Taifa de Toledo

Abu Muhammad Ismail, 1018-44
Yahya b. Ismail al Mamun, 1044-75
Yahya b. Ismail al Qadir, 1075-85

Abu Muhammad Ismail

Biografía

Régulo de Toledo 1018-1044. Abu Muhammad Ismail b. Abderramán al Zafir. Primer dinasta de los Banu Di l Nun y auténtico fundador del reino de taifas de Toledo. Al decir del historiador Ibn Hayyan, que fue su contemporáneo, Ismail fue el primero de los reyes de taifas en romper con la autoridad central, y luego fue imitado por los demás. Se ignora, sin embargo, la fecha y las condiciones de esta secesión. Ismail hizo de Toledo uno de los más brillantes, activos y prósperos reinos de taifas.

Toledo conservaba el renombre de haber sido la urbe regia de los visigodos, de ahí que los árabes la conocieran también con la designación de Madinat al Muluk (ciudad de los reyes). Como capital de la frontera o Marca Media —así como Zaragoza lo era de la Marca Superior y Badajoz, de la Marca Inferior— era una circunscripción militarizada, por eso pudo mantener una cuasi independencia frente a Córdoba hasta la época califal. Al producirse las guerras civiles que acabarían con el califato a principios del s. XI, Toledo volvió a ser independiente, ayudada como siempre por su posición inexpugnable.

El primer personaje que formó una jefatura política riyasa en la ciudad parece que fue el caíd Abi Bakr Yais b. Muhammad, hacia 1010; pero al cabo de un tiempo fue expulsado por los toledanos, refugiándose entonces en Calatayud, ciudad en la que moriría entre 1027 y 1028. Tras ese periodo otros personajes trataron de apoderarse de la ciudad, entre ellos un tal Ibn Masarra, que no tardó en ser depuesto por los toledanos.

Otras fuentes insisten en que el poder en la ciudad y sus distritos lo tomó Abderramán b. Manyub o Matiyo, que no supo conducirse como debía —a juicio de los toledanos— y lo depusieron. Parece que los habitantes de Toledo dieron el poder y depusieron a otros dos individuos más, según recoge Ibn Adari, finalmente decidieron enviar una misiva a Abderramán b. Di l Nun, señor de Santaver, ofreciéndole la dirección de la taifa toledana. Este les envió para hacerse cargo del poder a su hijo Ismail.

Los Banu Di l Nun eran una familia beréber de la tribu Hawwara, que llegaron a España en los primeros tiempos de la conquista islámica del país. Sus descendientes aparecen aposentados desde los tiempos de Muhammad I (852-886) en Santabariyya o Santaver, antigua Centobriga, lugar harto estratégico y de difícil acceso sobre un altozano, no lejos de la confluencia del Guadiela y del Tajo. Santaver, denominaba en principio tanto al distrito o a la cora, como a su capital, hasta que en el s. IX estos bereberes —que en el proceso de arabización de los siglos VIII al X cambiaron su gentilicio de Zannun por Di l Nun— funden la capital de Uclés Uqlis, que en adelante sería la capital de la cora.

Durante los dos primeros siglos de dominio árabe islámico, los Banu Di l Nun fueron uno de los linajes más importantes de la Marca Media, citados frecuentemente en las fuentes por sus continuos alzamientos frente al poder central y por las sumisiones subsiguientes a ese poder. Una vez desaparecido el califato de Córdoba, luego de la deposición y del asesinato del último chambelán amirí, volverían a su antigua autonomía desde el primer decenio del s. XI.

Durante la guerra civil que siguió, los Banu Di l Nun apoyaron al califa Sulayman al Mustain quien otorgaría a Abderramán b. Di l Nun el título de Nasir al Dawla (defensor del Estado) por su defensa de la frontera contra los cristianos norteños, dándole también confirmación y nombramiento como señor de Santaver, junto a Huete, Uclés y Cuenca; en seguida el dunnuní adoptaría una línea de conducta totalmente independiente.

Se sabe, en fin, que Abderramán b. Di l Nun confió en 1018 a su hijo Ismail, que tenía a la sazón dieciocho años, la plaza de Uclés. Unos años más tarde, y después de la destitución de los sucesivos gobernadores de Toledo, los toledanos acogieron a Ismail b. Abderramán b. Di l Nun como soberano de la ciudad y sus distritos, pues vieron en el un medio para sacar a Toledo de la anarquía reinante.

La entronización de Ismail señala la culminación de las luchas de la gente de Toledo a lo largo de tres siglos contra la soberanía cordobesa. La independencia que los toledanos habían intentado alcanzar sin éxito, bajo el caudillaje de un buen número de rebeldes, fue realizada con Ismail, el primero de los reyes de taifas.

No cabe duda de que este soberano puso las bases de la gran taifa toledana que ocupaba territorialmente lo que había sido otrora la Marca Media —o sea, la vasta región de Castilla la Mancha situada entre Sierra Morena y el Sistema Central—, ya que se extendía su efectivo dominio desde Guadalajara y Talavera en el Norte hasta Murcia en el Sur, destacando en la política, cultura y economía de su siglo.

Ahora bien, el principal valedor de Ismail en la ciudad fue un personaje local ilustre de entre sus gentes, Abu Baku b. Yahya b. Said b. al Hadidí, que llegó a adquirir tal relevancia en la urbe que le daban el apelativo de Sayj al Balda, jeque de la ciudad ; pues, a más de ser persona de gran inteligencia, era experto en administración.

El joven Ismail b. Di l Nun —como recoge Ibn Idari—, no decidía un asunto sin él y le pedía consejo en las cosas más importantes. Esto trajo no pocos problemas, dado que la influencia de Ibn al Hadidí en las decisiones políticas del emir atizaba la animadversión de otra facción de las gentes de Toledo. El consejero del emir moriría muchos años más tarde que Ismail.

Asentado su dominio sobre Toledo, en política exterior persiguió tres objetivos principales: en primer lugar, buscar la legitimación de los Banu b. Di l Nun (ya que en Toledo había cierta tradición de caudillaje electivo) mediante la defensa de las fronteras del reino contra los ataques cristianos; segundo, manifestar abierta oposición a toda política expansionista por parte de las demás taifas vecinas; en tercero, presentar absoluta hostilidad a cualquier intento de reunificación de al Andalus bajo una soberanía centralizada fuera de Toledo, combatiendo con las armas o diplomáticamente las pretensiones de califas o supuestos califas.

Efectivamente, la abolición definitiva del califato por los notables de la ciudad de Córdoba (1031), no borró del ánimo de muchos andalusíes su devoción por los Omeyas, ya que eran símbolo de unidad, prestigio y poder. La restauración de la dinastía Omeya se convirtió en la principal causa legitimista que enarboló, entre otros aventureros, el gobernante de la Asamblea cordobesa Abu I Hazm Yawar.

Felicitó a Ismail por el celo que manifestaba defendiendo las fronteras de los ataques de los cristianos del Norte y de paso le recordaba que la prosperidad y firmeza del Estado consistía en su unión. Ismail contestó a tal misiva, diciéndole al cordobés que debía de contentarse con mandar en el rincón que de prestado tenía en Córdoba, mientras sus vecinos se lo permitieran, que por su parte no reconocía en el Andalus ni fuera de él más soberano que al del cielo.

Ismail b. Abderramán b. Di l Nun tuvo que enfrentarse a lo largo de su reinado con el problema de los aspirantes al califato, cosa que sembraría el desorden en sus dominios, e incluso ponía en peligro la integridad del reino (tal como sucedió en la zona de Calatrava cuando se dio el caso del falso Hisam II), amenazando la estabilidad de su trono.

Tuvo que enfrentarse a las pretensiones de Abu I Hazm Yawar en dos ocasiones, a las maniobras de los Abbadíes en Sevilla, que suscitaron el faso califa Hisam II. En general este problema gravitó durante todo su reinado, pero Ismail lo contrarrestó con una política de independencia absoluta del reino de Toledo, negándose a jurar lealtad a ningún pretendiente al califato. se dice que en una ocasión declaró.

Tiene derecho al poder quien lo tiene efectivamente. Yo no elijo para el poder más que a mí mismo y no me someto a nadie.

Ismail luchó contra los cristianos con suerte diversa, pero supo salvaguardar sus fronteras sin pagar jamás parias, cosa de la cual no se libraron sus sucesores. El historiador cordobés Ibn Hayyan, conocido por su hostilidad hacia él, no pudo negar sus méritos políticos y militares, y reconoció su grandeza, su modestia y su devoción en la defensa de las tierras del Islam.

De lo poco que se conoce de Ismail b. Abderramán b. Di l Nun se puede afirmar que fue hombre de mano firme y activo en la lucha y en las intrigas de la política y la diplomacia. En un ambiente turbulento y en una ciudad siempre presta a rebelarse, llegó en poco tiempo a constituir un reino, a consolidar su poder y a dominar los territorios de su estado como señor absoluto.

Poseía refinada cultura, hablaba árabe con elocuencia, pese a ser de etnia beréber. Conocía de memoria las antiguas obras de los poetas árabes, él mismo componía poesía. En la corte toledana no hubo nunca poetas de primer orden, de ahí que algunos autores manifestaran hostilidad hacia Ismail calificándolo de avaro.

En realidad, tal acusación no carece de fundamento en lo que a los poetas se refiere, estos, acostumbrados a la prodigalidad de los omeya o de otros reyes de taifas, no hallaban en la Corte toledana los subsidios a los que se creían merecedores, pues allí, solo la ciencia era realmente atendida y considerada por el rey y sus sucesores.

Ismail se preocupaba de tener unas finanzas saneadas, a fin de hacer frente a los gastos del Estado —la partida principal era la destinada al ejército— y tener bien pertrechadas y abastecidas las fortalezas de la frontera norteña. Vigilaba la entrada regular de impuestos y cuidaba de la Hacienda Pública. Sus gastos suntuarios eran modestos, llegando por todo ello a acumular grandes riquezas.

Ismail b. Abderramán b. Di l Nun murió en el año 1043, dejando bien afianzado el trono de uno de los reinos taifales más poderosos, si no el más fuerte, sus límites eran: al Este, el reino de Zaragoza y los principados independientes de Alpuente y Albarracín; al Sureste, los reinos esclavones de Denia y Valencia; al Oeste, el reino de Badajoz; al Norte, el Sistema Central lo separaba de los reinos cristianos. Le sucedió su hijo Yahya, conocido como al Mamun que llevaría su dinastía a su apogeo.

R.B.: MAÍLLO SALGADO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 279-281.