Almohades en España

Historia de los Almohades

Califas almohades

Abd al Mumin 1145-1163

Abu Yaqub Yusuf 1163-1184

Abu Yusuf al Mansur 1184-1199

Abd Allah al Nasir 1199-1213

Abu Yaqub Yusuf II 1213-1224

Abd al Majlu 1224-1224

Abu al Allah al Adil 1224-27

Yahya al Nasir 1227-1229

Abu al Ula al Mamun 1227-32

Abd al Rasid 1232-1242

Hasan Ali al Said 1242-1248

Abu Hafs Umar 1248-1266

Dabbus al Watiq 1266-1269

Historia de los Almohades

Fases de la expansión almohade.Fases de la expansión almohade.

ALMOHADES. Dinastía musulmán-africana que dominó durante poco más de un siglo el norte de África y al-Andalus. Tiene su origen en la revolución religiosa iniciada por Muhammad Ibn ‘Abd Allah, conocido por Ibn Tumart (hacia 1089-1128), de la tribu de los Masmuda del Atlas, como reacción contra el fanatismo almorávide. Tras un viaje a España, donde debió de conocer las doctrinas de nuestro gran Ibn Hazm, y otro a Oriente, donde estudió a al-Gazel, al-Turtusí y al-Asharí, Ibn Tumart emprende su predicación, oponiéndose a la rigurosa supeditación (taqlid) a las doctrinas malikies, base de la revolución almorávide, y comienza por exigir la reforma de las costumbres, ya muy degeneradas en los últimos tiempos de aquella dinastía; se cuenta que rompía los vasos de vino y los instrumentos de música, preconizaba el uso del velo en la mujer, hasta el punto de haber criticado públicamente la hermana de Ali Ibn Yusuf, por presentarse ante el pueblo con la cara descubierta, estas ideas, expuestas en Bujía, Tremecén, Fez, Marrakech y Agmat, le originaron disgustos y persecuciones, teniendo que refugiarse en Sus, junto a los de su tribu.

Allí sigue predicando ya abiertamente contra los almorávides, y, al reunir en torno suyo un grupo numeroso de discípulos, a los que pronto da el nombre de almuwahhidún o unitarios, por ser la creencia en un solo Dios la base de su doctrina, tras recibir el homenaje y juramento de fidelidad de estos, toma el nombre de Mahdí, se asocia con Abd al-Mumin, bereber también, y se presenta como caudillo de un movimiento que ya va teniendo tanto de religioso como de militar; para convencer a las masas y atraerse más seguidores, se hace pasar por descendiente de Alí el hijo adoptivo y yerno del Profeta, y también por marabú o santón, atribuyéndose cualidades taumatúrgicas; continúa su propaganda en sentido de recomendar la oposición a pagar los tributos a los gobernadores almorávides, y pronto se declara en franca rebeldía armada contra estos.

Las primeras derrotas no le desaniman y reconforta a sus partidarios, asegurándoles, como Mahoma, que todos los caídos en la lucha contra los infieles estarán en el paraíso. Emprende inmediatamente la organización política y administrativa de su comunidad, estableciendo en ella tras de él, el Mahdi único, los califas que le sucedan y uno y otros han de estar rodeados de 10 consejeros escogidos entre los discípulos más antiguos, cuerpo que designa con el nombre de al-chm' a, el cual deliberará sobre los grandes asuntos del Estado, pudiendo sus miembros sustituir al mahdí en el mando del ejército y en la presidencia de la oración del viernes, y, además, de otro Consejo, que llama de los 50, formado por este número de individuos, representantes de las distintas tribus que se van sumando a su idea; el sucesor del mahdí y los de aquel han de ser elegidos por el Consejo de los 10, y ratificada su elección por el de los 50.

En el terreno religioso jurídico, sienta una nueva doctrina, que pudiéramos llamar ecléctica; su fundamento es la frase: No se puede conceder al razonamiento intelectual el menor sitio en las leyes de la religión; es decir, se basa en el Corán, que ha de ser interpretado alegóricamente (ta'wil), y en la tradición, pero sometida esta a una crítica muy severa; rechaza el simple criterio personal como fuente de derecho, pero sí admite como tal el consensu de la comunidad (ichmá'), con preferencia el de los doctores medineses; rechaza la adhesión incondicional a un maestro, preconizando el trabajo y esfuerzo personal (ichtihad); por su interpretación literal del Corán, que les ha llevado al antropomorfismo, declara a los almorávides infieles y predica por esto la guerra santa contra ellos.

Ya en campaña, sus primeras victorias son contra el gobernador de Sus, que exigía el pago de los impuestos; estos primeros triunfos aumentan, naturalmente, el número de adeptos. Establece su primera capital en Tinmal. Pronto organiza un fuerte ejército que lanza sobre Marrakech, la capital almorávide, expedición mandada por Abd al Mu'min, que fracasa. Es difícil determinar fechas y acontecimientos hasta la muerte de Ibn Tumart, ocurrida, según parece, en 1128, aunque se mantuvo secreta durante dos años; los últimos de su vida los pasó encerrado en Tinmal —donde fue enterrado—, consagrado al estudio y a la oración.

En 1130 es reconocido como sucesor suyo Abd al Mu'min Ibn ‘Alí (1094-1163), de la tribu de los Kuniya, natural de Tarcha, cerca de Tremecén, donde estudió; en él, desde que le conoció en Mellala, al principio de su predicación, puso toda su confianza Ibn Tumart. No parece probable que le designara este en su lecho de muerte como sucesor, lo cual sería contrario a la práctica por él mismo establecida de que el califa había de ser elegido por el Consejo de los 10. Ya había tenido Abd al-Mu'min las riendas del Poder, cuando Ibn Tumart se retiró a la vida ascética, pero, a pesar de todo, hubo dificultades para su aceptación, por no ser de la tribu de los Masmuda, y gracias a la diplomacia de Abu Hafs ‘Umar y otros del Consejo se consiguió que fuera reconocido por todos, siendo la causa del retraso en anunciar la muerte de Ibn Tumart el dar tiempo a que los Masmuda se avinieran a rendirle homenaje.

Al principio, el califa se mantiene a la defensiva, haciendo solo ligeras incursiones por territorio almorávide, hasta que, en 1145, emprende decididamente la conquista del imperio. Tras la brillante ocupación de Orán, Tremecén, Fez, Agmat, Tánger, toma Marrakech, ordenando la muerte del último sultán de los almorávides, Ishaq Ibn ‘Ali, a pesar de sus pocos años (1147).

Antes de esta fecha, al producirse el levantamiento de los hispanos contra los almorávides, Abenhamdin había pasado a África para solicitar la ayuda de los almohades, y en 1146 envía ‘Abd al-Mu'min un ejército, al mando de Barraz. Viene luego el período de los segundos taifas, con las constantes luchas de que nuestra Península fue testigo y en el que las ciudades cambian de gobierno a cada paso, destacando en la conquista la personalidad del general Abu Hafs 'Umar, que queda como gobernador de Córdoba; en 1148 se toma Tortosa, Fraga y Lérida, en la frontera superior.

En 1150 tiene lugar una entrevista de ‘Abd al-Mu'min con los reyezuelos españoles, en Salé, y también el nombramiento de Abu Yaqub, hijo del califa, para el gobierno de Sevilla. Todavía Alfonso VII intenta ocupar Córdoba, pero se ve obligado a levantar el cerco, ante los refuerzos enviados. En 1151, Abu Hafs 'Umar sitia Granada, que aún se resistía y en unión de Ibn Hemochico (Abenmochico), el suegro de Ibn Mardanis, llega hasta cerca de Murcia, retirándose después. En 1152, ‘Abd al-Mu'min recupera Bujía, destronando a los Banu Hammad, y al-Qal'a, poniendo al frente de la provincia a uno de sus hijos.

En 1157, con la entrega de Granada hecha a Abu Sa'id Othmán, hijo de ‘Abd al-Mu'min, que residía en Málaga, por Maymun Ibn Badr al-Lamtuní, que la poseía en el momento, y con la conquista de Almería, ocupada desde 1147 por las tropas cristianas de Alfonso VII, la dominación almohade de la Península puede decirse que es total.

En 1160 pasa ‘Abd al-Mu'min por primera vez a España, desembarcando en Gibraltar, a la que dio el nombre de Chebel Fath (monte de la Conquista, o de la Victoria), construyendo allí un alcázar y fortificaciones que constituyen lo que hoy se llama the Moorish Castle. En este mismo año, el hijo de Abu Hafs ‘Umar, Abu Muhammad ‘Abd Allah, se apodera de la fortaleza de Utrum kus (Troncoso), infligiendo grave derrota a los cristianos.

Hay noticias vagas de que en el año siguiente, 1161, vuelve ‘Abd al-Mu'min a atravesar el Estrecho, para vigilar personalmente la marcha de los asuntos hispanos, preparando al año siguiente una expedición contra Ibn Mardanis.

Aunque había nombrado primeramente a su hijo Muhammad como sucesor, en sus últimos momentos designó a su otro hijo Abu Yaqub Yusuf, muriendo en Salé el 25 de mayo de 1163, cuando su nombre era invocado en miles y miles de mimbares desde el Atlántico hasta Gabes, en África, y en toda la España musulmana, a excepción de las Baleares.

Abu Yaqub Yusuf Ibn 'Abd al-Mumin (1139-1184; 1163-1184). Su madre fue Zainab bint Musa. Fue gobernador de Sevilla por su padre y allí se domicilió y estudió rodeándose de literatos, filósofos y hombres de ciencia (Ibn Tufayl, Ibn Bachcha, etc.). y reuniendo una gran biblioteca. Reconocido califa a la muerte de su padre, tras su proclamación en Marrakech, pasa otra vez a España en 1171-72, instalándose en su amada Sevilla, y al año siguiente organiza una campaña contra Wabd (Huete), que no triunfa, y después otra contra Tarragona, con el mismo resultado desfavorable, y, en 1175, se vuelve a África.

Citan también los historiadores árabes una expedición de su hermano Abu Sa'id contra el conde de Avila, Sancho Jiménez al-Ahdad (el Jorobado), que es derrotado y muerto en Calatrava. En 1177, Alfonso VIII se apodera de la importante plaza de Cuenca.

La segunda venida del califa es en 1184 para atacar Santarém, que con Lisboa, Cintra, Evora y otras plazas había sido ocupada por Alfonso Enríquez de Portugal a la caída de los almorávides y desde ellas hacía frecuentes incursiones en territorio sevillano; pero en una brillante salida de los sitiados, el califa almohade es herido, muriendo a poco, siendo trasladado su cadáver a Tinmal y enterrado junto a su padre. Este rey embelleció grandemente a Sevilla, reedificando sus murallas, construyendo acequias para la conducción de agua, así como la mezquita aljama (inaugurada en 1182) y los alcázares de la Buhaira e inicia la elevación de la Giralda.

Abu Yusuf Yaqub, Al-Mansur (1160-1199; 1184-1199) [Marrakech - ibíd.]. Proclamado califa en Sevilla para suceder a su padre, tiene que trasladarse a África a la noticia de las victorias de Ibn Gania y allí ordena a su primo Abu Za'id Ibn Hafs, al que nombra gobernador del Magrib central, que organice expediciones contra aquel. Vuelve a España en 1190 a consecuencia de la toma de Silves por Sancho I de Portugal (los cronistas árabes se la atribuyen a un Pedro hijo de Enrique [?]), y después de reconquistarla, firma una tregua, según Ibn al Athir. Encarga del gobierno de al-Andalus a su hermano Abu Yahya.

En 1195 vuelve a venir, con fuerte ejército, dirigiéndose contra Alfonso VIII, al que encuentra en Fihs al-Chadid (o March al-Hadid en otras crónicas) a pocos kilómetros de Ciudad Real, donde los cristianos sufren una gran derrota, la conocida por Alarcos (19 de julio de 1195); como resultas de la cual se pierden Calatrava y varias fortalezas de los alrededores de Toledo; los almohades sitian esta capital y todavía al año siguiente, en nueva y brillante incursión por territorio cristiano, llegan hasta donde no llegó ningún rey musulmán antes que él, conquistando Guadalajara, Madrid, Alcalá y talando los campos de Talavera, Albalate y Trujillo; termina la campaña con la firma de una tregua de diez años (de cinco, en Ibn al-Athir), retornando el califa a África, donde el almorávide Ibn Gania no dejaba de molestar a los ejércitos almohades. Todavía hay referencias de otra venida de Yaqub Ibn Yusuf en el mismo año de su muerte. Es el constructor de la Giralda sevillana, iniciada por su padre. Abandona la escuela maleki, adoptando la zahirí y al final se inclina a la shafi'i.

Le sucede su hijo Abu 'Abd Allah Muhammad (1181-1213; 1199-1213), que toma el nombre de Al-Nasir Li-Din Allah, hijo de madre cristiana. El hecho más notable de su reinado, aparte de la conquista de las Baleares llevada a cabo por su general Sid Abu-l-'Ula contra Ibn Gania, es la batalla de las Navas de Tolosa (lunes 16 de julio de 1212), a la que los historiadores árabes llaman de al-'Uqab, la sangrienta derrota de la que no se repusieron los almohades, y a consecuencia de la cual pierden Calatrava; Al-Nasir se vuelve inmediatamente a África, donde muere envenenado el 27 de diciembre del año siguiente.

Le sucede su hijo Abu Yaqub Yusuf (II) (1198-1223; 1213-1223), que toma el nombre de Al-Mustansir; hijo también de una cristiana llamada Qamar y apodada Hukaima; por su edad juvenil tuvo, al ser proclamada la muerte de su padre, un tutor, el ministro Ibn Chami, caracterizándose el tiempo de su gobierno por la relativa paz que disfrutó el imperio, aunque coincide con la aparición de los benimerines, siendo ya él derrotado en Fez. Tras el breve reinado de Abu Muhammad 'Abd Alwahid Ibn Yusuf (tío de Al-Nasir) que solo gobernó ocho meses (1123-1124), ocupa el trono Abu Muhammad 'Abd Allah, hijo de al-Mansur, que toma el nombre de al-'Adil, proclamado en España en 1124 y reconocido como califa en África en el mismo año, empezando inmediatamente los disturbios y levantamientos; 'Abd Allah al-Bayasí (el de Baeza) se subleva en su ciudad natal; por otra parte el gobernador de la España almohade Abu-l-'Ula se hace proclamar califa en Sevilla (1227) bajo el nombre de al-Ma'mun, y tras el asesinato de al-'Adil, en el mismo año, es proclamado también como tal en Marrakech, pero a poco también es depuesto, designándose en su lugar a Yahya, hijo de Al-Nasir, el de las Navas, estallando en África la guerra civil con derrotas de este que, sin embargo, llega a ocupar Marrakech, muriendo al-Ma'mun al ir en socorro de su capital (1232); le sucede en sus pretensiones su hijo 'Abd Al-Wahid, Al-Rashid (1232-1245), que vence y mata a Yahya (1236). Y a su muerte le sucede su hermano Abu-l-Hasan, Al Mu'tadid, hasta 1248.

Los meriníes y los abdalwadíes van minando y destruyendo el imperio; es nombrado califa Abu Hafs ‘Umar, descendiente de ‘Abd al-Mu'min que es desposeído en 1266 con la entrada en Marrakech de Abu l-‘Alá Idris, también descendiente de ‘Abd al-Mu'min, que reina allí dos años; muere decapitado, siendo su cabeza enviada a Abu Yusuf Yaqub el Meriní y aunque todavía se pretende nombrar como sucesor suyo a su hijo 'Abd al-Wahid, este se ve obligado a huir, entrando los meriníes en la capital, con lo que se acaba la dinastía almohade (1269).

En España este tiempo lo es también de guerras, discordias y levantamientos de reyezuelos que pronto son desposeídos, perdiendo el trono y casi siempre la vida también. Así, además de los citados, en tiempo de Al-Nasir surge Abu 'Abd Allah Muhammad Ibn Yusuf, de la familia de los Banu Hud, que se subleva en Murcia y en el reinado de Al-Rashid se alza en Arjona Muhammad Ibn al-Ahmar, verdadero creador del reino nazarí de Granada.

Los almohades representan, por un lado, la reacción contra la dictadura religiosa de los alfaquíes malikies, árbitros del imperio con los almorávides, y, por otro, la victoria de la montaña sobre el desierto; es decir, de las tribus montaraces de los Masmuda sobre los Sanhachas saharianos. La primitiva organización dada por Ibn Tumart se modifica en sus sucesores; los dos Consejos, el de los 10 y el de los 50, se funden en uno solo y, como hemos visto, el nombramiento del califa ya no se hace por estos cuerpos, sino que es el mismo soberano el que designa a su sucesor, quedando así el poder vinculado en la familia de ‘Abd al-Mu'min.

PERPIÑÁ, Enrique, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E págs. 180-183.