Nasr

Biografía

Sultán nazarí, 1308-1313. Nasr. Abu I-Yuyus Nasr b. Muhammad (II) b. Muhammad (I) b. Yusuf b. Muhammad b. Ahmad b. Muhammad b. Jamis B. Nasr b. Qais al Jazrayi al Ansari. Granada, 1-XI-1287 / 16-XI-1322. Emir de al Andalus (1309-1314), cuarto sultán de la dinastía de los nazaríes de Granada (precedido por Muhammad III y sucedido por Ismail I). Nació el lunes 1-XI-1287, con toda probabilidad en Granada, en la Alhambra, residencia de su padre el emir Muhammad II (1273-1302).

Fue un hijo tardío puesto que, cuando nació, su progenitor contaba ya con 51 años y hacia treinta que había nacido el primogénito y heredero, Muhammad III (1302-1309), de manera que Nasr no estaba llamado a ocupar el trono en principio. Sin embargo, a los siete años escasos de gobierno de su hermano (más exactamente hermanastro, pues solo compartían el padre, aunque es este el que transmite el linaje en la sociedad árabo-islámica) Muhammad III, la situación del emirato andalusí era muy grave y se cernían peligrosas amenazas sobre la supervivencia de la dinastía nazarí.

Castilla, Aragón y Fez formaron una coalición contra Granada que provocó gran inquietud en la corte de la Alhambra. A esta justificada alarma de las clases dirigentes nazaríes se añadió el descontento por el excesivo poder y control del gobierno que ejercía el primer ministro de Muhammad III, Ibn al Hakim, y la tensión desembocó en una conspiración que aprovechó la grave enfermedad ocular que padecía el Emir y que le había producido una ceguera muy avanzada como excusa para apartarlo del poder.

En la conspiración intervino un grupo de notables del Estado que se pusieron de acuerdo con Nasr, que en aquel momento contaba ya veintiún años (treinta años más joven que su hermano el Emir, de cincuenta y uno). Fue fraguada por Ibn al Mawl, cuya influyente familia estaba emparentada con los propios emires.

La rebelión se declaró el día de la ruptura del ayuno (14-III-1309), y ese mismo día el visir Ibn al Hakim fue ejecutado, además de otros personajes de su entorno, como su amigo y protegido el poeta de Tremecén Ibn Jamis, que fue alanceado por un cierto Ali Ibn Nasr al Abkam el Mudo, un pariente del sultán al que el visir había perjudicado.

Inmediatamente, Nasr fue entronizado y, apenas se divulgó la noticia en la ciudad, la gente se apresuró a subir a la Alhambra para conocer los acontecimientos y, al difundirse el final del visir, se desató el pillaje en las casas que este poseía en el arrabal, con enormes riquezas y tesoros que fueron saqueados.

Al final de ese mismo día se levantó acta de la abdicación de Muhammad III al Majlu el Destronado, que fue trasladado al palacio denominado de al Sayyid o de Sanil (Alcázar Genil), a las afueras de la capital, y en el que permaneció poco tiempo hasta ser trasladado a Almuñecar. Al nuevo emir, Nasr, los biógrafos le atribuyen elegancia, porte señorial, carácter dulce, castidad e inclinación a la paz.

Sin embargo, tomó una kunya (sobrenombre de paternidad) poco frecuente a la vez que muy resonante y simbólica: Abu l-Yuyus, el de los ejércitos (literalmente Padre de los ejércitos). Poseía amplios conocimientos de astronomía y llegó a realizar almanaques o calendarios y construir tablas astronómicas de gran exactitud e ingenio con la ayuda y enseñanzas de Ibn al Raqqam († 1315), destacado astrónomo, además de médico y profesor de Medicina, de origen murciano y establecido en Túnez, que había sido invitado a la corte nazarí por su padre, Muhammad II, generoso protector de sabios en general y médicos y astrónomos en particular.

Por otro lado y a pesar de la brevedad de su reinado, se le atribuye alguna construcción en la Alhambra, concretamente en la torre de Abu l-Hayyay o del Peinador de la Reina.

Política exterior

Nada más tomar posesión del trono, Nasr, tenía que enfrentarse a la peligrosa situación internacional ya mencionada en la que se hallaba el emirato nazarí. Al Andalus estaba aislado y tenía que defenderse en dos frentes y a ambos lados del Estrecho, contra cristianos y contra musulmanes. En la Península, Castilla y Aragón habían coordinado sus fuerzas para atacar simultáneamente, contando, además, con los beneficios —religiosos y económicos— de cruzada que para la campaña habían obtenido del Papa.

En el N. de África, los meriníes habían llegado a un acuerdo con Aragón, el 6-VII-1309, para repartirse Ceuta, que había sido incorporada al dominio andalusí hacía tres años, por el Destronado Muhammad III, en 1306. Los nazaríes ni siquiera podían contar en esta ocasión con la ayuda de los zayyaníes o Abd al Wadíes de Tremecén, pues habían firmado la paz con sus tradicionales enemigos los meriníes y debían mantenerse neutrales, aunque sí permitieron a los andalusíes reclutar soldados en sus puertos de Orán y Hunayn.

Por tanto, era urgente cerrar algún frente cuanto antes y desde las primeras semanas de su reinado, ya en abril, Nasr, envió embajadores a Fez para intentar reconciliarse con los benimerines. Pero el contencioso de Ceuta impedía el acuerdo, pues los nazaríes no podían renunciar a tan preciada plaza y los meriníes exigían su entrega. Mientras tanto, la alianza meriní-aragonesa daba sus frutos y el sultán Abi l-Rabi sitiaba Ceuta por tierra, mientras las galeras aragonesas hacían los mismo por mar.

Sin embargo, el conflicto se resolvió de forma inesperada: desde el interior de la ciudad la población, que estaba descontenta con el trato que recibía del gobierno nazarí, entregó la plaza al sultán benimerín el 21-VII-1309. En el frente peninsular, el emir granadino vio como también la alianza cristiano firmada en Alcalá de Henares empezaba a ejecutarse: Castilla comenzaba el asedio de Algeciras el 31-VII-1309, aunque un mes más tarde de lo previsto.

Al mismo tiempo, la flota de Jaime II de Aragón llegaba a Almería el martes 11-VIII-1309 e iniciaba el asedio por mar y tierra. Las tropas nazaríes, enviadas para socorrer a la ciudad almeriense, sufrieron una gran derrota ante los aragoneses el 23 de agosto, pero siguieron intentando debilitar el cerco mediante diversas escaramuzas y ataques menores más o menos victoriosos.

En el frente castellano, el 12-IX-1309 Gibraltar se rindió ante el ataque combinado por tierra y mar de los jefes castellanos Alfonso Pérez de Guzmán y Juan Núñez, que contaban con la ayuda naval aragonesa (doscientos navíos dirigidos por el más destacado almirante catalán, el vizconde de Castellnou.

Por su parte, los nazaríes también obtuvieron algunas victorias: el 19 de septiembre en Estepona el sayj al-guza meriní Utman b. Abi l-Ula venció al ejército cristiano y acabó con tres mil caballeros, incluido uno de sus jefes, el citado Alonso Pérez, conocido como Guzmán el Bueno.

Sin embargo, esta victoria no cambiaba la coyuntura general que amenazaba la integridad territorial del emirato nazarí, ya mermada con la pérdida de Ceuta y Gibraltar y con dos importantísimas ciudades en acuciante peligro: Almería y Algeciras, que estaban fuertemente sitiadas por Aragón y Castilla. Además, al otro lado del Estrecho, los meriníes no se hallaban en buenas relaciones con Granada.

Una vez más, como ocurrió en varias ocasiones a lo largo de la historia de la dinastía nazarí, la situación de clara inferioridad militar e impotencia para hacer frente con la fuerza militar a enemigos mucho más grandes y poderosos que se unían en contra de al Andalus se resolvía mediante la inteligencia política y habilidad diplomática de los nazaríes.

Triunfo de la diplomacia

En este caso, fue el emir Nasr el que adoptó una estratégica y arriesgada decisión que resultó ser una jugada maestra. En un calculado análisis, Nasr debió llegar a la conclusión de que era preferible renunciar a una parte, pequeña y limitada, de sus dominios entregándola a sus correligionarios norteafricanos antes que perder definitivamente, frente a los cristianos, enclaves y zonas tan fundamentales como Algeciras y Almería que, además, podían ser la puerta para un retroceso territorial mucho más importante e, incluso, absoluto y definitivo, como habían planteado, efectivamente, los reinos cristianos.

El resultado de este planteamiento político se plasmó en el acuerdo de paz que Nasr firmo con Abu l-Rabi (1308-1310) en octubre de 1309 mediante el cual el emir granadino cedía al sultán de Fez las dos tradicionales plazas benimerines, Algeciras y Ronda, con los castillos de sus respectivas jurisdicciones, además de entregarle en matrimonio a su hermana.

Como contrapartida, la ayuda meriní se materializó en un ejército encabezado por Utman b. Isa al-Yarniyani junto con una gran cantidad de dinero y caballos. Además de la ayuda militar, el emir Nasr consguía un importante objetivo de carácter diplomático: el final y ruptura de la alianza de Aragón y el Magrib meriní contra Granada.

En el frente castellano, las cosas se iban complicando cada vez más para Fernando IV el Emplazado. Uno de sus más destacados oficiales, Guzmán el Bueno, había muerto en septiembre y dos meses después, el infante Don Juan (el Don Juan Manuel autor de El conde Lucanor y un grupo de nobles castellanos descontentos lo abandonaron a mediados-XI-1309 descontentos por el trato que recibían del monarca.

Teniendo en cuenta, además, que el invierno estaba siendo muy duro, con lluvias torrenciales permanentes que minaban la resistencia de los sitiadores —aunque también les beneficiaba pues impedían los ataques de los musulmanes—, el rey castellano decidió levantar el asedio de Algeciras a finales-II-1310.

No obstante, aunque se retiraba sin conquistar la plaza, no se iba con las manos vacías, pues impuso un tratado por el que el emir Nasr retornaba al vasallaje del castellano, entregaba Quesada y Bedmar, pagaba una indemnización de 50.000 doblas (dinares) y unas parias de 11.000 doblas anuales. Además, antes de que se hubiese firmado el tratado definitivamente el 26-III-1310, el infante don Pedro asedió y conquistó el castillo de Tempul, en la región de Algeciras.

De esta manera Nasr ya solo le quedaba abierto un flanco, el asedio aragonés de Almería. Para resolverlo envió un ejército al mando de sayj al-guza, el jeque o jefe de los combatientes de la fe norteafricanos, Utman b. Abi l-Ula, que tras derrotar a un escuadrón de cristianos que iban a atacar Marchena, forzó a los aragoneses a aceptar la paz y levantar el sitio, lo que hicieron el 25-I-1310.

El abandono aragonés fue propiciado, lógicamente, por el hecho de que Fernando IV ya se hubiera retirado de Algeciras unos días antes, además de la difícil situación de la tropa por la escasez de víveres ocasionada por el fuerte viento de poniente que durante dos meses impidió a los barcos catalanes desembarcar en la ciudad. Junto a ello, las propuestas de paz que desde diciembre venían planteando los nazaríes facilitaron aún más el abandono del asedio.

Por tanto, el resultado final de la triple alianza de Castilla, Aragón y el Magrib meriní destinada a conquistar todo al Andalus se resolvió, en contra de todo pronóstico, favorablemente a los nazaríes gracias a la capacidad política de Nasr.

El emir granadino, combinando una genial estrategia diplomática con una fuerza militar inferior pero utilizada con eficacia, consiguió superar la gravísima situación inicial con tan solo dos pérdidas importantes: Ceuta, que a fin de cuentas era una conquista muy difícil de mantener a largo plazo, y Gibraltar, puesto que la cesión de Algeciras y Ronda a los meriníes suponía solo una pérdida de soberanía relativa y con bastantes probabilidades de ser recuperadas, como el tiempo acabaría demostrando.

Devuelta la paz al estado andalusí, se abría un periodo de tranquilidad y reposo que Nasr apenas pudo disfrutar porque ese mismo año, a finales-XI-1310, cayó gravemente enfermo con un ataque de apoplejía que hizo temer por su vida e, incluso dudar de si realmente estaba vivo. Ante esta situación, se reunió un consejo que decidió restaurar a su hermano Muhammad III al Majlu, el Destronado, que se hallaba retirado en Almuñecar.

Desde allí fue traído urgentemente a Granada, transportado en una litera o palanquín dada su enfermedad de la vista, y llegó a la capital el 24 de noviembre. Sin embargo, Nasr logró reponerse y su hermano al Majlu no llegó siquiera a ser entronizado, sino que fue trasladado desde la casa, en la que se le había instalado, hasta la Casa Mayor (Dar al Kubra) de su hermano.

Sublevaciones interiores

Sin embargo, el verdadero problema al que tuvo que enfrentarse Nasr fue la sublevación interior que derivó en una guerra civil abierta. Si irregular acceso al trono, mediante una sublevación y el destronamiento de su hermano, provocó desde el principio reticencias y desacuerdo en algunos sectores del emirato. El descontento fue aumentando por la actuación interior, a veces con violencia e injusticia, de Nasr y, sobre todo, de su autoritario primer ministro, el visir Muhammad b. al Hayy, al que detestaban los cortesanos y la aristocracia granadina.

Este visir era un individuo mentiroso y artero que conocía muy bien la lengua y costumbres de los cristianos, pues era hijo de un mudéjar de Sevilla, donde había pasado su infancia. La simpatía del visir hacia las prácticas y modas de los cristianos (que ya no eran protegidos / dimmies del Estado islámico, sino habitantes de reinos enemigos que amenazaban la existencia del emirato), llegaron a acarrearle graves problemas que eludía gracias a la protección del sultán Nasr.

Por otro lado, uno de los más poderosos e influyentes hombres del estado andalusí era el prestigioso gobernador de Málaga, el arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— Abu Said Faray, tío segundo y cuñado de Nasr, con cuya hermanastra Fátima —mujer de ciencia y grades cualidades personales— estaba casado.

Gozaba de una gran reputación por su importantísima actividad militar en la lucha por las plazas del Estrecho (Algeciras, Gibraltar, Tarifa) y la trascendental conquista de Ceuta, además del buen gobierno de Málaga, región difícil por haber sido centro de rebeldía Asquilula y área de influencia meriní durante muchos años.

De esta manera, no es sorprendente que cuando el arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— Abu Said Faray acudió a Granada a presta el acostumbrado juramento de fidelidad y reconocimiento al emir Masr, un grupo de notables se anticiparan y se entrevistaran con él para proponerle que se proclamara emir. Aceptó y, tras regresar rápidamente a Málaga, se declaró independiente el 27-I-1312, pero optó por declarar sultán a su hijo Abu l-Walid Ismail, con mejor legitimidad dinástica, pues era nieto materno de Muhammad II a través de su citada hija Fátima.

A propósito de la justificación de la sublevación y asalto al poder de Nasr, conviene advertir que la afirmación de algunas fuentes árabes en el sentido de que Nasr no era digno del trono por su debilidad y la estupidez de su familia y su entorno, ha de considerarse como una manifestación de hostilidad hacia el Emir o bien de propaganda a favor de la nueva rama nazarí que acabó instaurándose. Una vez proclamado en Málaga Abu l-Walid Ismail atacó y sometió los castillos próximos y otras ciudades como Antequera, Marbella y Vélez Málaga, este último con la ayuda de un almajaneque.

Las tropas de guza, combatientes de la fe, se dividieron entre dos bandos. Por un lado apoyaba al nuevo pretendiente Ismail el influyente Utman b. Abi l-Ula, que odiaba a Nasr y al que el Destronado Muhammad II había encargado la jefatura de un contingente de combatientes de la fe para defender Málaga y su región occidental, la Algarbía, bajo las órdenes de de Abu Said Faray; también lo apoyaba al Abbas b. Rahhu.

Por otro lado, en Granada, el emir Nasr, contaba con la lealtad de Rahhu b. Yaqub y ammu b. Abd al Haqq y el arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— de Andarax. Con el fin de evitar una guerra abierta, Nasr envió a su visir Muhammad b. al Hayy a Málaga, protegido con garantía de inmunidad para negociar y resolver el conflicto pacíficamente. Sin embargo, los de Málaga no respetaron el seguro otorgado y el visir fue encarcelado.

Como represalia, Nasr pagó con la misma moneda y retuvo a su propia hermana Fátima, que se hallaba en Granada, y era esposa del arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— Abu Saíd y madre del sublevado Ismail. Entonces los sublevados, dirigidos por los jefes meriníes Utman y al Abbas, tacaron y corrieron la vega de Granada en marzo de 1312 sin que el ejército de Nasr se atreviera a presentarles batalla por la superioridad de las fuerzas malagueñas.

La situación era tan grave que Nasr no dudó en recurrir a la ayuda castellana que, de acuerdo con el tratado de Castilla y como vasallo del rey cristiano, este debía facilitarle. pero Fernando IV el Emplazado, lejos de acudir en apoyo de Nasr, escribió inmediatamente (febrero-marzo de 1312) al rey de Aragón informándole de la situación y planteándole que era el momento de atacar a los musulmanes aprovechando el estado de división y enfrentamiento internos en al Andalus.

Aunque Jaime II no quiso atacar el emirato, el rey castellano no dudó en violar el tratado con Nasr y sacar partido a la debilidad del emir granadino para, con la excusa de ayudarle, reanudar la ofensiva. Así, el 10-III-1312 envió a su hermano, el infante don Pedro, a atacar la zona de la frontera.

Dos meses después, Ismail decidió atacar nuevamente a Nasr y se dirigió a la vega de Granada, donde acampó en la alquería de al Atsa (El Alijate) el 9-V-1312. Esta vez Nasr sí le hizo frente con un buen ejército y la batalla tuvo lugar el 21 de mayo. Pero las fuerzas granadinas fueron derrotadas y el pretendiente obtuvo una clara victoria sobre el Emir, cuya vida llegó a peligrar, pues su caballo tropezó en el cauce de la acequia de una de las hazas, aunque pudo superar el incidente y entrar en la población derrotado.

Sin embargo, la prolongación de la situación y las necesidades que les acuciaban obligaron al arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— y su hijo Ismail a firmar un armisticio con el sultán entregándole los impuestos el 5-VIII-1312. Cabe suponer que la presencia del infante Don Pedro en la zona de la frontera y a favor del Emir, al menos en teoría, sería un factor más que presionaría a los de Málaga para firmar este armisticio.

No obstante, ya antes de esa fecha el infante Pedro había empezado a atacar los territorios de Nasr violando abiertamente el tratado de paz que Castilla había firmado con Granada en 1310 y por el que debía defender al sultán de la Alhambra. Durante más de dos meses, Don Pedro estuvo asediando Alcaudete hasta que el mismo rey Fernando IV acudió personalmente al sitio de la plaza, poco antes del 20-VIII-1312, para reforzar el real cristiano y conseguir tomar la fortaleza.

En esos momentos, Nasr estaba intentado negociar con Fernando IV, pero Abu Said, el arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— de Málaga, también hacía lo mismo y había enviado al campamento cristiano a Al Abbas. Sin embargo, fue Nasr el que alcanzó un acuerdo, a pesar de que finalmente Alcaudete tuvo que rendirse —quizás como parte del precio del acuerdo de paz— el lunes 5-IX-1312 y se entregó al infante Don Pedro, pues Fernando IV sufría una dolencia tan grave que tuvo que ser trasladado urgentemente a Jaén.

Antes de morir el 9-IX (o el 7, según su Crónica, el Emplazado planeó con el infante Pedro, llegado ya a Jaén, atacar al arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— de Málaga en colaboración con las tropas de Nasr. La muerte repentina le impidió realizar sus planes y el emir de la Alhambra mantuvo y renovó con el sucesor, Alfonso XI, un niño de corta edad, el tratado de paz recién acordado.

Por tanto, aunque la pérdida de Alcaudete era importante, más lo era para Granada detener la ofensiva castellana, lo que se produjo gracias al tratado de paz, pero también a la situación interior de Castilla, donde la minoridad del nuevo rey castellano, Alfonso XI, abrió un nuevo periodo de agitación y disputas por el poder que relegaban a un segundo plano el interés por la guerra contra al Andalus.

A la mejora que el emirato alcanzaba en el frente de Castilla, ese mismo año se añadió otro acontecimiento de gran relevancia político-territorial para el estado andalusí: la devolución de Algeciras y Ronda que dispuso de nuevo sultán meriní, Abu Said Utman (1310-1331), , en mayo de 1312-abril de 1313.

Sin embargo, estas plazas estaban en el ámbito de control del arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— de Málaga y, en cualquier caso, no fueron suficientes para terminar con el descontento de la población granadina respecto a Nasr, en especial con su primer ministro, el citado visir Ibn al Hayy, al que consideraban un traidor, pero al que el emir seguía protegiendo contra todos los ataques. En este clima de agitación y malestar social, se produjo una sublevación interior en Granada el 18-I-1314 protagonizada por los notables asyaj de la capital.

Además de pedir la entrega del visir amigo de los cristianos y de cuya ortodoxia se sospechaba, también reclamaban la destitución de Nasr y la restauración de su hermano recluido, Muhammad III al Majlu. Aunque la revuelta fracasó y los sublevados huyeron a Málaga, el Destronado fue asesinado a los pocos días, pues apareció ahogado en una alberca de la mencionada Casa Mayor el lunes 21-I-1314.

Si bien las fuentes no indican el responsable de crimen, resulta evidente la relación de causalidad entre la sublevación de los notables y la muerte inmediata del Emir que pretendían restaurar. Nasr, —y con él su denostado visir— percibió con claridad el grave peligro que la cercanía de su hermano suponía para su poder y, con el fin de conjurar la amenaza de una posible restauración, debió ordenar —o permitir al visir— su asesinato.

Por su parte, Abu l-Walid Ismail, que en Málaga había recibido nuevamente una petición de los notables granadinos para que tomara el poder, inició una nueva marcha hacia Granada y en el camino conquistó Loja. Llegando a Granada, el ejército de Nasr salió a su encuentro y se trabó la batalla. Aunque con más dificultades que en su anterior enfrentamiento de 1312, Ismail venció y aclamado por la población de Granada, entró por la puerta de Elvira, tras romper sus cerrojos.

Nasr se refugió en la Alhambra con su familia, el tesoro y la alta nobleza mientras que Ismail era proclamado y se establecía en la Alcazaba Qadima, la antigua fortaleza zirí situada en el Albaicín, el jueves 14-II-1314. Desde allí entabló negociaciones con Nasr, quien desde su asedio en la Alhambra envió una carta solicitando ayuda al infante Pedro, que estaba en Sevilla.

Sin embargo, la ayuda no llegó y tuvo que rendirse, aunque a cambio obtuvo el gobierno independiente de Guadix y una cantidad de dinero y tesoros, entre otras concesiones. A mediodía del sábado 16 de febrero, Ismail entró en el palacio real y en menos de tres días Nasr partía hacia Guadix, la noche del martes 19-II-1314, acompañado de los jefes meriníes que se habían mantenido a su lado, Rahhu y Ammu.

Nasr en Guadix

Ya en Guadix, habitual feudo de rebeldes y señores independientes, Nasr escribió una segunda carta comunicando su expulsión de la Alhambra al infante Pedro, que en esos momentos se dirigía desde Córdoba hacia Granada en auxilio del emir vasallo. A pesar de que ya era innecesaria su presencia, el infante tutor de Alfonso XI, decidió entrar en tierras andalusíes y aprovechar para asediar Rute, plaza que conquistó en tres días.

El 15-IV-1315, Nasr encabezó la oposición de un grupo de parientes suyos y servidores de su padre que se habían unido a él. Ante ello, Ismail, a primeros-V-1315, asedió Guadix durante 45 días y destruyó todos sus campos, aunque no consiguió someter al rebelde.

Por su parte Nasr envió misivas y solicitó ayuda no solo a Castilla, obligada por el tratado de vasallaje de 1310, sino a Aragón y Tremecén con el fin de recuperar el trono. Incluso parece ser que llegó a ofrecer la ciudad de Guadix, si recuperaba el trono, al infante Pedro, que, en cualquier caso, estaba ya dispuesto a sacar partido de la división interna nazarí y arrebatar territorios andalusíes sin importarle de que bando fueran, de manera que, más que apoyar a un vasallo, Castilla utilizaba a Nasr como ayuda en su ataque al emirato nazarí.

Las negociaciones con estos estados y entre ellos, incluso contando con la ayuda del Papa, no llegaron a una alianza conjunta en favor de Nasr, pero si tuvieron como resultado varias actuaciones militares emprendidas por Castilla. Una de estas se inició con el envío por Don Pedro de una recua de víveres a Guadix para abastecer a Nasr, lo que provocó la respuesta del sultán de Granada, que envió a Utman b. Abi l-Ula al frente del ejército. La batalla tuvo lugar en Wadi Furtuna, el río Guadahortuna, a la altura de Alicún de Ortega en abril-mayo de 1316.

Los cristianos, con la ayuda de Nasr, infligieron una aplastante derrota a los granadinos. Tras ello, el infante Pedro volvió a aprovechar la coyuntura para apoderarse de las plazas andalusíes que pudo, en esta ocasión fueron Cambil, Belmez, mata Begid, Tíscar y ¿otra vez Rute?, varias de las cuales cambiaron de manos repetidamente en estos años.

Sin embargo, tras varias treguas parciales e incursiones en diversos lugares de la frontera, la acción más ambiciosa y de mayor envergadura fue la gran ofensiva dirigida por los infantes de Castilla Pedro y Juan contra la vega y capital granadinas, con el resultado de una aplastante victoria de los musulmanes y la muerte de los dos infantes (24-VI-1319).

En cuanto a Nasr, que se intitulaba rey de Guadix como muestra la correspondencia diplomática que emitió desde esta ciudad a los reyes cristianos, es posible que, ejerciendo su independencia, acuñara moneda y a él correspondan las monedas de medio dirhem anónimas y batidas con ceca de Guadix que se conservan, aunque no se dispone de datos concluyentes para una atribución definitiva.

Después de ocho años en Guadix, que discurrieron entre enfrentamientos bélicos con Ismail y conspiraciones y tratos con los reinos cristianos en busca de ayuda para recuperar la Alhambra sin conseguirlo, Nasr falleció prematura e inesperadamente, con tan solo 35 años, la noche del miércoles de 1322.

Fue sepultado en la aljama de la alcazaba de Guadix, pero un mes después fue trasladado y enterrado en el cementerio de la Sabika, junto a la Alhambra, donde reposaban su hermano Muhammad III y su abuelo Muhammad I, que reinó en el periodo 1232-1273. No dejó descendencia.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVII, págs. 347-354.