Las Taifas

Taifa de Murcia
Jayran, 1013-1028
Zuhayr, 1028-1038
Abu Bakr Ahmad, 1038-1063
Abu Abderramán, 1063-1080
Ibn Rasiq, 1080-1091

Abu Bakr Ahmad b. Ishaq

Biografía

Régulo de Murcia 1038-1063. Miembro de una de las familias más poderosas de la región de Murcia, de linaje árabe, su padre comenzó la fortuna de su familia durante el dominio de Zuhayr, uno de los eslavos que encontraron su refugio durante comienzos del s. XI en el Levante. Debido a las dificultades que lossaqaliba —eslavos— tenían para incorporar a más miembros a su grupo, y a la dificultad de la mayoría para tener descendencia, pues eran eunucos, unos sucedían a otros en los gobiernos de las ciudades bajo su control.

Por ello Zuhayr dejó Murcia (1028) para ir a ocupar el gobierno de Almería, una de las ciudades más destacadas de al Andalus del s. XI, y Murcia quedó bajo su soberanía nominal, administrada por dos miembros de la aristocracia local, Abu Abderramán y Abu Amir b. al Jattab, que comenzaron a disputarse la autoridad de la ciudad. El segundo llamó en su ayuda al señor de la taifa eslava de Denia, Muyahid, al que ofreció la soberanía de la ciudad, lo que provocó que el propio Zuhayr interviniera en la lucha, apresara a Ibn al Jattab y se los llevara consigo a Almería.

Abu Bakr continuó gobernando, reconociendo la soberanía nominal de Zuhayr hasta su muerte en 1038, año en que reconoció, como el resto de la taifa de Almería, al rey de la taifa de Valencia, Abd al Azizi al amiri. Abu Bakr continuó gobernando Murcia, bajo la soberanía nominal de Valencia, hasta su muerte en el año 1063. Su sucesor en la taifa de Murcia fue su hijo Abu Abderramán Muhammad b. Ahmad.R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 229-230.

Abu Abderramán Muhammad

Biografía

Régulo de Murcia 1063-1080. Abu Bakr continuó gobernando Murcia, bajo la soberanía nominal de Valencia, hasta su muerte en el año 1063, en que fue sucedido por su hijo Abu Abderramán b. Tahir. Este, posteriormente fue destronado por el gobernador Ibn Rasiq, que aprovechó las dicultades provocadas a la población murciana por las guerras sostenidas contra los Abbadíes sevillanos para minar su posición deponiéndolo y dando entrada en la misma al visir Ibn Ammar (1078), contra el que se rebelaría posteriormente.

Preso durante un tiempo en Murcia, el rey de Valencia Abu Bakr b. Abd al Aziz, al que había reconocido como soberano la mayor parte de su gobierno, intercedió por él, por lo que fue liberado y se trasladó a Valencia. La vida política valenciana durante el tiempo que vivió Abu Abderramán era particularmente tensa, y tanto las riquezas de las que dispuso como su ascendente personal en la Corte hicieron de él uno de los protagonistas de esta época, en especial por su condición de hombre alegre e ingenioso, cuya tertulia era muy celebrada en la ciudad.

En el año 1087 prestó su ayuda financiera, sus relaciones políticas y sus consejos al rey de Valencia al Qadir, que ante el acoso de la taifa de Lérida y Denia —que llegó a asediar la ciudad— se encontraba en una situación crítica. Por esta alianza cuando alcanzó el poder Ibn Yahhaf tras asesinar al antiguo rey, la posición del antiguo mandatario de Murcia se hizo muy delicada, y en las epístolas dirigidas a familiares y amigos se conservan algunas en las que los reproches al antiguo caíd eran continuos.

Durante el periodo en que ocupó la hueste del Cid la ciudad de Valencia (1094-1102), y a pesar de haber sido aliado de al Qadir, protegido del rey de Castilla y del propio Rodrigo Díaz, Abu Abderramán se vio reducido a prisión (1095), posiblemente durante la búsqueda de las riquezas del antiguo rey, de las que tal vez el murciano tuviera en depósito alguna cantidad.

Las cartas en la que describe la ocupación castellana de la ciudad, y que celebran su retirada, son uno de los testimonios más notables de esta época. Abu Abderramán permaneció en Valencia tras la ocupación almorávide de la misma, y allí murió en el año 1114, ya nonagenario.

El responsable de la perdurable fama literaria de la que gozó Ibn Tahir fue el polígrafo Ibn Bassam, que recopiló todas sus epístolas en una obra titulada Silk al yawair min tarsil Ibn Tahir (Sarta de brillantes en la correspondencia de Ibn Tahir), que vertió, posteriormente, a su magna obra Al Dajira fi muhasin ahl al yazira (Tesoro de las excelencias de las gentes de la Península), de donde el orientalista holandés Reihart Dozy extrajo gran cantidad de noticias para trazar el cuadro de la historia de Valencia durante la ocupación del Cid, que, como se ha señalado anteriormente, vivió el propio Abu Abderramán.

El antólogo Ibn Bassam señala que la prosa de Ibn Tahir era de extraordinaria calidad, en especial en la epístolas humorísticas, que formaban uno de los cuatro tipos de composiciones que aparecen en su recopilación, junto a las de condolencia, las oficiales sultaniyyat y las dedicadas a amigos ijwaniyyat.R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 229-230.

Ibn Rasiq

Biografía

Régulo de Murcia 1080-1091. Abu Muhammad Abderramán b. Rasiq al-Qusayri. Último soberano de la taifa de Murcia. Tras la etapa inicial, protagonizada por los eslavos, la taifa de Murcia fue gobernada por dos miembros de la dinastía local de los Banu Tahir, el segundo de los cuales fue depuesto y apartado del poder por la voracidad expansiva de la taifa abbadí sevillana, en una empresa dirigida por el visir Ibn Ammar.

Es en este contexto en el que aparece la figura de Ibn Rasiq, gobernador de la fortaleza de Baly (Vilches o Vélez), situada en el camino que el ejército sevillano tenía que seguir desde Córdoba hacia Murcia. Ibn al Ammar e Ibn al Rasiq se pusieron de acuerdo para apoderarse de Murcia, tomando, en primer lugar, Mula. Entonces, Ibn Ammar regresó a Sevilla, mientras que Ibn Rasiq tomaba Murcia, encarcelando a Ibn Tahir y haciendo proclamar al soberano abbadí al Mutamid.

Era el año 1079-80 y Murcia pasaba a formar parte de los territorios de la taifa sevillana, si bien Ibn Ammar pronto comenzó a mostrar veleidades de independencia. Pese al dominio inicial del visir sevillano, Ibn Rasiq supo hacerse pronto con el dominio de la situación, según narra el emir granadino Abdállah en sus célebres Memorias, aprovechando para ello la salida de Ibn Ammar de la ciudad en embajada hacia el rey cristiano.

En esta situación, Ibn Rasiq se apoderó por sorpresa de Murcia, tras haberse ganado a sus habitantes, de forma que Ibn Ammar ya no pudo regresar a la ciudad, pasando al servicio de Ibn Hud de Zaragoza.

A partir de entonces, se inició el dominio de Ibn Rasiq sobre la ciudad de Murcia, aunque reconociendo la soberanía eminente de los abbadíes, que llegaron a acuñar allí moneda a su nombre, si bien el dominio sevillano siempre fue soportado con reticencias por Ibn Rasiq, quien, como afirmó el emir Abdállah, se apoyaba en que eran los habitantes de la ciudad los que lo habían elegido.

La relación entre ambos experimentó algunos cambios a partir de la toma por Alfonso VI de la plaza fuerte de Aledo, en territorio murciano, situada entre la capital y Lorca. Desde Aledo, los cristianos realizaban correrías e incursiones sobre Lorca y las zonas situadas bajo domino directo abbadí.

Según las fuentes árabes, Ibn Rasiq no solo no hizo nada por desalojar a los cristianos de Aledo, sino que incluso les daba ayuda, proporcionándoles víveres, ya que de esta forma al Mutamid estaba ocupado con este problema y no podía dedicarse a controlar Murcia.

El problema de Aledo determinó la segunda venida del emir almorávide Yusuf b. Tasufin a la Península. Al Mutamid estaba interesado en recuperar Aledo y poder, así, deponer a Ibn Rasiq de Murcia, ciudad cuyo gobierno quería confiar a su hijo al Radi, para compensarlo por la pérdida de Algeciras. De esta forma se estableció un pacto entre ambos soberanos, en virtud del cual Yusuf b. Tasufin se comprometía a ayudar al abbadí a cambio de que los reyes de taifa colaborasen con él.

Sin embargo, el asedio de Aledo fue un rotundo fracaso, pues mostró todas las disensiones y enemistades existentes entre los soberanos taifas, debiendo retirarse los musulmanes sin haber logrado recuperar la plaza.

El destino de Ibn Rasiq se decidió durante el propio asedio, sobre el cual disponemos el relato detallado que suministra el emir Abdállah en sus Memorias. Antes del mismo, en el año 1086, Ibn Rasiq había tenido precaución de atraerse el favor del emir almorávide al establecer la proclamación de su nombre en la oración de la aljama murciana, lo cual equivalía al reconocimiento de su soberanía.

La intención de Ibn Rasiq era anular el acuerdo de al Mutamid con Yusuf b. Tasufin, para lo cual gastó enormes sumas de dinero, poniendo su confianza en el emir Sir, quien, según la citada fuente, lo distinguió con desproporcionados miramientos. Por su parte, al Mutamid trataba de contrarrestar su actuación, pero finalmente fue Ibn Rasiq quien llegó a la máxima familiaridad con los almorávides, de forma que trataba con altanería a Ibn Abbad, daba públicas muestras de rebelión y desvío con respecto a él, y abrazaba el partido del Emir.

Entonces, al Mutamid se dirigió a los Alfaquíes, ganándose a Ibn al Qulay i, lo cual hizo cambiar la actitud del emir, quien reprochó la actitud de pública rebelión que había mantenido. Sin embargo, finalmente la balanza se decantó del lado abbadí, ya que el emir almorávide se dio cuenta de los manejos de Ibn Rasiq, quien seguía absteciendo a los cristianos durante el asedio, pues creía que si eran echados de Aledo el correría la misma suerte en Murcia.

De esta forma, se celebró una junta de Alfaquíes que emitieron una fetua o dictamen jurídico por el que se le expulsaba de la comunidad musulmana, debiendo ser entregado a la autoridad. Ibn Rasiq recurrió al emir, pero este declinó poder ayudarlo bajo el argumento de que sus delitos eran contrarios a la norma islámica. Por ello ordenó que fuese detenido y entregado a al Mutamid> , el cual lo cargó de cadenas y lo afrentó, poniéndolo bajo custodia de su hijo al Radi.

Seguidamente, el emir almorávide ordenó a los murcianos que reconocieran de nuevo al soberano abbadí, a lo cual se negaron, abandonando los contingentes murcianos el campamento de los asediadores y cortando el abastecimiento de víveres procedente de las zonas dependientes de Murcia.

La evolución de la situación en Murcia tras el fracaso de Aledo no es muy clara, debido, en gran medida, a la existencia de contradicciones entre el registro textual y el numismático. Existen monedas acuñadas entre los años 1089 y 1091 a nombre de al Mutamid, mientras que, sin embargo, en los textos que mencionan la situación de Murcia en los momentos previos a la conquista almorávide se indica que Ibn Rasiq pudo escapar de la prisión y volvió a gobernar en Murcia, donde habría permanecido hasta su muerte, ocurrida después de la caída de la ciudad, en junio de 1091.

Antes de morir, Ibn Rasiq actuó para los almorávides ayudándoles a apoderarse de Badajoz, gobernada por el aftasí al Mutawakkil. En efecto, el general almorávide Sir se valió de sus servicios para urdir intrigas con los habitantes de la ciudad y los guardias y soldados que protegían al soberano aftasí en su alcazaba, llegando a un acuerdo para que le abrieran sus puertas de noche.

De esta forma pudieron sorprender y captura a al Mutawakkil y sus hijos, al Fald y al Abbas, quienes fueron ejecutados. Ello sucedió a principios del año 1092 (12 de febrero). Con posterioridad a estas hechos, no vuelven a aparecer más noticias respecto a Ibn Rasiq, e incluso se ignora la fecha de su fallecimiento.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXVI, págs. 842-843.