compañía con hostilidad en Venezuela, por no haberse consultado al Ayuntamiento de Caracas y por alterar los negocios regulares existentes con España, las provincias americanas y las colonias francesas, aparte de su represión del amplio contrabando, que no obstante, continuó. Se eligió Venezuela por la Compañía por su situación económica, mucho mejor de lo que se ha dicho, y por el valor de su excelente cacao, aunque ahora bajo mucho su precio.

La Compañía limitó a la inglesa solo a la introducción de negros, y sus privilegios perjudicaron a los cosecheros y mercaderes del país; gozó del monopolio de la importación y manejó la exportación del cacao a España, pero no pudo quedarse con la dirigida a Veracruz, por la resistencia de los propietarios. Se le ampliaron las exenciones judiciales y fiscales, pero su poderío y rigidez le concitaron también la antipatía de los pequeños propietarios y de la masa popular.

Estalló el descontento con la rebelión de Juan Francisco de León en 1749, tras varios motines en diversos años, como el del zambo Andresote, jefe contrabandista y cuya banda acabó por alarmar, pero derrotó a varias expediciones (1730-1732) hasta que hubo de huir a Curaçao; con el pretexto de que quiso sustituírsele en su cargo por un agente de la Compañía, llevó León una masa a Caracas pidiendo la destrucción de la Compañía y logró del gobernador Luis Castellanos la expulsión de todos los vascos, solidarizándose el cabildo municipal con sus acusaciones a la Compañía.

El mismo año llegó el nuevo gobernador Arriaga, que otorgó un indulto; pero fue sustituido en 1751 por Ricardos, que reprimió por la fuerza la insurrección, rebrotada con carácter violento, y León fue enviado a España, donde más tarde le perdonó el rey. Había contado con muchos apoyos del país e incluso de los holandeses, pero no tuvo carácter separatista. El rey, sin embargo, recortó los privilegios de la compañía, garantizó el tráfico venezolano con Veracruz e hizo que se asegurase un precio justo para el cacao a los productores, y se dieron acciones a venezolanos.

La exportación de cacao creció en los años siguientes y asimismo el precio. Pero pronto surgió la crisis por el gran aumento del contrabando holandés, la competencia en los mercados extranjeros, el exceso de negocios emprendidos en la Península al montar o hacerse cargo la compañía de varias fábricas. Se había desarrollado no solo el cacao, sino también el algodón, el añil, el tabaco y un nuevo producto, el café, otorgándose medidas favorecedoras de tales cultivos y su salida.

En 1777 se permitió la entrada de negros por mercancías desde las colonias extranjeras y en 1780, por la guerra, se autorizó el comercio con neutrales. Las tendencias al libre comercio por el gobierno español, promulgado en 1778, y las denuncias del intendente Juan de Ábalos contra la Compañía, por considerarla perjudicial para la provincia y aún de ejercer el contrabando, causaron su fin; en 1780 se anuló su monopolio, al extender el libre comercio a Venezuela, y en 1781 se rescindió el contrato con ella.

En mala situación, se disolvió en 1785, creándose con lo que tenía la Compañía de Filipinas a propuesta de Cabarrús, la cual, aprovechando la experiencia y conocimientos de la anterior, logró mantener su buena situación en el comercio venezolano. Se ha considerado, en general, beneficiosa para Venezuela la actuación de la Compañía Guipuzcoana por haber impulsado su economía poderosamente y haber introducido hábitos de seriedad propios de los vascos; Arcila Farías disiente y la considera, quizá apasionadamente, explotadora y contraria a los intereses de sus habitantes.

La economía a fines de la época colonial

La creación de la intendencia supuso, además de los fines señalados con carácter general al nuevo cargo, unas ordenanzas que disponían el reparto de tierras a las familias indias, con cultivo obligatorio, una colonización agrícola —no llevada a la práctica—; estas ordenanzas fueron reemplazadas en 1784 por las de Buenos Aires.

El primer intendente fue el citado Ábalos (1777-1783), que abrió los puertos al comercio extranjero, organizó la hacienda, favoreció la importación de negros para fomentar la agricultura, lo que aumentó el comercio con las colonias extranjeras, exportándose animales en cambio; combatió el contrabando, se opuso a la Compañía Guipuzcoana; abrió los ríos al libre tráfico; introdujo por orden superior el estanco del tabaco, que suscitó oposición, pero que dio un enorme y rápido crecimiento a la Hacienda, exportándose durante algún tiempo muchas cantidades a Holanda directamente. Ábalos realizó una honda y eficaz labor, apoyado en su celo por su carácter inflexible y muy recto. Le sucedió Francisco de Saavedra (1783-1788).

Al implantarse el libre comercio en 1778, quedó exceptuada Venezuela, por el monopolio de la Compañía, consiguiéndolo de hecho en 1781 y oficialmente en 1789. En 1797 se permitió el tráfico con neutrales a causa de la guerra, aprovechándolo grandemente Inglaterra, a pesar de ser enemiga. Los agricultores eran partidarios de la plena libertad —y como consecuencia de la independencia— y los comerciantes del viejo monopolio mercantil.

Había a fines de la época colonial una verdadera prosperidad. En 1804 el tráfico de La Guaira fue de 6.321.000 pesos, de los que correspondieron a la exportación 4.019.812; el de los demás puertos, 1.295.761; en los últimos diez años la exportación media de café fue de 1.500.000 libras; en el año citado, la exportación fue de 1.140.000 fanegas de cacao; 40.000 quintales de café; 20.000 de algodón; 50.000 de carne salada; 80.000 cueros; 12.000 caballerías. En 1809, víspera de la revolución, se exportó por valor de 4.776.500 pesos y se importó por 5.500.000. Desde 1796 creció el valor del comercio en un 70 por ciento, aparte del contrabando. (C. Parra-Pérez. El régimen español en Venezuela, M. 1932.)

La sociedad

Ya se han expuesto las clases sociales venezolanas. La encomienda fue abolida de hecho en el país en 1687, en que una real cédula prohibió terminantemente el servicio personal. Las últimas encomiendas —con participación en el tributo— fueron suprimidas por Carlos III. Ya se ha hablado del negro; cabe añadir que la trata en Venezuela fue suprimida en 1807.

Los peninsulares ocupaban los altos cargos, causando la rivalidad de los criollos; pero también había una masa de emigrantes, dedicados al comercio, generalmente canarios, y a otras ocupaciones; los criollos ricos eran los grandes propietarios, que ocupaban los cargos municipales, deseosos de sustituir a los europeos en la dirección suprema del país y que formaban la orgullosa aristocracia mantuana; también había cultivadores más modestos y artesanos, alternando en los oficios con los pardos.

De la masa mestiza de los pardos, que socialmente constituye la mayoría de la clase popular —racialmente los criollos estaban también bastante mestizados— destaca el llanero, pastor trashumante pero no nómada.

El clero virreinal en general fue virtuoso, caritativo y culto, y no muy numeroso, respetado pero poco poderoso. El ejército se redujo a un ejército veterano creado en 1768 para la protección de Caracas, La Guaira y Puerto Cabello, y poco después se crearon cuerpos de milicias, divididas en blancos y pardos; en estas los hombres de color no podían pasar de capitanes; había otras compañías sueltas de veteranos y milicianos en otras provincias. La población total ascendía a fines del s. XVIII, según De Pons, a 728.000 habitantes, y a unos 800.000 en 1807, variando las estimaciones de los grupos raciales y sociales.

Caracas (25.000 habitantes según Miranda, o 40.000 en 1800) era una ciudad que había sido objeto de reformas urbanas por Ricardos; pero víctima de terremotos; hermosa y bien surtida a fin de esta época; la vida era alegre, con hospitalidad, cortesía, tolerancia y elegancia en las clases altas, imitadoras de las modas extranjeras y aficionadas al lujo.

Dos buenos observadores europeos han pasado por Venezuela a fines del s. XVIII: el francés François De Pons Voyage à la partie orientale de la Terre-Ferme de l´Amerique Méridionale, 3 vols. París, 1806, escrita entre 1801 y 1804) y Alejandro de Humboldt Voyage aux regions équinoxiales du Nouveau Continent, de 1799 à 1804, publicada en 1814-1825).

La cultura

Ya se estableció una escuela primaria en Caracas en 1567, que patrocinó el municipio, y el primer Bolívar obtuvo una cátedra de Gramática para la ciudad (1592), fundándose otra por un prelado en 1608, y hubo más en otras ciudades. Los conventos tuvieron en general escuelas y bibliotecas, con cátedras de Teología y Artes, que preparaban al clero. El Seminario de Santa Rosa en la capital no se pudo abrir hasta 1673, por obra del obispo fray Antonio González de Acuña y servía también para los seglares.

Por iniciativa del obispo Juan José Escalona y Calatayud se logró del rey en 1721 para elevar dicho colegio-seminario a universidad, confirmada por el papa al año siguiente. Carlos III separó la universidad del seminario (1784), emancipándola de la autoridad episcopal. Mérida pidió universidad que negó Carlos IV, por la oposición de la de Caracas y pedirla Maracaibo —y no por una frase contra la instrucción de los americanos, que gratuitamente se le atribuye—, pero le concedió la facultad de graduar al seminario (1806).

El obispo Manuel Cándido Torrijos había llevado allí en 1794 una biblioteca y un gabinete de Física. Había preocupación por la enseñanza, como lo indica el plan de reforma elevado al cabildo por el famoso maestro de Bolívar Simón Rodríguez. El Colegio de Abogados estableció una Academia de Derecho Público y Español (1790). La universidad —como ha demostrado C. Parra-León Filosofía universitaria venezolana— estaba al tanto de las corrientes europeas y eran conocidos los principales filósofos de la Ilustración y los hombres de ciencia, incluso Lamarck; fue combatida la vieja Escolástica, e introdujo en la universidad la filosofía moderna el sacerdote Baltasar Marrero. Reformó la filosofía en ella el doctor Montenegro.

En cambio no hubo imprenta en toda la época colonial, siendo la primera la que intentó llevar Miranda y que fue traída por unos ingleses de Trinidad a Caracas, siendo el primer libro editado el Calendario manual y Guía universal de forasteros en Caracas, de Andrés Bello (1810), que inauguraba así su obra. Había un grupo muy culto a fines de esta época, como lo revela el alto nivel de muchos de los dirigentes patriotas, como el jurista, escritor y orador Miguel José Sanz (1754-1814), y la amplia cultura autodidáctica de Miranda y Bolívar.

En aquel ambiente se formó Andrés Bello. Se introducían libros enciclopedistas, y a ellos contribuyeron los barcos de la Compañía Guipuzcoana, Los navíos de la Ilustración, según la obra de R. de Basterra. Los hermanos Francisco Javier y Luis Ustáriz sostuvieron una academia literaria particular, de la que formaban parte futuros patriotas, y donde se dieron a conocer algunos escritores, como el mismo Bello.

Buen desarrollo alcanzó la música y el padre Pedro Sojo y Juan Manuel Olivares establecieron una academia, algunos de cuyos alumnos lograron renombre, como compositores, cuales Cayetano Carreño, José Ángel Lamas y Juan Landaeta, cultivándose la música religiosa y autor el último del himno nacional al comenzar la revolución.

La literatura en la época colonial no tuvo gran desenvolvimiento, destacando más los historiadores peninsulares en los primeros tiempos, como fray Pedro de Aguado, que escribió en 1581 una Historia de Venezuela continuación de la de Nueva Granada (no publicada hasta 1913); el versificador Juan de Castellanos, que en sus Elegías de varones ilustres de Indias incluyó la conquista de Venezuela, y el franciscano fray Pedro Simón, de la provincia de Cuenca, que vivió en Nueva Granada en el s. XVII e incluyó a Venezuela en sus Noticias historiales de la conquista de Tierra Firme (hasta 1624) (pub. en 1626).

En el s. XVIII sobresale el bogotano José de Oviedo y Baños (1671-1738), que vivió casi toda su vida en Venezuela, autor de la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela (Madrid, 1723), que llega a 1600 y quedó incompleta; utilizó documentos, además de los cronistas y se refirió a diversos aspectos del pasado, no solo a los externos. El franciscano Matías Ruiz Blanco había referido la historia de las misiones en Conversión de Piritu, de indios cumanagotos, palenques y otros (M., 1690). El comerciante José Luis de Cisneros publicó una Descripción exacta de la provincia de Benezuela (sic) (Valencia, 1764).

La historia misional, y la etnografía por añadidura, contó con las obras del jesuita Juan Rivero Historia de las misiones de los Llanos de Casanare y los ríos Orinoco y Meta (escrita en 1736); otro jesuita, el padre José Gumilla con su importante libro El Orinoco ilustrado (M. 1741); el franciscano cordobés fray Antonio Caulín, autor de la Historia... de la Nueva Andalucía (1759, pub. en M., 1779).

El tardío desarrollo de Venezuela se manifestó también en el Arte, quedando pocas obras de aquella época y con menos relieve que en otros países hispanoamericanos. No faltaron en Caracas edificios religiosos y de carácter oficial y educativo, desaparecidos o modificados; la catedral, del s. XVII, era barroca, y destruida por los terremotos, hubo que reconstruirla del todo; quedan varias casas solariegas, en general barrocas.

La pintura recientemente estudiada y valorada, tuvo marcada personalidad, en especial en el s. XVIII. A fines del XVIII la Sociedad de Amigos del País fundó una escuela de dibujo, cuyo director, Antonio José Carranza, influyó en la formación de la siguiente generación de pintores.R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 939-948.

La independencia

Venezuela independiente

Bolivar Arturo Michelena
Simón Bolívar, el Libertador por Arturo Michelena (1863-1898)

La Capitanía General de Venezuela era la última en las entidades político-administrativas fundadas por España en América, pues solo databa de 1777 la extensión de su jurisdicción al actual territorio venezolano. Sobre una masa de pardos (mestizos, mulatos y zambos, en número de unos 400.000), ignorantes y sometidos la mayoría a las clases altas, y fuera de unos 100.000 indios, que vivían en general apartados del resto, más de 60.000 esclavos negros, se elevaba la clase criolla (unos 200.000), incluyendo entre los blancos unos 12.000 peninsulares y canarios, presidida aquella por la aristocracia mantuana, rica, orgullosa, oligárquica, propietaria del suelo y de los esclavos, culta y ambiciosa, que fue preponderantemente la autora de la Independencia.

La acción de la Real Compañía Guipuzcoana y el libre comercio habían producido un gran desarrollo del país, a lo que contribuía que el régimen español funcionaba normal y eficazmente (C. Parra Pérez Historia de la Primera Republica de Venezuela, I, pág. VIII)

La oligarquía criolla tendía a dominar a las clases inferiores y a someterse de mala voluntad a los representantes del poder de la metrópoli, por lo cual estos aparecían en cierto modo como los defensores de las segundas, que, a su vez, miraban con antipatía el predominio despótico de los mantuanos, víctimas durante la Revolución de su impopularidad entre los pardos, quiénes fueron durante bastante tiempo los campeones más enérgicos de la autoridad del rey, por odio a las clases elevadas.

Tuvo así la emancipación venezolana el carácter de una revolución iniciada por una minoría perteneciente a la cumbre de la sociedad, muy culta y refinada, imbuida de ideas avanzadas, que trató de imponerla al resto de los habitantes; y al reaccionar las clases inferiores en sentido contrario, recibió un marcado tono social e incluso racial con significado opuesto al de México; el escaso ambiente de la revolución en sus comienzos ocasionó por dos veces su fracaso; pero la terrible dureza con que se llevó a cabo la guerra por la independencia acabó por ir lanzando al campo insurgente masas considerables de población.

Ofrece de peculiar la revolución venezolana, además de su tenacidad y larga duración sus excesos, excepcionales, incluso en un periodo tan carente por lo habitual de humanidad como el de la emancipación americana, y la presencia de una personalidad potentísima, alma de la independencia, cuál la de Simón Bolívar, conductor del movimiento independiente en un grado sin semejante en las restantes naciones americanas, y que convirtió Venezuela en la base desde donde extendió la emancipación a una gran parte de Suramérica, dándole amplitud continental

No poseen realmente carácter de preferentes la rebeldía de Juan Francisco de León contra la Compañía Guipuzcoana (1749-52) ni la repercusión de la de los comuneros de Nueva Granada a algunas regiones limítrofes. En 1797 intentaron una sublevación tres españoles republicanos deportados a la Guaira, Juan Bautista Picornell, Sebastián Andrés y Manuel Cortés Campomanes, en connivencia con los criollos Manuel Gual y José María España, con un avanzado programa y bastantes complicados; descubierta a tiempo, fue ejecutado España en (1799.

Tampoco pasó de conjura la de los pardos en Maracaibo, tramada por Francisco Javier Pirela 1799. La incansable actividad de Francisco de Miranda por la independencia americana se concretó en su patria, en la desgraciada tentativa de 1806, fracasada en Ocumare y en Coro, sin hallar la menor repercusión. La masa de la población rechazaba sus ideas, y los criollos cultos y partidarios de ellas, solo veían en él un agente extranjero, y temieron que el cambio de régimen consistiera en pasar bajo la dominación inglesa.

Al capitán general Manuel De Guevara Vasconcelos, que había hecho frente a esa tentativa y era un enérgico y popular defensor de la causa española sucedió, (1807), con satisfacción de los partidarios de la independencia el inepto, Juan de Casas. Conspiraba un grupo de ellos, en espera de ocasión oportuna: Bolívar, los Toro, los Tovar (José y Martín, este 1772-1843), José Félix Ribas (1775-1814), Juan Germán Roscio (1782-1821), Tomás y Mariano Montilla (1782-1851), Lino de Clemente y otros criollos de elevada posición. Miranda seguía desde Londres incitando al gobierno inglés a una tentativa contra la América española, y se preparó una expedición a México o Venezuela en 1808 suspendida por los sucesos de España.

Napoleón, informado de Venezuela por la obra y las memorias de François de Pons, envió a Casas un agente, cuya presencia provocó en Caracas un motín que obligó a las autoridades a proclamar a Fernando VII (15-VIII-1808). Inglaterra modificó su actitud al aliarse con España, pero Miranda siguió excitando a los criollos a preparar un movimiento revolucionario. Se trató de formar una Junta de Gobierno el mismo mes, accediendo al principio Casas, pero pronto rechazó la idea, en la que insistió en noviembre de 1808 un grupo de notables criollos; pero los detuvo y procesó.

Uno de ellos, Antonio Fernández de León, enviado a España, recibió el título de marqués de Casa-León, y su hermano Esteban estuvo a punto de ser nombrado miembro de la primera Regencia. Esteban Palacios, tio de Bolívar, y Fermín de Clemente fueron designados diputados por Venezuela a las Cortes de Cádiz. Casas fue sustituido por el brigadier Vicente de Emparan, carente por completo de condiciones de mando (V-1809), quién hubo de prender a algunos mantuanos conspiradores, y desterró a Aragua y Valencia a otros, Bolívar, Montilla, los Toro, quienes siguieron conspirando sin dificultad.

Primer país oficialmente independiente

Al conocerse la disolución de la Junta Suprema de España, se decidió actuar inmediatamente para formar un Gobierno nacional: el 19-IV-1810 —Jueves Santo— se reunió el Ayuntamiento de Caracas y, aprovechando la debilidad de Emparan, y agitada la muchedumbre por el canónigo chileno José Cortés de Madariaga (1770-1826), acérrimo partidario de la independencia, se constituyó la Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII, a base del Municipio y algunos diputados más, verdadero Gobierno nacional, partidario en el fondo de la emancipación, primero que surgía en Hispanoamérica después de los fracasados intentos de 1809 en Quito y Alto Perú.

La aristocracia criolla iniciaba la revolución, para crear una nacionalidad que esperaba dirigir, libre de la mediatización del Estado español, satisfaciendo anhelos patrióticos y ambiciones de mando. Asumió todo el poder la Junta —constituida definitivamente el 25 de abril con 23 miembros y 4 secretarios de despacho o ministros—, expulsó a algunos altos funcionarios y militares desafectos y se hizo reconocer paulatinamente por las provincias, donde se formaron Juntas análogas secundarias.

Al frente del ejército se puso el coronel Fernando Rodríguez del Toro hermano del marqués del Toro; se dirigió un manifiesto a los municipios americanos incitándoles a imitar a Venezuela; se recusó la autoridad de la Regencia, se promulgaron leyes —prohibición de la trata y del tributo de los indios y apertura de puertos al tráfico extranjero— y se entablaron relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, adónde se envió a Juan Vicente Bolívar y otros, y con Inglaterra, adonde partieron Simón Bolívar, Luis López Méndez, y Andrés Bello, el ilustre polígrafo (1781-1865); los primeros enviaron agentes consulares, en Inglaterra, por medio del ministro, marqués de Wellesley, adoptó una actitud discreta, para no indisponerse con España, ni debilitar la lucha con Napoleón; ofreció su mediación ante la Regencia y aprovechó la libertad comercial ofrecida.

Bolívar persuadió a Miranda para que regresara a su patria. Cortés Madariaga, en cambio, logró fácilmente la alianza con el gobierno igualmente revolucionario de Nueva Granada. Convocó la Junta de elecciones para un Congreso, abierto el 2-III-1811, bajo la presidencia del exaltado Felipe Fermín Paúl (1774-1843), y se constituyó un poder ejecutivo en lugar de aquella, con tres miembros, cuyo primer presidente fue el jurista Cristóbal de Mendoza (1772-1829).

Con la mesura del Congreso contrastaba la hirviente agitación de la Sociedad Patriótica, club de tipo francés, dónde peroraban Miranda y Bolívar, y se propugnaba la independencia, la cual fue proclamada por el Congreso el 5-VII-1811, aprobándose el acta el 7. Era el primer país hispanoamericano que se declaraba oficialmente independiente.

Completó su labor el Congreso formando una Constitución (obra principalmente de Francisco Javier Ustáriz, Roscio y Martín Tovar Ponte, 21-XII-1811), federalista y democrática, fruto abstracto de la ideología revolucionaria de tipo francés o norteamericano de la mayoría de los separatistas, en contraste con su categoría social, y en absoluto inadaptada a la realidades venezolanas y a la falta de ambiente que el movimiento emancipatorio tenía en gran parte de la población. Se crearon una raquíticos Estados (siete), para dar realidad a la federación, y se instaló la capital en Valencia.

Reacción española

Coro, Maracaibo y Guayana no había secundado la revolución y eran focos españolistas; contra la primera marchó el marqués de Toro; carente de dotes militares, que fracasó en el asalto (XI-1810). La Regencia envió un comisionado, Antonio Ignacio de Cortabarría, para restablecer la paz y declaró bloqueadas las costas venezolanas. Cortabarría llegó a fines de octubre de 1810, y ante la inutilidad de su misión, fomentó los esfuerzos contrarrevolucionarios: se nombró capitán general a Fernando Miyares, gobernador de Maracaibo, se expidieron patentes de corso para hacer efectivo el bloqueo y se agitaron en diversos lugares los partidarios de España.

El 11-VII-1811 se sublevó en las cercanías de Caracas un grupo de canarios, incitados por Juan Díaz Flores, sin más fruto que la ejecución de 16. El mismo día se alzó Valencia, incitada especialmente por el clero, en buena parte enemigo de la revolución, empezando por el Arzobispo de Caracas, Narciso Coll y Prat, aunque otra parte era partidaria de la independencia y varios clérigos formaban parte del Congreso, el cual suprimió la Inquisición y el fuero eclesiástico, pero declaró en la Constitución la estricta unidad religiosa.

Una expedición contra Valencia, por los Toro, fracasó, y se hizo cargo de ella Miranda, como general en jefe de los ejércitos, a cuyas órdenes efectuó Bolívar sus primeros hechos de armas, y entre quienes surgieron las primeras disensiones. Miranda, recibido con recelo en su país, acrecía el número de sus enemigos entre la clase dirigente y los dueños del Gobierno. Rechazado el primer ataque a Valencia, se la hizo rendir el 13-VIII-1811, tras perder los independientes ochocientos hombres; aquí había luchado ya la clase popular, los pardos y los negros, contra los criollos y las clases elevadas, defendiendo, por tanto, al rey, ya que estos eran separatistas, carácter que predominaría durante mucho tiempo en la guerra de emancipación.

No continuó la campaña y los realistas se apoderaron de Guayana (fines de 1811), donde rechazaron una expedición republicana (III-1812); pero por falta de fuerzas suficientes no se pudo emprender una seria campaña contra los independientes hasta la llegada del capitán de fragata Domingo de Monteverde, con una compañía de marina desde Puerto Rico, quien, con 500 hombres partió de Coro el 10-III-1812, mientras el Congreso instalado en Valencia, perdía el tiempo en ociosas discusiones; formaban a la sazón el triunvirato ejecutivo Fernando R. del Toro, Ustáriz y Francisco Espejo.

El 26 de marzo un terremoto arruinó Caracas y casi todas las ciudades dominadas por los republicanos, perdiéndose los pertrechos militares y perecieron muchos millares de personas —cerca de 10.000 en Caracas solo—; aquella coincidencia y la de haber ocurrido la catástrofe en Jueves Santo, hizo considerarla como castigo divino por la Revolución, y la debilitó moralmente.

Ante el peligro se disolvió el Congreso, se suspendió la Constitución y se entregó todo el poder a Miranda, como generalísimo y dictador (26 de abril), quién reunió nuevas fuerzas. Le perjudicaban su afición a los oficiales europeos, en desdén a los criollos; sus tácticas inadaptadas al país, la escasa competencia militar que demostró, pese a su fama, y la incapacidad de encender el entusiasmo en las masas, como Bolívar.

Monteverde avanzó triunfalmente, tomando Carora, Barquisimeto, Valencia (3-V), bien recibido por las poblaciones, mientras que la deserción agobiaba a las tropas independientes, y varias comarcas y guarniciones volvían a la obediencia de España. El 6 de julio perdió Bolívar Puerto Cabello por una sublevación de prisioneros, lo que contrarrestó los dos triunfos de Miranda sobre Monteverde en La Victoria (20 y 28 de junio), que no supo aprovechar.

Miranda envió a Pedro Gual (1784-1862) a los Estados Unidos y movilizó a los negros, declarándoles libres, lo que le enajenó a los grandes propietarios. La primera República venezolana se hundía, y Miranda entró en negociaciones para una capitulación asesorado, por los dirigentes que quedaban a su lado. En San Mateo se firmó el 25 de julio, entregándose las plazas y prometiendo Monteverde una conducta generosa. Los republicanos se irritaron por la capitulación, creyendo posible aún la resistencia, y se desmoronó la popularidad de Miranda, que, precipitadamente la había llevado a cabo.

El 20 de julio huyeron los patriotas hacia La Guaira, para embarcar, y allí un grupo de oficiales, entre ellos Bolívar, indignados con Miranda lo apresaron, y el comandante de la plaza, Manuel María de las Casas, lo entregó a Monteverde, siendo deportado a la Península. Bolívar no pudo huir, pero salió del país con un pasaporte que, por la entrega de Miranda, le proporcionó Monteverde por mediación del español Francisco de Iturbe; se había refugiado en casa del marqués de Casa-León, que había desempeñado algunos altos cargos durante la República. Bolívar se asiló en Nueva Granada, al servicio de su Gobierno, aún independiente.

De guerra sin cuartel a guerra a muerte

Monteverde, a pesar de lo prometido, inicio una severa represión contra los insurgentes, con ejecuciones, encarcelamientos deportaciones en cantidad. A España fueron enviados entre otros, Roscio, Madariaga, José Mires (m. 1824) y Francisco Isnardi, redactor del acta de independencia. A Nueva Granada huyeron también José Félix Ribas, Pedro Briceño (1794-1836), Gual, Francisco Javier Yáñez (m. 1842), Antonio Nicolás Briceño, Pierre Labatut, Gregor MacGregor (m. 1845), Manuel Cortes, Campomanes, Fernando Carabaño (m. 1816), etc.

La guerra tomaba carácter de exterminio, y el segundo de Monteverde, Eusebio de Antoñanzas, había hecho terribles escarmientos en la toma de Calabozo. Monteverde fue nombrado capitán general (1812) e instaló un Tribunal de Seguridad Pública para perseguir a los comprometidos en la revolución. Le ordenó el gobierno español poner en vigor la Constitución de Cádiz, y lo efectuó con mucho retraso, sirviendo para que los independientes conspiraran de nuevo.

Bolívar iba a asumir el primer puesto en la revolución: lanzó desde Cartagena un manifiesto 15-XII-1812 para proseguir la lucha, y realizó algunas campañas con éxito en Nueva Granada, buscando su apoyo para reconquistar Venezuela; en los confines de esta derrotó a Ramón Correa, en Cúcuta (28-II-1813). Con el apoyo de Camilo Torres, presidente de Nueva Granada, y de Nariño, formó un ejército de granadinos y con huidos venezolanos, con el que reanudó la campaña, iniciando la segunda revolución de Venezuela, aunque el ejército realista subía a unos 15.000 hombres.

Se le había anticipado Antonio Nicolás Briceño, desde abril, quien proclamó en San Cristóbal la guerra sin cuartel, cumpliéndola atrozmente, hasta que fue derrotado en la zona de Barinas y fusilado. También otro grupo, con varios jefes famosos (Santiago Mariño, 1788-1854; Manuel Piar, 1782-1817; José Francisco Bermúdez, 1782-1831; y Antonio José de Sucre), por el oriente del país se apoderaron de Güiria (I-1813) y Maturín.

Preparó Monteverde la defensa ante la invasión, que comenzó Bolívar desde San Cristóbal el 15 de mayo de 1813, realizando una de sus más felices campañas: entró en Mérida el 30 de mayo y luego en Trujillo, donde el 15 de junio, dio su inhumano decreto de la guerra a muerte, que recargó el tono feroz que ya ostentaba la lucha, y contribuyó a sumir a Venezuela en lago de sangre; quiso replicar a los desmanes de los jefes realistas Antoñanzas, Francisco Javier Cerveriz, Antonio Zuazola, Francisco Rosete, José Yáñez y otros, y atraer a los venezolanos irremediablemente su causa, haciendo imposible la reconciliación con los españoles.

Salió Bolívar de Trujillo, pasó la cordillera, vencieron sus tenientes Ribas y Rafael Urdaneta (1788-1845) en Niquitao (1-VII), derrotó a Antonio Tízcar y se apoderó de Barinas (6-VII); había dividido su ejército en 3 divisiones: la de Ribas venció en los Horcones a Francisco Oberto (22-VII), y las de Urdaneta y Atanasio Girardot, con Bolívar por los Llanos, tomaron San Carlos (28-VII), anulando el frente realista. La victoria de Taguanes (31-VII) deshizo la resistencia y abrió a Bolívar el camino de Caracas, donde entró solemne, y algo teatralmente, el 6 de agosto.

Por oriente, Piar había derrotado a Monteverde en Maturín (25-V), y él y Mariño tomaron Cumaná (2-VIII), con ayuda de un escuadra mandada por e el aventurero italiano Giuseppe Bianchi. A los pocos días murió su defensor Antoñanzas. Juan Manuel de Cagigal evacuó Barcelona, y sus oficiales José Tomás Bobes (1782-1814) y Francisco Tomás Morales (1781-1844) se refugiaron en los Llanos, para levantar guerrillas. Monteverde se encerró en Puerto Cabello, donde, en vano, le sitió Bolívar, y por las derrotas sufridas —últimamente en Bárbula (30-IX), donde pereció Girardot, y en las trincheras— fue depuesto a fines de año, sucediéndole en la defensa de la plaza José Miguel Salomón y en la capitanía, Cagigal.

Bolívar, asesorado por Ustáriz, asumió la dictadura, que ya ejercía y que venía dispuesto a mantener, para que no se repitieran los errores de la primera República, en especial el federalismo y la debilidad del Gobierno. El 14 de octubre el ayuntamiento de la capital le nombró Libertador, título que usó en adelante, y en un cabildo abierto le confirmó la dictadura el 2 de enero de 1814, en el que se aludió a la futura unión con Nueva Granada, uno de sus ideal. Pero la segunda república venezolana se hallaba tan precariamente asentada como la primera.

La opinión popular seguía siendo hostil a los independientes, y Bobes y Morales tuvieron la habilidad de lanzar a la masa de los pardos, a la plebe, a los esclavos, contra la aristocracia y la burguesía criollas, como un ariete, en la feroz guerra de exterminio social y de raza. Bobes se convirtió en el ídolo de llaneros, a quienes reclutó por miles, utilizó como una máquina irresistible y les perdió todos los más bárbaros excesos: con el mismo pueblo venezolano, combatió con energía y eficacia a los partidarios de la emancipación.

A raíz del triunfo de Bolívar habían surgido partidas por muchos sitios, y seguían, como siempre, en poder de lo realistas Coro y Maracaibo. Mariño, a su vez, dueño de Oriente, mantenía una actitud hosca ante su rival Bolívar, y, pese a sus continuas peticiones, permaneció inactivo y sin en enviarle refuerzos, contribuyendo así a las derrotas de 1814.

La campaña final fue marcada por la derrota de Bobes y Morales por el peninsular insurgente Vicente Campo Elías, en la Puerta o el Mosquitero (14-X-1813), que hizo luego una matanza en Calabozo; la toma de Barinas por Yáñez (24-IX) y la de Barquisimeto por el gobernador de Coro, José de Ceballos, quien a poco, derrotó a Bolívar y Urdaneta, que acudieron a recobrarla, en el Gamelotal (10-XI); pero libertador derrotaba a Salomón en Vigirima (25-XI), y en Araure (5-XII) a Ceballos y Yáñez, pareciendo dueño ya de la situación.

Pero a comienzos de 1814 se agravó esta: el descontento por la ruina económica, los implacables reclutamientos, impuestos y requisiciones y abusos de unos y otros recaía sobre los independientes, como causantes de la guerra y mirados como herejes. Los jefes realistas no estaban aniquilados, a pesar de las últimas derrotas y de la muerte de Yáñez en Ospino (2-II-1814). Campo Elías fue vencido en la Puerta por Bobes (3-II) y derrotó, con Ribas, a Morales en la Victoria (13-II), cerrándole el camino de Caracas.

La guerra aumentó su salvajismo: Rosete exterminó a la población de Ocumare y Bolívar ordenó el de los prisioneros españoles en Caracas y la Guaira, que en número de unos 866 ejecutaron Leonardo Palacio y Juan Bautista Arismendi (13 a 16-II). Patriotas cultos y de buen origen, como Ribas, Mariño, Campo Elías, Urdaneta, se habían manchado asimismo con matanzas. Bolívar se multiplicaba y hacía increíbles esfuerzos por contener a Bobes, y aún lo consiguió por algún tiempo: le derrotó en San mateo el 28 de febrero y el 25 de marzo, y Mariño en Bocachica el 31 de marzo, haciendo levantar a Ceballos el sitio de Valencia.

Mariño, unido ya a Bolívar, perdió la batalla de El Arao (16 de abril), pero Bolívar ganó un aún su última victoria de esta campaña en Carabobo el 28 de abril, secundado por todos los jefes importantes, sobre Cagigal y Ceballos; pero Bobes reparó la derrota de los generales de profesión con su aplastante triunfo de La Puerta el 15 junio sobre Bolívar y Mariño. Allí pereció Antonio Muñoz Tébar (n. 1787), uno de los secretarios o ministros de Bolívar, y Bobes exterminó a los prisioneros, repitiendo sus hazañas al tomar Valencia (10-VII).

El 6-VI-1814 evacuó Bolívar Caracas y huyó también la mayoría de la población en un terrible éxodo, en el que perecieron millares de personas de todas las clases sociales. El 8 fue ocupada la capital, y poco después (el 16) llegó Bobes, dueño del país, menospreciando al inepto Cagigal. Continuó el avance al Este, y Bolívar y Mariño, traicionados por Bianchi, fueron depuestos en Carúpano por Ribas, Piar y Bermúdez, como culpables de la derrota, y estuvieron a punto de perecer, refugiándose en Nueva Granada (XI-1814).

Bobes tomó Cumaná (16-X) y terminó su terrible carrera en Urica (5-XII), luchando con los últimos jefes, que fueron vencidos. Quedaba Venezuela sometida, excepto la isla Margarita, dominada por Arismendi, y las guerrillas de Manuel Cedeno y de los futuros presidentes José Antonio Páez (1790-1873) y José Tadeo Monagas (1784-1868). Estaba el país arruinado, aniquilado física y moralmente, exterminada parte considerable de la población, destruidas muchas ciudades y pueblos.

Había regresado Fernando VII a España y, para someter a Costa Firme, envió la expedición de Pablo Morillo, que llegó a Venezuela en abril de 1815 con instrucciones de publicar un indulto y seguir una política humana. Arismendi se sometió en Margarita, perdonándosele sus crímenes. Instaló Morillo un consejo de guerra permanente contra los insidentes, y una Junta de secuestros, hasta que se restableció la audiencia de 1816.

Brilló por su humanidad, en esta terrible época, el regente de la audiencia José Francisco de Heredia, padre del poeta cubano José María de Heredia. Creyendo pacificada Venezuela, dejó Morillo como capital general a Salvador Moxó y partió a la reconquista de Nueva Granada, llevándose a Morales y su hueste 1805. Mientras sitiaba Cartagena, Arismendi se sublevó en Margarita, y allí desembarcó Bolívar el 3 de mayo de 1816, reanudando la revolución —la tercera— que conduciría ya a la independencia definitiva.

La Independencia definitiva

En resumen Bolívar desembarcó en el Oeste y Mariño y Piar en el Este; el poco éxito del primero motivó que sus dos rivales le expulsaran a Haití, pero, llamado por sus amigos, regresó en diciembre, prometiendo convocar un congreso y renunciar a la dictadura. Mariño intento formar gobierno propio (V-1817), apoyado por Cortés Madariaga, que fracasó y se disolvió, quedando Bolívar como único jefe y alma exclusiva de la independencia.

Piar, que adoptó una posición rebelde, acabó por ser fusilado (16-X-1817). Pero hubo de contemporizar Bolívar con Páez, convertido en uno de los jefes más importantes, al atraerse a los llaneros, que se pasaron en masa ahora a las filas pelos independientes, perdiendo la causa española su más firme apoyo. Bolívar no consiguió tomar Caracas, y llevó su base a Guayana, instalando su capital en Angostura (tomada en julio de 1817), lejos del poder de Morillo.

Aunque habían abolido la guerra muerte seguían las atrocidades, como el asesinato de 22 misioneros capuchinos, por culpa, probablemente, de Piar, decretó Bolívar la confiscación de bienes de todos los españoles y de los partidarios de la causa española. Empezó a recibir intenso apoyo de Inglaterra y de Estados Unidos, afluyendo millares de voluntarios ingleses y grandes cantidades de dinero y pertrechos, y Monroe reconoció la beligerancia a los venezolanos (1817).

López Méndez seguía en Londres, adonde, después, se envió a Francisco Antonio Zea (1770-1822). A los Estados Unidos había enviado (1812) a Manuel Palacios Fajardo, autor de una célebre exposición de las causas de la revolución —clásica ,en cierto modo—, y que estuvo después en Europa (1813 ss.), sin obtener gran éxito. Después fue representante en los Estados Unidos, Lino de Clemente (1818-1819), que no fue aceptado, por intervenir en cuestiones internas y en el problema de la Florida, y finalmente Manuel Torres (1818-1822), que allí falleció y que recibió el reconocimiento de la independencia por parte del presidente Monroe (1822), en el origen de cuya célebre doctrina tuvo alguna participación con sus ideas.

Fracasadas sus tentativas contra Morillo (batallas de Semén y Rincón de los Toros, 16 de marzo y abril 1818, planeó Bolívar un plan audaz y de gran alcance militar político. Había organizado un embrión de Gobierno, contemporizando con Páez y Mariño, cuya subordinación era precaria, y, a pesar de dominar una parte, la menos poblada de Venezuela, convocó un congreso en Angostura, abierto el 15-II-1819, en el que renunció su poder, siendo elegido, desde luego, presidente de la República, y se aprobó una Constitución, unitaria y liberal, sin las amplias facultades y tono jerárquico que hubiera querido Bolívar, pero que no llegó a regir (15-VIII-1819).

El 20 de noviembre había lanzado un desafío a la Europa monárquica, cuya intervención en pro de España se temía, declarando terminantemente la independencia y su negativa a una nueva unión. En 1819 efectuó su atrevida expedición a Nueva Granada, culminada en la victoria de Boyacá y la emancipación de este país, lo que reforzaba su ejército y posición y debilitaba extraordinariamente la de Morillo. Regresó enseguida a Angostura, y el Congreso aprobó el 17-XII-1819, la Ley fundamental de la República de Colombia, que unía Nueva Granada, Venezuela y Quito en un solo Estado, constante aspiración de Bolívar, nombrado su presidente, con un vicepresidente en cada parte, que fue Roscio, en Venezuela,; Francisco Antonio Zea fue enviado a Londres para gestionar el reconocimiento y un empréstito.

La Revolución española de 1820 paralizó la resistencia realista, y Morillo entró en negociaciones, baldías a la postre, concluidas por lo pronto en el armisticio de Trujillo (25 y 26-XI-1820), que humanizó la guerra, sin más resultados por rehusar España reconocer la independencia. Morillo dejó el mando y le sucedió Miguel de la Torre (14-XII-1820). Antes de acabarse el armisticio se apoderaron los independientes de Maracaibo (29-I-1821) y se reanudaron las hostilidades y se emprendió la última campaña, avanzándose sobre Caracas desde Este y Oeste.

La batalla de Carabobo (24-VI-1821), ganada por Bolívar, Páez y Mariño sobre la Torre, inteligentemente preparada, puso fin a la soberanía española, reducida a Coro y Maracaibo, recuperadas ambas por Morales, que se sostuvo en la segunda hasta el 3-VIII-1823, y Puerto Cabello, defendido por Sebastián de la Calzada y Manuel Correa hasta el 8-X-1823, en que se rindió a Páez. Aún quedaron algunas guerrillas realistas.

Unión y disgregación con Nueva Granada

La unión con Nueva Granada fue sancionada por la Constitución unitaria de Cúcuta (30-VIII-1821). Tropas venezolanas acompañaron a Bolívar en sus ulteriores campañas por Suramérica, hasta Ayacucho, y caudillos venezolanos alcanzaron elevados puestos en otros países, además de Bolívar, como Sucre, Urdaneta y Flores, presidentes, respectivamente, de Bolivia, Colombia y Ecuador.

No se sentía la unión, y Páez, comandante militar de Venezuela, ofendido por el Gobierno colombiano, se insubordinó en 1826, y Bolívar hubo de reconocerle un mando (1824), que equivalía a reconstituir de nuevo el Estado venezolano, lo que efectuó oficialmente la convención de Valencia (6-V-1830), disgregando la Colombia bolivariana.

España reconoció a Venezuela en 1845. Venezuela fue uno de los países hispanoamericanos donde la lucha por la independencia alcanzó el máximo grado de intensidad; quedó la nación destrozada y las pérdidas humanas subieron a cientos de miles (más de 300.000). Se peleó con tenacidad y heroísmo, en una auténtica guerra civil, pues salvo los 10.000 hombre traídos por Morillo y algunos más, la inmensa mayoría de los combatientes fueron venezolanos, y la división no alcanzó solo a las masas, sino también a familias criollas; cuando regresaron los realistas, consolidada la independencia, por aversión a los patriotas y a Bolívar, se sumaron a Páez y a los enemigos de la Gran Colombia y pesaron en la separación de Venezuela y en la política sucesiva.R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 948-954.

Venezuela Independendiente

La separación de Colombia

Había desagradado en Venezuela la Constitución unitaria de Cúcuta (1821) y la fragmentación del país, dividido en tres departamentos (Orinoco, Venezuela y Zulia), bajo independientes, pero a causa de la guerra se nombró jefe superior militar y civil de los tres a Soublette. Páez quedó nombrado solo comandante militar del departamento de Venezuela, lo que equivalía a rebajarle de la brillante situación conquistada durante la guerra. En seguida surgió un partido contrario a la unión con la Gran Colombia.

A fines de 1825, Páez y otros elementos enviaron a Antonio Leocadio Guzmán a Bolívar, incitándole a la monarquía en su persona, imitando a Napoleón. Acusado Páez en 1827 de abusos en su mando, aconsejado por Miguel Peña, se opuso a su destitución, apoyado por el Ayuntamiento de Valencia, el cual desconoció la autoridad del Congreso colombiano, y a esta actitud se sumaron otros, incluso el de Caracas, que había iniciado la acusación contra Páez.

Bolívar hubo de regresar para evitar la disolución de su Colombia y a comienzos de 1827 llegó a Venezuela, asumió el supremo mando de todo el país y lo apaciguó, pero transigiendo con Páez, al que nombró para el mando supremo militar y civil de toda Venezuela, lo que era contrario a la Constitución, pero venía así a reconocer la existencia de un federalismo de hecho, que había querido suprimir la Constitución vigente. Al asumir Bolívar poderes dictatoriales en 1828, le apoyó Páez, y con él los municipios venezolanos.

Pero en 1830, al reunirse el que llamó Bolívar retóricamente el Congreso admirable, ya estaba Venezuela en el camino de la separación. Dominaba la opinión contraria a la monarquía y a la autoridad de Bolívar; este mismo creía inevitable la separación de Venezuela y que debía decretarla el Congreso. Había muchos ambiciosos y a la cabeza Páez, deseoso de ocupar indiscutiblemente el primer puesto, aconsejado por Peña y apoyado por Soublette. Una reunión en Valencia el 23-XI-1829 acordó la separación de Venezuela; otra el 25 en Caracas decide igualmente la separación, reunir una convención y que Páez se encargara del gobierno.

Por su parte se reunió el Congreso de Colombia en Bogotá (1830), ante el cual dimitió Bolívar y se procedió a elegir presidente a Joaquín Mosquera, pronto sustituido por el venezolano Urdaneta, que quería representar la unidad de Colombia, pero Venezuela rehusó volver a la unión; la convención de 1831 hubo de reconocer el hecho de la disolución de la Gran Colombia bolivariana y organizar a Nueva Granada por separado.

A su vez, en Venzuela se eligió un Congreso, reunido en Valencia el 6-V-1830; se negó a la proposición de unión de un representante del Congreso colombiano, confirmó a Páez como jefe de Estado y elaboró una Constitución para Venezuela, promulgada el 22 de septiembre.

Establecía la forma republicana y representativa; la soberanía popular se limitaba a votar en las elecciones primarias; el voto era restringido y la elección indirecta; habría dos cámaras, de senadores y representantes; en los primeros se seguía el ejemplo norteamericano; habría presidente y vicepresidente, elegido el primero por cuatro años, sin reelección inmediata, y el segundo a los dos años de la actuación del presidente, y elegidos por votación directa; se establecía un Consejo de Gobierno con el vicepresidente, los ministros, cuatro consejeros designados por el Congreso y un miembro de la Corte suprema; esta sería el más alto tribunal; se establecían diputaciones provinciales y el jurado.

Continuaba en vigor la esclavitud. A diferencia de otras constituciones hispanoamericanas de este primer periodo, no era considerado el catolicismo única religión del Estado; también se abolió el fuero eclesiástico. En virtud de la Constitución se eligió el Congreso ordinario, que se reunió en Valencia en marzo de 1831 y por la elección llevada a cabo Páez fue proclamado una vez más presidente, esta vez constitucional.

Rasgos del siglo XIX

La historia de Venezuela sería en el siglo XIX, y asimismo en el XX, semejante a la de otros países hispanoamericanos: dictaduras, anarquía, revoluciones, inestabilidad política, desacuerdo entre las leyes y las constituciones y la realidad social; militarismo que en ciertos momentos había sido desenfrenado, multiplicándose en forma desorbitada el número de oficiales. La autoridad ha estado siempre en manos del presidente, ya que el régimen ha sido siempre presidencialista; ejercido unas veces en forma más o menos constitucional y otras muchas dictatorial y aún arbitrariamente.

Si un régimen liberal y democrático ha sido una ficción o ha funcionado precariamente, en cambio ha sobrevenido una igualación o democracia social, que hizo desaparecer la estructura social de los primeros tiempos de la independencia, heredada de la época hispánica; aunque la guerra hizo cambiar de manos en gran parte la propiedad, por confiscaciones y por el auge del caudillismo, apareciendo la nueva clase de los militares victoriosos y cargados con el prestigio de las campañas revolucionarias, solo por haberlas hecho en muchos casos.

Este proceso de igualdad se consumó a mediados de siglo a consecuencia de la guerra federal. La citada Constitución había limitado el voto y aun lo restringió a las elecciones primarias, de donde saldrían los electores de los representantes. No había entonces más que unos 60.000 electores. En el siglo XX el alzamiento militar y popular es sustituido por el golpe de Estado puramente militar con sus medios superiores. En el siglo XIX Venezuela se empeñó en realizar su democracia social; sigue luchando hoy por su democracia política (G. Morón, Historia de Venezuela, M., 1967, pag.363.)

Hubo partidos políticos, titulándose los dos principales liberal y conservador desde 1840, pero durante el siglo XIX no se distinguirán fundamentalmente por la ideología, sino que serían personalistas, agrupaciones seguidoras de un jefe y aspirantes al poder, con pensamientos del partido opuesto en varios de sus miembros. Sin embargo, como en otros países americanos, entre los conservadores o godos figuraban los ricos y grandes propietarios, y entre los liberales, pequeños propietarios, agricultores arruinados, pequeños hombres de negocios, intelectuales, procedentes a veces de las clases altas, y a menudo se declararon liberales las masas, sirviendo de fuerzas de choque y por ansia de mejora o resentimiento. El gobierno de los caudillos desde 1830 acabó por favorecer a las clases comerciantes, al fomentar las comunicaciones y suprimir las restricciones coloniales.

El gobierno de los conservadores

La etapa conservadora, llamada también la oligarquía conservadora es en realidad el gobierno de Páez. El viejo llanero ejerció la presidencia directamente hasta 1835. Se comenzó por llevar de nuevo la capital a Caracas desde Valencia y se dio una amnistía a los partidarios de la Gran Colombia; en 1833 fueron abolidos los diezmos, encargándose el tesoro nacional de pagar a la iglesia; al año siguiente se promulgó la libertad religiosa.

En 1834 se arreglo la deuda de Colombia, haciéndose cargo Nueva Granada de la mitad y Venezuela del 28,5 por ciento, debiendo corresponder el resto al Ecuador. Se procuró mejorar la economía y aumentar el comercio; se reformaron las aduanas, buscando en ellas el principal ingreso de la Hacienda. En general la etapa de Páez fue de paz y prosperidad.

En 1835 fue elegido presidente el rector de la universidad, José María Vargas, mal visto por los militares. Aunque Páez favorecía a Soublette, apoyó a Vargas, que extendió las libertades y fomentó la mejora económica y la moral y proyectó reformas, en especial para desarrollar la enseñanza. En seguida estalló un pronunciamiento militarista, con el nombre de reformista, dirigido por Santiago Mariño, el caudillo rival de Bolívar, que desterró a Vargas y reunió una asamblea que eligió provisionalmente a Páez. Pero Vargas decidió resistir y mantener la legalidad y Páez le apoyó, derrotando a los sublevados y restableciendo a Vargas (VIII-1835), concediendo condiciones muy favorables a José Tadeo Monagas, que se había sublevado en Oriente.

Ante la actitud del Congreso que quería severidad con los rebeldes, dimitió Vargas (1836) y, tras varias presidencias interinas la ejerció Soublette (1837-1839). Los Estados Unidos habían reconocido a Venezuela y se firmó un tratado de amistad y comercio (1836). En 1837 Soublette confirmó las leyes de Colombia que habían suprimido conventos y admitió los barcos españoles en los puertos del país.

En 1839 fue reelegido Páez y de nuevo su gobierno se caracterizó por la paz y el progreso. Antonio Leocadio Guzmán, alejado del poder, tras haber sido ministro con Páez y Soublette, quiso fundar un partido propio y dio origen al liberal, al que se adhirieron doctrinarios de esta ideología, partidarios de una democratización, como el marqués del Toro, Juan Vicente González y Felipe Larrazábal.

En la nueva etapa de Páez se dio una ley de libertad de prensa (1839), se fomentó la inmigración, se consolidó la deuda, se fundó el Banco Nacional (1841), se firmó un tratado con Inglaterra para abolir la trata de negros y se regularon las misiones de Guayana para civilizar a los indios. En 1843 volvió a la presidencia Soublette, venciendo al candidato liberal, es decir, que de hecho seguía gobernando Páez; ejerció el poder hasta 1847, respetando la legalidad y la Constitución y sin inmoralidades.

Sobrevino una crisis económica, por la baja de los productos de exportación; se dio una amnistía para delitos políticos, lo que permitió el regreso de los sublevados de 1835 y la oposición fue creciendo. En 1845 se llegó a un tratado con España que reconoció la independencia de Venezuela. Se dio un código de comercio y la Deuda pública se redujo a dos millones de pesos, desde nueve millones en 1830. Las elecciones de 1846, dieron el triunfo a Monagas, apoyado por Páez y Soublette, pese a sus antecedentes rebeldes. Urdaneta, que iba a ser el candidato conservador, murió en 1845. Guzmán, candidato liberal derrotado, se sublevó, pero fue vencido y condenado a muerte, conmutándosele por destierro.

La oligarquía liberal

Con el advenimiento de Monagas terminó la dictadura de hecho de Páez, aunque había respetado las libertades y gobernado más o menos constitucionalmente. Monagas —de humilde origen—, aunque elevado por el partido conservador, se declaró liberal, pero, en realidad, durante diez años lo que existía sería el gobierno personal de él y de su hermano José Gregorio. Pronto nombró ministros liberales en lugar de los conservadores de su primer ministerio y llamó a Guzmán a la vicepresidencia. En 1850 salió elegido José Gregorio Monagas frente a Guzmán y los liberales rompieron con los dos hermanos; en 1855 le sucedió José Tadeo.

La dictadura personal de Monagas introdujo algunas reformas liberales, como fue la abolición de la esclavitud llevada a cabo en 1854, que afectó a 13.000 individuos, suprimiéndose también el trabajo obligatorio a los emancipados, aunque se promulgó porque una revolución del año anterior de enemigos de los Monagas, liberales y conservadores, la había tomado por bandera. También fue suprimida la pena de muerte por motivos políticos, y abolió una ley de 1834 que permitía el embargo y venta de bienes por deudas; se amplió la instrucción a las clases pobres y la autonomía municipal y favoreció a las clases comerciantes.

En cambio, el Congreso quedó supeditado en adelante al poder ejecutivo, al aplastar violentamente Monagas (J. T.) el Congreso existente a su elección, de predominio conservador, que quiso acusarlo y destituirlo en 1848, y contra el cual lanzó las masas, con muerte de algunos representantes y su sumisión y humillación, obligándole a concederle poderes extraordinarios. Entonces intentó derribarlo Páez, quien se alzó en 1847 y en 1848, pero esta vez fue hecho prisionero y expulsado en 1850. Desorden administrativo, malversación y favor a los amigos señalaron también el gobierno del monagato.

En 1857 se promulgó otra Constitución para prologar el mando de los Monagas; alargaba el periodo presidencial a seis años, con reelección; concedía el voto a los que no fueran analfabetos; los gobernadores de las provincias serían nombrados libremente por el presidente, lo que ya había concedido una ley de 1855. Se acordaba que el Congreso elegiría al presidente la vez inmediata y así se reeligió a José Tadeo.

Liberales y conservadores se unieron para derribarlo, encabezando la rebelión Julián Castro, gobernador de Carabobo. Ante la extensión del movimiento, hubo Monagas de dejar el poder (1858). Su caída provocó un conflicto internacional por haber intervenido el cuerpo diplomático para asegurar la vida de Monagas y al negársele autoridad para ello, buque franceses e ingleses bloquearon los puertos, llegándose a un acuerdo de respeto a Monagas, que, sin embargo, fue desterrado, declarándosele traidor a la patria.

La revolución federal

Al caer Monagas, Castro se hizo cargo de la presidencia y se convocó por sugragio universal la Convención de Valencia (5-VII-1858), presidida por Fermín Toro, de ya larga actuación política; aún figuraban viejas personalidades de la guerra de la independencia, como Soublette y Pedro Gual; el último día del año se promulgó otra Constitución, que ampliaba la autonomía de municipios y provincias, lo cual favorecía a los grandes propietarios locales y procuraba marcar bien la separación de poderes; se establecía la libertad religiosa.

Castro continuó de presidente, pero ya los liberales se habían sublevado en varios lugares en 1858 y continuó cundiendo la insurrección, en nombre de Monagas por parte de algunos. Los desterrados por Castro se organizaron en San Thomas y Trinidad, figurando entre los más destacados Antonio Guzmán Blanco, hijo de Antonio Leocadio; Monagas y Ezequiel Zamora y se declaró jefe del partido a Juan Crisóstomo Falcón, y se adoptó la bandera del federalismo, como más adecuado a un liberalismo democrático. En realidad actuaban, como siempre, factores personales y Antonio L. Guzmán, otro de los complicados, afirmó abiertamente que se adoptó el federalismo como simple bandera y si los adversarios hubieran propugnado la federación ellos habrían voceado el centralismo. Como bandera contra los Monagas y contra los conservadores triunfantes en 1858 se adoptó, en efecto.

Pero intervinieron también factores de más fondo, pues no faltaban doctrinarios del federalismo, aparte de que ya existía el precedente de la primera República de 1811, la actitud de Páez frente a Bolívar y había sido invocado el federalismo por el propio Monagas en sus primeras rebeliones; el espíritu regional favorecía la implantación del sistema; por último, se considera por historiadores y pensadores que la federación vino a implantar la democracia social, a destruir la vieja oligarquía y a hacer triunfar la igualdad y el ascenso de las masas, que vieron solo en las prácticas abstractas de los ideólogos un medio de mejorar económicamente por medio de la violencia.

En efecto, la guerra civil duraría cinco años, y se llevaría de la misma forma cruel y devastadora que las luchas por la independencia; las masas, que habían manejado antaño Bobes y Páez, hallaron su caudillo en Ezequiel Zamora, que obró con el mismo empuje y semejante dureza, dejando a Venezuela de nuevo arruinada.

En febrero de 1859 los federales tomaron Coro, asumiendo Zamora la jefatura del ejército y formándose un gobierno provisional con Falcón, A. L. Guzmán y otros. Por Oriente se alzó Juan Antonio Sotillo; Zamora, —el Valiente Ciudadano—, luchó en los Llanos e incendió Barinas y Guanare. El 10-XII-1859 la batalla de Santa Inés, ganada por Zamora, dio a los federales gran parte del Occidente y quebrantó al Gobierno, pero dicho caudillo moría de un tiro en el sitio de San Carlos (10-I-1860), continuando Falcón la campaña, pero derrotado en Cople por Febres Cordero, hubo de huir a Nueva Granada. A poco se reanudó la lucha, de modo cada vez más bárbaro, dirigiéndola Guzmán Blanco, que obtuvo numerosos triunfos, que llevaron a la victoria a los federales.

Durante la guerra, el gobierno central había padecido la inestabilidad. Castro había querido pactar con los federales y reconocer su objetivo, pero lo derribaron (1859); no lograron imponerse y asumió la presidencia el viejo Gual por breve tiempo y luego Manuel Felipe Tovar, elegido presidente constitucional en 1860, con Gual como vicepresidente y todavía Páez, vuelto del extranjero, como ministro de la Guerra. Ante la anarquía dominante dimitió Tovar en mayo de 1861 y una vez más Páez, jefe del ejército, se hizo cargo de la dictadura, echando a Gual de la presidencia interina (10-IX-1861).

Intentó un acuerdo con los federales y ante sus éxitos, que le habían entregado gran parte del país, se entablaron negociaciones entre Guzmán Blanco en nombre de Falcón y Pedro José Rojas, ministro general, representante de Páez, llegándose al acuerdo de la hacienda de Coche (24-IV-1863), que puso fin a la guerra civil. Por este convenio se acordó convocar una Asamblea Nacional, pero designando Páez y Falcón la mitad de sus miembros cada uno; dimitiría Páez y se nombraría a Falcón general en jefe. Se reunió la Asamblea en la Victoria y fue nombrado Falcón presidente de la federación venezolana.

El régimen federal

El gobierno federal de Falcón fue intranquilo, por la crisis económica y rebeldías. Comenzó por promulgar un decreto de garantías (VIII-1863) que abolía la pena de muerte, respetaba la propiedad, garantizaba el hogar, la correspondencia, la libertad de palabra, suprimiendo los delitos de imprenta, la libertad económica, la instrucción, la igualdad ante la ley, la libertad de asociación y de petición y las más plenas garantías judiciales. La penuria económica ocasionó el envío de Guzmán Blanco a Europa, donde negoció un empréstito usurario y muy desventajosos en Inglaterra, hipotecando los ingresos aduaneros, aumentando la deuda y el desorden fiduciario.

A fines de 1863 se reunió la Asamblea Constituyente, presidida por Guzmán Blanco y con abundancia de militares; comenzó por otorgar pensiones a la familia de Zamora, el sueldo presidencial desde 1859 a Falcón y rimbombantes título a ambos (El Gran Ciudadano al segundo); Falcón fue confirmado como presidente y Guzmán Blanco como vicepresidente.

El 28-III-1864 fue aprobada la nueva constitución federal: el país tomo el nombre de Estados Unidos de Venezuela; se dividía en veinte estados independientes, solo unidos para formar una nación; podían agruparse o separarse entre sí; el gobierno nacional no podría tener en ellos más funcionarios que los de Hacienda y los de las guarniciones, pero no tropas ni jefes con mando, ni él ni los demás estados podrían intervenir en los disturbios de otro; pero como eran entidades pobres, sería ayudado cada uno anualmente con 20.000 pesos; siendo el municipio la base del sistema, hubo que duplicar los impuestos, para el poder central y para los municipios.

El presidente ejercería durante cuatro años, sin reelección, y elegido por votación directa. Habría Senado y Cámara de Diputados, elegidos aquellos por los estados. Se ampliaron las garantías de 1863 y advino la democracia social, al abrir sin distinción ni idoneidad todos los grados militares y los cargos públicos a todo el mundo, en absoluta igualdad. Quedaron eliminadas las oligarquías, pero las consecuencias fueron la anarquía, el desorden administrativo y el despotismo militar en los estados.

Falcón se enfrentó con bastantes motines y a comienzos de 1868 la revolución se generalizó, teniendo a su frente a Miguel Antonio Rojas por un lado y por otro a J. T. Monagas, quien triunfó, desterrando a Falcón. Soublette apoyaba a Monagas. Tomó Monagas a Caracas y formó un gobierno de liberales y conservadores, pero moría el mismo año; Fue elegido presidente su hijo José Ruperto Monagas (1869); nueva revolución dirigida por Guzmán Blanco, desterrado brevemente y que ocupó Caracas el 27-IV-1870. Páez moría en 1873.

La dictadura de Guzmán Blanco

El Ilustre Americano gobernaría dictatorialmente hasta 1888, ya directamente o a través de presidentes títeres. Su gobierno fue personal y autocrático, pero se jactó de liberalismo y, siguiendo las tendencias del europeo de su tiempo, lo manifestó en sus ataques a la Iglesia. Un Congreso de plenipotenciarios de los estados se reunió en Valencia y, desde luego, eligió presidente a Guzmán Blanco, uno de cuyos ministros fue su padre.

Se propuso emprender un grandioso plan de reconstrucción económica, de reformas de todo orden y obras públicas, tanto urbanas, como el embellecimiento de la capital, como ferrocarriles y carreteras, acueductos y puertos, y mejoras culturales. Se construyeron numerosos edificios y parques; se estableció una Compañía de Crédito y una Junta de Agricultura; otorgó concesiones a compañías extranjeras para fomentar la economía y buscó empréstitos, de preferencia en París.

Regularizó la moneda y adoptó una nueva; se hizo un censo (1873); reorganizó la Hacienda y el crédito, reformó sobre bases modernas la Universidad y fundó un Instituto de Bellas Artes, un Museo de Historia Natural y una Academia de Literatura. presumía de construir una escuela en cada calle y bastantes creó, se fundó una Dirección de Instrucción Primaria, ordenándose la enseñanza obligatoria y gratuita, y luego se creó el Ministerio de Instrucción Pública.

Su política anticlerical, como masón, se manifestó en la confiscación de los bienes eclesiásticos (1872) y la disolución de los conventos (1874), el matrimonio y el registro civiles, la expulsión del arzobispo de Caracas y la ruptura con la Santa Sede; la libertad de cultos y el favor a sociedades protestantes para las misiones entre los indios y un intento de iglesia nacional cuyos ministros serían elegidos por los seglares.

En 1873 fue elegido Guzmán Blanco presidente constitucional y se reformó la constitución en 1874, introduciendo el sufragio universal; fijó en dos años el periodo presidencial, sin reelección y se estableció la responsabilidad de los funcionarios, se elaboraron nuevos códigos de todas las ramas de la jurisprudencia.

La adulación se extremó en su honor y fue apodado también el Regenerador. En 1877, según las nuevas normas constitucionales, renunció a seguir y fue elegido Francisco Gómez Linares Alcántara, que, no obstante, quiso prohijar una reacción contra Guzmán Blanco, que había marchado a Europa como representante de Venezuela en varios países.

Linares moría en 1878; se reunió una Asamblea Constituyente que eligió a un hermano del anterior y ordenó el derribo de las estatuas de Guzmán. Pero sus partidarios se alzaron, se dio una sangrienta batalla en La Victoria y triunfaron, regresando Guzmán Blanco (1879); reunió otro Congreso que legalizó su situación, y se puso en vigor la Constitución de 1864 con las modificaciones de 1874, menos las relativas al voto.

A continuación, demostrando su seguridad, volvió a Europa, dejando interinamente a Diego Bautista Urbaneja, de largo historial político, y regresó en 1880, imponiendo otra Constitución (1881), que redujo los estados a nueve y estableció un Consejo Federal a imitación de Suiza, que elegiría al presidente y al vice, compuesto por un senador y un diputado por estado; fue reelegido en 1882 y volvió a Europa al terminar su periodo bienal; entonces se había inaugurado al ferrocarril de la Guaira.

En 1888 volvió y por aclamación fue nombrado de nuevo presidente. En el bienio 1884-1886 había ejercido la presidencia Joaquín Crespo, quien hizo siempre gala de su lealtad al Regenerador, promovió la instrucción, protegió a los indios y se mostró benévolo con los rebeldes, pero sufrió el país una crisis económica. En 1887 dimitió Guzmán Blanco definitivamente, pues su sucesor, Juan Pablo Rojas Paúl, hombre civil por excepción que intentó una política civilista, patrocinó una reacción contra Guzmán Blanco, que envió su renuncia desde París (1888).

Inteligente y enérgico, había sido más hábil que Monagas, más instruido que Páez y más enérgico que Falcón (Gil Fortoul); se consideró liberal, pero su régimen fue personalista y autocrático. Pero había dado paz al país, sometido el militarismo y elevado la prosperidad de la nación.

Las dictaduras de Castro y Gómez

En 1890 fue elegido Ramón Andueza Palacio, que patrocinó el continuismo para prologar el periodo presidencial, pero una rebelión encabezada por Crespo le expulsó en 1892 y Crespo fue elegido por cuatro años, haciendo elegir al terminar a Ignacio Andrade; Crespo moría combatiendo a unos sublevados. Contra Andrade se sublevó el general Cipriano Castro (1899), con la bandera de la Restauración, que entró vencedor en Caracas el 22 de octubre.

Castro, procedente de la región andina, y apoyado por sus campesinos, gobernó enseguida dictatorialmente, persiguió a sus adversarios y cerró la Universidad. Pronto estallaron sublevaciones, siendo la más grave la promovida por el general y capitalista Manuel Antonio Matos en 1901, con la ayuda de otros congéneres venezolanos y extranjeros y que provocó una guerra civil, la Revolución Libertadora, que duró hasta 1903, terminándola las victorias de Juan Vicente Gómez, con el triunfo de Castro, quien así concluyó con las luchas de caudillos típicas del s. XIX.

Castro gobernó despóticamente, pero con un fuerte sentido nacionalista, que se expresó en la cuestión de la reclamación de las deudas no pagadas por parte de Inglaterra y Alemania, a las que se sumaron Italia y Francia; las dos primeras se apoderaron de la humilde escuadra venezolana (1902) y se bombardeó Puerto Cabello. Intervinieron los Estados Unidos, siendo presidente Th. Roosevelt, y se llegó a un acuerdo (1903), revisando las deudas y señalando los ingresos aduaneros como garantía; no aceptó Castro el protocolo y sometió la cuestión al Tribunal de la Haya, que sentenció a favor de las naciones reclamantes.

La Constitución de 1904 mantenía el régimen federal y negaba a los extranjeros derecho a indemnizaciones por daños causados por las revoluciones. Se negó después a abonar a Los Estados Unidos lo que causó una ruptura. También procuró Castro mejorar en las comunicaciones y realizó obras urbanas.

En su tiempo se llegó a un acuerdo de límites con Inglaterra. En 1840 los buscadores de oro extendieron la Guayana inglesa hacia el oeste. para contrarrestar la penetración británica, Guzmán Blanco concedió a los norteamericanos la exclusiva de navegación por el Orinoco.

El secretario de Estado Olney y el presidente Cleveland, para defender ese y otros intereses norteamericanos en Venezuela, invocaron la doctrina Monroe, que no fue admitida por Inglaterra, pero en 1895, hallándose esta envuelta en varios conflictos, accedió a un arbitraje internacional, que otorgó la mayoría del territorio disputado a Inglaterra, aceptándolo los representantes yanquis por dejar la desembocadura del Orinoco en favor de Venezuela. En 1859 se había firmado un tratado de límites con el Brasil, anulado en parte por el arbitraje del rey de España (1891) sobre límites entre Venezuela y Colombia, pero que disgustó a ambas y estuvo a punto de llegarse a un conflicto armado.

En 1908 vino Castro a Europa para tratarse una enfermedad y dejó a Juan Vicente Gómez como vicepresidente. Pero este maniobró tan hábilmente que a los pocos días el Congreso suspendió a Castro y eligió a Gómez, que persiguió a los partidarios de su antecesor y contó con el apoyo, incluso militar, de los Estados Unidos. Treinta mil desterrados regresaron al país.

Gómez comenzó su mando con promesas de respetar las leyes, las libertades y la soberanía de los estados y designó su régimen como la Rehabilitación. Pero ejercería una fuerte dictadura, que en forma provisional o constitucional, con intervalos de agentes suyos, duraría hasta su muerte en 1935. La Constitución de 1909 fijaba la presidencia en cuatro años sin reelección inmediata, las dos cámaras, veinte estados. En 1910 fue elegido legalmente y llevó al gobierno a revolucionarios y escritores.

Introdujo reformas en la Hacienda revisó el arancel y procedió al pago de las deudas. Sufrió pronto varias rebeldías, como la de Castro, vuelto en 1913 para recobrar el poder, y salió a combatirlo Gómez, dejando como presidente interino al historiador y sociólogo José Gil Fortoul, y venció a aquel. La Constitución de 1914 prorrogaba a siete años el periodo presidencial y confiaba la elección al Congreso; se suprimía el vicepresidente y se restringía el derecho al voto.

Fue nombrado comandante en jefe del ejército, lo que le permitió tener siempre a su disposición, en especial en los periodos en que dejó aparentemente la presidencia, como en los de Victorino Márquez (1914-1915) y Juan Bautista Pérez (1929-1931). No permitió más partido que el suyo, la Causa de la Rehabilitación Nacional; el régimen federal fue una ficción, pues todas las autoridades locales fueron hechura suya.

Venció nuevas sublevaciones, como las tres de Emilio Arévalo, la última en 1922, contra el territorio de Amazonas, fusilando a su gobernador, Tomás Funes, pero fracasó; en 1928-1929 se alzó J. R. Gabaldón, pero tampoco con éxito. La oposición fue aplastada y se dice que fueron encarcelados bajo el mando de Gómez, 38.000 ciudadanos y condenados a trabajos forzados. pero no dejó de contar con apoyos intelectuales, como los de Gil Fortour y del sociólogo Laureano Vallenilla Lanz, que en su libro Cesarismo democrático, visión pesimista de la historia de Venezuela, defendió la necesidad de la dictadura y del hombre fuerte.

Dedicó Gómez gran interés en mejorar la Hacienda, a arreglar la Deuda pública y deudas a empresas extranjeras. Su política económica se basó en dar facilidades a las inversiones extranjeras. Hasta 1920 el país siguió siendo fundamentalmente agrario y ganaderos y su principal artículo de exportación el café. Desde 1920 pasa el petróleo a primer plano, en una producción en constante crecimiento, y se convierte en la base de la prosperidad, aunque enajenando en muchas ocasiones la soberanía en favor de las empresas extranjeras, que a su vez ayudaron a Gómez al pago de deudas y a sus obras, habiendo fomentado la construcción de carreteras.

La ley de 1920 garantizaba la propiedad del petróleo a las compañías y rebajaba sus derechos de exportación. Prosperidad del Estado, pero que no afectaba a la masa. Se dio otro código civil, se crearon nuevas facultades universitarias y se introdujo el servicio militar obligatorio. Pero las riquezas aportadas por el petróleo no se invirtieron en muchas industrias, limitadas a la cervecería, el algodón, tabaco y cerillas. A Gómez le interesaba personalmente más la propiedad territorial y llegó a ser el primer propietario del país, yanto en fincas agrarias como ganaderas y fincas urbanas.

Los ferrocarriles y la excelente red de carreteras construidas bajo su dictadura respondían a comunicar sus predios y a fines militares, para oponerse a una revuelta. Sus haciendas y las de sus amigos fueron modernizadas en métodos y dieron grandes rendimientos.

La Deuda pública fue reducida en gran proporción y ello y la estabilidad económica permitieron a Venezuela capear la crisis de 1929 mejor que la mayoría de los demás países. Venezuela fue neutral en la Primera Guerra Mundial. El reverso fue la tiranía, la anulación de todas las libertades, la supresión de los sindicatos, los bajos jornales, la transformación de las instituciones democráticas en una ficción y el desenfrenado libertinaje del dictador, que le llevó a chocar con la Iglesia al censurárselo

El régimen democrático

Al morir Gómez se hizo cargo de la presidencia el general Eleazar López Contreras, su ministro de Guerra y Marina, que terminó el periodo de aquel y fue luego reelegido normalmente, hasta 1943. A pesar de su anterior actuación, restableció la democracia y gobernó con respeto a la ley; dio una amnistía que libertó a los presos y permitió la vuelta de los desterrados. Procuró llevar con discreción el tránsito a la democracia, con el restablecimiento de las libertades, evitando la violencia y difusión de un ideario nacionalista inspirado en el de Bolívar.

Pero ante la amenaza revolucionaria, dio una ley que regulaba el ejercicio de las libertades para evitar sus abusos; prohibió el comunismo y el anarquismo, disolvió los partidos marxistas y expulsó a cuarenta y siete dirigentes políticos. Rómulo Betancourt se ocultó y dirigió desde la clandestinidad el Partido Democrático Venezolano. Fueron autorizados los sindicatos y se permitió la oposición dentro de la ley; fomentó la economía y las obras públicas y se enfrentó con todos los problemas, pues había que rehacer el país; y reformó el ejército para convertirlo de nuevo en una institución digna y a tono con la época en sus medios.

La Constitución de 1936 redujo el periodo presidencial a cinco años; estableció el sufragio universal y se garantizaban los derechos humanos. Se promulgaron mejoras a los trabajadores, cuya situación era baja y sin garantías, con seguros sociales, jornada de ocho horas y protección a la mujer y el niño. Se dio gran impulso a la enseñanza primaria y se logró reducir el analfabetismo del 70 al 54 por 100.

En 1941 fue elegido normalmente el general Isaías Medina Angarita. Implantó plenamente la democracia y un régimen de completa libertad; rompió con las potencias del eje y el petróleo venezolano surtió a los aliados en enorme proporción; luego entró en guerra con aquellas.

En 1942 se adoptó un plan quinquenal de obras públicas. Se promulgó un nuevo Código civil; se introdujo el impuesto sobre la renta; se revisó la legislación sobre el petróleo, unificándola, y se aumentó la intervención y la participación del Estado en sus beneficios, en forma considerable, colocando su mínimo en el 16 y dos tercios por cien; la propiedad de los pozos fue sustituida por concesiones por cuarenta años y se obligó a replantar refinerías en el país; en 1945 se estableció el voto directo y popular y se extendió a la mujer; se autorizó el partido comunista (1945); se fomentó la enseñanza y se construyó la Ciudad Universitaria de Caracas.

Las elecciones fueron limpias y se llegó a un acuerdo fronterizo con Inglaterra en el golfo de Paria, adjudicándose 5.600 kilómetros cuadrados a Venezuela y 3.600 a la segunda. Ministro de Relaciones Exteriores fue el historiador Caracciolo Parra Pérez y de Hacienda y del Interior el también escritor Arturo Uslar Pietri.

Medio año antes de terminar el periodo de Medina estalló el 18-X-1945 un pronunciamiento militar, obra de las logias de oficiales, inspiradas en las peronistas de Argentina e imitadas en varios países del continente; la sublevación estaba apoyada por el partido de Acción Democrática, de ideología nacionalista e izquierdista, con matiz marxista. Se formó una Junta Revolucionaria, presidida por Rómulo Batancourt, y de la que formaban parte los oficiales Carlos Delgado Chalbaud y Mario Vargas y, entre otros miembros de aquel partido, Gonzalo Barrios y Raúl Leoni.

Estaba descontenta la oficialidad por la baja paga y dificultad de ascenso y había subido el coste de la vida, con su repercusión en las clases populares. Se acusó de enriquecimiento ilícito a los dos últimos presidentes y ambos fueron desterrados, como también Uslar Pietri, y se anunció que se investigarían las fortunas de los gobernantes desde comienzos de siglo, sometiéndolos a un Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa.

Una Asamblea Nacional Constituyente más emitió otra Constitución más (1947), con presidencia por cuatro años, sin reelección inmediata, mejoras a los obreros y concediendo al Estado el derecho de planificar la economía y entre disturbios se eligió presidente al famoso novelista Rómulo Gallegos, por sufragio totalmente universal, incluso de los analfabetos, quien tomó posesión el 14-II-1948. Proponía el nuevo gobierno nacionalización de los medios de transporte, creación de una marina mercante y de una industria nacional y aumentar el impuesto sobre las compañías petroleras.

El gobierno de Gallegos continuó la tendencia y la labor de Betancourt. Había comenzado este un vasto programa de fomento económico y de elevación del nivel; los medios financieros procedían, como desde mucho tiempo atrás, del petróleo; en 1946 se elevó la participación estatal al 50 por ciento de los beneficios, pero percibidos en petróleo que el Estado vendía al exterior al mayor precio posible o por intercambio. Se construyó una refinería en Puerto Cardón, otra en Amuay y un gran oleoducto. Se mejoró a los trabajadores de la industria petrolera; con Colombia y Ecuador se fundó la Flota Grancolombiana.

Se trató de elevar el nivel de las familias campesinas, fundar cooperativas y se repartieron tierras, especialmente a refugiados europeos, entrando en la distribución las confiscadas propiedades de Gómez. Se habían instalado en 1948 doscientas colonias agrícolas de cincuenta familias cada una. Se proyectaron obras hidroeléctricas, se construyeron nuevos edificios en Caracas y se combatió el analfabetismo.

La dictadura de Pérez Jiménez

Pero el ejército estaba descontento por haberse abolido el servicio obligatorio y por el creciente proceso de democratización. Un nuevo golpe militar de 24-XI-1948 hizo dueño del poder a otra Junta de oficiales presidida por Delgado Chalbaud, ahora coronel. Fue disuelto el Partido de Acción Democrática y sus principales figuras desterradas; disolvió también la Confederación de Trabajadores y se suspendieron todas las libertades, la Constitución de 1947 y todas las autoridades y las legislaturas locales.

Mientras se discutía una nueva ley electoral, fue asesinado Delgado Chalbaud (1950) y la Junta lo sustituyó con un civil, Germán Suárez Flamerich; en noviembre de 1952 se efectuaron elecciones, obteniendo el primer puesto el partido de Unión Republicana Democrática, apoyado por los demás de oposición, incluso Acción Democrática —en la clandestinidad—, los comunistas y el partido Social Cristiano; la Junta reaccionó, suspendiendo el escrutinio, concediendo la mayoría a su propio partido Frente Electoral Independiente y colocando al frente del gobierno a uno de sus miembros, el coronel Marcos Pérez Jiménez (2-XII-1952).

Se le nombró presidente legal por el Congreso dependiente de la Junta, se dio otra Constitución en 1953 y Pérez Jiménez gobernó dictatorialmente, nombrando a todas las autoridades y miembros de las legislaturas locales. Se favoreció al ejército y se otorgaron mejoras a los obreros para tener propicios a ambos elementos. Los partidos políticos fueron disueltos. Hubo duras persecuciones contra la oposición y los favorecidos por el gobierno se enriquecieron por medios ilícitos.

Cayó la dictadura el 23-I-1958, por un movimiento militar apoyado por las masas. Se formó una Junta militar presidida por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, y luego otra civil, con el profesor Edgar Sanabria, hasta que se hizo cargo del gobierno Betancourt, que triunfó en las elecciones presidenciales del mismo año. Pérez Jiménez se refugió en los Estados Unidos, pero el gobierno venezolano consiguió su extradición y, procesado, se le condenó a prisión por irregularidades administrativas.

Gobernó normalmente Betancourt hasta 1964, habiéndose promulgado en 1961 otra Constitución que señala la presidencia en cinco años; el régimen, desde hace un siglo, era federal. En 1964 le sucedió Raúl Leoni, igualmente del partido Acción Democrática. En los últimos años se habían acentuado la agitación y las guerrillas promovidas por el castrismo.

Las elecciones de 1968 dieron el triunfo a Rafael Caldera, del partido Social Cristiano, por la división entre varios candidatos del de Acción Democrática, siguiéndole por pequeña diferencia en el número de votos Gonzalo Barrios, del segundo partido. Caldera ya había sido candidato en elecciones anteriores desde el año 1948.

R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 954-962.