Taifa de Badajoz

Introducción a la taifa

Emires de Badajoz

Abu Muhammad, 1022-1045
Abu Bakr al Muzaffar, 1045-1068
Yahya al Mansur, 1068-1072
Umar b. Muhammad I, 1072-1095
Al Mansur III, 1095-1096

Introducción a la taifa

Tras un primer régulo eslavo llamado Sabur, se impuso en ella Abdállah in al Aftas, que había sido su brazo derecho en el gobierno, y que a partir de la muerte de su señor, 10-IX-1022, se hizo con la taifa, instalando en ella a su propia dinastía, tras acabar con la resistencia en Lisboa de dos hijos de Sabur. Eran los aftasíes beréberes de la tribu Miknasa y fieron reclutados por Tarik y traídos a al Andalus al principio del s. VIII.

Estaban por tanto, muy andalu-arabizados y pretendían incluso, por presunción, tener un origen árabe himyarí y que su linaje fuera el de Tuyib. El primer soberano aftasí, Abu Muhammad Abdállah b. Muhammad b. Maslama b. al Aftas, procedía de los Pedroches (Fahs al Ballut) y se encumbró por su propio valer. Tuvo enfrentamientos con el caíd Abu l-Qasim Muhammad b. Ismail b. Abbad de Sevilla, que pretendía ocupar Beja, en parte arruinada y reconstruirla para su taifa.

El aftasí se adelantó y destacó allí a su hijo Muhammad, mas los sevillanos vinieron a cercarla, ayudados por los los Birzalíes de Carmona, cuyo señor Ibn Abdállah es llamado en esta ocasión molino de la guerra civil por el cronista que alude a estos sucesos y que ha de ser Ibn Hayyan. A pesar de la ayuda prestada por Ibn Taifur de Mértola, perdieron los pacenses; la situación se arregló en treguas en 1030, año en que Abdállah reforzó las murallas de su capital, Badajoz, que eran originariamente de tierra.

En 1034, Ismail de Sevilla, que volvía de su ataque contra León emprendido de acuerdo con el aftasí, fue atacado por este a traición, lo cual indica la hostilidad latente entre ambas taifas vecinas. Nada más dicen las fuentes sobre los últimos doce años de este primer Ibn al Aftas, y solo vienen a dar la fecha de su muerte 30-XII-1045.

Le sucedió su hijo Abu Bakr Muhammad al Muzaffar, de aficiones cultas, y que, ayudado por su secretario Said b. Jayra, llegó a componer una vasta enciclopedia en cuarenta volúmenes, titulada por su nombre al Muzaffarí, que hoy parece perdida, pero que llegó a leer casi entera un siglo después al Marrakusi.

Pero al Muzaffar tuvo en sus veintidós años de reinado abundantes guerras. Primero con al Mamun de Toledo, a partir de 1046, que cesaron cuando el toledano pasó a guerrear contra el rey de Sevilla.

En seguida entró también al Muzaffar en luchas contra este último; cuando al Mutadid acometió su expansión por el Oeste, tomando Mértola en 1044 y luego atacando Niebla, al Muzaffar atendió las llamadas de socorro que desde allí le hicieron y puso en retirada al rey de Sevilla; unos tres años más tarde entró en la alianza beréber contra al Mutadid, junto con los Hammudíes de Málaga y Algeciras y Badis de Granada, proclamando todos califa a Muhammad b. Qasim b. Hammud al Mahdi.

En 1050-1051, al Muzaffar fue vencido por los sevillanos cerca de Évora. Ibn Hayyan cuenta.

... no podía defenderse, aislado, sin nadie para detener aquella avalancha que demolía sus soportes y mataba a sus guerreros; se acogió entonces a su ciudad de Badajoz y no envió ni un solo jinete, lamentándose a sus aliados, sin que ninguno le defendiera ni le ayudara. Cuando terminó al Mutadid de asolarle la tierra y se volvió a Sevilla, en febrero de 1051, nos llegó a Córdoba... un mensajero de al Muzaffar para comprarle esclavas cantoras con que solazarse, evitando así inspirar lástima.

En el verano de 1051, convinieron la paz Badajoz y Sevilla, por intermedio del señor de Córdoba Ibn Yahwar y, seguramente, ante la ofensiva cristiana que, amenazante se cernía sobre las taifas. Tras otras pérdidas anteriores, al Muzaffar perdió en 1057-1058 Lamego y Viseu, y a continuación Tarouca, Travanca, Penela y otras. Fernando I envió muchas tropas contra Santarem, pero al Muzaffar acudió, entrevistándose con el conde que las mandaba.

... ambos se encontraban en medio del agua, en el río de Santarem, al Muzaffar en una barca y el infiel montado en su caballo, con el agua llegándole al pecho del animal. Trataron largo tiempo del asunto de paz y tributos que vino a plantearle, resistiéndose al Muzaffar a aceptar, hasta que, tras mucho esfuerzo y dificultad convino en que le entregaría cinco mil dinares cada año a contar desde la conclusión de este armisticio.

En 1064 al Muzaffar perdió Coimbra, una de sus principales ciudades, y los musulmanes hubieron de replegarse más allá del río Mondego.

Con esta noticia cierran las fuentes árabes las referencias sobre al Muzaffar, indicando que murió en 1067-1068. Uno de sus hijos Yahya, había sido declarado heredero en vida de su padre, y así figura en las monedas con el cargo de hayib —primer ministro, chambelan—, desde 1063, y con el título de al Mansur desde dos años después, lo cual llevó a Prieto Vives a observar que la fecha de la muerte de su padre debía de adelantarse, lo cual es rebatido por H. R. Idris, señalando que no es incompatible título tan alto con categoría solo de heredero.

De todos modos hubo problemas sucesorios a la muerte de al Muzaffar y vinieron sus hijos a ocupar el poder. El año 1068-1069 la oposición y guerra entre ambos se agravó, y, con este motivo, el rey cristiano obtuvo toda la tierra musulmana que apeteció, y sus bienes y riquezas, recurriendo a sembrar cizaña entre los antagonistas.

Así se prendió el fuego de la lucha entre ambos. Yahya recurrió a al Mamun [de Toledo] y su hermano Umar a al Mutadid de Sevilla. Las intrigas no cesaron de indisponerlo hasta dejar esquilmado el país y exterminadas sus gentes. Dios puso fin a todo esto con la muerte de uno de los dos hermanos [Yahya], y el poder pasó a Umar, según el texto bien significativo de Ibn Jatib.

Umar como gobernador de Évora, había pretendido repartir con su hermano, Yahya de Badajoz, la taifa, como de grado o por su fuerza ocurrió en otras, soliviantándose siempre los ánimos, hasta que Umar quedó como único dueño, en fecha discutida, acaso 1072, aunque sus monedas habían empezado antes, en 1067-1068, llamándole al Mutawakkil dejando a su hijo al Abbas al cargo de Évora.

Fue un hombre muy culto y gran mecenas, en cuya corte y en su almunia de al Badi reunió a sobresalientes hombres de letras. Pero la presión cristaiana no cesaba, y en 1079 Alfonso VI tomo Coria.

En junio de 1080 intervino al Mutawakkil en Toledo: los toledanos, cansado de la anarquía de su soberano Al Qadir no podía enderezar, animados también por un agente al servicio del rey de Badajoz, un tal Yusuf b. al Kallas, ofrecieron a al Mutawakkil la ciudad, mientras su soberano huía a Cuenca.

Al Mutawakkil se mantuvo allí hasta abril de 1081, cuando Alfonso VI y Al Qadir se disponían a tacarle, y se volvió a Badajoz con todas las riquezas que pudo. Pronto empezaría a pagar parias al monarca de Castilla. La presión de Alfonso VI sobre las taifas fue aumentando y buen exponente de sus exigencias resulta la más o menos pretendida correspondencia cruzada entre ambos, en la que al Mutawakkil se muestra exasperado.

De él partió la iniciativa de enviar a su caíd Abu l-Walid al Bayi para intentar conciliar a todas las taifas contra los cristianos, propuesta sin éxito alguno, aunque sí lo logró su otra iniciativa, tomada al alimón con al Mutamid de Sevilla, siendo ambos, según parece, los primeros en dirigir mensajes al soberano almorávide Yusuf b. Tasufin, que acabó por desembarcar en la Península, en julio de 1086, para dirigirse significativamente, al norte de Badajoz, donde ganó con sus aliados andalusíes la batalla de Sagrajas o Zallaqa, el 23-X-1086.

Cuando Yusuf b. Tasufin decidió someter a los reinos de taifas, al Mutawakkil creyó poder conseguir salvar la suya y siempre se le mostró deferente: cuando en septiembre de 1090 depuso a los ziríes de Granada fue al Mutawakkil a felicitar al emir almorávide; más aún, en septiembre de 1091 ayudó a los almorávides a apoderarse de Sevilla, mientras hacía doble juego con los cristianos, y lograba la promesa de Alfonso VI de ayudarle a cambio de Lisboa, Cintra y Santarem.

Los súbditos de al Mutawakkil llamaron entonces a los almorávides, que entraron en Badajoz en febrero o abril de 1094. Con violencia acabaron por matar —a finales de 1095-1096— al régulo aftasí y a algunos de sus hijos, al Fald y al Abbas, quizá también a Naym al Dawla Sa´d, aunque este último, según alguna fuente, acabó por ser liberado. Su nombrado heredero al Mansur, que así aparece en algunas monedas, buscó refugio en el castillo de Montánchez hisn Sanyas y terminó por entregarse a Alfonso VI el Bravo, convirtiéndose incluso al cristianismo.R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I págs. 84-86.

Abu Muhammad Abdállah

Biografía

Régulo de Badajoz, 1022-1045. La dinastía aftasí de Badajoz fue una de las más importantes durante la época taifa, ejerciendo el poder a lo largo de unos sesenta años. A diferencia de otras familias bereberes que fundaron taifas independientes, los aftasíes, pertenecían a la rama Miknasa que se había asentado en al Andalus desde el mismo momento de la conquista.

Abu Muhammad Abdállah b. Maslama b. al Aftas, con el título de al Mansur, fue el primer soberano de la dinastía, gobernando más de veinte años. Procedía de la zona de Córdoba, concretamente de la comarca de Fahs al bahut, el valle de las Bellotas, denominación que los árabes daban al actual valle de los Pedroches.

Como otros bereberes pretendían poseer una genealogía árabe, de estirpe imyarí. Fue visir del primer régulo de Badajoz, el eslavo Sabur, a quien sucedió en el poder tras su muerte acaecida el 8-IV-1022. Imponiéndose a los dos hijos del fallecido soberano, Ibn al Aftas logró adueñarse de la situación, mientras que los teóricos herederos se refugiaron en Lisboa, donde uno de ellos, Abd al Aziz b. Sabur, se proclamó independiente, siendo sucedido poco después por su hermano Abd al Malik.

Descontentos con su gobierno, los lisboetas pidieron a Ibn al Aftas que les enviase un gobernador, a lo que el soberano pacense respondió con un contingente de tropas que se apoderó de la ciudad. Ibn Sabur fue bien tratado y se le permitió marcharse libremente, exiliándose en Córdoba.

Una de las constantes políticas del desarrollo de la taifa aftasí de de Badajoz fue su continua enemistad con los sevillanos, que se inicia desde el gobierno de Maslama b. al Aftas. Al tener noticia de que el caíd Abu-l-Qasim Abbad se disponía a ocupar Beja, decidió adelantarse enviando a su hijo Muhammad.

Se formó entonces una coalición entre el soberano de Carmona y el abbadí, quienes asediaron la ciudad y, aunque los sitiados recibieron ayuda de Ibn Tayfur de Mértola, finalmente fue tomada, siendo en gran parte masacrados sus habitantes. El hijo del soberano aftasí, Muhammad, fue conducido a Carmona y, finalmente liberado en 1030, gracias a un tratado de paz entre ambas partes.

Pero la hostilidad entre abbadíes y aftasíes continuaba y no tardó en resurgir. En 26-XI-1033, Ismail b. Abbad, hijo del soberano de Sevilla, regresaba de una expedición contra el reino de León emprendida conjuntamente con Maslama b. al Aftas, siendo atacado a traición por las tropas pacenses, si bien pudo salvarse, dirigiéndose a Ocsonoba.

Aparte de los problemas con los Abbadíes, las crónicas apenas reseñan otras informaciones sobre la actuación de Maslama b. al Aftas, entre las que cabe destacar su labor urbanística, ya que ordenó reparar las murallas de Badajoz.

Sus últimos doce años de gobierno están envueltos en una completa oscuridad debido a la falta de información, si bien se puede establecer con precisión su fallecimiento gracias a la correspondiente inscripción funeraria, que indica la fecha de 2-XII-1045. Al Mansur dejaba consolidado el Gobierno de la dinastía sobre el territorio de Badajoz, siendo sucedido por su hijo Abu Bakr Muhammad al Muzaffar.R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 119.

Abu Bakr al Muzaffar

Biografía

Régulo de Badajoz, 1045-1068. Sucedió a su padre Abu Muhammad Abdállah, primer rey de la dinastía aftasí tras su muerte y adoptó el apelativo honorífico de al Muzaffar (el Triunfante que para su desgracia no solo no correspondió con su trayectoria, sino que se puede adivinar en algunas crónicas su uso cómico.

El comienzo de su reinado se vio enturbiado con el comienzo de las guerras con al Mamun de Toledo, con el que mantuvo una serie de disputas territoriales (1046), aunque pronto hubo de abandonarlas para ayudar al régulo de Niebla, atacada por al Mutadid de Sevilla desde 1044. En el año 1047 entró en una coalición con los reinos de taifas bereberes en contra del rey de Sevilla, que atacó con gran dureza el reino pacense.

En 1050, al Muzaffar sufrió un descalabro cerca de Évora, que lo redujo a la defensiva el resto de la guerra, que terminó a finales de 1051, cuando por intercesión del gobernante de Córdoba, Ibn Yahwar, se llegó a un acuerdo de paz. Esta guerra supuso una gran calamidad para el reino, pues el ejército sevillano asoló sus campos y sus alquerías sin que pudieran detenerlo. Para mantener la moral de sus súbditos hizo comprar en Córdoba tras la derrota de Évora algunas esclavas cantoras, y el propio Ibn Hayyan menciona el objetivo evidente de este gesto, en un momento en que no podía estar interesado por otra cosa que la supervivencia.

Entre 1057 y 1058 sufrió el ataque del rey Fernando I, que conquistó Lamego, Viseu y otras plazas, además de asediar Santarem y Coimbra. Tras las conversaciones de paz, cuya narración en las fuente árabes tiene mucho de novelesco, se llegó a un acuerdo por el que aceptaba las pérdidas territoriales sufridas hasta entonces y se comprometía a pagar cinco mil dinares anuales al rey de Castilla y León. La población musulmana de Coimbra, ciudad conquistada más tarde, fue masacrada tras la conquista.

Tuvo aficiones cultas, favoreció a numerosos sabios como Ibn Abd al Barra y con la colaboración de su secretario Jayra, compuso una enciclopedia de diez grandes partes o en cuarenta volúmenes, tratando de diversas materias, entre otras, las guerras de la Arabia preislámica y de las primeras campañas del Islam, narraciones de viajes y explicaciones sobre la lengua, tanto árabe como extranjeras.

Llamó a la enciclopedia al Muzaffarí y la obra hoy está perdida. Los cronistas ponderan la magnitud de esta obra, accesible solo para magnates por su alto precio. Menos aprecio guardaba a los poetas de su tiempo, a los que consideraba incapaces de igualar a los grandes clásicos al Maarri y al Mutanabbi, razón por la que su patrocinio de la poesía fue algo menor.

El rey murió en el año 1067-1068, y le sucedió en el trono su hijo Yahya b. Muhammad al Mansur, mantuvo una pugna con su hermano Umar por la sucesión.

La evaluación de este reinado es difícil, pues los reveses militares ante sevillanos y castellanos, y las pérdidas territoriales ante estos últimos lastran cualquier balance, aunque difícilmente podría haber evitado el gobernante pacense estos problemas, al encontrarse entre los dos poderes políticos más expansivos de la Península en el s. XI.

Su falta de previsión también provocó una guerra civil a muerte, por lo que si bien algunas fuentes lo describen muy favorablemente por su dedicación a las letras, su valentía y generosidad, su labor de gobierno fue muy desafortunada.R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 238-239.

Yahya al Mansur

Biografía

Régulo de Badajoz, 1068-1072. Yahya b. Muhammad al Mansur ?,p. s. XI-Mérida (Badajoz), c. 1072. Cuarto rey de la taifa de Badajoz (1068-1072). Rey de la taifa de Badajoz, perteneciente a la dinatía de los Banu l-Aftas o Banu Maslama que ocuparon el poder en el Oeste de al Andalus tras la caída del califato de Córdoba y lo mantuvieron durante el s. XI, hasta la llegada de los almorávides.

Yahya fue el hijo mayor del rey al Muzaffar [1045-1067]. Apenas conservamos menciones acerca de su actividad durante la etapa anterior a la llegada al trono, en el que utilizó el laqab honorífico de Mayd al Dawla y fue designado hayib [1063], aunque dada la tradición de los aftasíes es muy probable que ocupara el gobierno de alguna de las ciudades principales del Reino, especialmente en su parte occidental, donde posteriormente encontró la mayor parte de sus apoyos.

Al Muzaffar murió en el año 1067-1068, y le sucedió Yahya, que adoptó el apelativo honorífico de al Mansur, que había usado ya anteriormente el fundador d el dinastía y que utilizaría brevemente el último personaje destacado de la dinastía.

Yahya al Mansur mantuvo una pugna con su hermano 'Umar al Mutawakkil', que tras la muerte de su padre se negó a someterse a al Mansur y mantuvo su rebelión desde la ciudad que gobernaba, Évora. Por esta razón el dominio de Yahya se vio limitado a la parte occidental del reino.

Los cronistas andalusíes atribuyen la dureza del enfrentamiento entra ambos hermanos a la intervención del rey de Castilla, Fernando I, que aprovechó la situación para exigir un aumento de las parias que le entregaba el reino pacense, bajo la amenaza de aliarse con su hermano y rival, con el que había llegado a un acuerdo para mantener la situación, prestando al Mutawakkil reconocimiento nominal a su hermano.

Al no ceder ante las exigencias del rey de Castilla, este atacó las fronteras del reino y llegó a amenazar la propia Badajoz, aunque las incursiones parecen haber buscado debilitar a los soberanos musulmanes para proseguir la ocupación desde el valle del Duero, frontera de los dominios de ambos reinos y que cayó en manos de los leoneses en este periodo.

Los bandos enfrentados buscaron la alianza de los reyes de las taifas cercanas, y mientras Yahya al Mansur recibía el de los soberanos de Toledo, su hermano era apoyado por al Mutadid. Los enfrentamientos y las treguas se sucedieron entre ambos bandos, contribuyendo a debilitar aún más la capacidad militar del reino pacense, inerme ante el avance cristiano.

La repentina muerte de Yahya en Mérida (1072) permitió a su hermano Umar al Mutawakkil unificar el reino y establecerse en la capital del mismo, Badajoz, aunque no consiguió detener la decadencia en la que se veía inmerso este estado, muy debilitado por las guerras internas, por las campañas de saqueo sufridas a manos de los cristianos y por los conflictos con los abadíes de Sevilla.R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 500-501.

Umar b. Muhammad al Mutawakkil

Biografía

Régulo de Badajoz, 1072-1095. Umar b. Muhammad b. Abdállah. Miembro de la familia de los Aftas. Cuarto rey de la taifa de Badajoz (1072-1095). Hijo de al Muzaffar, segundo rey de Badajoz, y hermano de Yahya al Mansur, tercer rey también de la taifa pacense.

Los aftasíes eran beréberes Miknasa, si bien pretendían ser árabes himyaríes; de hecho estaban muy arabizados. Había sido designado por su padre gobernador de Évora (Portugal).

Llegó al poder tras intrigar contra su hermano Yahya, heredero del trono de Badajoz a la muerte de al Muzaffar (1067-1068). Umar al Mutawakkil contó con la ayuda del rey de Sevilla al Mutadid y Yahya al Mansur con la del rey de Toledo, Yahya, y tras unos años de lucha logró acceder al trono en 1072. Como su padre al Muzaffar, destacó por ser hombre muy culto. También como su padre no supo parar el avance cristiano, y en el año 1079 perdió la ciudad de Coria a manos del monarca castellano leonés Alfonso VI (1065-1109).

Ocupó Toledo durante diez meses en el año 1080, invitado por los habitantes de la ciudad, que deseaban librarse de los Banu Dhu-l-Num. Abandonó la ciudad ante la amenaza del avance cristiano, que apoyaba al destronado rey al Qadir. Como los demás reyes de taifas, se vio obligado a pagar las parias a los cristianos, por lo que participó también en la petición de ayuda a los almorávides y tomó parte activa en la batalla de Sagrajas (1086), que tuvo lugar en sus dominios, a unos 4 ó 5 Km. de Badajoz.

En un primer momento pareció poder mantenerse libre y en buenas relaciones con los almorávides , ya que se supone que firmó un tratado con el general almorávide Sir b. Abi Bakr por el cual, a cambio de ayuda en hombres y material, los almorávides respetarían su territorio, por lo que habría ayudado a estos a ocupar Sevilla.

Sin embargo, temeroso de verse invadido por los almorávides, como sucedía en Granada o Sevilla, acabó aliándose con los cristianos con el compromiso de ceder Santarem, Lisboa y Cintra (Portugal), por lo que los almorávides invadieron su territorio.

Fue depuesto a finales de 1095 y ejecutado con dos de sus hijos. Otro hijo parece que se convirtió al cristianismo. Su corte atrajo a numerosos literatos, como Ibn Abdun, autor de una elegía a su dinastía que fue comentada por Ibn Badrun.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIV pág. 6958.

Al Mansur III

Biografía

Régulo de Badajoz, 1095-1096. Los almorávides con violencia acabaron por matara finales de 1095-1096al régulo aftasí, Umar b. Muhammad, y a algunos de sus hijos, al Fadl y al Abbas, quizá tambien a Naym al Dawla Sa´d, aunque este último, según alguna fuente acabó por ser liberado. Su nombrado heredero al Mansur, que así aparece en algunas monedas, buscó refugio en el castillo de Montánchez hins Sanyas y terminó por entregarse a Alfonso VI, convirtiéndose incluso al cristianismo.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII-I págs. 86-86.