Abu l-Hasan Ali Muley Hacén

Biografía

Sultán nazarí, 1464-1485. Una vez más, los Manu l Sarray consiguieron elevar como emir a un candidato que les convenía.

A comienzos de septiembre de 1464 ó pocos días antes, a finales de agosto, como se ha dicho, se apoderó del trono Ali b. Sa´d b. Ali b. Yusuf b. Muhammad b. Yusuf b. Ismail b. Nasr, que tenía por kunya Abu l-Hasan y se le solía mencionar como Mawlay Hasan, título que los cronistas castellanos adaptaron como Muley Hacén, con distintas variantes; adoptó el sobrenombre honorífico de al Galib billah, al igual que varios emires nazaríes. Según el egipcio Abd al Basit, Abu l-Hasan Ali había nacido antes de 1436-1437, por lo que cuando ocupó el trono por primera vez contaba más de veintiocho años.

Cuando Enrique IV tuvo conocimiento de esta nueva crisis dinástica, se dispuso atacar al reino granadino en octubre de 1464 para aprovechar la debilidad que ocasionaba su división interna. Ante ello, Abu l-Hasan Ali comprendió que era urgente resolver el enfrentamiento familiar, para lo cual intentó reconciliarse con su padre y le pidió que volviera de Málaga, pero Sa´d prefirió trasladarse a Almería y allí se estableció.

Abu l-Hasan Ali no solo no se opuso a ello, sino que le pidió perdón y le reconoció como legítimo sultán y le aseguró que se consideraba a sí mismo como visir suyo. Sa´d siguió en Almería manteniendo la consideración de sultán, aunque sin ostentar el poder efectivo, hasta su muerte (23-VIII-1485)

Por otro lado, Abu l-Hasan también tuvo que enfrentarse a su hermano Abu l Hayyay Yusuf, hasta el punto de que casi fue destronado por su causa, aunque pudo resistir y una epidemia le libró de este acérrimo enemigo, pues el príncipe Yusuf b. Sa´d acabó muriendo prematuramente con 1467 con apenas diecisiete años, víctima de la peste. También hay que resaltar uno de los factores que influyeron en la vida política del reino y que tiene su origen en el ámbito familiar y doméstico del sultán.

El anónimo autor de la Nubdat al asr acusa a Abu l-Hasan de vida disoluta, de haber descuidado completamente el ejército, permitir que su ministro cargase de impuestos al pueblo y de relegar a su esposa y entregarse a una esclava cristiana, Isabel de Solís, que se convirtió al Islam y recibió el nombre de Turayya (las Pléyades).

La sultana era una importante y poderosa mujer emparentada con la nobleza granadina, además de haber sido viuda de Muhammad X el Chiquito y una de las hijas de Muhammad IX al Aysar, Aisa, como se creía tradicionalmente y no Fátima, como propuso Seco de Lucena. Sus celos y rencor hacia Turayya, Zoraya, provocaron un enfrentamiento en el que los dos hijos del emir habidos con la sultana, Muhammad (Boabdil) y Yusuf, tomaron el partido de la madre, al igual que toda la familia real y la corte.

Aunque quizá se haya exagerado la importancia de estas intrigas de harén en la caída final de Granada, lo cierto es que aumentaron las luchas intestinas del reino y favorecieron la conspiración que acabó en la posterior sublevación de Boabdil contra su padre.

Treguas con Castilla

Con respecto a las relaciones con Castilla, Abd al Basit cuenta como en enero de 1465 la sublevación de la nobleza contra el rey Enrique IV de Castilla, que acabaría con la proclamación de su hermano Alfonso en junio de ese año, propició que aquél solicitara una tregua de cinco años con los granadinos, aunque antes de que se firmara el acuerdo parece ser que los castellanos tomaron una ciudad nazarí.

La fecha del pacto debe situarse a mediados de abril, pues el día 20 de ese mes el concejo de Murcia recibía noticia del tratado. A pesar de la concertación de la paz en el interior del reino se produjeron varias sublevaciones. Una de ellas fue la de un personaje conocido como Alquirzote, que se levantó en Málaga en 1468 contra el emir y obtuvo el apoyo directo de Enrique IV, quien estaba dispuesto a sentarlo en el trono de la Alhambra, objetivo que no consiguió, pues el rebelde fue derrotado.

En 1469 se acordó una nueva tregua de tres años, pero, dada la limitación de la autoridad de Enrique IV, que no era acatada en todos los territorios de la frontera en esos momentos, solo abarcó la zona más oriental del reino nazarí (Letur y Cartagena, en el lado castellano, frente a Suyarha (Zújar) y Mojácar, en el lado nazarí).

Probablemente hacia mediados de 1470 ó anteriormente tuvo lugar la revuelta de los caídes que menciona el anónimo autor de Nubdat al asr en la que estaban, como era de esperar, implicados los Abencerrajes. Parece ser que Abu l-Hasan acabó con el poder dominante que los caídes, probablemente Abencerrajes, ejercían en el reino y prescindió de ellos, lo que provocó su sublevación.

Además, proclamaron a Muhammad, que recibiría el nombre de al Zagal, hermano del emir, en Málaga con la ayuda de algunos jefes cristianos. No obstante, Muhammad acabó reconciliándose con su hermano Abu l-Hasan. Tras ello, los sublevados, refugiados en Málaga, fueron reducidos y ejecutados todos ellos. Esta célebre matanza parece ser que fue la que pasó a la leyenda y al romancero.

Sofocado el levantamiento, el reino vivió un tiempo de prosperidad económica y militar, con numerosas incursiones en tierras cristianas que obligaron al enemigo a firmar sucesivas y permanentes treguas Abu l-Hasan consiguió así un largo periodo de paz, desde 1465 hasta 1481, que permitió una cierta recuperación del reino y un último florecimiento del mismo.

Pero esta situación era transitoria y solo se produjo gracias a la conflictiva situación interior y exterior de Castilla. La suerte de Granada estaba echada y, aunque sobreviviera dos décadas hasta empezar a estar conquistada, su caída final ya solo dependía —ahora más que nunca— de la resolución de los conflictos internos de los reinos cristianos.

Mientras tanto, las rivalidades y los enfrentamientos entre los nobles andaluces, que actuaban de forma casi independiente de la corona, fueron aprovechados por Abu l-Hasan para intervenir y sacar partido de esto conflictos. Incluso llegó a firmar a principios de 1471 una alianza con una de las facciones enfrentadas, la del conde de Cabra y sus seguidores, lo que le valió a Muley Hacén el apoyo posterior del conde, frente a los ataque del condestable Iranzo y poder utilizar Alcalá la Real como base para atacar las tierras de Jaén.

El 10 de enero de 1472 se estableció en Granada un tratado de paz general para toda la frontera y de más envergadura que las treguas establecidas en 1469. En esta ocasión era el propio Abu l-Hasan el que lo firmaba directamente y el periodo de tres años que fijaba se extendía desde el 18-I-1472 el 17-I-1475.

Además, se incluye una significativa cláusula que, si bien era habitual en los tratados de treguas expresarla genéricamente, en este caso se explicita que Enrique IV ni nadie de Castilla apoyará ni acogerá a los rebeldes, en concreto, los Banu l Sarray ni a sus partidarios, lo que indica que todavía los Abencerrajes seguían activos. No solo los Banu l Sarray amenazaban el trono de Abu l-Hasan y la estabilidad del reino.

El príncipe Salim b. Ibrahim al Nayyar, gobernador de Almería, se alió en 1474 con Fernando el Católico para derrocar a Abu l-Hasan, pero parece ser que no se pudo llevar a efecto esta alianza. Una vez en el trono la reina Isabel de Castilla tras la muerte de su hermano Enrique IV en 1474, siguió renovando, junto a su esposo el infante Fernando de Aragón, las treguas con Granada. La que finalizaba en enero de ese año tuvo continuidad en la que se firmó el 20-VI-1475, si bien los incidentes y violaciones de una parte y de otra fueron frecuentes y de cierta importancia.

El 17-I-1478 se volvió a renovar por tres años y esta vez sin la obligación de pagar parias. Por último, cuando concluyó esta tregua de 1478 en enero de 1481 fue renovada por un año más con vigencia desde el 12 de marzo, pero que no llegó a cumplirse. Durante este relativamente largo periodo de paz se produjeron en Castilla varios acontecimientos que iban a resultar decisivos para el final del reino nazarí y, con él, del Islam andalusí.

En 1479 murió Juan II de Aragón, y su hijo Fernando, ya casado con la reina Isabel I de Castilla desde 1469, heredó la corona, con lo que se producía así la unificación de los dos reinos. Por otro lado, ese mismo año, el 4-IX-1479, se firmó el tratado de Alcáçovas, que sirvió, entre otras cosas, para acabar con la guerra civil en Castilla y establecer la paz con Portugal. Resueltos los problemas internos, los poderosos Reyes Católicos podían dedicarse de forma exclusiva a la Guerra de Granada. Y así lo hicieron con la intención de acabar totalmente con el reino nasrí.

Inicio de la guerra final

En diciembre de 1481, antes de que acabara la tregua vigente establecida en marzo de ese año hasta marzo de 1482, los granadinos, conscientes de las intenciones de los Reyes Católicos de atacar Granada en cuanto realizaran los preparativos necesarios, se anticiparon y desencadenaron abiertamente las hostilidades, si bien de una como de otra parte en este periodo de treguas se producían constantes algaradas para hacer botín y cautivos.

Así, tropas nazaríes reconquistaron Zahara el 27-XII-1481 y la mantuvieron en poder islámico durante dos años. La respuesta de Castilla no tardó en llegar y supuso un duro golpe para el reino, pues la importancia de la conquista de una ciudad como Alhama, cuya fortaleza era considerada inexpugnable y su ubicación estratégica, ya que controlaba la ruta principal de Granada a Málaga y Ronda.

Al mando de Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, las tropas cristianas asediaron la ciudad y el jueves, 28-II-1482 la tomaron y entraron en ella sangre y fuego. La noticia causó gran alarma y agitación e la capital y Abu l-Hasan intentó recuperarla. El martes siguiente la sitió, pero los cristianos resistieron y los refuerzos del duque de Medina Sidonia, Juan de Guzmán, y el conde de Cabra, Diego Fernández de Córdoba, hicieron desistir a los granadinos, que levantaron el cerco el 28-III-1482.

Dos nuevos intentos en los meses siguientes para recuperarla tampoco tuvieron éxito. En cambio, el gran caudillo Ali al Attar, gobernador de Loja, infligió una severa derrota a las tropas cristianas que, para consolidar la toma de Alhama, asediaron la ciudad del ilustre al Jatib, lojeño de nacimiento, durante cinco días. Los cristianos, tras ser vencidos, huyeron abandonando gran parte de la artillería y el campamento el 14-VII-1482.

En ese momento, mediados de julio de 1482, tuvo lugar el levantamiento del hijo del emir, Boabdil, apoyado por los Abencerrajes con Yusuf b. Kumasa a la cabeza. Según Abd al Basit, la historia se repitió y a Abu l-Hasan le sucedió con su hijo algo similar a lo que a él con su padre: su hijo Abu Abd Allah Boabdil, se rebeló contra él y lo expulsó de la Alhambra. Aunque Abu l-Hasan atacó la Alhambra, no la pudo tomar y se retiró a Málaga, que se mantuvo fiel al viejo emir, con su hermano Muhammad b. Sa´d al Zagal. Mientras, el otro hijo, Yusuf, se marchó a apoderarse de Almería.

Segundo reinado 1483-1485

Recuperado así el trono [ver primer reinado de Boabdil] por Abu l Hasan a finales de abril de 1843, inició su segundo reinado de poco más de dos años, en una precaria coyuntura política, pues las querellas dinásticas, lejos de resolverse con la captura de su hijo, se agudizaron. En Almería, su hijo Abu l Hayyay Yusuf se mantenía independiente del sultán y afecto a Muhammad XI, Boabdil.

Al mismo tiempo, los partidarios de Boabdil no permanecieron inactivos y, encabezados por Ibn Kumasa, se presentaron ante el rey Fernando en Córdoba para negociar la liberación del cautivo, que había sido trasladado a Porcuna. Paralelamente, Abu l Hasan hacía lo mismo, pero el rey Católico aceptó la oferta de los primeros calculando el mayor perjuicio para el reino nasrí que ocasionarían las divisiones internas que este acuerdo, de agosto de 1483 en Córdoba, provocaría.

Las exigencias castellanas para su liberación fueron muy elevadas: vasallaje, entrega del primogénito de Boabdil, Ahmad, y de su hermano como rehenes, junto con los hijos de otros notables del reino, doce mil doblas de oro y liberación de cautivos. A cambio, el sultán, además de la libertad, recibió apoyo del rey Fernando para combatir a su padre y someter todo el territorio.

Muhammad XI fue liberado y se instaló en Guadix porque Granada no quiso ya reconocerlo como sultán por las razones que ha continuación de detallarán. Pero, aunque recuperó la libertad, sus aspiraciones al trono sufrieron un duro revés que le impidió entrar en Granada y le obligó a establecerse en Guadix en un momento posterior a mediados de 1483.

En este caso, una vez más, la intervención de los alfaquíes fue decisiva para entronizar o mantener a un sultán o a otro. Probablemente el mismo Abu l Hasan directamente, u otra persona a instancias suyas, solicitó una fetua —dictamen jurídico—, incluida por al Wansarisi en su extensa al Miyar al murib, a los principales muftíes y alfaquíes de Granada.

En ella se planteaba la legitimidad de la sublevación de su hijo y la consideración de sus partidarios, así como la actitud que los buenos musulmanes deberían adoptar en caso, que parece presentarse como inminente, de que los insurgentes salieran de Castilla y con el apoyo cristiano intentaran recuperar el trono.

La respuesta, bien fuera por el convencimiento de la necesidad de evitar la guerra civil o por las presiones que pudieran recibir los muftíes, fue rotunda: la proclamación de Boabdil iba contra la ley de Dios y había sido un pecado, pactar con los infieles está prohibido y quien hubiera prestado juramento de fidelidad al príncipe prisionero cometía un hecho ilícito; no obstante, si los rebeldes se arrepintiesen, deberían ser aceptados.

Como puede apreciarse, casi parece una proclama de Abu l Hasan ilegalizando las pretensiones de su hijo Muhammad XI y ofreciendo el perdón y la reconciliación a los sublevados. La relevancia social y prestigio de los jurisconsultos que emitieron la fatwa debió ser un factor importante en el mantenimiento de la fidelidad jurada a Abu l Hasan, al menos en la capital. Además, la fetua —dictámen jurídico— revela que todavía en esas fechas, mediados de octubre de 1483, Boabdil seguía en tierras de Castilla.

Durante todo este tiempo, a lo largo de 1483, los combates e incursiones por parte de musulmanes y cristianos fueron frecuentes y con victorias y derrotas de uno y otro lado. Los escenarios fueron diversos, como Tájara, la propia Vega de Granada, Alhendín, Íllora, Zahara, Teba, Antequera o Utrera. Igualmente, el año siguiente, 1484, se desarrolló en la misma tónica de ataques locales, algaradas y asedios en los que la iniciativa siempre fue castellana.

Los resultados más destacados de estas acciones militares, no siempre victoriosas, fueron la conquista de Álora, Alozaina y Setenil. Ya por entonces, en la conquista de Setenil (IX-1484) Abu l Hasan se vio afectado por una enfermedad parecida a la epilepsia que le afectó la vista y le embotó el cuerpo, por lo que no podía actuar en la guerra y, aunque no dejó el trono por el momento, era su hermano Muhammad al Zagal el que mantenía la defensa del reino.

Hacia febrero o mediados de marzo al Zagal se apoderó de Almería, partidaria de Boabdil y favorable al rey castellano. Abu l Hasan dio orden de ejecutar al alcaide de la ciudad, a todos los partidarios del rebelde e, incluso, al hermano de este, su propio hijo. La madre fue encarcelada y Boabdil, que se había trasladado de Guadix a Vera, huyó a Córdoba.

A pesar de los esfuerzos de al Zagal, los cristianos seguían avanzando. En abril de 1485 conquistaron Cártama y Coín. Al mes siguiente, las tropas castellanas asediaron Ronda y destrozaron con la artillería sus defensas, por lo que los habitantes capitularon para conservar sus vidas y hacienda el 23 de mayo. La pérdida de esta plaza implicó la rendición de las fortalezas de la zona de Marbella y Fuengirola.

Tras la toma de Ronda, ante el peligro de que el ejército castellano asediara Málaga, al Zagal, el hermano del emir, se dirigió a esta ciudad para reforzarla. De regreso, cabe pensar que a principios de junio, cerca de Alhama derrotó a un destacamento de esta ciudad que regresaba con el botín de una algarada, lo que le permitió recuperar la cabalgada y hacer un buen número de prisioneros.

Esta victoria le proporcionó una entrada triunfal en Granada, donde fue proclamado por los granadinos, entusiasmados con sus victorias y con el ambiente preparado por los alfaquíes y las maniobras del visir Abu l Qasim Rigwan Bannigas. Tras ello, depuso a su hermano anciano y enfermo y lo envió a Almuñécar o Salobreña con su mujer, donde moriría pocos meses después. Por tanto, se puede fijar el reinado de Abu l Hasan y el comienzo del de su hermano Muhammad XII al Zagal a principios de junio, o si creemos al cura de los Palacios, Andrés Bernáldez, el 24 de junio, pues este cronista asegura que Abu l Hasan se mantuvo como sultán hasta el día de San Juan de 1485.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 183-198.