Taifa de Arcos

Introducción a la taifa

Emires de Arcos

Muhammad al Jizari, 1012-30
Abdun b. Muhammad, 1030-53
Muhammad al Qaim, 1053-69

Introducción a la taifa

La taifa de Arcos estuvo regida por los Jizruníes de la cabila Yarniyan, que son zanata. Su jeque, Muhammad b. Jizrun Abdun al Jazari, llegó con sus gentes a al Andalus para formar en los ejércitos de Almanzor. Debieron estar destacados en la coria de Sidonia, pues cuando estalló la guerra civil estaban en Calcena, hacia 1011-12. Tomaron la plaza fuerte de Arcos y se alzaron independientes, con su territorio circundante.

Tres Jizruníes se sucedieron al frente de la taifa: el ya nombrado Muhammad, que adoptó el título de Imad al Dawla y que murió en 1029-30, y sus dos hijos. Abdun, apresado en 1053 y asesinado por el soberano de Sevilla, y luego Muhammad al Qaim, que logró mantenerse hasta 1068-69.

Este último, ante los ataques sevillanos, recurrió al régulo beréber de Granada, que envió un destacamento pata recoger a los Jizruníes e instalarlos a salvo en la taifa zirí, pero al Mutadid les asaltó en el camino.

...llevaban una recua de unas quinientas mulas...; eran numerosos...; a unas veinte millas de la plaza fuerte que habían abandonado les salió al paso al Mutadid...; perecieron en esta batalla la mayoría de ellos...[y] su emir Muhammad b. Muhammad b. Jizrun al Qaim, que antes había ordenado a su criado que diera muerte a su mujer... [y a] su hermana.
R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I págs. 51-52.

Muhammad b. Jizrun b. Abdun

Biografía

Régulo de Arcos, 1012-1030. Los Banu Jizrun constituyen un linaje beréber perteneciente a los Yarniyan o Irniyan, de la rama zanata, una de las principales cabilas magrebíes. Según el cronista tunecino de origen andalusí Ibn Jaldun, fue uno de los linajes llegados a la Península en tiempos del califa al Hakam II para ser utilizados como contingentes armados al servicio de la dinastía Omeya cordobesa.

Durante el periodo de disgregación del califato, a comienzos del s. XI, loa Banu Jizrun se alzaron con el dominio de la localidad gaditana de Arcos, constituyendo una taifa independiente que, al igual que las del resto de occidente de al Andalus, acabó siendo anexionada por los Abasíes sevillanos.

Fueron tres los soberanos que se sucedieron al frente de la taifa de arcos. El primero de ellos, Muhammad b. Jizrun b. Abdun al Jizri, se declaró en rebeldía frente a las autoridades centrales cordobesas en el año 1012, siendo por lo tanto, una de las manifestaciones más tempranas del proceso de desmembración territorial de al Andalus que trajo aparejada la crisis del califato omeya.

Ibn Jizrun, que tomó el apodo de Amid al Dawla, se sublevó inicialmente en Calsena, ciudad hoy desaparecida y que las fuentes ubican a orillas del Guadalete, junto a desembocadura de uno de sus afluentes, el Majaceite (llamado en árabe Buta), que en la actualidad tiende a identificarse con los vestigios existentes en el actualmente conocido como Cortijo Casina.

Esta ciudad era entonces el centro administrativo de la cora de Sidonia (Saduna), cuyo nombre se derivaba de la primitiva capital, Medina Sidonia, a la que sustituyó como capital de esta circunscripción a mediados del s. IX.

Pero no fue Calsena la sede de esta taifa, sino la fortaleza de Arcos, de la que se apoderó a continuación, descrita como la más importante de al Andalus, un lugar, por lo tanto, más idóneo para un poder carente de legitimidad y recién constituido, donde la resistencia ante un previsible ataque sería más factible y desde el cual el primer Ibn Jizrun gobernó poco menos de veinte años. La crónica anónima de los reyes de taifas describe de la siguiente forma el ascenso al poder de Ibn Jizrun.

El primer dinasta de ellos fue Imad al Dawla (Pilar de la dinastía) Abu Abd Allah Muhammad b. Jizrun b. Abdun b. al Jizri, emir de los Banu Irniyan. Se declaró en abierta rebeldía en Qalsana (agosto de 1011-julio de 1012) durante el desarrollo de los disturbios (fitna). Enseguida se apoderó de Arcos, que es una de las más importantes fortalezas de al Andalus, y la dominó. Estableció en ella su soberanía, consolidando sus defensas e incrementándola en riquezas.

La caracterización que la Crónica hace de este personaje no es nada positiva, ya que lo describe como atrevido y falto de escrúpulos, saltador, asesino y derramador de sangre. En cambio otras fuentes dan una imagen más negativa de su hijo y sucesor, a quien comparan desfavorablemente con su padre. La fuente antes citada señala que el primer Ibn Jizrun murió en el año 1029, aunque sin aportar dato alguno respecto a las circunstancias concretas en las que tuvo lugar su fallecimiento.

Fue sucedido por su hijo, quien asentó el poder de la taifa, extendiendo su autoridad por amplias zonas del territorio gaditano e incluyendo el dominio de sus principales poblaciones, tales como Arcos, Jerez, Algeciras y Calsena.R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 228-229.

Abdun b. Muhammad b. Jizrun

Biografía

Régulo de Arcos, 1030-1053. Segundo gobernante, con el título de hayib —primer ministro, chambelan—, de la dinastía jizruní de la taifa de Arcos. Este grupo de procedencia beréber, de la tribu Yarniyyan, pertenecientes al gran grupo zanata , se asentó en al Andalus al mando de Muhammad b. Jizrun para engrosar el gran contingente de tropas beréberes enrolado por al Mansur b. Abi Amir.

Tras la guerra civil y el subsiguiente hundimiento del califato de Córdoba, los jizruníes se apoderaron de la región de Sidonia, incluyendo Qalsana (Calcena), Cádiz, Jerez, Arcos. Debido a la extraordinaria posición defensiva de esta última plaza y a la inestabilidad política imperante, trasladaron la capital del territorio a Arcos.

Abdun sucedió en el trono a su padre Muhammad b. Jizrun b. Abdun al Jizri, en el año 1030. Las crónicas andalusíes, siguiendo el criterio establecido por Ibn Hayyan, describen de manera muy desfavorable a Abdun: era un joven blando, afeminado y artero, carente de virtudes y con una sola gracia: la benignidad hacia sus súbditos. Sin embargo los hechos parecen contradecir, solo en parte, esta descripción, pues si bien sus súbditos estaban muy satisfechos de él, cosa muy poco común entre los reyes de taifas, su muerte no parece corresponder con la de una persona astuta.

Mantuvo una política de alianzas con los bereberes de al Andalus, tanto con los de Occidente (Carmona, Morón y Ronda) como con el gran reino beréber de Granada, principal valedor de los primeros ante la expansiva taifa de Sevilla, y no reconoció al falso califa Hisam cuando los abbadíes de Sevilla intentaron utilizarlo como medio de expandir su influencia; en cambio reconoció como califa a Muhammad al Qasim b. Hammud al Madhi, primer soberano de la taifa de Algeciras, (1039-1040), hecho que se puede inscribir en la pertenencia de este personaje al partido beréber de al Andalus.

Tras varios años de combates intermitentes entre los sevillanos y los reinos bereberes, el rey Al Mutadid de Sevilla sigue ambicionando la taifa de Arcos y las taifas vecinas. Para conseguirlas invitó a los régulos de las mismas a pasar unas jornadas festivas en Sevilla y afianzar la paz. Reunió a Abdun, régulo de Arcos, junto con los de Carmona, Morón y Ronda.

Una vez allí los agasajó y después, casi todos perecieron en la trampa que les preparó al Mutadid, que ordenó encerrarles y abrasarles en un baño (1053-1054) en una narración con indudable sabor literario, muy posiblemente con antecedentes orientales. Su cabeza quedó expuesta por al Mutadid en su alcázar, y no recibió sepultura hasta la conquista de Sevilla por los almorávides (1091). La desaparición de los régulos de Morón y Ronda condujo a la entrega de ambas poblaciones al rey de Sevilla.

A Abdun le sucedió su hermano Muhammad, que mantuvo las hostilidades con la taifa de Sevilla, en las que no llevó la mejor parte. La obra de Abdun es difícil de evaluar, pues las fuentes apenas nos dan pie a ello. Sin embargo el hecho de que solo su reino se mantuviera a su muerte, y gozara del respaldo de la población local, indica un grado de integración extraordinario en el territorio bajo su gobierno, que fue en muchas ocasiones el punto débil de los reinos bereberes, como señaló en su día el rey Badis de Granada.R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 175-176.

Muhammad b. Jizrun al Qaim

Biografía

Régulo de Arcos, 1053-1069. Nació hacia 1053 y murió en las cercanías de Arcos (Cádiz), 21-XI-1066. Rey de la taifa de Arcos. Tercer y último rey de la taifa jizruní de Arcos, que detentó, como sus dos predecesores, el título de hayib.

Los jizruníes, de origen beréber y pertenecientes al subgrupo tribal de Yarniyyan, del gran tronco zanata, llegaron a al Andalus de la mano de Almanzor, y tras la guerra civil y la caída de sus protectores del califato de Córdoba se independizaron a comienzos del s. XI en los territorios de la antigua cora de Sidonia: Cádiz, Qalsana (Calcena), Jerez y Arcos, fortaleza a la que trasladaron la capital del reino desde Calcena por ser su posición defensiva mucho más firme.

Muhammad b. Muhammad b. Jizrun al Qaim accedió al poder en circunstancias muy difíciles, pues su hermano Abdun había sido asesinado, junto a otros régulos beréberes del occidente de al Andalus (Morón y Ronda) por al Mutadid de Sevilla, que se había apoderado poco después de Morón y Ronda, por lo que la posición de los jizruníes, privados de dos de sus más firmes aliados y asediados desde posiciones más próximas por los abbadíes de Sevilla, era muy difícil. A pesar de esta situación tan comprometida pudieron mantenerse en el poder durante trece años más, combatiendo de forma incesante el acoso de la taifa de Sevilla.

Como las demás taifas beréberes de la zona, no se distinguió por su intensa vida cultural, posiblemente debido al bajo grado de arabización de sus gobernantes. La incapacidad para resistir a los ejércitos sevillanos y las frecuentes destrucciones sufridas por su reino condujeron a Muhammad a llegar a un acuerdo con Badis, rey de Granada y principal dirigente de los beréberes en al Andalus, por el que, a cambio de su protección para vivir en su reino, Muhammad le hacía entrega del mismo y podía residir allí con los suyos tranquilamente.

Sin embargo, al Mutadid interceptó la caravana de los jizruníes en su camino hacia Granada y los exterminó; los propios atacados quitaron la vida a las mujeres de su tribu para evitar que cayeran en manos de los sevillanos, en el caso de Muhammad el mismo ordenó a uno de sus servidores que matara a su mujer y a su hermana; el Reino de Arcos fue incorporado a la taifa sevillana aprovechando el desastre de los ejércitos granadino y jizruní.

Al Mutadid incorporó la cabeza de Muhammad a su colección en el jardín del Alcázar de Sevilla, y no recibió sepultura hasta la conquista de Sevilla por otros beréberes, los almorávides. La labor de Muhammad, concluida de forma tan catastrófica, se había enfrentado desde sus comienzos a dificultades insalvables, pues las pequeñas taifas de comienzos del s. XI ya no eran viables en regiones en que tuvieran que competir con otros reinos más potentes, como Sevilla, Granada, Toledo o Zaragoza, y así muchos de ellos iban siendo anexionados por entidades mayores.

La razón de la prolongación de este reino hasta finales de la década de 1060 se debió a su integración con la población local, pero esto también produjo que los daños de las incursiones sevillanas a las poblaciones del reino fueran más graves para esta dinastía, lo que condujo a Muhammad a buscar la integración del reino con otro mayor en las mejores condiciones posibles.

R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVI, págs. 750-751.