Taifa de Almería

Aflah, 1011-1014
Jayran, 1014-1028
Zuhayr, 1028-1038
Abd al Aziz b. Sanchuelo, 1038-1044
Man b. Sumadih, 1044-1051
Abu Yahya al Mutasim, 1051-1091
Ahmad Muizz, 1091-1091

Aflah

Biografía

Régulo de Almería, 1011-1014. Sabemos que a finales del s. X y comienzos del XI una serie de gobernadores de Almería mantenían allí la soberanía del califato de Córdoba: Ibn Maslama, luego al Qasim b. al Qasim b. Abderramán (996-997), luego Ibn Hudayr, luego Ibn Faryun al-Robólo, luego Ibn Sa´id, y entre agosto de 1009 y agosto de 1010 gobernó Pechina, Almería y sus distritos Abderramán b. Rawis.

Este compartía su poder con el eslavo Aflah, pero pelearon, abandonando el primero Almería y, con ayuda de los beréberes, se hizo fuerte en Pechina, donde fue muerto.

Poco después Pechina se despobló en fecha imprecisa de 1011-1012, y sus habitantes se trasladaron a Almería, donde dominaba el eslavo, ahora secundado por Ibn Hammud, entre los cuales también hubo luchas en seguida, narradas por don Rodrigo Ximénez de Rada y luego por la primera Crónica General de España, y solo aludidas por al Udri, que cuenta como intervinieron en ellas los abid, los esclavos negros, como seguramente hay que entender la denominación. Al cabo, en julio de 1014, Jayran fue contra Aflah y ocupó Almería, ampliando con ella los dominios que hasta entonces tenía, e instalando allí el centro de su poder hasta su muerte, en junio-julio de 1028.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I págs. 66-66.

Jayran

Biografía

Régulo de Almería, 1014-1028. Régulo de Murcia, 1013-1028. Jayran fue un personaje de relevancia notable en el contexto político del periodo conocido como la fitna, es decir, la descomposición del califato cordobés durante el primer tercio del s. XI. Aunque ignoramos todo respecto a sus orígenes, se sabe que Jayran pertenecía a la elite burocrática de origen eslavo que desempeñaba altos cargos en la Administración omeya.

Desde el comienzo aparece vinculado al servicio de la dinastía amirí, siendo habitualmente designado en las fuentes como fatà, término que se utilizaba para nombrar a los oficiales de condición eslava que ocupaban los más altos puestos en la jerarquía palatina.

No obstante, es improbable que el fundador de la dinastía amirí le otorgase alguna vez poder ninguno sobre Almería, como insinúa alguna fuente árabe, dado que este hecho no habría pasado desapercibido al célebre historiador y geógrafo almeriense al Udri, al que debemos el relato más detallado de su acceso al poder en dicha ciudad.

Más que en su función como observador del califato de Córdoba, la importancia de Jayran radica en su condición de soberano de las taifas de Murcia, durante un breve periodo de tiempo y, sobre todo, Almería.

Al igual que en otras ciudades del levante mediterráneo, como Tortosa, Valencia o Denia, antiguos servidores de la administración califal, de origen eslavo, se hicieron con el dominio de la capital almeriense durante los inicios de la crisis del Estado omeya, a partir del año 1009. De esta forma, dos emires eslavos se sucedieron en el gobierno de la ciudad durante veintiséis años. El primero de ello fue el Jayran, que ejerció el poder a lo largo de catorce años, entre 1014 y 1028.

Las más antiguas referencias de que disponemos se refieren ya a la época de la fitna y, en ellas, Jayran aparece como un personaje muy implicado en las continuas luchas por el poder que caracterizan la etapa final del califato cordobés. Su aparición en las fuentes se produce en el contexto de los primeros conflictos, que en el año 1009 enfrentaban a los partidarios de dos califas, el omeya Muhammad II, bisnieto de Abderramán III (proclamado en febrero), y Sulayman al Mustain (elevado a la dignidad califal en noviembre).

En este contexto, Jayran es mencionado como uno de los eslavos amiríes que vinieron a Córdoba para ayudar a Muhammad II al Mahdi a resistir el ataque de los beréberes tras su derrota frente a ellos en el Guadiaro a finales-VI-1010. Ibn Idari señala que su fidelidad hacia el califa Muhammad II al Mahdi era escasa, siendo la facción de los eslavos, encabezada por el general Wahid, la que acabó ejecutando a Muhammad II al Mahdi y volviendo a proclamar al legítimo califa omeya, Hisam II.

Jayran abandonó Córdoba una vez que los beréberes se hicieron con el control de la ciudad, el 19-IV-1013, dirigiéndose hacia la zona del Levante, donde radicaban las bases de su poder, pues de allí procedía cuando llegó a Córdoba para ayudar a Muhammad II. En cualquier caso, a partir de ese momento Jayran se convierte en el principal caudillo de procedencia esclavona.

Las noticias de que se dispone indican que en 24-VII-1012-12 de julio 1013 logró hacerse con el control de Orihuela y de Murcia, de donde desplazó a sus primeros ocupantes beréberes. Un año más tarde, en julio de 1014, se apoderó de Almería tras imponerse a un rival eslavo llamado Aflah, que finalmente fue ejecutado junto a sus hijos. Tal es el relato del cronista almeriense al Udri, que se pronuncia en términos favorables respecto a la figura de Jayran y su actuación.

En el mes-VII-1014, entró en la ciudad de Almería el fatà Jayran, enfrentándose a Aflah y a sus dos hijos, a quienes asedió duramente hasta que consiguió demoler la Torre del Pozo y ocupar la alcazaba. Aflah y sus hijos fueron asesinados y su cadáveres arrojados al mar durante la noche. Almería y sus distritos fueron consolidaos por el fatà Jayran, quien estableció en ellos un régimen de gobierno digno de elogio.

De esta forma, inicialmente el poder de Jayran se ejerció de forma simultánea sobre Murcia y Almería, hasta que su sucesor, Zuhayr, a quien el propio Jayran había confiado el gobierno de Murcia, cayó en manos de los Banu Tahir en 1038.

Desde Almería, Jayran desempeñó un papel protagonista en los sucesos de la época. Su actuación, como la de la mayor parte de los dirigentes de esta época, estuvo marcada por una notoria oscilación de sus fidelidades políticas, que fueron fluctuando en función de las circunstancias, a veces a favor de los omeyas y otras en apoyo de los hammudíes. Desde Almería, Jayran siguió manteniendo sus ambiciones políticas y oponiéndose a la facción beréber.

Para ello, no dudó en dar su apoyo a Alí b. Hammud frente al califa Sulayman al Mustain, acompañándolo en su entrada a Córdoba el primero-VII-1016. En este contexto se sitúa la célebre detención del polígrafo cordobés Ibn Hazm, que se había exiliado en Almería y fue encarcelado por Jayran durante algunos meses, acusado de conspirar a favor de la dinastía omeya, si bien finalmente fue liberado y desterrado.

La alianza de Jayran con Alí b. Hammud no fue duradera, pues se rompió al año siguiente ante la evidencia de la ausencia del califa Hisam II, que se suponía estaba en Córdoba. Ibn Hammud quiso entonces matar a Jayran, quien logró huir hacia el Levante. Allí se fraguó su alianza con el soberano de Zaragoza al Mundir y el conde de Barcelona Ramón Borrell, quienes se unieron para proclamar, frente al hammudí, a un bisnieto de Abderramán III.

Cuando se disponían a partir desde Játiva hacia Córdoba les llegó la noticia de la muerte de Alí b. Hammud, proclamando entonces a su candidato con el sobrenombre de al Murtada. Sin embargo, al advertir que el omeya no estaba dispuesto a someterse a sus dictados, Jayran abandonó la idea de llevarlo a Córdoba, siendo asesinado por unos emisarios del eslavo el 8-V-1019, cerca de Guadix. Su cabeza fue enviada a Jayran y Mundir b. Yahya al Tuyibí que estaban en Almería, donde celebraron su muerte.

La participación de Jayran en los sucesos de la fitna no cesó prácticamente hasta el final de su vida. Tras la salida de Córdoba de Yahya al Mutali, Jayran entró en la ciudad en mayo de 1026 en compañía de Muhayid de Denia, habiendo sido enviados ambos por el soberano zirí granadino Habus b. Maksan.

Allí permanecieron cerca de un mes, hasta que surgieron desavenencias entre ambos y Jayran decidió salir de la capital, concretamente el día 19 de julio, al igual que hizo poco después el soberano de Denia, quedando la ciudad en un estado de agitación y tumultos.

A su continua intervención en los asuntos políticos de la época hay que sumar su actividad dentro de la capital almeriense, donde llevó a cabo importantes obras constructivas, tales como la ampliación de la mezquita aljama en 1019-1020 y el amurallamiento del arrabal de la Musalla, situado en la zona oriental de la ciudad, en torno al camino de Pechina.

Asimismo, las fuentes afirman que la fortaleza de Almería era conocida como fortaleza de Jayran, si bien fue construida por Abderramán III y luego reformada por Almanzor, quien, supuestamente habría nombrado a su cliente gobernador de la ciudad, por lo que tomó su nombre. sea de ello lo que fuere, lo cierto es que, a partir de Jayran, Almería comenzó un desarrollo urbanístico que culminaría en época almorávide, cuando de convirtió en una de las principales ciudades de al Andalus.

Tras su última intervención en la intrincada lucha entre los diversos soberanos por la supremacía y el control de la legitimidad califal, Jayran no volvió a salir de Almería, pasando sus dos últimos años dentro de sus territorios. Su muerte se produjo dos años después, en 27 de junio-25-VII-1028, de forma natural, habiendo dispuesto que su sucesión al frente de la taifa almeriense recayera en otro eslavo amirí, llamado Zuhair, como así ocurrió.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXVII, págs. 741-742.

Zuhayr

Biografía

Régulo de Almería, 1028-1038. Régulo de Murcia, 1028-1038. Sucedió a Jayran en 1028, tras vencer algunas oposiciones, como las del también eslavo al Musallam en Orihuela. Según al Udri e b. al Jatib, dominó Córdoba durante quince meses y medio, desde que se instaló en su alcázar el 14-VII-1034. Dominó también Baeza y Játiva, aunque esta última se la cedió a Abd al Aziz de Valencia.

Llegaron sus territorios hasta al Fayy (el Desfiladero), ya lindando con la taifa de Toledo: inmenso territorio —señala María J. Rubiera—, ya que reconocen su soberanía Játiva (con Alcira), Tudmir desde Alicante a Lorca, la provincia de Albacete con Chinchilla, enclave viario de singular importancia, Almería y Jaén.

Pero los conflictos comenzaron enseguida. En Murcia dejó Zuhair tras de sí, cuando en 1028 fue a hacerse cargo de Almería, a dos grandes personajes árabes de la aristocracia local, y de los cuales hablaremos más adelante, Abu Amir b. Jattab y Abu Bakr b. Tahir.

Muhayid, ávido de extender su territorio, intervino entonces, apoyando la reacción del primero contra el segundo, Ibn Tahir, a quien Zuhair había encomendado el gobierno de Murcia, y a quien ahora Muhayid apresó, inclinándose por Ibn Jattab. Reaccionó Zuhair, repuso a Ibn Tahir en Murcia y se llevó consigo a Almería al otro. Zuhair y Muhayid, eslavos ambos, pero vecinos enfrentados, quedaron colocados en bandos opuestos.

Zuhair estaba unido al partido beréber, junto con los ziríes de Granada, y reconocían como califas a los hammudíes. Muhayid y muchos otros se unieron al partido sevillano en 1035, reconociendo al falso Hisam II. Dentro de las luchas entre ambos partidos hay que encuadrar la citada ocupación de Córdoba por Zuhair, que como nos indican las fuentes duró hasta que se alteró el anterior pacto hilf existente entre él y Badis [de Granada].

Según Ibn Hayyán, el combate terminó en completa victoria de los beréberes de Granada, de .

los Sinhaya y un grupo de zanata que estaba con ellos y constituían su principal apoyo, quienes pasaban [a los de Zuhair] al filo de la espada desde sus caballos con verdadero espíritu de clan asabiyya y el único fin de exterminarlos. No perdonaron la vida a nadie que tuvieran a su alcance, con la saña más cruel.

Zuhair murió en este encuentro. Aunque no se supo donde halló la muerte, pues sus tropas negras sudanu-hu le habían pillado a traición en el primer momento y se habían pasado a los sinhaya en número cercano a quinientos. Esta victoria fue muy celebrada por los Ziríes granadinos, como se aprecia en uno de los poemas de Samuel b. Negrela, dedicado a esta batalla de al Funt contra Almería, fechada en el encabezamiento del poema de 4-VIII-1038.

La alegría zirí se expresa también en las Memorias de Abdállah, que asimismo manifiestan desprecio hacia los eslavos, que no tienen fruto ni hondas raíces en que sostenerse. Al enterarse de la derrota y de la muerte de su soberano Zuhair, los almerienses pusieron su ciudad en estado de defensa y acordaron entregar el mando a su sayj Abu Bakr al Ramimi y acogerse enseguida a la soberanía del soberano de Valencia, Abd al Aziz al Mansur, que entró en la alcazaba de Almería el 3-IX de ese mismo año de 1038, ejerciendo el señorío en todos sus alfoces, y hallando su tesoro público muy abundante en oro acuñado, dirhemes, aljófares y otros objetos, todo lo cual fue transportado de Almería a la ciudad de Valencia.

Puso al frente del gobierno de Almería a Abu l-Ahwas Man b. Sumadih, quien lo compartió con su hermano Abu Utba. Luego, de grado, o por fuerza, ya veremos, inició, con Man, la taifa de Almería una nueva andadura, por sí sola, ya dominada por esta familia de linaje árabe, los Tuyibíes, una de cuyas ramas eran los Banu Sumadih, de los que luego trataremos. La antigua taifa de Murcia-Almería quedó fragmentada después de concluir, con la muerte de Zuhair, su etapa eslava: acabamos de aludir a lo ocurrido en Almería.

Por su parte, Murcia fue ganando su autonomía bajo el linaje árabe de los Banu Tahir, y, como también veremos, Jaén cayó en poder de Granada. Muhayid de Denia, siempre alerta, no dejó de meter mano en la herencia de un compañero eslavo, como fuera Zuhair, y en pugna con Abd al Aziz de Valencia ocupó Murcia, Lorca, Orihuela y Elche, consevando las dos últimas e interviniendo un tiempo en las otras dos.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I págs. 66-69.

Man b. Sumadih

Biografía

Régulo de Almería, 1044-1051. Abu l-Ahwas Man Muhammad b. Sumadih. Primer soberano de la taifa almeriense de los Banu Sumadih. Los Banu Sumadih procedían de los árabes Tuyibíes de la zona del valle del Ebro, en la llamada Marca Superior, habiendo ejercido el gobierno de Zaragoza y las ciudades próximas al inicio del periodo taifa.

Uno de los miembros de esta familia, Muhammad b. Ahmad b. Sumadih, gobernador de Huesca, mantuvo un enfrentamiento con el primer soberano de dicha dinastía, su primo Mundir , por lo que hubo de abandonar su territorio, refugiándose en Valencia, donde fue acogido por el emir Abd al Aziz b. al Mansur, el cual situó a su hijo Man en una posición elevada, convirtiéndolo en visir y casándolo con una hija suya.

De esta forma, sería gracias a la intervención del emir valenciano como los Banu Sumadih se hicieron con el control de Almería, ciudad que gobernaron durante cincuenta años (1041-1091), durante los cuales gobernaron los dos miembros de la dinastía, padre e hijo.

Durante el periodo taifa, Almería fue gobernada por dos dinastías. Al igual que en otras ciudades del levante mediterráneo. algunos servidores de la administración califal, de origen eslavo, se hicieron con el dominio de la ciudad durante los inicios de la crisis del Estado Omeya, a partir del año 1009. Dos emires Eslavos se sucedieron en el gobierno de la ciudad durante 26 años hasta que, en el año 1038, se hizo con el poder Man b. Sumadih, primer miembro de su dinastía que gobernó la ciudad hasta el año 1052.

Disponemos de dos relatos contrapuestos sobre la forma en que se produjo el acceso al poder de Man b. Sumadih. según la primera de ambas versiones, que transmiten tanto la Crónica de los reyes de taifas como los cronista Ibn Idari e Ibn al Jatib, fueron los propios habitantes de Almería quienes tomaron la iniciativa.

Tras la muerte de Zuhair, el segundo y último emir eslavo, proclamaron su obediencia al emir valenciano Abd al Aziz b. al Mansur, el cual se convirtió en el nuevo soberano de la ciudad, llegando a acuñar moneda a su nombre de 1038 a 1040-41. Inicialmente, Abd al Aziz confirió el mando a su hijo Abdállah, quien adoptó el título de al Nasir. Tras un breve periodo de tiempo al frente de su gobierno murió, siendo sustituido como gobernador por Man b. Sumadih quien a partir de febrero-marzo de 1042, traicionó a su mentor valenciano y dejó de reconocer su soberanía, convirtiéndose en gobernante independiente. Este es el breve relato de la Crónica anónima.

Cuando fue matado Zuhair, los habitantes de Almería enviaron acta escrita de sumisión a al Mansur Abd al Aziz b. Abi Amir, soberano de Valencia y Murcia y le prestaron juramento de fidelidad en agosto de 1038; entonces el puso al frente de ellos a su hijo Ubayd Alláh —que llamó al Nasir (el Protector)— y a su ámel, dotado de los dos visiratos, Abu l-Ahwas Man b. Muhammad b. Sumadih. Después este negó su obediencia a al Mansur y se declaró independiente. Al Mansur los combatió, pero no consiguió nada.

Muy distinta es la versión que ofrece el almeriense al Udri, autor favorable a los Banu Sumadih y que ofrece un relato muy pormenorizado de las circunstancias de su acceso al poder, con una intención que podemos considerar claramente justificadora. Según este cronista y geógrafo, los habitantes de la ciudad habrían llegado a un acuerdo con Abd al Aziz b. al Mansur para elegir a su propio gobernante, decantándose por Man, decisión que habría contado además, con la aprobación del soberano granadino Badis b. Habus.

La mayor proximidad cronológica y geográfica de los hechos de al Udri, originario de Dalías y contemporáneo de los Banu Sumadih, no debe considerarse garantía suficiente de la superior veracidad de su relato, dada su favorable inclinación hacia dicha dinastía, como se aprecia claramente en la muy laudatoria descripción de Man, a quien atribuye grandes cualidades, uniendo inteligencia, generosidad y amor a la ciencia a sus grandes aptitudes para el gobierno, herencia de su noble estirpe.

En lo que sí coinciden las fuentes es en que, al igual que hicieron sus predecesores eslavos, Man b. Sumadih renunció voluntariamente a revestirse de los atributos de soberanía habituales en el Islam, ya que no se le conocen ni sobrenombre honorífico laqab ni emisiones monetarias, ni tampoco se le atribuyen gastos suntuarios en construcciones palatinas. Únicamente se adornó, al parecer, del título de doble visirato du-l-wizaratain.)

Por todo ello, cabría incluso cuestionar su propia condición de gobernante soberano, que sí, en cambio, se debe atribuir plenamente a su hijo y sucesor. Tras una década de gobierno, Man b. Sumadih murió en la alcazaba almeriense en enero-febrero de 1052, dejando asentado el poder de la dinastía que él había creado en Almería. Sin embargo, su hijo y sucesor solo tenía en aquel momento catorce años, por lo que no le sucedió oficialmente hasta pasado un tiempo, en 1054-1055.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXI, págs. 818-819.

Abu Yahya Muhammad al Mutasim

Biografía

Régulo de Almería, 1051-1091. Abu Yahya Muhammad al Mutasim b. Muhammad b. Sumadih al Tuyibí, al Mutasim. Miembro de los Banu Tuyib. Segundo rey de la taifa de Almería (1051-1091). Los Tuyibíes fijaron su residencia tras la conquista en la zona de Aragón. Reinando el emir omeya Muhammad I (852-886), el jefe Tuyibí Abderramán b. Abd al Aziz al Tuyibí fue apoyado por el emir, con el objetivo de poner fin al dominio de otra familia aragonesa de origen visigodo convertida al Islam, los Banu Qasi.

Así, los Banu Tuyib fueron señores de Zaragoza durante la época omeya y más tarde fueron reyes independientes en época de taifas (con el nombre de Banu Hashim), siendo destronados por los Banu Hud. Otra rama, los Banu Sumadih, fue expulsada de las tierras de Aragón por los descendientes de Abderramán b. Abd al Aziz al Tuyibí.

En la primera mitad del s. XI. Man b. Muhammad b. Ahmad b. Sumadih al Tuyibí logró hacerse con el reino de Almería, fundado hacia el año 1025 por los dos reyes eslavos Jayran y Zuhair. A su muerte en el año 1052 le sucedió su hijo Abu Yahya Muhammad , que tenía entonces catorce años.

Durante tres años la regencia del reino de Almería fue ejercida por su tío Abu Utba Sumadih. Durante su largo reinado hizo de su capital uno de los grandes centros culturales de la Península, rodeándose en su corte de poetas y literatos como Ibn al Haddad y construyendo numerosos palacios. Como los demás reyes de taifas, la mayor parte del tiempo estuvo en guerra con uno u otro de sus vecinos.

Estuvo probablemente implicado en la conspiración fomentada por el judío Yusuf contra el rey Zirí de Granada Badis. Más tarde, sus tropas tomaron parte en la batalla de Sagrajas (1086) contra los cristianos junto al emir almorávide Ali b. Yusuf (1061-1106). Como otros reyes de taifas, sufrió a continuación las consecuencias de la presencia almorávide.

Sitió sin exito la fortaleza de Aledo (Murcia) e incitó a Ali b. Yusuf a actuar duramente contra el rey de Sevilla al Mutamid, al que odiaba. Cuando se encontraba en el lecho de muerte, se dio cuenta de que Almería sería pronto sitiada por los almorávides como lo había sido Sevilla. Aconsejó, por ello, a su hijo y sucesor Ahmad b. Muhammad Muizz al Dawla que buscase asilo con los señores de Bugía (Marruecos).

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIV pág. 6958.

Ahmad b. Muhammad Muizz

Biografía

Régulo de Almería, 1091-1091. Murió Abu Yahya al Mutasim el 12-VI-1091, y le sucedió su hijo Mu´izz o Izz al Dawla. Los almorávides entraron en Sevilla en septiembre de 1091, y dos meses después, en octubre-noviembre, los Banu Samadih abandonaron Almería, que fue ocupada por los almorávides.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I pág. 101.