El Reino Nazarí de Granada

Historia de los nazaríes

Los Emires Nazaríes

Muhammad I b. al Ahmar, 1231-1272
Muhammad II, 1272-1301
Muhammad III, 1301-1308
Nasr 1308-1313
Ismail I, 1313-1324
Muhammad IV, 1324-1333
Yusuf I, 1333-1354
Muhammad V, 1354-1390
Ismail II, 1358-1359
Muhammad VI el Bermejo, 1359-61
Yusuf II, 1391-1392
Muhammad VII, 1392-1407
Yusuf III, 1407-1417
Muhammad VIII el Pequeño, 1417-19
Muhammad IX al Aysar, 1419-1454
Yusuf IV b. al Mawl, 1432-1432
Yusuf V b. Ahmad el Cojo, 1445-46
Ismail III, 1446-1447
Muhammad X el Chiquito, 1453-54/55
Abu Nasr Sa´d, 1452-1462
Ismail IV, 1462-1463
Abu b. Hasan Muley-Hacén,1464-85
Muhammad XI Boabdil, 1482-1492
Muhammad XII el Zagal, 1485-1486

Historia de los nazaríes

Uno de los aspectos más singulares y sorprendentes del reino nazarí de Granada es su propia existencia. La cuestión de como llegó a consolidarse y mantenerse a lo largo de más de dos siglos y medio frente al poderío de los reinos cristianos, que cuando nacía el emirato nasrí acababan de conquistar todo el resto de al Andalus, es uno de los interrogantes y temas fundamentales de su historia que se han estudiado y abordado por numerosos investigadores sin llegar a una respuesta única y definitiva.

Reino nazarí en 1482.Reino nazarí en 1482, antes del comienzo de la Guerra de Granada.

Precisamente esta es una de las cuestiones que resaltan el valor, transcendencia e importancia de la última dinastía de al Andalus. Durante el primer tercio del s. XIII se produjo el desmoronamiento del imperio almohade norteafricano y el final de su poder en al Andalus, donde se originó una nueva fragmentación de la unidad territorial en diversos reinos de taifas.

Ambos hechos, junto con otras circunstancias, propiciaron la expansión militar y las conquistas castellano-leonesas y aragonesas, que no encontraban ya un poder central, ni almohade ni andalusí, que pudiera contenerlas.

Así, en menos de tres decenios, las tres cuartas partes del territorio andalusí de época almohade había pasado a manos cristianas. El proceso de avance cristiano parecía que iba a acabar con al Andalus y que no se iba a detener hasta completar la conquista de toda la Península, donde solo quedaba ya el rincón sudoriental en el que se había refugiado el levantamiento de Ibn al Ahmar, el fundador nazarí.

Lo que en principio no tenía más posibilidades de supervivencia que el resto de los poderes locales, a mediados del s. XIII todavía se mantenía independiente y, más sorprendente aún, continuó, ya en solitario y como único bastión de al Andalus que aseguraba la permanencia del estado islámico, durante casi dos siglos y medio. Desde el punto de vista de la historia política, la cuestión presenta dos fases.

    1. La primera es la supervivencia inicial, la constitución del reino más allá de una taifa temporal y, por tanto, el inicio de una vida independiente a pesar de la inferioridad militar y política frente a los reinos cristianos, en especial Castilla.
    2. La segunda es la pervivencia posterior, el mantenimiento y prolongación de esa vida durante un periodo muy extenso a pesar de una situación de inferioridad, e incluso, de debilidad extrema en la que se sumió durante diversos periodos.

La singularidad y lo inesperado de ambos hechos han originado explicaciones de la más diversa índole y se han indicado numerosas causas.

Esa variedad de explicaciones y causas aportadas es fruto, precisamente, de que ninguna de ellas es suficiente y definitiva. Por lo que respecta a la primera, las principales razones son la hábil diplomacia y realismo político del fundador, Ibn al Ahmar, quien supo negociar con Fernando III y admitir un vasallaje que le permitía formar su estado frente a otros competidores musulmanes, primero, y frente a los mismos cristianos, después, aunque el precio a pagar fuese alto.

Además, Castilla estaba ocupada entonces en la conquista del Guadalquivir y le bastó el sometimiento del caudillo nasrí, que le proporcionaba el beneficio económico del tributo anual y la ayuda militar para continuar su avance hacia tierras más ricas e importantes que las sudorientales.

Luego, varios decenios después, cuando Alfonso X quiso continuar la conquista del territorio nazarí se encontró con un reino más fuerte, organizado y consolidado, que además empezaba a contar con la ayuda exterior de los estados islámicos norteafricanos.

En cuanto a la segunda cuestión, la pervivencia del pequeño y débil emirato nazarí ante los grandes y poderosos reinos cristianos de la Península, las causas son más variadas y la explicación más compleja. Evidentemente, lo que se desprende de la historia política de los reinos cristianos y nazarí es que los primeros simplemente no pudieron lleva a cabo esa conquista del emirato nasrí y que si no lo hicieron sin duda no fue por falta de voluntad o interés, por mucho que en ciertos momentos prefirieran recibir parias a desencadenar una guerra abierta.

Los motivos más aducidos han sido los de carácter geográfico. El relieve montañoso constituía un obstáculo y defensa natural que fue completada y potenciada por fortalezas inexpugnables y ciudades fortificadas en las zonas más débiles. Igualmente, la salida al mar y la proximidad al N. de África, donde se habían constituido tres estados islámicos tras el desmembramiento del imperio almohade, facilitaron a los Nazaríes el recurso y llegada de la ayuda de sus correligionarios, sobre todo benimerines.

Esta última fue, no cabe duda, una de las claves más importantes del mantenimiento de los nazaríes: la ayuda benimerín en forma de intervención directa en suscesivas campañas en la Península Ibérica. Y no solo por la ayuda en sí, sino también por su papel en el equilibrio de fuerzas en las relaciones entre Castilla, Aragón y Granada.

Sin embargo, la injerencia benimerín en la vida del sultanato nazarí supuso también una amenaza para su independencia, por lo que los emires granadinos debieron contrarrestarla mediante la alianza con los cristianos.

En este sentido, también hay que destacar como otro de los factores de pervivencia la enorme habilidad y destreza de la diplomacia nasrí al servicio de una magistral y sutil estrategia política que supo oscilar entre Castilla y el Magreb, básicamente, pero que también negoció con Aragón y Tremecén.

Mediante múltiples alianzas los nazaríes pudieron mantener su independencia y conservar su reino frente a poderosos y amenazadores vecinos de las dos orillas, pues parece seguro que los meriníes habrían incorporado a sus dominios lo que quedaba de al Andalus de no habérserlo impedido los señores de la Alhambra con sus inteligentes maniobras.

Sin duda, en los siglos XIII y XIV los nasríes ganaron la difícil partida de ajedrez que se jugaba en el tablero político de la Península Ibérica, partida que se puede simbolizar de manera perfecta en una escena de las miniaturas de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, donde un caballero cristiano y otro musulmán juegan una partida de este juego, cuya popularidad en la época seguramente no sea casual.

Otros elementos internos relevantes fueron su gran potencial humano y económico, ambos adquiridos gracias a la gran concentración demográfica que proporcionó la emigración de los mudéjares y de los musulmanes procedentes de los lugares conquistados por los cristianos.

En el otro lado de la frontera, en la parte cristiana, también se encuentran factores y causas que es imprescindible tener en cuenta. Las luchas internas y conflictos que dividieron y asolaron Castilla jugaron un papel decisivo en la prolongación de la vida e, incluso, en el esplendor del sultanato nazarí. Junto a los elementos geoestratégicos y políticos, también tuvieron una importancia destacada los demográficos.

La población, o mejor dicho, la falta de una población amplia que Castilla sufría, población que necesitaba para asentar y tomar posesión efectiva de las tierras conquistadas, que quedaban desiertas o con una mayoría musulmana, no le permitía proseguir una expansión que no podía consolidar. De hecho se ha demostrado que a finales del s. XIII existían grandes problemas para la repoblación de Andalucía. Córdoba, por ejemplo, se estaba despoblando.

Este fracaso del asentamiento y ocupación del elemento humano hacía casi imposible y que supusiera una gran pérdida económica la conquista del emirato nasrí, que no se podría repoblar y que, además, dejaría de pagar sustanciosa parias.

En otro sentido, la población también jugó un papel en el terreno militar y logístico, pues la escasez de habitantes en la Andalucía cristiana obligaba a que el ejército necesario para la conquista del emirato nasrí procediera de lejanas tierras castellanas y leonesas, por lo que este ejército no podía permanecer en campaña largo tiempo; la conquista de Granada era una empresa que exigía mucho más que unos meses de guerra.

Incluso, se ha recurrido al factor psicológico de Castilla, según el cual esta no podía a mediados del s. XIII pensar o considerar la posibilidad de suprimir por completo un poder que había estado dominando la Península durante siglos y hasta poco tiempo antes.

También desde el punto de vista psicológico se ha considerado que la detención del avance cristiano se debía a la relajación tras el gran esfuerzo realizado. Pero quizá resulte clarificador en este análisis observar, en lugar de comienzo y desarrollo, las causas de la caída final y analizar las circunstancias que la provicaron para deducir las que permitieron su mantenimiento.

Pues bien, la conquista final fue producto del creciente poderío cristiano, especialmente tras la unión de Castilla y Aragón, a la vez que de las divisiones internas y luchas sucesorias en las que Granada se hallaba envuelta y que la sumieron en un estado de suma debilidad e indefensión.

A ello se sumó el contexto internacional: mientras que los conflictos exteriores de los cristianos de iban solventando, los estados norteafricanos —por su debilidad— y orientales —por su lejanía— no pudieron ofrecer ninguna ayuda efectiva al agonizante emirato nasrí.

Pero antes de llegar ese momento, Castilla había tenido, si bien no en tan buenas condiciones como en la segunda mitad del s. XV, oportunidad de acometer el ataque definitivo. Pero los castellanos tenían a su servicio en los musulmanes nazaríes a los mejores y más eficientes aparceros, artesanos y especialistas en todos los ámbitos de la economía rural y urbana. Al mismo tiempo, Aragón sobre todo, disponía de una sucursal comercial cercana que se abría al norte de África y Oriente.

Por lo tanto, no tenían ninguna prisa ni necesidad alguna de acabar con este floreciente emporio, aunque sí había que someterlo y ponerlo a su servicio. Mientras los reyes castellanos lo entendieron así y sus circunstancias políticas interiores les impidieron emprender una guerra de conquista y eliminación durante el s. XV, el reino nazarí pudo sobrevivir.

Cuando los intereses religiosos y políticos, determinados por motivaciones ideológicas, primaron sobre los intereses sociales, económicos e incluso culturales del estado cristiano, se emprendió la conquista del ya reducido y debilitado Estado andalusí, que, además, ya era vasallo de Castilla.

No se pudo o no se quiso ver el acierto y el beneficio para la Península cristiana que en la palabras atribuidas al condestable Álvaro de Luna se encerraban, con gran lucidez y perspicacia política, ante la posibilidad de conquistar definitivamente Granada en 1431, tras la batalla de La Higueruela.

¡Oh Rey! no sería provechoso para nosotros que se cortara aquel árbol que nos trae tales frutas.

En síntesis, los factores del mantenimiento del reino fueron las condiciones geográficas, la hábil diplomacia nazarí, el apoyo exterior meriní, los conflictos internos de Castilla, la falta de repoblación cristiana y el potencial demográfico y económico de los nasríes.

No obstante, más allá de la enumeración de estos factores, todos válidos pero ninguno suficiente, la pervivencia del emirato nasrí fue producto de una conjunción de estos factores y resultado de una coyunturalidad. Fue la concurrencia, en cada momento, de circunstancias diferentes, específicas y favorables lo que le permitió mantenerse.

Primero fue un tratado de paz satisfactorio para Castilla; después fue la falta de repoblación cristiana y la intervención benimerín; luego la efectiva política de alianzas y los conflictos internos de los castellanos; pero, finalmente, cuando los asuntos exteriores permitieron a los ya unificados Castilla y Aragón concentrarse en la guerra contra Granada, la caída final, enormemente facilitada por las sangrientas luchas dinásticas nazaríes, solo fue cuestión de tiempo.

Antecedentes del emirato nasrí

Para entender el nacimiento del emirato nasrí y situarlo en el contexto histórico que lo rodea es necesario remontarse a los últimos decenios de vida del imperio almohade en la Peninsula. La debilidad del poder central del imperio beréber masmuda tras la muerte del califa Abu Yaqub Yusuf II al Mustansir en 1224 y las querellas sucesorias subsiguientes originaron su progresivo desmoronamiento.

Ello hizo que surgiera una serie de levantamientos de jefes locales en al Andalus que fragmentaron el terrotorio en unas terceras taifas, entre las que se encuentra la que se convertiría en el reino nazarí de Granada.

Sin embargo, las dos taifas más importantes de este periodo de transición fueron las de los Banu Mardanis en Valencia y, sobre todo, la de los Banu Hud de Murcia, hasta el punto de que el fundador nazarí estuvo subordinado políticamente a los hudíes de Murcia durante algunos años.

Consecuencia, en gran parte, de esta situación de decademcia almohade y fragmentación andalusí fue un factor que tendría mucho más alcance e importancia que estos hechos en si mismos para la evolución política de al Andalus: el avance cristiano. La presión del reino de Aragón, por un lado, y la de Castilla y León, ambos unificados desde 1230 bajo Fernando III el Santo, por otro, produjo un enorme, irreversible y, a la larga, letal retroceso territorial.

Avance cristiano cuantitativo y cualitativo, pues no solo se perdieron grandes espacios sino también casi todos los centros fundamentales, las ciudades emblematicas de los musulmanes (Mallorca, Valencia, Badajoz, Jaén Cádiz, Murcia), incluidos los dos enclaves estratégicos del sur —el corazón de al Andalus—: Córdoba (1236) y Sevilla (1248).

Perdidos los dos pilares que sustentaban y representaban la centralidad de al Andalus, su supervivencia estaba amenazada y solo la habilidad y capacidad política de Muhammad b. Yusuf b. Nasr impidió la desintegración total, ya que supo maniobrar en el agitado y turbulento s. XIII hasta alumbrar el nacimiento de la última gran dinastía islámica en la Península Ibérica, aunque fuese refugiada en un reducto sudoriental del territorio.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 49-54.

Muhammad I Al Ahmar

Biografía

Sultán nazarí 1231-1272. Abu Abd Allah Muhammad b. Yusuf b. Nasr b. al Ahmar (1231-1272). Fundador de la dinastía nazarí de Granada, sobrino de un tal Nasr, el epónimo, [Se dice del nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, etc.] de la dinastía nazarí. Llevó el sobrenombre de al Galib biállah (el victorioso de Dios). Fue proclamado sultán el 18-IV-1232 en Arjona, y se otorgó el título de amir al-muslim, extendiendo a continuación su autoridad a Jaén, Porcuna, Córdoba, Guadix y Baza.

Tuvo que enfrentarse a Muhammad b. Yusuf b. Hud —que se había rebelado en al Sujayrat—, el castillo de los Peñascales, en el valle de Ricote (cerca de Murcia)por la posesión de Córdoba y Sevilla, ciudades que quedaron en manos de Ibn Hud y del que se declaró vasallo en junio o julio de 1234.

Se le reconoció el control de Jaén, Arjona y Porcuna. Tras la conquista de Córdoba en enero de 1236, firmó una tregua con Fernando III de Castilla y León. Aprovechando el descontento de la población hacia Ibn Hud por las gravosas exacciones de impuestos destinadas en gran parte al pago de tributos a los cristianos, el nazarí logró hacerse con la ciudad de Granada en mayo de 1237, y en 1238 con Almería (donde Ibn Hud había sido asesinado) y con Málaga.

A partir de la muerte de Ibn Hud, Ibn al Ahmar se convirtió en el principal caudillo andalusí, siendo el fundador de la dinastía nazarí de Granada. Estas victorias fueron acompañadas de pérdidas, Arjona fue conquistada por los castellanos en 1244 y estos cercaron a continuación Jaén.

El nazarí acabó firmando un pacto con Fernando III, a quien reconoció como señor. Así logró veinte años de relativa calma, ya que se libró también de la amenaza aragonesa. Se comprometió a pagar tributo al rey castellano, razón por la cual el reino nazarí de Granada a sido calificado de reino mudéjar. Jaén fue ocupada por los cristianos en 1246.

En 1248, los granadinos ayudaron a los castellanos a sitiar Sevilla (antes Muhammad I había colaborado en la conquista de Córdoba). Sin embargo, estas actuaciones no fueron obstáculo para que años después, en el momento de la sublevación general de los árabes andaluces contra Alfonso X —quien en los años anteriores se había anexionado Cádiz, Jerez y Niebla—, se pusiese frente a este y acogiese en sus filas a los voluntarios de la fe los muyahidun africanos, deseosos de morir en lucha contra los infieles cristianos y buscase la alianza de la nueva dinastía marroquí, los meriníes, que enviaron tropas a la Península.

Al mismo tiempo se había producido una sublevación de mudéjares en las regiones de Jerez y Murcia, quienes reconocieron como soberano al nazarí. Los castellanos asediaron Granada en 1265, pero sin éxito. Los Banu Asquilula (Escayuela), parientes de Muhammad I, arraeces de Málaga, Guadix y Comares, que durante algún tiempo fueron los pretendientes más peligrosos del trono nazarí, se declararon vasallos de Alfonso X, convencidos de que su pariente quería librarse de ellos.

Muhammad I sitió Málaga pero sin lograr tomarla, y buscó entonces romper la alianza de sus enemigos consiguiendo firmar un tratado con Alfonso X, según el cual el nazarí renunciaba a las regiones de Murcia y Jerez y se comprometía al pago de tributo. El rey castellano retiró su apoyo a los Banu Asquilula.

La rebelión de los grandes señores castellanos contra Alfonso X en 1272 fue aprovechada por el nazarí para intentar acabar con los Banu Asquilula, quienes habían logrado resistir a sus ataques. Su intento de ocupar Ceuta acabó en fracaso. Durante su reinado y a medida de que se iba produciendo el avance cristiano, se mantuvo el éxodo de musulmanes hacia el Norte de África, pero también hacia el propio reino nazarí.

Respecto a su política legitimatoria, inició su carrera como un líder fronterizo carismático de tendencias sufíes y ascéticas, evitando al principio ejercer directamente el poder. Una vez dueño de Granada, apoyó al régimen malikí. Reconoció primero la soberanía del califa abbasí, luego la del califa almohade en Marrakech entre 1239 y 1242 y a continuación la del soberano hafsí de Túnez.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIV págs. 6858-6859.

Muhammad II al Faqit

Biografía

Sultán nazarí 1272-1301. Abu Abd Allah Muhammad b. Muhammad I. Conocido por al Faqit, el Jurisconsulto, rey de Granada, segundo de la dinastía nazarí. Continuó la política de su padre contra los Banu Ashqilula, aprovechando las divisiones internas de los castellanos. Conquistó Antequera en 1272, arrebatándosela a sus parientes. Pero en 1274 se vio obligado a firmar una tregua con Alfonso X de Castilla y León, rompiendo con los nobles castellanos aliados suyos hasta entonces, entre los que se encontraba el infante don Felipe.

Pronto se dio cuenta que el rey castellano apoyaba a los Banu Ashqilula, dentro del juego en el que él mismo participaba de ayudar a los enemigos del que fuera su rival en un determinado momento. Se volvió entonces hacia los benimerines, enviando una embajada el 25-IX-1274 para convocarlos a la guerra santa en la Península. El sultán meriní Abu Yusuf Yaquq desembarcó en Tarifa con su ejército el 18-VII-1275. El nazarí atacó entonces Málaga ocupada por los Banu Ashqilula, pero estos resistieron y pactaron con los meriníes.

Muhammad II tuvo que regresar a Granada, pero pronto se vio obligado a colaborar con el sultán meriní en sus incursiones por territorio andaluz. Los meriníes consiguieron derrotar a los castellanos en Écija y en los alrededores de Sevilla. Se concertó luego una tregua. En 1278, los Banu Ashqilula entregaron Málaga a los meriníes. Temiendo él perder también sus dominios a manos meriníes, Muhammad II incitó al sultán Abd al Wadi de Tremecén contra los meriníes, buscó la amistad de Pedro III de Aragón y se alió con Alfonso X para hacerse con Málaga.

Con su ayuda, en efecto, logró aislar a los meriníes que se encontraban en la Península de sus correligionarios de Marruecos. Una vez conquistada Málaga, el nazarí abandonó la alianza con el rey castellano que asediaba Algeciras y se alió con los meriníes contra él, logrando una victoria en 1279. Al reclamar el sultán meriní la ciudad de Málaga y negarse Muhammad II a entregársela, Abu Yusuf firmó una alianza con el rey castellano. Coaligados Alfonso X, los meriníes y los Banu Ashqilula, atacaron Granada en 1280, pero fracasaron en su intento. Las posteriores desavenencias entre el monarca castellano y su hijo Sancho favorecieron al nazarí, quien logró dominar la rebelión interna de los Banu Mahalli.

En 1284, siendo ya rey Sancho IV y aliado suyo, Muhammad II logró acabar también con los Banu Ashqilula. El tratado de Monteagudo (1291) fijaba la lucha contra los magrebíes como objetivo principal de castellanos y aragoneses, iniciándose así lo que ha dado en llamarse la Batalla por el Estrecho de Gibraltar. Muhammad II y Sancho IV establecieron una alianza secreta para combatir a los meriníes, que seguían ocupando Algeciras y Tarifa, al tiempo que los aragoneses y el sultán de Tremecén hostigaban también al sultán meriní.

En 1291, Tarifa cayó en poder de Sancho IV. Este no cumplió la entrega de las plazas prometidas a Muhammad II, quien buscó nuevamente la alianza de los meriníes. El sultán Abu Yaqub consideró que la situación no le era favorable al ver la resistencia de los cristianos y abandonó la lucha.

Muhammad II pudo ocupar entonces Algeciras. Hizo frente a continuación a los Banu I Hakim en Ronda. La muerte de Sancho IV produjo inestabilidad en el reino de Castilla, aprovechada por Muhammad para hacer incursiones en tierras castellanas y ocupar algunas plazas. Jaime II de Aragón intentó evitar que se produjera una alianza entre los nazaríes y Fernando IV de Castilla y León. Como se deduce de este complejo tramado de alianzas y rupturas, los distintos contendientes en el juego buscaban equilibrar sus distintas políticas interior y exterior.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIV pág. 6859.

Muhammad III al Majlu

Biografía

Sultán nazarí 1301-1308. Abu Abd Allah Muhammad b. Muhammad II, conocido por al Majlu (el Depuesto), nació en Granada en 1257 y murió en Almuñecar en 1314. Estableció una alianza con el sultán meriní Abu Yaqub (1286-1307), apoyándole en su asedio de Tremecén (en la actual Argelia). Continuó la política de incursiones en territorios castellanos, sirviéndose para ello de su milicia magrebí, y mantuvo buenas relaciones con Jaime II de Aragón.

En 1303, sin embargo, estableció una tregua de tres años con Fernando IV de Castilla y León, comprometiéndose a pagar tributo al rey castellano. Esta tregua supuso la ruptura con los meriníes, mientras que Jaime II se vio obligado a buscar la reconciliación con Castilla, firmando la paz de Ágreda.

En 1304, un meriní disidente perteneciente a la familia de los Banu Abi al Ula se hizo con Ceuta en nombre del rey nazarí, lo que favoreció la expansión granadina por el Norte de Marruecos, coincidiendo con la muerte del sultán meriní Abu Yaqub en 1307.

Su sucesor Abu Zabit (1307-1308) logró tomar Tánger. Muhammad III firmó la paz con su sucesor Abu al Rabi (1308-1310). Jaime II, mientras tanto, buscaba ahogar a los granadinos estableciendo una triple alianza entre Aragón, Castilla y Marruecos, con miras a controlar la parte oriental del Estrecho. Muhammad firmó un tratado con los castellanos en Alcalá de Henares (19-XII-1308), según el cual los aragoneses atacarían Almería y los castellanos Algeciras y Gibraltar. Los rumores relativos a esta alianza desencadenaron una revuelta interna en Granada. El visir Ibn al Hakim fue asesinado y Muhammad III destronado el 14-III-1309 en favor de su hermano Nasr. Intentó recuperar el trono en 1310 pero fracasó.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIV pág. 6859.

Ismail I

Biografía

Sultán nazarí 1313-1324. Rey nazarí de Granada durante el periodo 1314-1325. Accedió al trono al derrocar a su primo Nasr, que a su vez había ocupado el poder tras obligar a abdicar a su hermano, Muhammad III al Majlu. Ismail consintió a Nasr retirarse a Guadix, ciudad que este pasó a gobernar de forma independiente y desde la que siguió conspirando contra el nuevo emir.

Los infantes de Castilla, Pedro y Juan, regentes durante la minoridad de Alfonso XI (1312-1350), trataron de aprovechar las diferencias entre Nasr e Ismail para debilitar a los musulmanes, favoreciendo sus luchas internas. En 1315 tuvo lugar un combate cerca de Alicun de Ortega (Granada), entre las tropas del infante Pedro y los granadinos, que estaban fundamentalmente formadas por voluntarios marroquíes conducidos por el mariní Utman b. Abi al Ula; ninguna de las partes contendientes venció con claridad.

En 1316 las huestes de Ismail fueron derrotadas por los castellanos, unidos a fuerzas enviadas por Nasr, cerca de Porcuna (Jaén). Continuó el acoso de los castellanos, que en 1317 conquistaron Bélmez (Córdoba) y en 1319 Cambil (Jaén) y Rute (Córdoba). Ese mismo año se libró en la Vega de Granada la batalla decisiva; el resultado fue desastroso para los castellanos, cuyas tropas quedaron desorganizadas por el ataque de la caballería granadina mandada por Utman b. Abi al Ula; en el enfrentamiento murieron los infantes castellanos, Pedro y Juan.

La derrota sufrida por sus rivales supuso un periodo de paz para el reino de Granada; se firmó la paz en Baena (Córdoba) entre Granada y los concejos de la frontera, acuerdo en el que estaban incluidos, Sevilla, Córdoba, Jaén, Gibraltar, Tarifa (Cádiz) y las posesiones del arzobispado de Toledo y de las órdenes militares. También, el infante de Castilla Juan Manuel estableció una tregua con los granadinos, al igual que Jaime II el Justo de Aragón (1291-1327), con quien firmó la paz en 1325.

En esta época Ismail organizó el reino mediante disposiciones relativas a la enseñanza de la religión islámica, la administración de justicia y la seguridad pública. En materia fiscal cabe destacar el incremento de ingresos que se produjo durante su reinado, debido en buena parte a los nuevos impuestos que debieron pagar los judíos de Granada, quienes además debían llevar un signo distintivo y un vestido que los diferenciara de los musulmanes, medida adoptada entre 1314 y 1325 para asegurar sus contribuciones fiscales, siguió en vigor durante el s. XIV.

También reforzó Ismail su ejército, que llegó a ser cuantioso y bien armado. En 1324, tras un breve sitio, tomó Huéscar (Granada), plaza que debía ser utilizada en lo sucesivo como punto de partida de sus razzias. Al año siguiente saqueó la población de Martos (Jaén). Poco después de la entrada triunfal de las tropas de Ismail en Granada, este fue asesinado en la Alhambra por su primo Muhammad IV b. Ismail.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XI pág. 5419.

Muhammad IV b. Ismail

Biografía

Sultán nazarí 1324-1333. Muhammad IV b. Ismail (I) fue proclamado el día que su padre murió asesinado, el lunes 8-VII-1325, cuando era un niño de tan solo diez años, pues había nacido el 14-IV-1315. Por ello, quedó bajo la tutela de Muhammad b. al-Mahruq, el visir de su padre. El excesivo poder de este visir debió ser la causa que generó el conflicto entre él y Utman b. Abi l-Ula y que empujó a este ultimo a retirarse a Almería, donde la zona de Andarax de sometió a su autoridad.

Los enfrentamientos que mantuvo con el ejército de la capital dieron ocasión para que Alfonso XI atacara la frontera de Olvera y a primeros-VI-1327 tomara esta plaza junto con los castillos vecinos, como Pruna y Torre-Alháquime. El enfrentamiento entre el visir y el sayj-al-guza estaba creando una peligrosa situación de guerra civil que el sultán atajó drásticamente: la tarde del 6-IX-1328 ordenó asesinar al visir en su propio palacio.

Al mismo tiempo que el rey castellano hacia las conquistas mencionadas, su almirante mayor derrotaba a la flota granadina reforzada por naves meriníes. Aunque hubo intentos de organizar una amplia cruzada contra Granada en la que iban a participar Castilla, Aragón, Navarra y otros combatientes europeos, finalmente solo Castilla atacó Granada y le arrebató diversas fortalezas, entre ellas la de Teba en agosto de 1330, si bien los musulmanes opusieron gran resistencia y recuperaron el castillo de Pruna.

Ante el ataque cristiano, Muhammad IV cruzó el mar el 17-IX-1332 para convocar al yihad a Abu l-Hasan, que envió a su hijo, el príncipe Abu Malik, al frente de cinco mil soldados (o siete mil, según las fuentes cristianas). Tras un asedio de cinco meses iniciado en febrero de 1333, meriníes y granadinos consiguieron recuperar Gibraltar el 20-VI-1333. Posteriormente, tras infructuosos intentos de reconquistar Yabal-al-Fath, el rey de Castilla se vio obligado a aceptar una tregua el 24-VIII-1333.

Además, aprovechando la presencia en la Península de las tropas meriníes , Muhammad IV había realizado ya varias algaras por la zona de Córdoba, donde atacó Castro y Baena y llegó a tomar Cabra y Priego. Sin embargo, Muhammad IV no pudo disfrutar de la paz, pues unos días después, en las primeras horas de la mañana del miércoles 25-VIII-1333, fue asesinado en una emboscada en el río Guadiaro, en los alrededores de Algeciras, cuando regresaba de Gibraltar a Granada.

Los autores del complot fueron dos hijos de Utman b. Abi l-Ula, Abu Tabit e Ibrahim, con los que el sultán se había enemistado por el desprecio y poco respeto con que los trataba. No obstante, cabe suponer que pesaron más otras razones, especialmente la presencia de tropas de Fez en al Andalus que limitaban la supremacía del poder militar de los guza dirigidos por Utman b. Abi l-Ula. Terminaba así, una vez más, violenta y prematuramente (murió con tan solo dieciocho años), el reinado de un sultán de Granada.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 124-125.

Yusuf I

Biografía

Sultán nazarí 1333-1354. Yusuf I, el Sabio, rey nazarí de Granada. Abu Hachchach (o Hayyay) Yusuf, era el menor de los dos hijos del rey Ismail y accedió al trono el 26-VIII-1333, solo un día después de que su hermano mayor, Muhammad IV, cayera asesinado por los Banu Abi al Ula. Aunque inició su reinado bajo la tutela de su abuela Fátima, Yusuf I no tardó en expulsar a todos los descendientes de aquella familia, especialmente a los Abu Tabit.

El corto periodo que va desde 1333 a 1340 está definido por la constante intención política granadina de consolidar sus fronteras y la integridad de su territorio. Así, el 16-X-1333, apenas comenzado su reinado, Yusuf I renovó la tregua con Alfonso XI de Castilla, influido por sus ministros al Jatib y, sobre todo Abu I Nuaym Ridwan, un cristiano renegado sin cuyas altísimas dotes políticas no hubiera sido posible tal entendimiento.

Al año siguiente, el 24-II-1334, Yusuf I firmó en Fez otro tratado, esta vez para cuatro años, en el que se conciliaban los tres reinos enfrentados (Castilla, Granada y Fez) y al que se adhirió Alfonso IV de Aragón el 15-VII-1335. El sucesor de este, Pedro IV el Ceremonioso, aceptó prorrogar dicha tregua en marzo de 1336. Sin embargo, la lucha por el dominio del Estrecho y el aumento de la piratería extendida por todo el Mediterráneo durante el s. XIV, dieron muy pronto al traste con las buenas relaciones.

Las aspiraciones expansionistas de los benimerines y del sultán Abu I Hasan —pesadilla de Alfonso XI durante largo tiempo— irritaron al monarca castellano, que enseguida se dispuso a cortar las bases de aprovisionamiento bereberes en la Península. Durante 1338, huestes castellanas hostigaron el territorio nazarí con razias y cabalgadas de castigo por Alcalá la Real, Locubín, Susana, etc., transformando los campos cultivados en auténticos despojos de guerra.

Yusuf I dio entonces la tregua por rota y no hizo esperar su réplica: en octubre de 1339 llevó a cabo una gran campaña contra el territorio castellano, durante el cual un ejército nazarí de 1.500 caballeros y 600 soldados de a pie se dedicó a saquear toda la comarca de Jaén. Incluso llegaron a poner sitio a la inexpugnable fortaleza de Siles, perteneciente a la Orden de Santiago y salvada en último término gracias a los esfuerzos enviados desde Úbeda por el maestre Alfonso Méndez. Con esta campaña, Yusuf I fue el primero y único monarca granadino en adentrarse tan profundamente en territorio cristiano.

Luego, rota la paz entre Granada y Castilla, decidió ayudar personalmente a los benimerines de Abu I Hasan y su hijo Abu Malik. Pero sus derrotas en Lebrija (frente al alcalde de Tarifa), Arcos (frente al maestre de Alcántara) y Barbate (la tumba de al Malik), junto al bloqueo del Estrecho que mantenían la flota castellana y aragonesa, evitaron cualquier ofensiva islámica de importancia hasta el año siguiente.

El 16-IV-1340, Abu I Hasan logró vengar la muerte de su primogénito destrozando la escuadra cristiana en aguas de Algeciras, en la que se conoce como la batalla naval del Estrecho o desastre naval de Jofre Tenorio, nombre del almirante castellano que mandaba la treinta y tres galeras de Alfonso XI, de las que solo cinco lograron salvarse.

El rey de Castilla, empero, prosiguió la guerra sin desanimarse por tan rudo desastre; consiguió la ayuda de Alfonso IV de Portugal y rompió el cerco de Abu I Hasan sobre Tarifa, venciendo contundentemente al ejército musulmán en la célebre batalla del Salado, el 30-X-1340. Aun así, la victoria castellana no solo benefició al rey de Castilla, sino también a los granadinos, que desde entonces se vieron liberados de los africanos y dueños de todo el Islam andaluz como un estado más de la Península.

Una vez conquistada Alcalá la Real, Priego y Benamejí, Alfonso XI prosiguió su marcha triunfal hasta someter a un duro cerco a la ciudad de Algeciras. El 27-III-1344 caía tan importante plaza en poder de los cristianos y Yusuf I se aseguraba una tregua de diez años, ratificada en 1346.

La derrota de los benimerines en el Salado y la falta de interés de los sucesores de Alfonso XI por la Reconquista crearon un clima óptimo para el florecimiento de la cultura musulmana, en gran escala y por última vez en la Península. Yusuf I, aprovechando este periodo de paz, inauguró entonces el más bello ejemplo de desarrollo político, económico, social y cultural de un reino musulmán en toda la Baja Edad Media hispana. Demostró ser un legislador sabio y prudente, que supo reorganizar la administración del Estado, proteger todas las ramas de la cultura y favorecer de modo especial la enseñanza.

Gran constructor, una de sus más importantes edificaciones es precisamente la Gran Madraza o Universidad Islámica de Granada; sin olvidar las mandó levantar dentro de la Alhambra, como el Mexuar, el patio y la torre de Comares. La última década de su reinado se vio enturbiada únicamente por las pretensiones expansionistas de Alfonso XI, que en 1349 rompió la tregua intentando conquistar Gibraltar.

Pero la muerte de este último a causa de la peste negra el 26-V-1350 y el acuerdo de paz firmado con su hijo y sucesor Pedro I el Cruel, volvieron a llenar de tranquilidad los últimos años del reinado de Yusuf I. Aun así, tampoco él, como su hermano, pudo escapar a una muerte prematura y violenta en pleno periodo de prosperidad y estabilidad política.

El domingo 18-X-1354 falleció apuñalado por un enajenado, parece ser que un esclavo negro de sus caballerizas, cuando realizaba la última prosternación de la oración de eid al Fitr, o fiesta del término del ayuno. Le sucedió el mayor de sus hijos, con el nombre de Muhammad V (1354-1359), (1362-1392).

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XXII págs. 10961-10962.

Muhammad V b. Yusuf

Biografía

Sultán nazarí 1354-1390. Abu Abd Allah Muhammad. Adoptó el título de al Gani bi-llah. Rey de Granada, reino en dos etapas. Hijo de Yusuf, tenía dieciséis años la primera vez que subió al trono, estando el poder en manos del visir de su padre, Ridwan. Intentó tanto mantener la paz con Castilla como con Aragón. Buscó la reconciliación con el sultán de Fez, Abu Inan, pues su padre había apoyado a pretendientes rivales. Abu Inan, por su parte, buscaba sembrar discordia en el campo cristiano, para lo que firmó con Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, un tratado de paz que constituía una clara amenaza para Castilla.

Abu Inan murió en 1358, haciéndose con el poder Abu Salim Ibrahim, quien buscó la alianza del sultán nazarí. En 1358, al romperse la paz entre Castilla y Aragón, Muhammad V ayudó a Pedro I de Castilla y León contra los aragoneses. Por esa época, el complot de algunos miembros de la familia nazarí traicionado (al menos así lo creyó él) por su ministro y amigo Ibn al Jatib concluyó con el destronamiento de Muhammad V, siendo proclamado sultán su hermanastro Ismail.

Muhammad V huyó a Guadix, donde recibió el juramento de fidelidad de sus habitantes. Pedro I de Castilla y León que tenía que hacer frente a problemas internos, no pudo socorrer a su antiguo vasallo Muhammad V y se vio obligado a reconocer a Ismail II. El sultán meriní Abu Salim decidió acoger en su territorio al sultán destronado, quien llegó a Ceuta el 28-XI-1359, acompañado entre otros, por su visir Ibn al Jatib, el famoso polígrafo.

Cuando el rey de Castilla puso fin a algunos de los problemas internos que le aquejaban quiso ayudar a su antiguo vasallo nazarí contra el nuevo usurpador del trono, Muhammad VI. Muhammad V regresó a la Península instalándose en Ronda (1361). En 1362, Pedro I y Muhammad V atacaron a Muhammad VI, arrebatándole varias plazas, como Iznájar, Málaga, Loja, Antequera, Vélez, Comares y Alhama. Tras la muerte de Muhammad VI en 1362, Muhammad V fue nombrado nuevamente sultán el 16-III-1362.

Mantuvo su condición de vasallo de Castilla y evitó la intervención meriní. Ayudó a Pedro I en su lucha contra el rey de Aragón Pedro IV, favorable a Enrique de Trastámara (futuro Enrique II). Muhammad V temió que una coalición cristiana atacase su reino y pidió ayuda a los reyes magrebíes. Le apoyaron el rey de Tremecén y el sultán de Fez en 1366. Sin embargo, los éxitos de Enrique II le movieron a reconocerse vasallo suyo y firmar una tregua con él.; también firmó un tratado con Pedro IV el Ceremonioso el 10-III-1367.

En 1369, a la muerte de Pedro I de Castilla, Muhammad V sacó partido de las turbulencias que agitaban Castilla, logrando ampliar sus territorios y recuperando Algeciras en 1369. A partir de entonces, logró un periodo de paz firmando tratados con Aragón. Las relaciones con Castilla fueron más tensas, sobre todo a raíz de la revuelta mudéjar de Murcia en 1375. El sucesor de Enrique II, Juan I de Castilla, firmó una tregua con Granada.

Por lo que se refiere a las relaciones con los meriníes, Muhammad V quiso mantenerse independiente de ellos, poniendo bajo el mando de parientes las tropas magrebíes de que disponía, ocupando Gibraltar e interviniendo en la política interna de la dinastía con numerosas intrigas. Mantuvo relaciones diplomáticas con los mamelucos.

El interés de su reinado estriba en que fue un mecenas que procuró tener por ministros a los hombres más sabios de su tiempo: Ibn al Jatib, muerto en 1374, Ibn Játima e Ibn Zamraq; proteger a Ibn Jaldün y construir hospitales en los que descolló como médico Muhammad al Saquri, y una universidad: la madrasa de Muhammad V. Desempeño un papel importante en la construcción del palacio de la Alhambra.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIV págs. 6859-6860.

Ismail II

Biografía

Sultán nazarí 1358-1359. Abu al Walid Ismail b. Yusuf (I) b. Ismail (I) era un muchacho guapo y corpulento con apariencia afeminada y débil por la reclusión a la que lo había forzado Muhammad V desde su llegada al poder y por la convivencia con las mujeres, dominado por los placeres y poco enérgico, según Ibn al Jatib. Accedió al poder el 23-VIII-1359 con casi veinte años, pues había nacido el 4-X-1339.

No es de extrañar que con esa personalidad y su juventud fuese un instrumento de la ambición de su madre y que el poder acabara en las manos de su primo segundo y cuñado, el arráez —caudillo o jefe árabe o morisco— Muhammad b. Abi l-Walid Ismail.

Uno de los pocos actos de su corto reinado fue renovar el tratado de paz con los castellanos, quienes, entregados a la guerra con Aragón, deseaban mantener la paz en su frontera con Granada. Por su parte, Pedro IV el Ceremonioso intentó contrarrestar con actuaciones políticas la alianza castellano-granadina y la hostilidad bélica nazarí que la acompañaba.

Además de la aproximación a Tremecén, autorizó a los caballeros granadinos que estaban a su servicio para que regresaran a Granada en 1359 y 1360, quizá con fines intervencionistas (facilitar el derrocamiento de Ismail II y reorientar la política exterior granadina en favor de Aragón, cosa que conseguiría con el sultán sucesor, Muhammad VI).

El breve periodo que duró su gobierno no alcanzó siquiera el año, concretamente nueve meses y veinte días, y terminó como había empezado: violentamente. Su primo segundo, que ya detentaba el poder y le hacía la vida imposible a Ismail II, organizó una conspiración y una noche lo cercó. El sultán, refugiado en una torre, tuvo que rendirse, y aunque estaba dispuesto a volver a su antigua reclusión fue conducido a prisión y asesinado junto a su hermano Qays. Los hechos tuvieron lugar el 13-VII-1360.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 135-136.

Muhammad VI el Bermejo

Biografía

Sultán nazarí 1359-1361. Abu Abd Allah Muhammad b. Ismail b. Muhammad b. Faray b. Ismail b. Nasr, el usurpador, como lo llama Ibn al Jatib, nació el 18-III-1333 y también fue conocido como Abu Said el Bermejo, nombre de procedencia cristiana pero que llegaron a utilizar también los autores árabes. Primo segundo de Muhammad V y de Ismail II, su abuelo Muhammad había sido hermano de Ismail I, cuya descendencia era la que se había mantenido hasta ese momento.

Pero a los veintisiete años su ambición y falta de escrúpulos lo habían llevado vertiginosamente a la cumbre del poder, aunque ni sus modales ni su porte eran de rey y la nobleza granadina pronto empezó a detestarlo. Probablemente un interés oportunista fue lo que le llevó a establecer estrechas relaciones con Pedro IV de Aragón desde julio de 1360 olvidando su pacto con Castilla, a la que dejó de pagar tributo.

Ello provocó la reacción de Pedro I, que una vez resueltos sus conflictos internos comenzó, desde finales de 1361, a apoyar a Muhammad V y atacar a Muhammad VI con la ayuda de los meriníes, que también amparaban al depuesto monarca. Diversos ataques de la naves cristianas y meriníes a las costas granadinas obligaron a Muhammad VI a pedir diez naves de guerra a Pedro IV de Aragón para que atacaran la flota meriní mientras él hacía lo mismo con la castellana.

Con el apoyo de Fez y Castilla, por tanto, Muhammad V partió de Fez la mañana del sábado 21-VIII-1361 para regresar a al Andalus, donde se instaló en Ronda aprovechado que la plaza se encontraba entonces bajo control meriní. Allí gobernó en la comarca y nombró algunos cargos para su administración mientras esperaba recuperar el trono.

Desde Ronda, Muhammad V se unió con el rey castellano para realizar una serie de ataques a diversos lugares del reino granadino con la esperanza de sumar partidarios y comarcas a su causa. Sin embargo, tras derrotar a las tropas granadinas en Belillos y perseguirlas hasta Pinos Puente en 1361, ningún nuevo partidario se unió al rey depuesto.

A finales-II-1362, Muhammad V se reunió otra vez con Pedro I para atacar Iznájar y entrar en Coria, pero la ambición del rey castellano por quedarse con las plazas conquistadas provocó el abandono del nasrí y su retirada a Córdoba el 5 de marzo. Los castellanos siguieron por su cuenta la guerra y tras algunas escaramuzas, como la quema de Peal de Becerro por los musulmanes y la recuperación posterior del botín por los cristianos en Huesca en 1361, fueron ampliamente derrotados en Guadix frente a las tropas de Muhammad VI el sábado 15-I-1362.

No obstante, consiguieron conquistar, además de Iznájar, Fuentes de Cesna, Benamejí, Cañete (la Real) y otras fortalezas ese año de 1362. Por su parte, Muhammad V conquistó diversos lugares en su camino hacia la entrada en Málaga, tras la que se le entregaron otras ciudades. Cuando las noticias de estas conquistas llegaron a la Alhambra, Muhammad VI huyó de Granada el 13-IV-1362 y fue a refugiarse con el rey castellano pensando que podía ganarlo a su causa o admitirlo como vasallo.

Pero lejos de eso, Pedro I el Cruel lo ejecutó balanceándolo con su propia mano en Tablada, cerca de Sevilla, suerte que también corrieron sus seguidores, el 27-VI-1362, tras lo cual envió sus cabezas Muhammad V, que ya se encontraba en la Alhambra.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 136-137.

Yusuf II

Biografía

Sultán nazarí 1391-1392. Rey nazarí de Granada (1391-1392). Abu I Hachchach (o Hayyay) Yusuf, fue el mayor de los cuatro hijos de Muhammad V, a quien sucedió en el trono el mismo día de su muerte (15-I-1391) adoptando el sobrenombre de al Mustagni bi-llah(el que se da por satisfecho con Dios).

Durante el primer año de su reinado estuvo dominado por el visir Jalid, un ambicioso liberto ministro de su padre que influyó en el encarcelamiento de los tres hermanos del sultán (Said, Muhammad y Nasr), al sospechar este una conspiración para arrebatarle el poder.

Por idéntico motivo, Yusuf II llevó también a prisión a otros personajes de Granada como el poeta Ibn Zamrak, encarcelado en Almería y finalmente acabó decapitando al propio Jalid al enterarse de que tramaba un complot con el judío Yahya b. Saig —también ajusticiado— para envenenarle.

Incluso su hijo Muhammad conspiró para destronarle, pero la oportuna intervención del embajador de Fez apaciguó los ánimos. Pese a sus medidas tendentes a impedir que le destronaran (encarcelamiento y muerte de algunos familiares y personajes de la corte), parece cierto que a Yusuf II no debían de faltarle razones para su temor, pues lo encarcelaron en la fortaleza de Salobreña y falleció de un modo oscuro cuando aún no llevaba dos años en el poder (el 3-X-1392).

La causa, cuenta la tradición, pudo ser un traje envenenado que le había enviado desde Fez el referido sultán. De su reinado —tan breve como gris— tan solo merece destacarse una correría en tierras de Murcia, por la que luego se disculpó ante Enrique III de Castilla; la influencia norteafricana y, en general, el inicio de una marcada inestabilidad política en el sultanato de Granada. Le sucedió su hijo, Muhammad VII.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XXII pág. 10962.

Muhammad VII

Biografía

Sultán nazarí 1392-1407. El duodécimo rey nasrí se llamaba también Muhammad y tenía por kunya Abu Abd Allah y adoptó el sobrenombre honorífico de al Mustain bi-llah. Su ascensión al poder se produjo de manera irregular dado que era el hijo menor de Yusuf II y su entronización se realizó a costa del derecho legítimo del primogénito, su hermano Yusuf, de tan solo dieciséis años.

Para tener controlado al legítimo heredero, lo recluyó en el castillo de Salobreña, que era utilizado como palacio de recreo y fortaleza vigía del litoral, funciones a las que añadió a partir de entonces la de cárcel real de los soberanos nazaríes.

Lógicamente, en esta conspiración debieron participar los altos dignatarios de la corte, quienes, probablemente, serían los que instigaran al adolescente Muhammad VII a desplazar a su hermano del trono que le correspondía. Alguno de estos funcionarios, como Ibn Zamrak, al que Yusuf II le había devuelto sus funciones, fue destituido y, en el verano de 1393, ejecutado.

En esta época empiezan ya a aparecer en puestos destacados miembros de la familia de los Abencerrajes, los Banu Sarray, que tanto determinó la vida política del reino en el siglo XV. Concretamente, aparece como qaid Abu Yafar Ahmad b. Abd Allah b. al Sarray (m. 1404).

Ofensiva contra Castilla

En política exterior Muhammad VII, en lugar de mantener las treguas y seguir la línea de su abuelo Muhammad V, que evitó la guerra siempre que pudo, reemprendió los ataques a Castilla e intentó aprovechar las divisiones internas en la corte castellana de Enrique III (1390-1406). Para ello envió una expedición hacia Murcia que incendió Caravaca en 1392 y que provocó la represalia cristiana con una victoria sobre los granadinos en el puerto de Nogalete cuando estos regresaban de su algazúa.

A partir de ese momento se inició una serie de combates fronterizos y algaradas de ambos bandos con escaso alcance y con el solo objetivo de saquear y apoderarse de animales y cosechas, pero fueron cantera de actos heroicos que inspiraron los célebres romances fronterizos.

Sin embargo, y a pesar de estos incidentes y la entrada en la Vega de Granada del maestre de Alcántara en abril de 1394, las treguas se mantuvieron. Pero cuando Enrique III se hubo consolidado en el trono y la situación interior y exterior de Castilla se estabilizó, la guerra contra Granada volvió a plantearse como objetivo de estado a partir de 1404 e intentó implicar a Navarra y Aragón en un ataque contra Granada.

Por su parte Muhammad VII consiguió cerrar un acuerdo con Martín I el Humano de Aragón el 4-V-1405 y, además, se adelantó a los ataques castellanos en 1405, aunque con desigual fortuna: mientras que fue derrotado en Murcia, en el extremo occidental, consigue apoderarse de Ayamonte. Por otro lado, a primeros-VIII-1407, el sultán nazarí puso cerco a Jaén y luego algareó Baeza.

Los numerosos ataques nazaríes a distintos puntos de la frontera fortalecieron la posición de los granadinos en las largas negociaciones, que se extendieron durante varios meses, para llegar a la tregua de dos años que se firmó el 6-X-1410 en Madrid.

Por ese mismo mes, el jueves 4 de octubre, las tropas nasríes entraron por Quesada y atacaron Baeza y cuando el ejército cristiano acudió a su encuentro fue diezmado en una sangrienta batalla trabada en el puerto de los Collejares, cerca de Quesada, en la que perdieron la vida numerosos nobles castellanos.

Ante ello, Enrique III inició la preparación de una guerra general contra Granada y convocó Cortes para recaudar fondos necesarios y, aunque murió el 25-X-1406, su hermano Fernando —futuro rey de Aragón— y su viuda, Catalina de Lancaster, regentes de su hijo Juan II, de solo veintidós meses, prosiguieron la empresa.

Las condiciones económicas y demográficas de Castilla entonces ya permitían un ataque a gran escala para terminar con el reino nasrí. La campaña se emprendió a final de 1407 y los asaltos y ataques de uno y otro lado se fueron sucediendo.

Sin embargo, en la narración de estos primeros enfrentamientos bélicos, las crónicas cristianas prácticamente no incluyen más que las victorias de los suyos o bien presentan las batallas de manera que no se puede casi atisbar más que alguna que otra retirada parcial: en febrero de 1407 los cristianos saquean Vera y Zurgena, en abril toman Huércal-Overa, aunque tengan que cederla después; en junio los castellanos toman Pruna y los musulmanes desisten del cerco de Lucena, vencen a las flotas de Túnez y Tremecén en Gibraltar, etc.; y todo ello, para mayor gloria de los cristianos, en clara inferioridad numérica y en peores condiciones que los musulmanes.

Excepciones son la toma y saqueo de Bedmar por un ejército granadino, eso sí, de enormes dimensiones. A pesar de todo el despliegue castellano, cuando, llegado el invierno, el infante don Fernando dio por terminada la campaña de 1407, la principal pérdida del sultanato nazarí era Zahara, que cayó el 2 de octubre, pues el asedio de Setenil fracasó ante la dura resistencia de los nasríes y la inoperancia de la artillería castellana, si bien fueron conquistadas algunas plazas menores durante la primera quincena de octubre, como Ayamonte, Cañete la Real, Torre-Alháquime, Cuevas del Becerro y Ortegícar.

Muhammad VII aprovechó el invierno para atacar Alcaudete el 18-II-1408 y estuvo asediándolo durante varios días en los que se desarrollaron diversas escaramuzas con los cristianos. Poco después, en abril de ese año, el sultán nazarí solicitó una tregua que, tras muchas discusiones, los castellanos le concedieron por ocho meses.

Muhammad VII no pudo disfrutar de este armisticio porque falleció al mes siguiente, el domingo 13-V-1408 con menos de treinta y dos años, edad de su hermano mayor, lo que hace más probable la versión de su muerte envenenado con camisa herbolada.

La situación en la que que dejaba el sultanato granadino tras más de quince años de belicoso reinado era bastante difícil en el aspecto militar. Su ejército ya no estaba reforzado y estructurado por los combatientes de la fe meriníes, mientras sus enemigos gozaban de una mayor población, más recursos y un mayor dominio de la artillería, de todo lo cual estaban dispuestos a sacar partido para acabar con el emirato nazarí.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 143-144.

Yusuf III

Biografía

Sultán nazarí 1407-1417. Con casi treinta y dos año, de los cuales había pasado casi la mitad en prisión de Salobreña, Yusuf III b. Yusuf (II) b. Muhammad (V) pudo alcanzar el trono del que había sido desplazado por su hermano mayor Muhammad VII y que por derecho de primogenitura le correspondía. Adoptó el laqab de al Nasir li-l-Din Allah y su kunya, como era habitual en la dinastía de los Yusuf, fue Abu l-Hayyay.

Gran aficionado a la poesía, el mismo compuso numerosos poemas que fueron recopilados en su diván. Su llegada al trono fue azarosa. Su hermano, Muhammad VII, viéndose morir y para garantizar la sucesión de su hijo, ordenó que se ejecutara al cautivo Yusuf. Este se hallaba en la fortaleza-prisión de Salobreña jugando una partida de ajedrez con el gobernador de la plaza. Antes de morir solicitó que se le dejara terminar la partida, lo que permitió la llegada de sus partidarios para liberarlo y llevarlo al trono de la Alhambra.

Consciente de la complicada y peligrosa situación militar en la que se hallaba el reino granadino, se dispuso inmediatamente a conseguir una paz lo más duradera y estable posible con Castilla. En primer lugar consiguió que la tregua vigente de ocho meses que terminaba en noviembre de 1408 se ampliara hasta abril de 1409 y luego, que se prorrogara dos veces y se renovase hasta agosto de 1409, primero, y hasta el 1-IV-1410, después.

Una vez terminada la tregua, los granadinos saquearon el 5-IV-1410 Zahara, fortaleza tomada por Fernando —futuro rey de Aragón— en 1407, mientras que los castellanos preparaban el asedio de una plaza de importancia, Antequera, que iniciaron el 26 de ese mes. El cinturón de cinco campamentos situados alrededor de la ciudad para asfixiarla pretendía impedir cualquier apoyo exterior. Pero ello no hizo desistir a los granadinos de intentar socorrer a los antequeranos.

Al mando de los príncipes Ali y Ahmad, hermanos del sultán, un ejército concentrado en Archidona se enfrentó a los cristianos y fue derrotado el 6-V-1410. Tras numerosas escaramuzas, rechazo de las treguas solicitadas por los granadinos y cinco meses de duro asedio, los musulmanes capitularon y los cristianos entraron en la ciudad el 25-IX-1410. La resonante victoria le valió desde entonces al infante don Fernando el sobrenombre de el de Antequera.

La pérdida de esta ciudad tuvo una gran transcendencia para el sultanato nasrí, ya que a la importante merma territorial y sobre todo geo-estratégica que suponía se añadió el enorme impacto psicológico que produjo entre los musulmanes la caída de una plaza de tan gran fortaleza, hasta el punto de que, al otro lado de la frontera, los cristianos compusieron numerosos romances que relataron, durante siglos, ese dolor. Ante este duro revés, Yusuf III solicitó la paz y el 10-XI de ese mismo año se firmó la tregua hasta el 14-IV-1412.

Castilla aceptó el acuerdo porque, entre otras circunstancias, el infante don Fernando I quería reclamar el reino de Aragón, vacante tras la muerte de su tío Martín I el Viejo el 31-V-1410. Esa misma razón fue la que le indujo a acceder a prorrogar la tregua durante un año. Una vez en el trono aragonés en 1412 tras el Compromiso de Caspe, el ya Fernando I siguió renovando en nombre de Castilla la tregua hasta 1415, y tras su muerte en abril de 1416, la regente de Castilla y madre de Juan II hizo lo mismo a partir de 1417 en periodos de dos y tres años.

En las negociaciones de muchas de estas treguas intervino Sa´al Amin como representante nazarí, que también fue alfaqueque mayor del reino.

Por lo que respecta a Aragón, que había quedado incorporado a las treguas castellano-granadinas durante el reinado de Fernando I, el sucesor Alfonso V el Magnánimo mantuvo la tregua de su padre hasta abril de 1417, fecha en la que finalizaba. A partir de ese momento y hasta la muerte de Yusuf III en noviembre de ese año no hubo tregua ni negociaciones entre ambos reinos para establecerla, aunque se mantuvieron las relaciones y contactos.

Junto a este clima de colaboración con Aragón, es de señalar la incitación a la emigración de los mudéjares aragoneses hacia Granada que se efectuó en proclamas como la lanzada desde Barcelona. En ella se alababa y se presentaba a Yusuf III como defensor y protector de los musulmanes y a Granada como su refugio y morada segura además de recordarse de emigrar la obligación de emigrar del territorio infiel, lo que pone claramente de manifiesto la relación y ascendiente político que el reino y los sultanes nasríes mantuvieron más allá de sus fronteras con las comunidades de musulmanes mudéjares de la Península.

De esta manera y aunque como solía suceder hubiera violaciones de la tregua, Granada vivió casi dos decenios de paz, de 1410 hasta 1428, que, sin embargo, no aprovechó para rehacerse de las derrotas y fortalecerse de cara al enemigo exterior, sino que se enzarzó en turbulentas luchas dinásticas que la debilitaron aún más. Además de la considerable pérdida de Antequera, Yusuf III tuvo que hacer frente a la toma de Gibraltar en 1411 por los meriníes, que habían sobornado al alcaide para que les entregara la plaza.

Tras desembarcar Abd Allah al Marini, hermano del sultán de Fez Abu Said Utman, en Gibraltar, se apoderó de Marbella y de algunas fortalezas de la serranía de Ronda. Yusuf III envió su ejército al mando de Sa´d al Amin, quien, tras recuperar las plazas malagueñas, sitió Gibraltar, donde se habían refugiado las tropas benimerines.

Sin embargo, los asediados resistieron mucho tiempo y no se entregaron hasta tres años después, en 1414, perdida la esperanza de ser socorridos por el sultán de Fez. Durante el asedio, Yusuf III estuvo al frente de sus tropas en Gibraltar, donde compuso dos de sus poemas sobre el sitio de la plaza en 1414, que posteriormente se incluyeron en su diván. Poco después, en la madrugada del martes 9-XI-1417 con tal solo cuarenta y un años de edad y ocho y medio de reinado, iniciados el domingo 13-V-1408, Yusuf III falleció.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 151-153.

Muhammad VIII el Pequeño

Biografía

Primer reinado 1417-1419

Sultán nazarí 1417-19/27-30. Muhammad b. Yusuf III b. Yusuf II b. Muhammad V se convirtió en Muhammad VIII el 9-XI-1417, día de la muerte de su padre, del que era hijo primogénito. Adoptó el laqab al Mutamassik billah, como indican las monedas que se acuñaron durante su primer reinado, pero que cambiaría en su segundo periodo de gobierno por el de Gani billah, como se indicará más adelante.

Fue conocido como el Pequeño en las fuentes cristianas, traducción probable, aunque no documentada en textos árabes, de al Sagir, apelativo derivado de su minoría de edad (tenía unos ocho años) en el momento de su destronamiento frente al fututo sultán Muhammad IX. Esta minoría fue la que propició que se adueñase del gobierno y llegara a alcanzar un enorme poder el visir Ali al Amin, el alcaide Alamin de las fuentes cristianas, que ya bajo Yusuf III había sido primer ministro y fue el que se apresuró a proclamar al niño primogénito de Yususf III a su fallecimiento.

A partir de este reinado, si bien anteriormente tampoco se puede considerar, como se ha visto, que la situación fuera sólida y estable, se entró en un proceso de descomposición que, con algunos respiros y altibajos, se mantuvo ya hasta la caída final de Granada en poder cristiano.

La casi permanente conflictividad que convulsionaba la Alhambra generó divisiones y luchas intestinas en las que los influyentes y ambiciosos Banu l Sarray, los célebres Abencerrajes de la leyenda, fueron los principales protagonistas.

De hecho, a la vista de los acontecimientos políticos que se desarrollan a partir de la toma de Antequera, parece que son tres cuartos de siglo entre la vida y la muerte. La división interna era demasiado profunda y todo hacía apuntar a un final próximo.

Sin embargo, esta es la perspectiva política, que, además, si se observa aisladamente, ofrece una imagen de continuo enfrentamiento y casi permanente guerra, sobre todo en este siglo XV, cuando la realidad es que fue claro el predominio de los tiempos y relaciones de paz. Por lo que respecta a las relaciones exteriores, la tregua con Castilla firmada por su padre seguía vigente hasta el 18-IV-1419, pues había sido firmada por un periodo de dos años.

En cuanto a Aragón, Muhammad VIII desarrolló una constante actividad diplomática con Alfonso V el Magnánimo aunque, finalmente, las negociaciones no obtuvieron los resultados deseados y ello a pesar de que consiguieron materializarse en un tratado que incluso fue redactado y firmado por el soberano aragonés en 1418 pero que no llegó a entrar en vigor. Este primer reinado de Muhammad VIII fue muy breve, pues al cabo de catorce meses de gobierno aparente y tutelado absolutamente se tramó una conspiración y levantamiento que lo derrocó.

Así, entra en escena por primera vez en la historia granadina uno de los principales personajes del s- XV: Muhammad b. Nasr, el futuro Muhammad IX al Aysar (el Izquierdo o el Zurdo, como lo llaman las crónicas cristianas). Este nieto de Muhammad V era tío de Muhammad VIII y primo de Yusuf III, quien lo había encarcelado en Salobreña, sin duda con el objetivo de apartarlo de la corte y alejarlo de la vida política, con lo que conseguía garantizar la sucesión de su hijo, todavía muy pequeño, frente a un candidato peligroso y cualificado.

Pero los Abencerrajes no podían soportar el excesivo poder que el visir de Muhammad VIII detentaba y, encabezados por dos de sus principales, que eran jefes militares de Guadix e Íllora, liberaron a Muhammad b. Nasr de la cárcel de Salobreña y lo proclamaron sultán; pero cuando llegó a la capital, la ciudad se resistió a su entrada. Entonces, sus partidarios, en una clara maniobra política, recurrieron a los muftíes para pedirles una fatwa que declarase ilegítimo el gobierno de Muhammad VIII por su minoría de edad.

Los muftíes, aunque había casos de sultanes que fueron entronizados antes de su mayoría de edad, sin duda sucumbieron a la presión y no les resultó difícil encontrar argumentos jurídicos necesarios para emitir la fatwa en contra de Muhammad VIII y favorable al pretendiente al trono, con lo que este pudo entrar en la ciudad y se proclamado sultán.

A continuación tomó posesión de la Alhambra, rendida por el visir Ali al Amín tras obtener garantías sobre su seguridad, aunque no le sirvieron de nada porque fue ejecutado días después por orden de Zahr al Riyad, esposa de Muhammad IX, mientras que Muhammad VIII, que era su sobrino, fue reducido a prisión entonces, hacia el 20-III-1419.

Su reinado tan solo había durado poco más de dieciséis meses. A partir de este momento, con el destronamiento de Muhammad VIII el Pequeño por el candidato de los Banu l Sarray, Muhammad IX al Aysar, comenzó una etapa de continuos derrocamientos, sublevaciones, asesinatos, encarcelamientos de sultanes e inestabilidad política que sumió a Granada en una permanente crisis de gobierno.

Igualmente, estas constantes luchas dinásticas y querellas sucesorias provocaron un debilitamiento del poder real que puso al reino a merced de sus enemigos. Si estos no aprovecharon la ocasión fue, sin duda, porque no pudieron, envueltos como estaban los cristianos en sus conflictos internos y entregados a otros objetivos políticos y de Estado.

Segundo reinado 1427-1430

A partir de enero de 1427 Muhammad VIII volvió al trono que legítimamente le pertenecía y cambió el laqab o sobrenombre honorífico que había ostentado en su primer reinado (al Mutamassik billah) para tomar el de Gani billah, y así aparece en documentos cancillerescos, monedas y fuentes árabes.

Además de rodearse de sus partidarios legitimistas y de sus primos Yusuf y Sa´d, también nietos de Yusuf II y con un importante futuro político, el sultán realizó algunos nombramientos de alcaides en diversas plazas, como la malagueña de Comares.

Lógicamente, una de las principales acciones de su gobierno tenía que ser la renovación de la tregua que Granada tenía firmada con Castilla desde 1424 y qye expiraba unos meses después, en febrero de 1428. De nuevo, las circunstancias internas de Castilla obligarían a Juan II a renovar el tratado hasta final de 1428, aunque ello no impidió, como sucedió en otros periodos de treguas, que se produjeran incidentes y altercados fronterizos de poca importancia.

No obstante, las siguientes negociaciones plantearon algunas dificultades. Próxima a vencer esta tregua, Juan II difería su respuesta con el fin de ganar tiempo para preparar un ataque a Granada. Sin embargo, la amenaza de guerra con Aragón obligó a aplazar su objetivo bélico y conceder una tregua a finales de enero de 1429.

También con los aragoneses intentó el sultán granadino estrechar lazos y para ello envió una serie de embajadas y mensajeros desde su retorno al trono hasta marzo de 1429, con lo que se consiguieron unas buenas relaciones oficiales. En estos contactos y correspondencia participaron tanto el sultán como otros miembros de la familia real y tuvieron como destinatarios a Alfonso V el Magnánimo, lógicamente, pero también a la reina María.

Sin embargo, esto no le impidió acoger a los partidarios de Muhammad IX, huidos de Granada con la recuperación del trono de Muhammad VIII el Pequeño, y facilitarles medios el apoyo y los medios para viajar a Túnez, donde se había refugiado el sultán destronado y a favor de quien también emitió un salvoconducto para facilitarle el regreso de Túnez a Aragó. En el interior de Granada la paz, sin embargo, no llegaba.

Los Abencerrajes conspiraban para llevar a Muhammad IX, exiliado en Túnez, de nuevo al trono. Ante el descubrimiento de sus actividades, Muhammad VIII el Pequeño ordenó detenerlos, pero lograron escapar a Castilla en noviembre de 1428. Los huidos eran unos treinta caballeros, casi todos abencerrajes, dirigidos por Yususf b. al Sarray, quien decidió solicitar ayuda al rey castellano, que se encontraba entonces en Illescas.

A Juan II, sin duda, no debió costarle mucho esfuerzo conceder su apoyo a una causa que atizaba el fuego de la discordia en granada, de manera que recibió positivamente la petición que favorecía sus intereses y, además de prometerles sus ayuda, envió un embajador a Túnez para solicitar al sultán Abu Faris que ayudase a Muhammad IX al Aysar, el Zurdo, a regresar y le facilitase medios para ello.

Así lo hizo el tunecino y tras el desembarco de al Aysar en Vera poco antes del 18-X-1429, Almería lo reconoció y desde esta ciudad se dirigió a la capital. En las inmediaciones de Guadix le salió al encuentro el ejército de Muhammad VIII el Pequeño al mando de su hermano, Abu l-Hasan Ali, pero muchos de sus soldados decidieron unirse al pretendiente, mientras que otros huyeron a Granada.

El camino hacia la Alhambra quedó abierto así, tras el sometimiento de Guadix y de la capital, aunque el Pequeño se atrincheró en la ciudad palatina y obligó al Izquierdo a asediar el recinto mientras iba recibiendo cada vez más adhesiones de ciudades, hasta que todo el reino lo reconoció.

Durante el enfrentamiento, el rey de Castilla, que había recibido embajadores de ambos contendientes —de Muhammad VIII solicitándole ayuda en virtud de las estipulaciones de la tregua firmada y de Muhammad IX por el compromiso por él adquirido para ayudarle a recuperar el trono—, intentó sacar partido del enfrentamiento.

Pero sus taimadas operaciones diplomáticas no fructificaron porque Muhammad VIII el Pequeño tuvo que rendirse en los primeros meses de 1430. Terminó así su segundo reinado, que solo duró tres años. Muhammad IX le perdonó la vida pero lo encarceló en Salobreña, junto con su hermano Abu l-Hasan Ali, uno de sus mayores partidarios y defensores.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 153-160.

Yusuf IV b. al Mawl

Biografía

Sultán nazarí 1432-1432. Cuando la ciudad esperando para recibirle y la Alhambra abierta para ser ocupada, Yusuf IV llegó acompañado de unos seiscientos partidarios que se la habían unido en su exilio y del adelantado Diego Gómez de Ribera y sus tropas castellanas y tomó posesión de ambas el 1 de enero de 1432.

Aunque no pertenecía al tronco de la familia nasrí, había emparentado con esta por matrimonio y estaba, como señala Ibn Asim, enlazado por una relación de parentesco con estos sultanes nasríes. A pesar de que se suele considerar el sultán de los legitimistas, lo cierto es que más legítimo y mayor era el derecho al trono que tenían Abu l Hayyay Yusuf b. Ahmad y Abu Nasr Sa´d b. Ali, nietos directos de Yusuf II, como se ha dicho anteriormente.

Al igual que los demás sultanes nasríes llamados Yusuf, también tenía la kunya de Abu l Hayyay y era conocido como Ibn al Malw. A este respecto, es significativa la actitud de Ibn Asim, claro partidario de Muhammad IX, que cuando tiene que nombrar a Yusuf IV no cita ni su nombre propio ni, menos aún, su kunya, por la respetabilidad que conlleva, y se limita a designarlo en tono despectivo como el conocido por Ibn al Malw.

Su primer acto de gobierno, tras notificar su éxito a Juan II en una carta conservada por las crónicas castellanas, fue ratificar el 27-I-1432 el tratado de vasallaje con Juan II que había firmado el 16 de septiembre del año anterior. Las cláusulas exigían a Granada el vasallaje vitalicio de Yusuf IV, la liberación de todos los cautivos cristianos del reino, no permitir la conversión al Islam de cristianos, un tributo anual de veinte mil dinares/doblas de oro baladíes, ayuda militar y asistencia a las cortes castellanas.

A cambio recibía ayuda militar de Castilla frente a cualquier enemigo interior o exterior. Cuando conocieron en Granada las condiciones abusivas y humillantes del tratado, el descontento fue generalizado. Los ulemas y alfaquíes no podían aceptar la prohibición de algo tan básico en la propia filosofía religiosa como es la conversión al Islam.

Por otro lado, la liberación de cautivos cristianos perjudicaba económica y socialmente a gran número de familias en el reino, tanto por el rescate que podían exigir por ellos como por el canje por los propios cautivos musulmanes en manos cristianas que podían obtener. Aparte, el coste del elevado tributo y la ayuda militar. Todo ello propició una pérdida de apoyo general de Yusuf IV y la inclinación hacia el destronado Muhammad al Aysar.

Mientras tanto, al Aysar dejó en Almería a un gobernador elegido de entre sus partidarios y se dirigió con su sobrino el Cojo a la cora de Rayya y fueron acogidos muy favorablemente en Vélez-Málaga, donde los alfaquíes y nobles del lugar salieron a recibirlo y donde visitó la tumba del santo sufí Ibn al Zayyat para implorar su bendición.

Posteriormente le ofrecieron que se instalara en su alcazaba, de inexpugnabilidad célebre, desde donde ya empezó a prepararse para recuperar el trono. Luego se trasladó a Málaga, aunque los señores que lo acompañaban acordaron que el ejército debía permanecer en Vélez.

De esta manera, al Aysar llegó a controlar Almería, Málaga, Ronda, Gibraltar y otros lugares de la Ajarquía. Al mismo tiempo que se organizaba en Málaga, escribió a su amigo el sultán tunecino Abu Faris pidiéndole ayuda y mediación ante Juan II para obtener su neutralidad y mejorar las relaciones con él. Igualmente, el rey aragonés Alfonso V el Magnánimo, que veía perjudicados sus intereses con un sultán nazarí vasallo de Castilla que aumentaba el poder de Juan II, mantuvo una actitud de colaboración aunque intentando aprovecharse de la situación de debilidad de al Aysar para conseguir la cesión de Gibraltar.

Todo esto, el descontento generalizado y el establecimiento de al Aysar en Málaga hacía peligrar la estabilidad de Yusuf IV en el trono. Para atajar cualquier intento de restauración del derrocado así como para terminar definitivamente con su adversario, organizó una expedición a Málaga contra su enemigo. Para ello solicitó la ayuda castellana y escribió una carta fechada el 8-II-1432 al maestre de Calatrava, Luis de Guzmán, en la que demandaba su colaboración militar.

Pero al Aysar se anticipó y, una vez organizadas sus fuerzas, estas se dirigieron a la capital y al llegar a una distancia de una posta barid de la ciudad se enfrentaron con las tropas castellanas que apoyaban a Yusuf IV b. al Malw. A pesar de producirse un número similar de bajas, el éxito se decantó a favor de los de Muhammad al Aysar. Esto ocurría a finales de febrero y la victoria le abrió las puertas de la ciudad, pues sus habitantes le ofrecieron que volviera de Málaga.

Así lo hizo y a su llegada a la Vega una multitud salió a su encuentro en Campojágal Qanb Yagar, lo aclamó y lo reconoció como sultán. Tras entrar en la ciudad se instaló en la alcazaba más antigua (al qasba al qudma, la vieja alcazaba zirí) y allí comenzó ya a gobernar, escogió a un grupo de sus jefes a los que les ordenó que asediaran la Alhambra desde le Jardín denominado el Aljarafe [Generalife], lo que hicieron hasta conseguir entrar en él y posteriormente abrieron las puertas de la propia Alhambra, por su parte trasera, y penetraron en ella.

esta manera tomaron la fortaleza los partidarios de la Aysar, dirigidos por su sobrino, hijo de su hermana, el príncipe Abu l Hayyay Yusuf hijo del príncipe Abu l Abbas Ahmad b. Nasr, sobrino al que las fuentes castellanas llaman el infante Cojo, y que, por tanto, como nos descubre Ibn Asim, no es Muhammad, el llamado Muhammad X el Cojo por seco de Lucena, sino Yusuf, el futuro Yusuf V.

El usurpador, viéndose perdido, se escondió en una alcoba pequeña o una alacena construida en el grosor de un muro y oculta por una alfombrilla. Durante varios días permaneció allí mientras era buscado por toda la Alhambra hasta que, finalmente, fue localizado y muerto. Esto sucedió entre mediados y finales de 1432, por lo que su reinado no alcanzó los tres meses de duración. Ridwan Bannigas y los partidarios del depuesto sultán huyeron entonces a Granada y buscaron refugio en Castilla.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 165-165).

Yusuf V b. Ahmad el Cojo

Biografía

Sultán nazarí 1445-1446. El nuevo emir que ocupó la Alhambra hacia mediados de 1445 se llamaba Abu l-Hayyay Yusuf b. Ahmad b. Muhammad b. Yusuf b. Ismail. Nieto de Yusuf II y biznieto de Muhammad V, adoptó el título honorífico de Muayyad bi-Llah. En los primeros meses de su gobierno, durante el verano de 1445, se dedicó a organizar la administración y repartir cargos, rentas y privilegios entre sus partidarios.

Como ejemplo de ello, el 15-VIII-1445 designó a Abu l-Qasim b. Muhammad al-Rayyi para la alcaldía de Almería, a la que agregó la administración de los lugares de Hinox, Huebro, Turrillas, Lucainena y Almegíjar. Apenas pudo disfrutar con tranquilidad el trono Yusuf V, ya que tras el citado periodo de cuatro meses en el que se sublevó, alcanzó el poder y organizó el gobierno, es decir, en pleno verano de 1445, apareció un nuevo pretendiente: Abu l-Walid Ismail.

Este príncipe estaba instalado en la corte castellana, donde Juan II mantenía un grupo permanente de refugiados y disidentes granadinos. Las crónicas castellanas lo denominan Ismael, que hasta la aparición de la edición de la Yunna de Ibn Asim se había asimilado a Yusuf V pero el autor granadino evidencia con total claridad que se trata de dos personajes diferentes.

Desde Castilla Ismail se dirigió a Granada y llegó a Cambil, desde donde provocó nuevas disensiones en el reino y agitación en la capital. Para resolverlas y calmar los ánimos, Yusuf destituyó al visir Abu l-Hasan Ali b. Allaq al-Amiri y nombró en su lugar a Abu l-Qasim Muhammad b. Yusuf b. al Sarray, que logró apaciguar a los sublevados. Ante ello, Ismail desesperó de conseguir su objetivo volvió sobre sus pasos a los confines de Castilla.

Entonces el sultán detuvo a los caídes Abu l-Qasim b. al Sarray y Yusuf b. Faray b. Kumasa, su compañero, los encarceló y confiscó todos sus bienes. A continuación envió al ejército a Guadix para asediar a Ibrahim b. Abd al Barr, que con el apoyo de la población pudo resistir el ataque de la fuerzas granadinas comandadas por Ali b. Allaq, de nuevo restablecido en sus funciones.

Tras este fracaso, Yusuf V volvió a enviar a Ibn Allaq contra Guadix el 26-XII-1445; después de tres días de asedio infructuoso el visir decidió negociar con el alcaide, Ibn Abd al Barr. Una vez alcanzado un acuerdo fijado por escrito, el ejército del sultán regresó a Granada el 1-I-1446.

A pesar de la situación política interior poco estable y las divisiones internas, Yusuf V pudo recuperar, gracias a la bondad divina en interpretación de Ibn Asim, muchos lugares que los musulmanes habían perdido anteriormente ante los cristianos. Sin embargo, algunas de estas conquistas las incluyen las fuentes castellanas en 1446 y 1447, durante el reinado de Ismail III, aunque asignándoselas al Cojo (Yusuf V), derrocado entonces por el vasallo de Castilla.

Entre las reconquistas que menciona en este periodo Ibn Asim, aparecen Hisn al-Nayas, conquistado por al-Abbas b. Hamid después de que hubiera muerto ante dicha fortaleza su hermano Isa; Hins al-Bariy, en la parte baja del río Almanzora, o los dos Vélez por el visir y alcaide de Guadix, Abu Ishaq Ibrahim b. Abd al-Barr, y el de Baza, Abu l-Hayyay Yusuf b. Kumasa, reforzados por al Ahsan al.Sarif.

Mientras tanto, los partidarios de Muhammad IX intentaban restaurarlo en el poder y le propusieron recurrir para que les ayudara al pretendiente Ismail, que había regresado a Castilla después de su fracasado intento de apoderarse del trono en el verano de 1455. Pero el destronado Muhammad IX se oponía, al menos según la versión de su afecto Ibn Asim. Entonces el alcaide de Guadix, Ibrahim b. Abd al-Barr, decidió actuar por su cuenta y llamó a mediados-II-1446 al arráez —caudillo morisco— Ismail.

Este respondió positivamente y se presentó en Guadix. A los tres días de su llegada, Yusuf V huyó de la Alhambra y se dirigió a Almería acompañado de dos príncipes primos suyos y de los dos alcaides encarcelados, Ibn al-Sarray e Ibn al-Kumasa. Aquella misma noche, el depuesto Muhammad IX se separó de Yusuf V y se trasladó a Salobreña con sus seguidores.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 174-175.

Ismail III

Biografía

Sultán nazarí 1446-1447. Teniendo en cuenta que Ibrahim b. Abd al Barr llamó a Ismail a mediados-II-1446, cabe pensar que tras unos días de viaje desde la corte castellana hasta Guadix y los tres días que tardó en abandonar Granada el emir Yusuf V, sería entre mediados y finales-II-1446 cuando Abu l-Walid Ismail III tomó posesión del trono.

Apenas se tienen noticias de su identidad. Aparte de la kunya, Abu l-Walid, Ibn Asim no añade más información sobre su parentesco, aunque resulta evidente que pertenecía a la familia nasrí, y así lo considera Salah Yarrar que dan por supuesta esta relación. Sí ofrece el dato de su tratamiento, rais, arráez —caudillo morisco— (que indica cierto parentesco con el sultán como se ha dicho), diferente al que asigna al sobrino de Muhammad IX, Yusuf V, al que califica de amir, príncipe, que ha de entenderse como su posición oficial y claramente parcial a favor de Muhammad IX y su familia, del que era cortesano.

También informa de que estuvo establecido en la corte castellana, desde donde intentó en 1455 hacerse con el poder, como se ha explicado. Por otro lado existe algún dato, aunque muy poco seguro, que apunta a que era tío de Yusuf V el Cojo. Por tanto, como hipótesis de trabajo y con las necesarias reservas y provisionalidad que esta carencia de noticias exige, se le podría considerar hijo de Yusuf II (m. 1392).

Esto supone que su edad no bajaba de los cincuenta y cinco años en el momento de acceder al trono. Su reinado debió resultar muy complejo y un continuo esfuerzo de equilibrio teniendo a dos sultanes derrocados, tío y sobrino, con aspiraciones al trono.

Mientras que Yusuf V se había establecido en Almería con sus seguidores y su ministro Ibn Allaq y la había convertido en su feudo, por su parte Muhammad IX permanecía en Salobreña, peligrosamente cerca de la capital y manteniendo el apoyo de los Abencerrajes, los mismos que habían llamado a Ismail III de su exilio en Castilla, precisamente con la intención de reponer a Muhammad IX en el poder.

Además tío y sobrino establecieron un pacto desde Salobreña y Almería, respectivamente, y aunque no tuvo efecto, fue una amenaza más para Ismail. Solamente el apoyo de Castilla, a la que rendía vasallaje, fue lo que le mantuvo en el trono el año y medio que lo ocupó.

Así lo indica el hecho de que ante los ataques de Yusuf V el Cojo a Ismail III interviniera Juan II en apoyo de su vasallo. El 6-X-1446 ordenó a Pedro de Aguilar que ayudara al sultán granadino y, dos meses después, el 18 de diciembre, que actuara contra diversas villas y fortalezas que se habían sublevado contra Ismael.

Pero ni siquiera con el apoyo del monarca castellano pudo Ismail III detener a Yusuf V el Cojo, que supo sacar partido de las discordias castellanas y explotó el mismo recurso que su adversario: recabó la ayuda de Castilla, pero no la gubernamental, que ya la recibía su adversario, sino la de la oposición de los nobles castellanos disidentes. Ello provocó la petición de ayuda de Ismail III en II-1447 a Juan II para enfrentarse a Yusuf V y los nobles castellanos, sublevados contra Juan II, que le prestaban apoyo.

A pesar de estas intervenciones del soberano de Castilla en favor del señor de la Alhambra, Yusuf V el Cojo mantuvo su beligerancia y en verano de 1446 conquistó Benamaurel y Benzalema sin que el rey castellano, ocupado en los conflictos internos y discordias que sacudían su reino, hiciera nada por evitarlo ni enviara refuerzos ante la demanda de los sitiados.

Al año siguiente, el destronado Yusuf V el Cojo continuó sus campañas desde Almería y llegó a reconquistar algunas fortalezas y plazas que los cristianos habían arrebatado a los nazaríes un decenio antes. Así, en verano de ese año, hacia agosto de 1447, Yusuf V recuperó el castillo de Arenas (Campillo de Arenas), Huéscar, Vélez Blanco y Vélez Rubio, que el rey no pudo socorrer ni respondió a las peticiones de asistencia que los asediados realizaban.

De esta manera, gracias a la ayuda de Juan II, Ismail III pudo aguantar los ataques del Cojo hasta primeros de 1447 y todavía en febrero de ese año se mantenía en el poder. A finales de la primera quincena-VIII-1447 se anunció la noticia del fallecimiento de Yusuf V el Cojo en Almería asesinado por su ministro Ibn Allaq. Al mes siguiente, antes de que acabara septiembre de 1447, Muhammad IX al Aysar recuperó nuevamente el trono mientras que Ismail huyó a refugiarse en Castilla, como ya había hecho antes desde mucho tiempo atrás.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 176-178.

Muhammad X el Chiquito

Biografía

Sultán nazarí 1453-54/55. Muhammad X: Abu Abd Allah Muhammad b. Muhammad b. Yusuf b. Muhammad b. Yusuf b. Isamil b. Faray b. Ismail b. Yusuf b. Muhammad b. Ahmad b. Muhammad b. Jamis b. Nasr b. Ways al Jazrayi al Ansari, al sagir (el Chiquito). Granada, c. 1428-1455 (emirato 1453-1454 y 1455). Emir de al Andalus, decimonoveno sultán de la dinastía de los nazaríes de Granada, precedido por Muhammad IX y sucedido por Sa´d.

Nació en Granada en una fecha situada entre finales de 1427 y 1430, pues su padre, Muhammad VIII el Pequeño (1417-1419 y 1427-1430), estuvo preso en Salobreña desde que tenía unos nueve años hasta enero de 1427 y volvió a ser recluido en marzo de 1430.

Durante ese mismo periodo nacería un hermano del biografiado que, junto con él, son los hijos de Muhammad VIII el Pequeño que el emir Muhammad IX al Aysar (1419-1427, 1430-1431, 1432-1445 y 1447-1453) se llevó a Almería como rehenes en 1431-1432, cuando fue derrocado por Yusuf IV al-Mawl (1432).

Nieto de Yusuf III y tataranieto del gran Muhammad V (1354-1359 y 1362-1391), recibió el apelativo de al Sagir. el Pequeño, probablemente para distinguirlo de su homónimo y coetáneo de mayor edad Muhammad IX, aunque alguna fuentes cristianas señalan que era para distinguirlo de Ismail IV (1462-1463). El apelativo fue adoptado por las fuente cristianas traduciéndolo como el Chico o el Chequillo, denominaciones que volverían aplicarse decenios después a Muhammad XI Boabdil.

Las primeras noticias directas sobre su vida coinciden con el inicio de su actividad política, que tuvo luga en el cuarto emirato de Muhammad XI al Aysar (1447-1453). Las fuentes árabes nazaríes de la época coinciden consideran que este príncipe victorioso fue un don de Dios a dicho Emir, que tomó la sabia decisión de designar heredero a su sobrino tercero Muhamamd (X) al Sagir o el Chiquito, que por entonces apenas alcanzaba los veinte años de edad.

La elección se fundamentaba en sólidos argumentos y tuvo excelentes consecuencias: El Emir no tenía hijo varón que pudiera reclamar el trono, el Chiquito era hijo de Muhammad VIII (que había sido ejecutado en 1431 por al-Aysar) y por esto se producía la reconciliación y se conseguía el apoyo de la oposición legitimista partidaria del Pequeño y hasta entonces constante amenaza del poder de al Aysar. Para sellar la alianza y consolidar los vínculos, Muhammad X contrajo matrimonio con una de las hijas del sultán al-Aysar, Umm al-Fath. Igualmente importante fue que asumió en mando del ejército.

No obstante, en contra de lo que señalan las fuentes cristianas que lo llaman rey al mismo tiempo que a Muhammad XI, no pudo ser proclamado sultán hasta la muerte del Emir oficial, si bien ejerció muchas de sus funciones por delegación, dada la avanzada edad de al-Aysar, de cuya absoluta confianza gozaba. De hecho, el papel de Muhammad X en este periodo fue fundamental para el fortalecimiento del poder central andalusí, la estabilidad política del trono y la consecución de objetivos y triunfos militares.

Como jefe del ejército, dirigió numerosas incursiones en territorio castellano que obtuvieron abundante botín y esclavos a lo largo de 1447 y, tras el rechazo nazarí de solicitud de treguas por Castilla, sumida en divisiones internas, prosiguió su intensa actividad militar durante 1448 y 1449.

El ejército nazarí efectuó una serie de campañas victoriosas por toda la frontera, desde Murcia (Hellín) a la zona occidental (Utrera), pasando por la septentrional (Jaén, Baena) y Antequera; además de debilitar al enemigo mediante la destrucción de campos y aldeas, obtuvo una gran cantidad de botín, ganado y esclavos.

Muhammad X realizó otra intervención importante entre mayo y junio de 1450, cuando Juan II, incapaz de detener militar y diplomáticamente las campañas andalusíes, envió una vez más a un pretendiente refugiado en la Corte castellana, Ismail III, para provocar divisiones internas y ocupar el trono nazarí. La reacción de al-Aysar contó con el apoyo del Chiquito y acabó con la sublevación del aspirante, que se había apoderado de Málaga y otras localidades de la región.

A partir de entonces y mientras al-Aysar seguía gobernando desde la Alhambra, Muhammad X, ya como gobernador de Almería —cuya alcaidía solían ocupar los príncipes herederos nazaríes en la cuarta etapa nazarí—, desarrolló una nueva serie de campañas militares que también fueron exitosas; desde su posición en la parte oriental de al Andalus, dirigió numerosas incursiones hacia tierras murcianas y atemorizó a las comarcas valencianas más próximas a la frontera. Además del botín, en una de las expediciones, se llevó con él gran número de mudéjares del valle de Ricote.

Además, en este periodo y como gobernador de Almería, realizó cierta actividad diplomática (recibió al mismo tiempo que el Emir las reclamaciones de cautivos y presos cristianos en la zona de Almería). En relación con esto, hay que destacar que también firmó, junto con Muhammad XI, la tregua con Castilla en 1452. Al año siguiente al-Aysar murió y fue entronizado el ya Muhammad X, con una edad en torno a los veinticinco años. Ambas noticias fueron comunicadas por el gran visir Abu l-Qasim b. al Sarray en una carta fechada el 24-VII-1453 y dirigida al concejo de Sevilla y otros lugares de la frontera, como Alcalá la Real.

Adoptó el nombre honorífico de al Mansur bi-llah (el victorioso por Dios) y su primera actuación fue de carácter diplomático: envió la citada carta en la que manifestaba su decisión de mantener la tregua vigente e informaba de que ya había tomado las medidas oportunas para ello al tiempo que pedía lo mismo a la otra parte.

Los castellanos también siguieron manteniendo la paz, tanto el rey Juan II como, posteriormente, a partir de 1454, su sucesor, Enrique IV el Impotente. A pesar de la situación de estabilidad y sucesión ordenada que había dejado el anterior emir al-Aysar, el asentamiento en el trono de Muhammad X fue complicado, porque la mayor parte de la población estaba a favor del príncipe Sa´d, nieto de Yusuf II, hasta el punto de que, según las noticias llegadas a la frontera castellana, se preveía que hubiese algún movimiento político en Granada.

Ello no impidió que el nuevo Emir se ocupara de la administración del Estado y así lo indican la acuñación de moneda que ordenó (se ha conservado un dinar de oro batido a su nombre) y los decretos que emitió, como el dahír concediendo diezmos a la población de Huércal a mediados-VIII-1453. Las previsiones de movimiento se cumplieron y, en circunstancias que se desconocen se produjo un relevo en el poder. El mismo gran visir Abu l-Qasim b. al Sarray comunicó nuevamente a Sevilla la noticia, en una carta fechada el 16-VIII-1454 donde informaba de que Muhammad X había abdicado en favor de Sa´d.

Segundo reinado 1455

Sin embargo, su alejamiento del poder duró muy poco tiempo y enseguida recuperó el Trono, pues a finales de 1454, Sa´d fue derrocado y expulsado de Granada por Muhammad X. No se conocen las razones ni el desarrollo de los acontecimientos que desembocaron en este nuevo vuelco en la posesión de la Alhambra, aunque si se sabe que antes del día 20-I-1455 comenzó el segundo reinado de Muhammad X. Por su parte, Sa´d se refugió en Casarabonela y se hizo vasallo del rey castellano a cambio de conseguir su ayuda para recuperar el Trono.

También quedó sometido a vasallaje su hijo Muhammad (XII), el futuro sultán al Zagal, que se hallaba en Almería como gobernador de la ciudad y de la región oriental.

Como garantía y prueba de sus buenas intenciones, Sa´d envió a la corte castellana a prestar vasallaje a su otro hijo, el primogénito y heredero Ali, a su gran visir y a otros nobles y dignatarios, como el alcalde Myfarriy, dos arráeces de los Banu l-Qabsani y diversos alcaides, como los de Íllora y Cambil; en total, fueron unos ciento cincuenta caballeros. Muhammad X al Sagir se apresuró a sofocar la rebeldía de Sa´d, al borde de la guerra civil, y emprendió una operación contra él, para lo que no dudó en trasladarse a Málaga, en donde se hallaba el 14-II-1455 y desde cuyo alcázar continuó su actividad administrativa, como muestra un dahír de nombramiento de alcaide de Huércal.

Sa´d, asediado en Casarabonela ya antes del 10-II-1455, solicitó ayuda a los castellanos en su condición de vasallo de Enrique IV. El conde de Arcos, Juan Ponce de León, remitió cartas a primeros de febrero a los fronteros andaluces para que apoyaran y defendieran al rebelde, pero parece que no se cumplieron las órdenes por el deseo de mantener la paz que tenían las poblaciones de ambos lados de la frontera. Ello obligó a Enrique IV a recordar el 5-III-1455 a los concejos de Sevilla y Jerez que debían socorrer a Sa´d y que para ello pusieran sus milicias a disposición del conde de Arcos.

El 15 de marzo el rey castellano se dispuso a realizar una campaña contra el emirato nazarí y en apoyo de su vasallo; en abril entró hasta los campos de la capital granadina, pero esta se mantuvo leal a Muhammad X y el castellano se retiró, aunque de regreso atacó Íllora y Monclín.

Igualmente, a principios de mayo atacó Málaga, pero no consiguió tomarla por los refuerzos enviados (mil quinientos caballeros) desde Granada al mando de Ibn Abd al Barr e Ibn Kumasa y se limitó a talar su vega. Poco después tuvo lugar una entrevista entre Enrique IV y Sa´d, tras la cual el primero regresó a Castilla dejando ya a Abu l-Hasan Ali con su padre.

Mientras tanto, Muhammad X, tras enviar los refuerzos mencionados con sus visires Ibn Abd al Barr e Ibn Kumasa a Málaga, antes del ataque de Enrique IV, se dirigió personalmente a Almería para someter al otro hijo de Sa´d, Muhammad (XII). Al pasar por Guadix se encontró con un grupo de almogávares giennenses contra los que estaban luchando las fuerzas musulmanas el 24-IV-1455. El Sultán intervino en la batalla, pero los castellanos vencieron a pesar de la inferioridad numérica; los de Guadix reprochan la derrota al Emir, que intentó justificarla para evitar males mayores.

Nuevamente, en junio de 1455 Enrique IV entró en la vega de Granada y aunque evitó las escaramuzas, realizó una tala de los campos a partir de 11 de junio y durante tres semanas, lo que forzó a los granadinos a forzar una tregua. El representante granadino Ibrahim b. Abd al-Barr, solicitó una paz permanente que el rey castellano rechazó e impuso exigencias demasiado altas para los nazaríes. A falta de un acuerdo, pactaron la retirada del ejército castellano el 29 de julio a cambio de unas parias y un número limitado de cautivos, para proseguir luego las negociaciones de la tregua entre Diego Fernández de Córdoba, futuro conde de Cabra, y el citado visir nazarí.

Al mes siguiente, agosto de 1455, se sabe que Muhammad X había perdido el Trono porque ya lo ocupaba Sa´d. Al igual que en su primer destronamiento y en su posterior recuperación del Trono, se desconocen las circunstancias y los hechos de este segundo y definitivo derrocamiento.

Según el relato del cronista castellano Hernando de Baeza, que incurre en diversos errores y confusiones, el Rey castellano habría enviado cartas a Granada y el Albaicín anunciando su apoyo a Sa´d, quien también envió allí seguidores suyos; la capital se habría sublevado y expulsado al Emir, que se refugió en las Alpujarras.

Pero, como en la anterior pérdida del trono y en consonancia con la inestabilidad política de la época, los granadinos partidarios de Muhammad X le escribieron al poco tiempo solicitando su regreso. Así lo hizo el derrocado Muhammad X, que se dirigió a la capital a través de Sierra Nevada para no ser descubierto.

Sin embargo, Sa´d fue informado y envió a su hijo Abu l-Hasan para tender una emboscada a Muhammad X, al que capturó y llevó a la Alhambra, donde fue degollado en la sala derecha del patio de los Leones mientras sus dos hijos de muy corta edad era ahogados con una toalla. El final de Muhammad X, que solo narra Baeza, puede situarse a finales de 1455.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVI, págs. 347-354.

Abu Nasr Sa´d

Biografía

Sultán nazarí 1453-54/55/63-64. Abu Nasr Sa´d b. Ali b. Yusuf b. Muhammad adoptó el laqab de al Mustain bi-Llah. Su nombre en las crónicas cristianas aparece de múltiples formas: Muley Zad, Muley Çah, Ariza, Ciriza, derivado de Sidi Sad, entre otras. Estaba emparentado con varios sultanes y sus lazos de consanguinidad lo unían a la dinastía en línea directa como hijo del príncipe Ali, nieto del sultán Yusuf II y biznieto de Muhammad V.

Colateralmente, era sobrino de Yusuf III y Muhammad VII, a la vez que primo hermano de Muhammad VIII y Yusuf V. Con Muhammad VIII había estado en su corte durante su segundo reinado y ejerció algunas funciones de gobierno. Tuvo al menos tres hijos: Abu l-Hasan Ali su sucesor, el futuro Muley Hacén, que nació antes de 1436-1437; Muhammad al Zagal, también futuro sultán, y Yusuf (m. 1467), que falleció con apenas diecisiete años víctima de la peste.

Cuando llegó al poder era ya bastante mayor y contaba con más de cincuenta y cinco años, puesto que había nacido antes del inicio del s. IX de la hégira (1398-1399). Subió al trono mediante la abdicación de Muhammad X el Chiquito. En la misma carta en la que el gran visir Abu l-Qasim b. Sarray informaba a Sevilla del hecho, también indicaba que el nuevo emir deseaba mantener la paz vigente.

Según Abd al Basit, sucedió directamente a su tío Muhammad IX al Aysar , pero esta noticia quizá se deba al desconocimiento del reinado de Muhammad X el Chiquito por la brevedad del mismo. También cuenta el viajero egipcio que en su reinado tuvo conflictos con sus parientes y guerras con los cristianos infieles, a los que atacó cumplidamente (sin duda se refiere a su segundo reinado).

Por razones y sucesos desconocidos, a finales de 1454 o, más probablemente, en enero de 1455, Sa´d perdió el trono y fue expulsado de Granada por Muhammad X el Chiquito.

Segundo reinado 1455-1462

Con ayuda de Enrique IV, aunque no se conozca como se materializó finalmente la recuperación del trono, volvió Abu Nasr Sa´d a la Alhambra, dando comienzo así a su segundo reinado a partir-VIII-1455. Algunos meses después, el derrocado Muhammad X el Chiquito intentó volver al trono y, desde las Alpujarras, donde se había refugiado, se dirigió a la capital atravesando Sierra Nevada.

Pero Sa´d lo supo y envió a su hijo Abu l-Hasan Ali, que lo capturó y lo llevó a la Alhambra, donde fue degollado en una sala que da al Patio de los Leones mientras sus dos hijos pequeños eran ahogados con una toalla. Con ello se cerraba la crisis dinástica por el momento y el reino pudo vivir un periodo, aunque breve, apenas siete años, de tranquilidad en la Alhambra.

En 1456 estaba vigente la tregua acordada el año anterior con la mediación del ya conde de Cabra y en virtud de ella Sa´d era vasallo del rey castellano. A partir de un incidente fronterizo, la toma a primeros de 1456 del castillo de Solera por un señor nazarí que actuó por su cuenta, el conde de Cabra reclamó su devolución y endureció las condiciones para conceder una tregua duradera que se estaba negociando.

Ante la negativa de Sa´d, el rey castellano preparó su ejército y respondió con una serie de ataques desde la primavera de 1456 que le llevaron a ocupar Estepona, talar Málaga y tomar Fuengirola, esta última por la iniciativa de Juan Vidal. Posteriormente, también Jimena de la Frontera fue tomada sin que ofreciera mucha resistencia, hacia marzo de ese año.

Otra nueva tala de la Vega de Granada en agosto y septiembre hizo que Sa´d aceptara finalmente una tregua de cinco meses (X-1456III-1457) a cambio de doce mil doblas de oro y seiscientos cautivos cristianos, pero que, además, mantenía la frontera de Jaén fuera de la tregua y abierta para la guerra. Finalizada la tregua en la primavera de 1457, durante ese año y 1458 los ataque castellanos prosiguieron, si bien con una baja intensidad, mientras que, por su parte, los granadinos también realizaron algunas incursiones, como la dirigida contra la ciudad de Jaén el 1-VIII-1457 ó Quesada en 1458, entre otros.

Tras ello, el último mes de 1457, Enrique IV, mientras proseguían los ataques, volvió a encargar al conde de Cabra que entablara negociaciones con Sa´d para fijar una tregua hasta abril de 1461, que se materializó en varios acuerdos sucesivos, como el-IX-1458, renovado en 1460 y 1461, el último de los cuales finalizó el 15-IV-1462.

En 1459 y 1460 los estragos de la guerra con Castilla, así como las exigencias económicas de las parias con las que compraban los nazaríes una paz siempre breve, pudieron ser la causa de las diversas ventas del patrimonio real efectuadas por el sultán, ventas que parecen revelar una necesidad apremiante de fondos. Sa´d enajenó en estos años varias propiedades reales de gran valor, tanto parcelas rústicas de notable extensión y elevado precio como céntricos inmuebles urbanos en el rico y próspero zoco de la seda.

Tal era el objetivo de la política de Enrique IV con sus cuatro campañas consecutivas de 1455 a 1458: vender treguas, que además eran breves, a cambio de la entregas de cautivos y tributos, dos condiciones que debilitaban la economía nazarí y provocaban desasosiego y malestar social.

Mientras tanto, las relaciones con Navarra y Aragón se habían ido enfriando y se produjo un alejamiento de Alfonso el Magnánimo con respecto a Granada. Así, sustituyó el entendimiento con los musulmanes por la colaboración con Castilla en la Guerra y, en el comercio, cambió la permisividad con las mercancías prohibidas por la vigilancia de su tráfico; al mismo tiempo, renunció a sus pretensiones territoriales sobre el reino de Granada en favor de Castilla.

La estabilidad interior que había disfrutado el reino durante los últimos años fue perturbada violentamente cuando en julio de 1462 Sa´d decidió liberarse de la excesiva influencia y control de los Banu l-Sarray poseían en el gobierno. A raíz de las protestas que el reino se estaban levantando por los ataques castellanos y sus negativos efectos sobre la población y la economía, Sa´d culpó a los Abencerrajes de ello y aprovechó el descontento general para eliminarlos.

Con el pretexto de convocarles a un consejo, les tendió una emboscada en la Alhambra e hizo degollar a dos de sus principales dirigentes, el gran visir Mufarryi y Yusuf b. al-Sarray. Sin embargo, los demás, Muhammad Ali al-Balansi, al Qabsani, al Attar, consiguieron escapar y fueron a refugiarse a Málaga. Desde allí proclamaron al infante Ismail IV que se encontraba en Castilla y pidieron a Enrique IV que apoyara al pretendiente.

Al poco, con la complacida e interesada ayuda del rey cristiano, Ismail llegó a Málaga acompañado de doscientos caballeros castellanos. La historia volvía a repetirse una vez más. Al mismo tiempo los Abencerrajes convocaron a sus partidarios diseminados por todo el reino. Pero este Ismail no es Yusuf V Aben Ismael con el que se le identificaba antes de la aparición de la Yunnat al rida de Ibn Asim, cuya obra pone de manifiesto, como se ha explicado en su lugar, que Yusuf V y Aben Ismael (Ismail III) eran dos sultanes diferentes y que, además, murieron en 1447 y 1450 respectivamente.

Por tanto, se trata de otro de los tantos infantes y miembros de la familia real que andaban por la corte castellana, donde encontraban refugio y eran bien recibidos y mantenidos por los reyes de Castilla. Estos siempre tenían así un candidato para la disputa del trono de la Alhambra y un medio efectivo de sembrar la discordia y alimentar las divisiones internas en el reino nazarí. Por tanto se trata de un nuevo Ismail, otro príncipe nazarí que aparece por primera vez en este momento.

Hasta la fecha no se dispone de datos sobre su parentesco y vinculación genealógica con la dinastía nazarí, pero no cabe duda que pertenecía a ella (es llamado infante) para así poder legitimar y acreditar sus pretensiones, apoyadas por los Banu l Sarray.

También se sabe que debía ser mayor, pues se afirma que había pasado largo tiempo en Castilla y que ya en 1453 intentó conseguir el poder cuando Muhammad IX murió y la mayoría prefirió apoyar a Muhammad X el Chiquito, a la sazón, con veintitrés años, al menos, y se pronunció en favor de este joven de energía y empresas llamado el Chico, por causa de su mayor juventud comparado con Ismail.

Por tanto, se el podía situar, provisionalmente y hasta la aparición de nuevas noticias que confirmen o modifiquen esta ubicación, en la generación de Sa´d y en el mismo nivel genealógico de este sultán, en el que también están Yusuf V el Cojo y Muhammad VIII el Pequeño.

La constitución de este grupo rebelde provocó una situación de abierta guerra civil que llegó a un punto en que el reino nazarí estaba completamente indefenso y a merced del menor ataque de sus enemigos externos, quienes podían actuar con libertad una vez finalizadas el 15-IV-1462 las treguas vigentes hasta entonces.

Por ello, los ataques castellanos de la primavera y verano de 1462 realizados por el condestable Miguel Lucas de Iranzo desde Jaén a diversos lugares de los musulmanes (Arenas, Cambil, Alhabar, la comarca del Cenete, Guadix) encontraron una escasa respuesta nazarí, en alguna ocasión comandada por el célebre arráez Ali al Attar.

Igualmente, Gibraltar, que se hallaba desguarnecido porque sus tropas, partidarias de los Abencerrajes, habían acudido a la llamada que estos realizaron desde Málaga para atacar las tierras del sultán, se rindió al conde Medina Sidonia, Juan de Guzmán, y al conde de Arcos, Rodrigo Ponce de León, en agosto de 1462.

El 30 de septiembre, Archidona caía en manos cristianas tras un cerco de dos meses y provocaba una gran consternación en el reino por la importancia y valor emblemático que los granadinos concedían a esa ciudad. Mientras tanto, el infante Ismail, además de contar con el apoyo de los Abencerrajes, solicitó y obtuvo la ayuda castellana, de manera que una vez más se volvía a repetir la historia de la injerencia castellana en las divisiones internas de los granadinos a instancias de los Banu l Sarray.

El pretendiente se instaló en la región occidental del reino, en la zona de Málaga, Ronda y Setenil. En esta situación, Ismail tenía a su favor el descontento y malestar de los granadinos por los permanentes ataques castellanos, que repercutían negativamente en la aceptación popular de Sa´d. Tanto es así que ante una entrada hecha por el condestable Miguel Lucas de Iranzo en la Vega de Granada en agosto de 1462, Sa´d no se atrevió a salir a hacerle frente y abandonar la Alhambra por miedo a una rebelión.

Todos estos ataques provocaban alarma y agitación en el interior de Granada, donde, incluso, algunos grupos de población del Albaicín y la Alcazaba pretendían convertirse en mudéjares de Castilla para escapar de la continua presión cristiana. No debió resultarle difícil al pretendiente en tal coyuntura apoderarse de toda Málaga y el sector oriental del reino, incluidas Ronda y Setenil.

Finalmente, los granadinos decidieron, buscando liberarse de las penalidades de la guerra constante. reconocer al ynfante Ysmael, en septiembre de 1462. Sa´d se vio obligado a refugiarse en Íllora, mientras que Ismail estaría tomando posesión en la Alhambra.

Tercer reinado 1463-1464

Así, a primeros de 1463, pocos meses después de haber perdido el trono por segunda vez, Sa´d volvió a recuperarlo tras el derrocamiento del que había sido si rival, Ismail IV. Este se refugió con sus partidarios Abencerrajes en Íllora y mantuvo su beligerancia política, como ponen de manifiesto los ataques que dirigía contra Sa´d aún a primero de noviembre de 1463.

A pesar de ello, el pretendiente no consiguió recuperar la Alhambra y murió a finales de ese año. Las circunstancias políticas de Castilla con respecto a los reinos cristianos, al igual que ocurriera en la tregua anterior, obligaron a Enrique IV a ordenar el inicio de negociaciones para un nuevo armisticio. El acuerdo se alcanzó en febrero de 1463 y tenía una duración de ocho meses, desde el 1 de marzo al 31 de octubre.

La cada vez más difícil situación del reino obligó a Sa´d a buscar de nuevo la ayuda de sus correligionarios de otros estados, especialmente la de los poderosos mamelucos egipcios, como ya lo habían hecho los emires nasríes en ocasiones anteriores. Con esta esperanza el monarca nazarí escribió una carta en febrero de 1464 al sultán mameluco Jusqadam al Zahir, al que le envió una embajada con el objetivo de solicitar su auxilio.

En la carta real el nazarí narraba las conquistas cristianas de su territorio y resaltaba el valor de cada una de las tierras que le habían arrebatado. Concretamente, mencionaba la pérdida de las plazas que en los últimos años había sufrido: Alicún, Gibraltar, Archidona. También solicitó apoyo a los hafsíes, cuyo emir Utman envió alguna ayuda para la guerra santa ese mismo año (1464).

Al poco tiempo, Sa´d tuvo que hacer frente al ataque a la vega que Enrique IV lanzó desde Alcalá la Real en febrero de 1464 con el objetivo de forzar al sultán nazarí a someterse a una tregua. El emir no tuvo más remedio que claudicar y al mes siguiente, el 14-III-1464, en Jaén, Enrique IV publicó la tregua que sometía nuevamente al pago de parias al reino islámico por un periodo de un año.

Ello no se sirvió a Sa´d, no obstante, para prolongar su reinado, puesto que su hijo, Abu l-Hasan Ali, que ya venía desempeñando funciones de sultán y ejerciendo el poder, incitado por los visires y jefes de los Banu l Sarray y de acuerdo con ellos, se decidió a derrocar a su padre, al que expulsó de la Alhambra y obligó a abandonar Granada y refugiarse en Málaga. La noticia de estos acontecimientos llegó a Remecén a comienzos de septiembre de 1464, por lo que el destronamiento de Sa´d debió producirse a finales de agosto o principios de septiembre

Los planes para el asalto al trono parece que habían ido fraguándose con anterioridad, pues los posibles opositores al creciente poder de Abu l-Hasan y aquellos que podían estorbar sus planes habían sido apartados. Esto es lo que, parece ser le ocurrió a su hermano Muhammad, futuro sultán al Zagal, cuando unos cinco meses antes, en marzo de 1464, huyó de Granada para refugiarse en Castilla.

Con ochenta caballeros granadinos pasó a Alcalá la Real y de allí a Jaén, desde donde, transcurridos varios días, partió a la corte castellana. Temía que lo detuviera su hermano, por aquel entonces tan poderoso que ya ejercía en la práctica, ya que no oficialmente, poderes de soberano, y así es como lo llaman las crónicas castellanas.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 183-191.

Ismail IV

Biografía

Sultán nazarí 1462-1463. Aunque no se conoce con exactitud la fecha de la ascensión al trono de este nuevo sultán Ismail IV, cabe situarlo en septiembre de 1462, como se ha dicho. Contra lo que cabía esperar, el nuevo sultán que había sido y estaba apoyado por Enrique IV, no fue respetado por los nobles castellanos, deseosos de hazañas y empresas bélicas contra los enemigos de la santa fe católica, fuente de fama y botín fácil frente a una Granada debilitada y dividida.

Así, el 11-X-1462 el maestre de Calatrava, Pedro Girón, y el condestable Miguel Lucas de Iranzo se reunieron y algarearon la Vega de Granada y comarcas circundantes hasta llegar a Alcázar Genil, en las inmediaciones de la capital, esperando si el rey Ysmael, que nuevamente avían tomado por rey, saldría a pelear con ellos.

Pero Ismail IV prefirió enviar con una carta carmesí, como todas las de la cancillería nazarí, la petición de conversaciones que, una vez aceptada, llevó a cabo un pariente suyo.

El emir recordó a los nobles cristianos que había llegado al trono gracias al rey castellano y que se hallaba dispuesto a convertirse en su vasallo, por lo que les pedía que no le atacaran mientras formalizaba las treguas; además, les hacía ver que esos ataques podían provocar el descontento de los granadinos y que estos retornaran con el destronado Sa´d. Sin embargo, el maestre y el condestable no atendieron a ninguna de estas razones y continuaron la tala y el saqueo, aunque ya en el camino de vuelta a Jaén. Tal y como había asegurado el sultán nazarí, la tregua con Castilla fue acordada.

A pesar de la debilidad de Granada y la división interna en la que se hallaba el emirato, Enrique IV accedió a firmar la paz y otorgó la tregua de 1462 porque los conflictos con Navarra reclamaban todo su esfuerzo y por los ingresos que le proporcionaban las parias nazaríes. Además, la tregua tenía una escasa duración que no llegaba a los siete meses, desde el 20-IX-1462 al 1-VI-1463.

No obstante su brevedad, concedió un leve respiro al reino granadino, puesto que la guerra, como se ha visto, había continuado por más que el nuevo sultán disfrutara del beneplácito de Castilla. A pesar de ello, a finales de ese mismo año, en los últimos días de 1462 ó en los primeros de 1463, Ismail IV y sus partidarios fueron expulsados de la Alhambra al tiempo qie Sa´d recuperaba el trono perdido.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 189-1891.

Muhammad XII el Zagal

Biografía

Sultán nazarí 1485-1486. De esta manera (ver segundo reinado de Abu l-Hasan) Abu Abd Allah Muhammad b. Sa´d b. Ali, hermano de Abu l Hasan y tío de Boabdil, era llamado por sus compatriotas al zagal, el valiente, el poderoso en la guerra, de donde deriva la palabra castellana zagal.

Un cronista castellano que lo describe afirma que su rostro, grave y digno, era de singular blancura, aunque algo pálido; el cuerpo de regulares proporciones, ni flaco ni grueso; elevada su estatura. Era el duodécimo sultán nasrí que llevaba el nombre de Muhammad y no el decimotercero, como gracias a la Yumma de Ibn Asim podemos deducir ahora. Por tanto, al igual que con Boabdil, hay que modificar su numeración y designarlo como Muhammad XII y no como Muhammad XIII.

Mientras que las fuentes cristianas aseguran que los granadinos proclamaron a Muhammad XI al Zagal, el anónimo nazarí, que no menciona su prestigioso sobrenombre, también refleja cierta hostilidad cuando relata su justificada elevación al poder y dice que se apoderó del trono, en una fecha que no menciona, pero que , según las crónicas castellanas se sitúa poco después de la pérdida de Ronda (23-V-1485), quizás en junio de ese año, como se ha indicado.

Aunque parece ser que llegó a acuñar moneda con ceca de la Alhambra, su futuro como sultán no era muy esperanzador. Ese año de 1485 en que Muhammad al Zagal comenzó a reinar había sido nefasto para los granadinos, ya que en dos meses habían caído las citadas Coín, Cártama, Ronda y Marbella.

Entre tanta pérdida, al Zagal volvió a conseguir una victoria en Moclín, adonde se había dirigido para reparar sus murallas ante un inminente ataque enemigo. El 3-IX-1485 al Zagal destrozó la avanzadilla del ejército castellano que, por una imprudencia del conde de Cabra, se había anticipado al grueso de las fuerzas. Los musulmanes se apoderaron de los pertrechos y artillería transportados para el asedio por los cristianos, quienes desistieron del ataque a Moclín.

Entonces el rey, para compensar esta derrota, decidió atacar Cambil y Alhabar, respondiendo así a la petición de los habitantes de Jaén que sufrían diarias incursiones desde las fortalezas, dada su proximidad a esta capital. La fortaleza de los dos castillos y su emplazamiento inexpugnable exigió a los castellanos la instalación de tres reales y doce días de asedio con uso de artillería pesada para que en ramadan (septiembre) de 1485 se rindieran los musulmanes cambileños.

A cambio de entregar la llave de las fortalezas, el alcaide Mahomed Lentin, consiguió el seguro para que los habitantes pudieran salir libres y trasladarse con sus bienes a Granada. La caída de esta plaza avanzada, pieza clave en la frontera y la defensa de Granada, originó la evacuación de los castillos de Arenas, Montejícar e Iznalloz.

Mientras tanto, Muhammad XI, Boabdil, que con el apoyo de Fernando V se instaló en la región oriental del reino, había ido consiguiendo que diversas fortalezas de la zona lo reconocieran como sultán gracias a la promesa de paz que el rey castellano le había realizado y que amparaba a todos sus súbditos y a aquellos que le acatasen. Esto animó a sus seguidores en Granada, que consiguieron convencer a los habitantes del Albaicín, ganaderos y campesinos deseosos de paz y tranquilidad en el territorio, para que proclamaran a Boabdil y alcanzaran así la paz con los enemigos.

La guerra abierta estalló en pleno corazón de la capital. Los partidarios de su tío, Muhammad al Zagal, llegaron a utilizar artillería y almajaneques con los que lanzaban piedras a los del Albaicín desde las murallas de la alcazaba vieja. Los adictos de Boabdil resistían a la espera de su llegada, que ya les había anunciado.

La lucha se desarrolló durante más de dos meses, entre marzo y mayo de 1486. Finalmente tío y sobrino llegaron a un acuerdo, presionados por los alfaquíes, que se quejaban diziendo que por las diferencias de los reyes se perdía el reino. Boabdil renunció al reino en favor de su tío y se fue a Loja, que pidió como concesión.

Fue entonces cuando los Reyes Católicos tomaron Loja, a pesar de tenerla Boabdil, su vasallo, tras un violento ataque de artillería que obligó a los lojeños a abandonar la fuerte resistencia que ofrecieron y capitular el 30-V-1486. Todos los habitantes salieron libres con sus bienes, armas y caballos.

En ese momento Boabdil renovó o estableció un segundo acuerdo con Fernando V con el cual el castellano le concedía la región oriental de Granada como señorío en vasallaje de Castilla si el nazarí conseguía en seis meses apoderarse de esta región. Para facilitarle la labor, los Reyes Católicos concedieron el 5-VI-1486 tregua y paz por tres años a Granada y las ciudades y villas que se alzasen por Muhammad XI, Boabdil.

A continuación de la conquista de Loja, a mediados de junio la artillería castellana hizo capitular a Elvira, Íllora, Colomera, Moclín y Montefrío, todas en el espacio de un solo mes, además de otras aldeas de la zona que se entregaron. Paras mantener viva la guerra civil nazarí, Fernando envió de nuevo a Boabdil, con el que había suscrito en Loja el segundo acuerdo mencionado, hacia la región oriental para que se estableciera en los castillos de la zona.

Sus habitantes lo reconocieron y se sometieron a él buscando la paz y seguridad que el tratado con los cristianos les prometía. Una vez consolidado, el pretendiente se dirigió a Granada el 15-X-1486 y entró secretamente en el Albaicín, donde nuevamente sus partidarios le esperaban. Los restantes granadinos se mantuvieron fieles a su tío, el emir Muhammad XII al Zagal, y la lucha fratricida volvió a las calles de la capital.

Boabdil contaba con el apoyo militar de Castilla en hombres, artillería y suministros, pero al Zagal (el 23-I-1487) decidido a entrar por la fuerza en el Albaicín y masacrar a los rebeldes, convocó a la gente de Baza y Guadix para que desde el camino de Alfacar entraran por la puerta de Fajalauza.

El ataque simultáneo permitió a los de al Zagal apoderarse de varias puertas del barrio, aunque sus defensores consiguieron rechazar el ataque. Mientras tanto, el rey Fernando se dirigió a asediar Vélez-Málaga, por lo que Muhammad XII al Zagal, a los diez días de conocer la noticia, tuvo que dividir sus fuerzas y enviar un contingente a socorrer la ciudad, cosa que no consiguió, y los de Vélez-Málaga tuvieron que cejar en su dura resistencia y capitular el 4-V-1487).

Los vencidos pudieron emigrar con sus bienes a donde desearon y algunos fueron trasladados por los cristianos al Norte de África. Esta conquista, como sucedió en otras ocasiones, llevó aparejada la entrega de otras alquerías y plazas menores de los alrededores, como Bentomiz o Comares.

De regreso hacia Granada de la fallida expedición de socorro de Vélez, al Zagal recibió la noticia de que su sobrino Muhammad XI con sus partidarios del Albaicín se habían apoderado de la ciudad y Boabdil había sido proclamado nuevamente el domingo 29-IV-1487. Ante ello, al Zagal se dirigió a la Alpujarra y a continuación se estableció en Guadix.

R.B.: VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 198-202.