Muhammad XI Boabdil

Biografía

Muhammad XI Boabdil.
Muhammad XI Boabdil. Emir de Granada.

Sultán nazarí, 1482-1492. Abu Abd Allah Muhammad b. Ali también adoptó el sobrenombre honorífico al Galib billah. Era el undécimo sultán nasrí que llevaba el nombre de Muhammad y no el duodécimo, como gracias a la Yunna de Ibn al Asim podemos deducir ahora. Por ello hay que designarlo como Muhammad XI y no XII.

En nombre con el que fue conocido por los cristianos y que se ha conservado hasta nuestros días, Boabdil, procede de su Kunya, Abu Abd Allah, pronunciado en forma dialectal y abreviadamente. Empezó a reinar a mediados de julio de 1482 tras ser proclamado por los Abencerrajes aprovechando la ausencia de Granada de Abu l Hasan. Por ello, uno de los principales puestos del gobierno lo ocupó Yusuf B. al Barr, mientras Yusuf B. Kumasa también desempeñó funciones de relevancia política.

Por su parte, Abu l Hasan, junto con si hermano Muhammad b. Sa´d al Zagal, se había establecido en Málaga y extendió su gobierno a Ronda, mientras que Boabdil controlaba Granada y Almería. Un ataque de Abu l Hasan contra las tropas de su hijo Muhammad XI, Boabdil, se resolvió con la huida de estas para refugiarse en Guadix, ciudad tan adicta a su persona como hostil a su padre.

Las incursiones desde ambos lados de la frontera no se detuvieron. Los nazaríes, además de una entrada de Abu l Hasan en Tarifa, infligieron una grave y sonada derrota a los castellanos en las alquerías de Vélez y la Ajarquía de Málaga, adonde llegó un numeroso ejército con muchos nobles e importantes caballeros.

Los musulmanes de la zona con la ayuda de los malagueños al mando de Muhammad b. Sa´d destrozaron absolutamente a las tropas castellanas en los montes y tierras escarpadas de la comarca el 21-III-1483. El botín fue muy elevado, pues los castellanos abandonaron todos sus caballos y pertrechos y el número de prisioneros ascendió a mil quinientos o dos mil, muchos de ellos de la nobleza y numerosos alcaides andaluces.

Esta victoria de sus opositores, junto con otra anterior del mismo Abu l Hasan en Cañete, incitó al sultán Muhammad XI, Boabdil, a buscar un triunfo de importancia frente a los cristianos para reforzar con ello su prestigio y consolidar su legitimidad como jefe de la comunidad islámica, una de cuyas principales funciones es la defensa frente al infiel, como ya se ha mencionado.

Considerando que la frontera de Córdoba era más débil y accesible, el 20-IV-1483 penetró por ella hasta Lucena y saqueó sus tierras. El señor de Lucena y alcaide de los Donceles, Diego Fernández de Córdoba, salió a su encuentro y el conde de Cabra acudió también a la batalla.

A pesar de la superioridad numérica de los granadinos, los cristianos destrozaron al ejército nazarí y murieron muchos por las armas o en la huida, ahogados en el Genil, como le sucedió al victorioso y célebre caudillo de Loja, yerno de Muhammad XI, Boabdil, Ali al Attar, que murió allí ya sexagenario o, según otros, nonagenario.

Aparte del cuantioso botín, fueron hechos prisioneros numerosos e importantes guerreros nazaríes. Pero lo más grave fue la captura del propio sultán, que en principio no fue reconocido pero acabó siendo identificado después.

La evidente transcendencia política de la captura del emir fue inmediatamente advertida por los cristianos, hasta el punto que, como señala el anónimo granadino, el rey Fernando supo entonces que mediante el cautivo podía conseguir lo que esperaba: conquistar todo el al Andalus. Los granadinos entonces se dirigieron a Málaga y le pidieron que retornara a la Alhambra a Abu l Hasan, quien, lógicamente aceptó.

La Guerra de Granada

En la primavera de 1487, el citado 29-IV, empezó Boabdil su segundo reinado y el último del emirato nasrí, que, por ende, fue el postrero de al Andalus. Apenas cinco años de espera para que Muhammad XI encontrara unas circunstancias propicias y entregara la ciudad a cambio de un principado en la región nororiental del reino (Guadix, el Cenete, Baza, los dos Vélez, Mojácar, Purchena), de acuerdo con el pacto secreto que había establecido con el rey Fernando en mayo de 1486.

Al mismo tiempo que su visir volvió a ser un caíd abencerraje, había eliminado a sus cuatro principales adversarios, y así se lo comunicaba el mismo día de la entronización a la reina en carta de 29-IV-1487 y, con la ayuda castellana, terminó en el mes siguiente con la resistencia de los opositores que todavía quedaban en Granada.

Por ello, cuando comenzó el sitio de Málaga, Boabdil no solo no la socorrió, sino que se enfrentó y derrotó a las tropas que al Zagal intentó enviar desde Guadix, con lo que cumplía el pacto que había suscrito con los Reyes Católicos. El asedio, por mar y por tierra, se inició el 7 de mayo y se prolongó durante más de tres meses y medio durante los cuales los musulmanes malagueños ofrecieron una heroica resistencia.

Las fuentes cristianas la explican por la tiranía que los fieros gomeres (beréberes gumara de origen norteafricano) impusieron a la población. Además los augurios de éxito que un santón musulmán les aseguraba sugestionó a los gomeres y les sirvió como argumento para mantener rígidamente el rechazo a cualquier posibilidad de negociación.

Finalmente un hambre extrema (llegaron a comer asnos, perros y gatos y perecer de inanición) obligó a los propios malagueños a entregarse (18-VIII-1487). Las condiciones impuestas por el rey castellano fueron más desfavorables que en otros casos debido a la larga resistencia de la ciudad, por lo que sus habitantes fueron reducidos a esclavitud, aunque con la posibilidad de rescatarse pagando en varios años el precio fijado.

Tras la conquista de Málaga, al año siguiente 1488, los cristianos atacaron y tomaron las fortalezas de la Ajarquía, a pesar de tener pactadas treguas y estar el distrito entero incluido en el tratado establecido con Muhammad XI, Boabdil.

Como se ve la situación del emirato nasrí no era nada halagüeña y su futuro se presentaba indudablemente oscuro. En un último intento de remediarlo, el emir nazarí volvió, una vez más en la historia de la dinastía nazarí, a dirigir sus esperanzas hacia sus correligionarios de allende.

Pero en esta ocasión, como sucedió en las últimas, la debilidad de los norteafricanos (en este caso los wattasíes de Fez) no les permitía actuar en la Península, por lo que envió la solicitud de ayuda al Egipto mameluco por medio del literato Ibn al Azraq (1491).

En noviembre de 1487 recibió el sultán Qaitbay la embajada que le pedía un ejército de apoyo. Pero, al igual que sucediera en ocasiones previas, la lejanía de al Andalus hizo que el sultán no enviara los contingentes militares deseados; en cambio si presionó al clero cristiano de Jerusalén para que intercediera diplomáticamente ante los Reyes Católicos en favor de los musulmanes nazaríes. Aunque esta intervención llegó a efectuarse en 1489 durante el asedio a Baza, no resultó efectiva, como cabía esperar.

Mientras tanto seguía la división en el reino y Boabdil se mantenía gracias solamente a la paz que garantizaba con los castellanos, aunque al mismo tiempo era despreciado por su amistad con estos.

En cambio, al Zagal, que dominaba Guadix, Baza, Las Alpujarras y Almería, tenía la simpatía y el apoyo de la población por su lucha contra los cristianos y podía disponer de las rentas de todas las poblaciones que lo reconocían y que podía emplear en su ejército; por el contrario, Boabdil apenas podía hacer frente a los gastos del gobierno y la capital y tuvo que reprimir sangrientamente el descontento social por las luchas dinásticas.

De este modo, en 1488 las únicas incursiones que los musulmanes realizaban eran las organizadas por Muhammad XII el Zagal, como la exitosa algazúa contra Alcalá la Real, pero los cristianos reaccionaron y además de una celada contra los musulmanes de Almería, Fernando V conquistó Vera el 10-VI-1488.

El mismo día entregó Cuevas de Almanzora; al tercer día Mojácar, y luego otras muchas pequeña (casi una cincuentena) localidades del Valle del Almanzora dependientes en su mayoría de Vera, todas ellas sin la menor resistencia. Así, también en junio capitularon para evitar la tala de sus campos Vélez Blanco, Vélez Rubio, Huéscar, Galera, Orce, Benamaurel y otros lugares.

Pero también los nazaríes respondieron con una ofensiva emprendida por el Zagal, quien tomó Nerja y consiguió el sometimiento de Torrox y Alhendín y que los de Almuñecar abandonaran a Boabdil y volvieran con él. También asedió Cullera y estuvo a punto de tomarla, aparte de constantes saqueos y guerra contra los partidarios de Boabdil y lugares cristianos.

Sin embargo, la poderosa y pesad maquinaria bélica de Castilla se puso en marcha en 1489 para acabar con el poder de Muhammad XII al Zagal, paso necesario antes de la toma de otras ciudades de la zona y, por último, de la misma Granada.

El objetivo elegido fue Baza, cuyo asedio, tras tomar en mayo Zújar, se comenzó a mediados de junio. Aunque las plaza era considerada inexpugnable y al Zagal, señor de Guadix, envió refuerzos con Yahya al Nayyar, tras más de cinco meses de largo y penoso asedio, los bastetanos, agotados los víveres, consultaron con al Zagal, que se hallaba en Guadix, y, ante la situación insostenible, decidieron capitular.

El viernes 4-XII-1489 los de Baza entregaron la ciudad. Su caída arrastró las de Purchena (7-XII) y otro lugares del Valle de Almanzora y la Sierra de los Filabres y de Bacar.

Una vez que tomó posesión de la plaza, el rey Fernando se dirigió hacia Almería, recibiendo la sumisión de todos los lugares por los que pasaba sin la menor resistencia. A los pocos días, Muhammad XII al Zagal, impotente y consciente de la inutilidad de toda resistencia, salió de Guadix y se dirigió al encuentro del castellano para negociar su rendición.

El 10-XII-1489 se establecieron las capitulaciones asentadas entre los Reyes Católicos y el rey de Guadix, Muley Abdili, para el vasallaje de este y de sus deudos y que exigían la entrega de todas las ciudades y lugares que dominaba, entre ellos Almería, las Alpujarras y Almuñécar, cuyas capitulaciones se asentaron también el mismo día. A cambio de todo ello, al Zagal recibió un señorío que abarcaba Lecrín, Lanjarón, Órgiva y Andarax. De esta manera, al Zagal entregó Almería el 22-XII-1489 y Guadix el 30-XII.

Aislada y sola frente a los castellanos, Granada vio como los Reyes Católicos les exigían la entrega de las armas y rompían los pactos y el tratado firmado con Muhammad XI, Boabdil. Los cristianos empezaron por tomar castillos de la Vega, como los de la Malaha (al Mallaha) y Alhendín (Hamdan), al mismo tiempo que talaban los campos el 21-V-1490. Tras infructuosas escaramuzas, los castellanos dieron por terminada esta primera de las dos talas que realizaron en 1490 y se retiraron a primeros de junio.

Entonces Boabdil recuperó el Padul (al Badul) y toda su comarca. Ello propició que la Alpujarra (al Busarra) reconociera a Boabdil a mediados de junio desde Lanjarón (al Anyarun) a Andarax (Andaras), donde se encontraba Muhammad XII al Zagal, que huyó a Almería cuando supo que su sobrino se dirigía allí a finales de junio.

Aunque los cristianos recuperaron al cabo de un mes Andarax, Boabdil siguió su campaña victoriosa y reconquistó Alhendín entre el 24 y el 29-VII-1490, pero tuvo que abandonar el cerco de Salobreña, contra la que se dirigió el viernes 16 de ramadán, y regresar precipitadamente a Granada el 20-VIII-1490 porque los castellanos se dirigían a esa ciudad.

Durante tres meses se produjeron escaramuzas y los campos y algunas torres de los alrededores fueron destruidos antes de que regresaran a Castilla los cristianos, quienes en el camino de vuelta expulsaron a los mudéjares de Guadix y deruuyeron la alcazaba de Andarax.

Entonces Muhammad XII al Zagal decidió abandonar su precario señorío y atravesar el mar para dirigirse a Orán; junto a él también cruzaron numerosas familias y musulmanes que lo hicieron con los medios puestos a su disposición por el monarca castellano, de acuerdo con las capitulaciones pactadas, que les garantizaban durante un año el paso libre y gratuito del Estrecho con todos sus bienes o con el producto de su venta.

El resto de 1490 hubo diversas sublevaciones (Fiñana/Finyana) y emigración de los mudéjares del Cenete (Sanad) desde su cabecera. Jerez del Marquesado (Saris) a la capital, aunque posteriormente retornaron a petición de los cristianos, que vieron despoblada la zona.

Asedio y rendición de Granada

En 1491 los castellanos prepararon la ofensiva final. El 22-IV-1491 salieron de Castilla y saquearon y destruyeron diversos lugares del Padul y las Alpujarras para cortar así una de las más ricas fuentes de abastecimiento de la capital.

El sitio de Granada comenzó el 26 de abril y el real se estableció en la Alquería de Gozco (Gutqu), donde al poco un fuego lo destruyó y se levantó una ciudad fortificada para acoger al real, bautizada por la reina con el nombre de Santa Fe.

Aunque los cristianos tomaron y arrasaron los alrededores de la capital, no consiguieron apoderarse de Alfacar (al Fajjar). Durante siete meses se sucedieron los combates y enfrentamientos que fueron mermando el ejército y las fuerzas de Granada.

La llegada del invierno detuvo las hostilidades, pero en Granada el hambre y la escasez aumentó enormemente al no poder llegar ya los víveres de la Alpujarra, debido a que las nieves de Sierra Nevada cubrían ya los caminos. Entonces los granadinos vieron con claridad que el enemigo pretendía reducir la ciudad por hambre y no por la fuerza de las armas.

Según el anónimo árabe, cuando en diciembre de 1491 la penuria de alimentos se hizo casi intolerable, fueron los granadinos los que solicitaron al emir que se entablaran negociaciones con el rey cristiano para pactar la rendición, a pesar de que muchos creían que Boabdil y sus ministros ya habían iniciado las conversaciones con los Reyes Católicos secretamente, como realmente ocurrió.

Finalmente, tras numerosas entrevistas y contactos, en su mayor parte secretos y desconocidos por el común de ambos bandos, llevados a cabo por Hernando de Zafra y Abu l Qasim al Mulih (también Ibn Kumasa), se acordaron las capitulaciones el 25-XI-1491.

En ellas se contemplaba el derecho de los granadinos a permanecer en Granada con todas sus posesiones, en el mismo régimen fiscal y con libertad de religión, jueces y costumbres. Al mismo tiempo, para los que quisieran emigrar allende se les facilitaba durante tres años pasaje libre y gratuito con todas sus pertenencias o el producto de su justa venta.

La entrega de la ciudad prevista para mayo de 1492, se adelantó por presiones castellanas. El día anterior e al entrega. 1 de enero, Granada tuvo que enviar al real de Santa Fe quinientos rehenes. Esa noche, los negociadores nazaríes condujeron en secreto, para no alterar los exaltados ánimos de los granadinos, a un contingente cristiano capitaneado por Gutierre de Cárdenas al interior de la Alhambra, que ya había sido desalojada.

Al amanecer del día 2-I-1492, el emir entregó en el salón del trono, la torre de Comares, las llaves de la ciudad palatina a Cárdenas. Horas después, a las tres de la tarde, Muhammad XI, Boabdil, abandonaba la que había sido la última capital de al Andalus y, tras rendir homenaje a los Reyes Católicos a las puertas de la ciudad, se dirigió al principado que las capitulaciones le otorgaban en las Alpujarras.

A los pocos días, 6 de enero, los Reyes entraron en granada y establecieron el gobierno y la administración de la ciudad. La toma de Granada tuvo un considerable eco internacional y se realizaron celebraciones en Roma y Nápoles, mientras que en Venecia y Londres se congratulaban de la conquista cristiana, que se vivía como una revancha contra el Islam por la derrota sufrida cuarenta años antes con la toma de Constantinopla por los otomanos en 1453.

En cuanto a la población granadina, muchos notables y personajes políticos importantes se convirtieron al cristianismo para mantener su elevada posición social, si bien gran parte de la nobleza había emigrado al N. de África, en donde algunos de ellos fundaron la ciudad de Tetuán.

Otros muchos musulmanes, la mayoría según el anónimo árabe, emigraron tras malvender sus propiedades, temiendo la violación flagrante y absoluta que los Reyes Católicos, efectivamente realizaron a los pocos años de las promesas y garantías solemnemente aseguradas en las capitulaciones.

Boabdil se estableció en su principado de la Alpujarra, pero en octubre de 1493 se embarcó con su familia en el puerto de Adra para instalarse en Fez, donde construyó algunos palacios siguiendo los modelos andalusíes. Allí murió en 1553-1534 y sus descendientes acabaron viviendo de los habices instituidos para los pobres y menesterosos.

La caída final de la Granada nasrí, tras este recorrido por los últimos decenios de su historia islámica, aparece estrechamente vinculada a las mismas causas que debilitaron al emirato a lo largo de toda su historia: las luchas internas y el poder militar de Castilla.

En cuanto a la primera, siguiendo la tradición de los monarcas castellanos, los Reyes Católicos supieron aprovechar y fomentar las querellas políticas nazaríes y la guerra civil entre los dos bandos que se disputaban el poder, agrupados en torno a Boabdil y al Zagal.

Con ello la causa común de la fe que utilizaron los Reyes Católicos y sus predecesores para aglutinar a todos los súbditos cristianos, en el lado nazarí no se podía ya enarbolar por el enfrentamiento entre los musulmanes que el emirato padecía, y, además, fue argumento utilizado contra Boabdil por sus enemigos, que le reprochaban su sometimiento a los cristianos. Estos últimos, apoyaron a Boabdil, más débil y menos apreciado por los musulmanes, frente a al Zagal, militar enérgico y defensor del Islam.

Así, Castilla, mientras favorecía las divisiones internas en el ámbito político, en el campo militar aumentaba su superioridad tanto numérica como táctica y en armamento mediante el uso y desarrollo de una gran artillería. Al mismo tiempo, saboteaba la economía y la moral del enemigo devastando sus tierras y fuentes de suministro.

Frente a ello y a pesar de la gran superioridad militar y numérica de los cristianos, se puso de manifiesto la elevada capacidad de resistencia de Granada y su conquista se reveló como una empresa mucho más difícil y costosa de realizar de lo que, a primera vista, las fuerzas de ambos bandos hacían presuponer.

Ello fue debido, entre otras razones, a que no podía ser una guerra de grandes batallas campales, sino de asedio y desgaste, de conquista lenta y progresiva de las numerosas plazas y ciudades fortificadas que cubrían todo el territorio. Pese a todo, Granada no fue tomada por la fuerza de las armas y consiguió resistir mucho más tiempo del que esperaba. Los cristianos solo pudieron alcanzar su objetivo mediante la negociación y el pacto.

Pacto mediante el que concedieron unas solemnes y respetuosas capitulaciones, cuyas cláusulas, a pesar de las promesas y juramentos, no tardaron en infringir, pues, tal y como lamentan amargamente las fuentes árabes, empezaron a violar las condiciones estipuladas al principio y no cesaron de violarlas una tras otra e incumplirlas artículo por artículo hasta violarlas todas.

Fue el final del emirato nasrí y, con él, al Andalus desaparecía como entidad política y pasaba a ser un brillante y nostálgico recuerdo de un pasado glorioso, pasado que ya solo habitaba en las numerosas obras que durante su existencia se crearon y en los libros que sobre su historia y cultura después se han escrito. O, como han dicho algunos, pervive en los muros de la Alhambra, cubiertos de versos y poesía.

Sin embargo, su desaparición política no impidió su prolongación social con el grupo de los moriscos, primero, y, posteriormente, su permanencia cultural e intelectual en España a través de su rico legado y la huella y aportación que ha dejado en diversos y numerosos ámbitos de la cultura hispana y europea.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 195-206.