Taifa de Valencia

Mubarak y Muzaffar, 1010-17
Labib al Fatà, 1017-21
Muyahid, 1019-21
Abd al Aziz b. Sanchuelo, 1021-61
Abd al Malik b. Abd al Aziz, 1061-65
Yahya b. Ismail al Mamun, 1065-75
Abu Bakr Muhammad, 1075-85
Utman b. Abu Bakr, 1085-86
Yahya b. Ismail al Qadir, 1086-92
Yafar b. Abdállah b. Yahhaf, 1092-94

Mubarak y Muzaffar

Biografía

Régulo de Valencia, 1010-1017. Corregente de la taifa de Valencia y Játiva (1010-1018). Muzaffar fue uno de los personajes más relevantes del grupo de saqaliba o esclavos de origen eslavo que servían a los descendientes de Almanzor. Fue capturado a finales del s. X, siendo niño, posiblemente en Europa oriental; castrado e instruido en la religión islámica y en la cultura árabe, fue asignado al servicio del esclavón Mufarriy, del mismo origen.

Los sobrenombres que adoptaban, exentos de cadena genealógica, pues no se conocía su origen y no era islámico, eran adoptados por los esclavos para invocar alguna circunstancia afortunada; en este caso significa el vencedor.

Mufarriy gozaba de un alto cargo dentro de la administración califal, Shaib al Surta —zabazoque o jefe de la policía— en Madinat al Zahira, la ciudad palatina de los amiríes cercana a Córdoba. Gracias a su ayuda tanto Muzaffar como otro eslavo cuya actividad se enlaza de forma íntima con la de este, Mubarak, progresaron en la administración, y les fue asignada la supervisión de las acequias de los regadíos de las huertas de Valencia wilayat al-saquiyya, aunque las irregularidades en la administración de las mismas hicieron que tuvieran que defenderse de las acusaciones del gobernador de la ciudad, Abderramán b. Yasar (1010), que fue asesinado poco después, al comienzo de la guerra civil en el califato omeya.

La huida de distintos elementos del grupo saqaliba de Córdoba, perseguidos en la capital por los partidarios de Muhammad II al Mahdi, permitieron a estos dos cabecillas el afianzamiento de su poder en la capital levantina. Durante un tiempo parece que aceptaron la autoridad del califa hammudí Ali al Nasir, que se impuso en Córdoba, y su nombre figura en las monedas acuñadas en Valencia junto al de los dos reyezuelos eslavos (1017-1018).

El hecho de que los saqaliba llegaran a alcanzar el poder en Levante ha sido interpretado como una señal del subdesarrollo de esta región dentro de al Andalus, pues las familias andalusíes tomaron el gobierno en sus manos en lugares con mayor prosperidad en al Andalus.

Adoptaron varias medidas para consolidar su posición; además de acoger a los mencionados compañeros huidos de Córdoba, construyeron unas fuertes murallas que los pusieron al abrigo de cualquier asalto armado, y aumentaron su capital al elevar las exacciones sobre la población de la región, lo que provocó su descontento y la emigración de muchos de ellos.

La llegada de personajes con un gran prestigio en el mundo de las letras andalusíes mejoró la vida cultural de Valencia, que disfrutó de poetas de la talla de Ibn Darray al Qastalli, poeta áulico de Almanzor, que compuso panegíricos para los gobernantes de la ciudad (1014-1018); sin embargo, las crónicas mencionan la mala acogida dispensada por los dos régulos a sus antiguos señores, cuando estos acudieron a Valencia a refugiarse.

Mubarak llevó el gobierno del territorio durante estos años, destacándose por encima de Muzaffar, aunque mantenían el mismo nivel de vida, vestimentas similares y residían en el mismo palacio. Ibn Hayyan atribuye a un castigo divino por su abuso contra los musulmanes la muerte de Mubarak, que al parecer se produjo en un accidente mientras montaba a caballo; según la interpretación de Felipe Maíllo de la crónica de Ibn al Kardabus, que en este asunto difiere de las demás crónicas, Muzaffar murió antes que Mubarak, y su origen no era de los saqaliba, sino negro.

Sea como fuere, hubiera muerto poco antes o tras el asalto al alcázar subsiguiente a la muerte de Mubarak por parte de los valencianos, como indica Ibn al Jatib, a partir de 1018 no se vuelven a encontrar referencias a Muzaffar. Las menciones a Muzaffar en las fuentes son algo más positivas que las referentes a su compañero, por su mejor carácter y sus virtudes caballerescas. No queda fuera, lógicamente, de las críticas a la rapacidad con que su administración trató a los valencianos, ni a la recluta que hizo de vascos y catalanes para reforzar su ejército.

La carrera de Muzaffar ilustra el comienzo del s. XI, en que dos soldados esclavos con una educación muy rudimentaria pudieron crear un principado independiente en una región de al Andalus. La ausencia de descendientes de estos reyezuelos y la progresiva toma de conciencia de la nueva situación por parte de las familias andalusíes llevó a una normalización política pocos años después. La efímera obra de Mubarak y Muzaffar se hundió con ellos.

R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVII, págs. 262-263.

Abd al Aziz b. Sanchuelo

Biografía

Régulo de Valencia, 1021-1061. Régulo de Almería, 1038-1044. Como indica su nombre era hijo del primogénito de Almanzor, Abderramán, llamado Sanchuelo. Nieto de Almanzor, fue el primer soberano amirí de Valencia, sucediendo a los eslavos, que inicialmente se habían hecho con el control de la ciudad.

Con Abd al Aziz, la taifa valenciana conoció un periodo de notable estabilidad política, ya que, a su largo gobierno, hay que sumar su sucesión por los hijos y un nieto, hasta el año 1086, completando un ciclo de sesenta y cinco años de gobierno amirí en la capital valenciana. A pesar de esta longevidad política, son pocas las noticias que las crónicas y diversas fuentes históricas nos han transmitido sobre el gobierno de Abd al Aziz.

En circunstancias en gran medida desconocidas, Valencia cayó, inicialmente bajo la influencia de los grandes funcionarios eslavos que habían servido al califato y que se hicieron fuertes en todo el litoral mediterráneo. Como señala el cronista magrebí Ibn Idari, cuando los bereberes se apoderaron de Córdoba, los esclavos amiríes temieron por sus vidas y se marcharon a la zona del Levante.

Así pues, a partir de 1010 son Mubarak y Muzaffar quienes ejercen el poder soberano en la capital valenciana, si bien su gobierno fue efímero, ya que la población se mostraba descontenta con su gestión.

Aprovechando, al parecer, un incidente que costó la vida a Mubarak, los valencianos se levantaron contra ellos y se apoderaron del alcázar, siendo proclamado Abd al Aziz el 16-IV-1021, según la fecha que indica la Crónica Anónima. El joven soberano, que hasta entonces había estado refugiado en Zaragoza, tenía solo catorce años. Era hijo de Abderramán, llamado Sanchuelo debido a su parecido con Sancho II Garcés Abarca, su abuelo.

Como es sabido, Abderramán Sanchuelo había sucedido a su hermano Abd al Malik Muzaffar en la dignidad de chambelán hayib, y su ejecución durante la revolución cordobesa de 1009 dio inicio al desarrollo de la desmembración del califato fitna. De esta forma se inicia su extenso periodo de Gobierno sobre Valencia, uno de los más largos de un régulo de taifa, que se prolongó por espacio de 40 años, algo insólito en el volátil panorama político andalusí del s. XI.

Inicialmente Abd al Aziz reconoció al soberano malagueño al Qasim, la autoridad de referencia en ese momento, quien lo ratificó en su puesto y le dio los sobrenombres de du-l-sabiqatayn y al Mu`tamin.

Sin embargo, cuando en 1035, los abbadíes de Sevilla proclamaron al supuesto Hisam II, presuntamente reaparecido tras largos años en paradero desconocido, Abd al Aziz se apresuró a prestarle juramento de fidelidad, al igual que otros soberanos, haciendo figurar el nombre del califa omeya junto al suyo en las monedas.

Régulo de Almería

Junto al dominio de Valencia, Abd al Aziz ejerció, temporalmente la soberanía sobre Almería. El emir eslavo Zuhayr, sucesor de Jayrán, murió el 31-VIII-1038 a manos del emir de Granada, Badis b. Habus. Ante el temor de verse sometidos a su poder, los habitantes de Almería proclamaron soberano a Abd al Aziz, quien llegó a acuñar moneda a su nombre en la ciudad, de 1038 a 1041.

Inicialmente, Abd al Aziz confirió el mando de la misma a su hijo Abdállah, quien adoptó el título de al Nasir. Tras un breve periodo de tiempo al frente de su gobierno murió, sustituyéndolo Man b. Sumadih, un aristócrata árabe expulsado de la Marca Superior por motivos políticos que se había refugiado en Valencia, donde Abd al Aziz le había convertido en visir y le casó con una hija suya.

Sin embargo, a partir de 24 de febrero-25-III-1042, Man b. Sumadih dejó de reconocer la soberanía del valenciano, por lo que Almería quedó fuera de su dominio, aunque lo cierto es que no parece haberse proclamado verdaderamente soberano, ya que no se le conocen ni sobrenombre honorífico laqab ni emisiones monetarias.

Entre las informaciones que se dispone respecto a la activación gubernamental de Abd al Aziz se encuentran la relativas a las denominadas construcciones principescas, un fenómeno muy característico del periodo, aunque peor documentado en Valencia en comparación con otras taifas como Almería.

En este sentido, se debe al primer amirí valenciano la construcción de la llamada almunia Abd al Aziz, una finca de recreo situada extramuros que duplicaba el antiguo alcázar situado en el centro de la ciudad y considerado insuficiente para expresar la pujanza de la nueva dinastía. Al igual que otras similares, como la Sumadihiyya de Almería, esta almunia se inspiraba en modelos orientales y constaba de salones, jardines, estanques y cursos de agua artificiales, siendo descrita y elogiada por los literatos y poetas que tuvieron la ocasión de visitarla.

La importancia y el lujo de estos palacios principescos son, a juicio de P. Guichard, otra manifestación de soberanía, de forma que la amplitud de las construcciones de las taifas es producto tanto de la necesidad de afirmación y de ostentación de los signos de poder como del gusto por el lujo que ya las fuentes de la época reprochaban a estos soberanos.

Tras un largo periodo de gobierno, Abd al Aziz murió entre el 27-XII-1060 y el 25-I-1061, a los cincuenta y cinco años de edad, siendo sucedido por su hijo Abd al Malik, a quien se prestó juramento de fidelidad el mismo día de la muerte de su padre.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 125-126.

Abd al Malik b. Abd al Aziz

Biografía

Régulo de Valencia, 1061-1065. Segundo rey de la dinastía amirí de la taifa de Valencia. Nieto de Abderramán Sanchuelo, que a principios de aquel s. XI había sido el segundo hijo de Almanzor en sucederle también en Córdoba como chambelán amirí (1008-1009). Por tanto, este Abd al Malik era sobre todo biznieto del poderoso Almanzor, que había regido al Andalus durante el califato de Hisam II, hasta morir en 1002.

Parece lógica su adopción del seudo nombre califal de al Muzaffar, el Triunfante, que había sido llevado por el hermano de su abuelo, el chambelán Abd al Malik al Muzaffar (1002-1008), resultando una doble coincidencia sin duda intencionada entre ambos: la del nombre propio y la del sobrenombre honorífico, que, por otra parte, fue el más adoptado por los soberanos de taifas, ya que nueve de ellos en total recurrieron a ese título, que vinculaba su ejercicio del poder con el detentado por Almanzor y sus dos hijos sucesores,la dinastía amirí.

Asimismo se tituló Abd al Malik con el sobrenombre gubernativo de Nizam al Dawla, el orden el Estado, también llevado por otros dos reyes de taifas, y figuradamente alusivo a funciones con que prefería distinguirse. Sucedió Abd al Malik a su padre, Abd al Aziz cuando este murió en enero de 1061, del cual había sido proclamado heredero con anterioridad, según consta en sus monedas, en las que figura con ambos citados sobrenombres.

Al acceder al trono, aún no había alcanzado la pubertad y parece que tenía escasas dotes, por lo que, según señala el cronista Ibn al Jatib todo el poder lo acaparó entonces el secretario de su padre, cuyos asuntos había dirigido, Ibn Abd al Aziz que era más conocido como Ibn Rubas al Qurtubi y fue uno de los más destacados secretarios de su época.

Siguieron los conflictos entre la taifa de Valencia y otras, como la de Almería, cuyo rey al Mutasim hostigó algunos castillos en la zona de Murcia. Más graves consecuencias tuvieron los ataques de Fernando I de Castilla contra la taifa de Valencia, seguramente para imponerle parias. Abd al Malik solo se mantuvo en el poder cuatro años, era aficionado al vino y carecía de cualidades elogiables, demostraba escasa religiosidad y poco carácter, siendo además bastante negligente.

El rey de Toledo, al Mamun, que era yerno de Abd al Malik de Valencia, ayudó a este en un principio, pero pronto acabó deponiéndole, en noviembre de 1065, lo llevó a Uclés, y alzándose también con el dominio de la taifa valenciana, sobre la que se ve ya están centrándose los intereses de toledanos y castellanos.

Al Mamun mantuvo su dominio de Valencia, a través del gobierno de Ibn Rubas, durante diez años; hasta morir en junio de 1075, y a continuación se produjo la proclamación otra vez de los amiríes en Valencia, a través de un hermano de Abd al Malik al Muzaffar Nizam al Dawla, llamado Abu Bakr. No consta ninguna otra noticia sobre el destino de Abd al Malik.

R.B.: VIGUERA MOLINS, María Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 125-126.

Yahya b. Ismail al Mamun

Biografía

Régulo de Valencia, 1065-1075. Régulo de Toledo, 1044-1075. Segundo soberano de la taifa de Toledo. Yahya b. Ismail b. Di-l-Num fue hijo y sucesor de Ismail al Zafir, fundador de la dinastía toledana de ls Banu Di-l-Num, de origen beréber, que gobernó sobre ciudad hasta su conquista por Alfonso VI en 1085. La taifa toledana fue una de las más importantes de al Andalus, llegando a alcanzar la cima de su poder y de su esplendor cultural, intelectual y literario bajo el gobierno de su segundo soberano.

En este sentido, cabe considerar que, junto a la taifa abadí de Sevilla, la toledana fue, por su relevancia política, las más importante de las surgidas del desmembramiento del Califato Omeya de Córdoba. Al Mamun subió al trono el 10-VIII-104328-VII-1044, encontrando un reino bien organizado y asentado, lo que alimentó su ambición expansionista. Ello le llevó, inevitablemente al conflicto con otras taifas, sobre todo con los abadíes, cuya proclamación del falso Hisam II como legítimo califa omeya en 1035 no fue inicialmente aceptada por al Mamun.

En efecto, el enfrentamiento entre las taifas de Toledo y Sevilla fue uno de los conflictos más importantes de la época taifa y buena parte del mismo estuvo motivado por la posesión de Córdoba, cuyo valor simbólico, como capital del ya extinto califato, atraía poderosamente la ambición de los principales soberanos musulmanes, que veían en su posesión una forma de legitimar sus ambiciones de expansión territorial. Además, el conflicto por la posesión de Córdoba esta directamente ligado al fin de al Mamun, quien encontró la muerte en dicha ciudad.

Antes de entrar en conflicto con los abadíes por la posesión de Córdoba, al Mamun mantuvo un importante enfrentamiento con Sulayman b. Hud, señor de Lérida y Zaragoza, que se prolongó por espacio de tres años, desde su proclamación en el citado 1044 hasta finales de junio de 1047, cuando murió el soberano hudí, conflicto en el que ambas partes recurrieron al auxilio y apoyo de los cristianos para derrotar al rival.

El problema se originó por la posesión de Guadalajara, parte de cuyos habitantes eran favorables al soberano toledano mientras que otros apoyaban al hudí quien, mediante un contingente encabezado por su hijo Ahmad b. Hud, se apoderó de ella. Al Mamun reaccionó de forma violenta a esta acción y se puso en marcha hacia Guadalajara, si bien resultó derrotado y hubo de refugiarse en Talavera, donde Ibn Hud lo asedió, retirándose por orden de su padre.

Entonces el soberano toledano buscó ayuda externa mediante un doble expediente. Primero, pidiendo ayuda a García de Navarra, que devastó el territorio aragonés y, segundo, reconciliándose con Mutadid b. Abbad mediante la aceptación del falso Hisam II en el año 29-VI-104418-VII-1045, como indica el cronista Ibn Idari.

Por su parte, Sulayman b. Hud imitó la conducta del toledano y procuró la ayuda de Fernando I, quien, a cambio de grandes sumas, se dirigió contra Toledo, lo cual obligó a al Mamun a pedir la tregua. Sin embargo. Ibn Hud, que aparentó aceptar la paz, se sirvió del apoyo del hermano de al Mamun, enfrentado a él, y se dirigió contra Medinaceli.

El Soberano toledano recurrió de nuevo a la ayuda de los cristianos, lo que motivó una nueva expedición de Fernando I sobre Toledo, mientras al Mamun se encontraba en Medinaceli, tratando de defender la ciudad. El conflicto entre ambos soberanos solo finalizó con la muerte del hudí.

Su gran objetivo político fue la posesión de Córdoba, medio de conseguir sus aspiraciones al gobierno centralizado de al Andalus. Al llegar al poder el segundo soberano cordobés de los Banu Yahwar en 1043, al Mamun se apoderó del castillo de Almodóvar y lo asedió en la propia Córdoba, pero pudo librarse de su acoso gracias a la intervención de al Mutamid.

Sin embargo, al año siguiente, al Mamun buscó la reconciliación con el abadí, según se indicó antes. Si bien los abadíes frustraban sus intentos de apoderarse de Córdoba, en cambio las ambiciones expansionistas de al Mamun se vieron culminadas con éxito en el caso de Valencia en el año 3-XII-106521-XI-1066.

La taifa valenciana era gobernada en aquel momento por su yerno, el indolente Abd al Malik b. Abd al Aziz b. Abi Amir quien el año anterior había sufrido una severa derrota frente a Fernando en Paterna, demostrando una notoria falta de dotes de mando. Las fuentes discrepan respecto a los motivos que movieron a al Mamun a adueñarse de Valencia.

Unas señalan que el Soberano valenciano maltrató a la hija de al Mamun, siendo esta la causa de su enemistad, mientras que otras afirman que la causa fue la negativa del amirí a apoyar a al Mamun en su lucha contra Sevilla por la posesión de Córdoba y el que acogiera a sus enemigos políticos huidos de Toledo.

Para apoderarse de la ciudad valenciana, el Soberano de Toledo se valió de una argucia, tramada junto al principal visir del amirí, el cordobés Ibn Rawbas. Al Mamun se dirigió a Valencia en aparente visita, acampando en las afueras, donde salió a recibirle el soberano amirí, quien lo introdujo en el alcázar de la ciudad, donde fue apresado, siendo enviado a la ciudad de Santaver, perteneciente a los dominios de al Mamun quien, de esta forma, se apoderó sin violencia de la capital valenciana.

Allí dejó como gobernador a Ibn Rawbas durante los diez años que ejerció el dominio de la ciudad, dedicándose a proseguir su pugna con los abadíes por el control de Córdoba.

La rivalidad entre las taifas de Toledo y Sevilla se mantuvo hasta el final de los días de al Mamun, siendo Carmona uno de los puntos en torno a los cuales se manifestó el enfrentamiento. En efecto, el señor de dicha ciudad, enemistado con al Mutadid, pidió ayuda a al Mamun, ofreciéndole la entrega de la misma a cambio de una compensación en territorio toledano.

El soberano abadí, temiendo la presencia de su enemigo a una distancia tan cercana a Sevilla, reaccionó ofreciendo a al Mamun el dominio de Córdoba a cambio de que abandonase su pretensión de adueñarse de Carmona, a lo que el soberano toledano respondió favorablemente, cediéndole el dominio de la ciudad, si bien al Mutadid nunca cumplió sus promesas respecto a Córdoba.

La respuesta de al Mamun no se hizo esperar, enviando contra Córdoba un gran ejército en el año 20-X-10698-X-1070, aprovechando la muerte de su gran enemigo al Mutadid, acaecida dos años antes. De nuevo el soberano cordobés se vio obligado a recurrir al auxilio de los abadíes para librarse de la amenaza toledana, si bien, en este caso, ello permitió a al Mutamid deponer a Abd al Malik b. Yahwar y adueñarse de Córdoba, contando con el apoyo de parte de la población cordobesa y nombrando a su hijo Abbad como gobernador.

Al Mamun no renunció a la posesión de Córdoba y decidió recurrir a la ayuda de Ibn Ukasa, antiguo secretario de Ibn al Saqqa, visir de Abu-l-Walid b Yahwar, quien, tras lograr escapar de prisión, se había refugiado en Toledo, donde entró al servicio de al Mamun, quien le confió el gobierno de ciertas plazas fortificadas de la comarca de Córdoba.

Ibn Ukasa se aprovechó del descontento generado por la actuación de Abbad y logró conseguir apoyos suficientes para introducirse en la ciudad, tras sobornar a los guardias de la ciudad. Logró llegar al palacio de Abbad y matarlo, mientras que el caíd Ibn Martin pudo escapar. Finalmente, al Mamun había logrado su eterno objetivo de apoderarse de Córdoba, adonde llegó a los pocos días, 15-II-1075.

Sin embargo, en el mes de junio de ese año se produjo su muerte, acaecida en circunstancias poco claras, señalando todos los indicios como responsable a Ibn Ukasa, el cual, sin embargo, ejerció el gobierno de la ciudad durante los tres años siguientes como representante de al Qadir, sucesor de al Mamun.

Al Mamun fue uno de los soberanos musulmanes de la época taifa que no dudó en acudir en ayuda de los cristianos para solventar sus conflictos con otros soberanos musulmanes, pagando parias al primer rey de Castilla, Fernando I. Es bien sabido que, incluso, dio acogida en Toledo a Alfonso VI, conquistador de la ciudad del tajo en 1085.

Tras la muerte de Fernando I en 1065 y al producirse el enfrentamiento entre sus hijos Sancho y Alfonso, al Mamun acogió al segundo de ellos en Toledo, donde vivió refugiado varios años. la fuentes árabes señalan este hecho como explicación de la posterior conquista de la ciudad por el entonces ya soberano castellano-leonés. En efecto, Alfonso habría aprovechado la experiencia de sus años transcurridos en la ciudad toledana para conocer en detalle sus puntos débiles.

Otra de las facetas en las que destacó la taifa toledana en la época de al Mamun fue la literaria, convirtiéndose en una de las cortes más brillantes de al Andalus gracias al mecenazgo oficial del Soberano.

Junto a su labor como mecenas, al Mamun destacó por la opulencia de su Corte, siendo una de las ocasiones más rememoradas por los autores árabes la celebración del rito de circuncisión de su nieto Yahya, que luego fue su sucesor. poetas de muy diversos lugares se dirigieron a Toledo para participar en ella, si bien el soberano solo permitió la intervención de tres de ellos. Estas celebraciones alcanzaron tal renombre que a partir de entonces, la expresión circuncisión du-l-nuni se convirtió en sinónimo de festejo extraordinario y magnífico.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 497-499.

Abu Bakr b. Abd al Aziz

Biografía

Régulo de Valencia, 1075-1085. Abu Bakr b. Abd al Aziz era biznieto de Almanzor e hijo del primer amirí que ocupó el trono de la taifa de Valencia, Abd al Aziz. Los eslavos que habían ocupado el poder en Levante tras la caída del califato llamaron a este para que se adueñara de un poder que cada vez les resultaba más difícil detentar, y los descendientes del chambelán hayib crearon el estado más potente de la región, que llegó a abarcar un territorio muy considerable, que incluía Murcia y Almería.

La intervención del reino de Toledo durante el gobierno de al Mamun, que anexionó el reino de Valencia y apresó a su yerno, el rey Abd al Malik Nizam al Dawla (1065), condujo a que el gobierno efectivo recayera en la manos del visi Ibn Rawbasi, mientras se detenía durante diez años el desarrollo político de la taifa valenciana.

A la muerte de al Mamun el 1075, la inestabilidad producida en la capital del reino ante la ascensión al trono del rey al Qadir permitió a los amiríes recuperar el poder e instalar en el trono a Abu Bakr, hermano del depuesto Abd al Malik Nizam al Dawla, que mandó a prisión a Ibn Rawbasi, que murió allí poco después.

El nuevo gobernante mantuvo una política de apaciguamiento con el rey toledano, y no adoptó título alguno propio del poder soberano ni sobrenombre honorífico que pudiera provocar a al Qadir, manteniendo el simple título de visir con el que los designan las fuentes andalusíes, y acuñando moneda con el nombre de al Qadir, en un claro reconocimiento de soberanía.

Abu Bakr hubo de soportar también los embates del rey de Zaragoza, al que tuvo que reconocer una cierta obediencia (1076) para defender su ofensiva, y en 1084 se enfrentó a la primera aparición del Cid en tierras levantinas. Abu Bakr buscó la consolidación de su dinastía mediante una política de alianzas con los reinos cercanos, principalmente el de Zaragoza, que pudieran ayudarle ante una eventual agresión toledana.

Fruto de esta política fue el matrimonio de una de sus hijas con el hijo del rey de la taifa de Zaragoza, que congregó a varios de los principales reyes de los reinos de taifas de al Andalus (26-I-1085), y dejó un recuerdo perdurable como la ceremonia más fastuosa de aquel tiempo. Muhammad puso un gran interés en reforzar las murallas de Valencia, que se encontraban un tanto descuidadas, y su cuidado proporcionó una defensa que resultaría importante en los siguientes años tras su muerte, cuando la ciudad fue asediada en diversas ocasiones.

Murió el 6-VI-1085, un mes después de la ocupación de Toledo por parte de los castellanos y fue sucedido durante un corto espacio de tiempo por su hijo Utman b. Abu Bakr. Alfonso VI había acordado su apoyo a al Qadir para situarlo en el trono valenciano, por lo que las alianzas establecidas con Zaragoza, debilitadas por las muertes de los dos reyes que acordaron el pacto, no pudieron impedir que en antiguo régulo toledano reclamase el trono de Valencia, que consiguió en febrero de 1086.

Las fuentes alaban su sentido de la justicia, la importancia que le concedía, y lo alaban situándolo junto con otros dos andalusíes de su tiempo como los tres hombres más cumplidos de su época, diciendo: Durante sus días no hubo nada que reprocharle, posiblemente una alabanza que no acompañe a ningún otro rey de taifa en el s. XI.

R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 239-240.

Utman b. Abu Bakr

Biografía

Régulo de Valencia, 1085-1086. Utman b. Abu Bakr Muhammad b. Abd al Aziz. ?, s. XI / 1086 post. Cuarto y último soberano amirí de la taifa de Valencia. Utman fue el último soberano de la dinastía amirí de Valencia, fundada a comienzos del s. XI por Abd al Aziz b. Sanchuelo, nieto de Almanzor. Su gobierno fue muy efímero y, por lo tanto, la dimensión histórica del personaje poco relevante.

Su padre y antecesor Abu Bakr b. Abd al Aziz había ejercido el poder durante diez años, hasta su muerte, acaecida el 6-VI-1085, según indica la conocida como Crónica Anónima de los Reyes de Taifa, la cual añade que fue sucedido por su hijo en virtud de sus propias disposiciones testamentarias.

De esta forma, el heredero recibió el juramento de fidelidad ese mismo día, pero su gobierno solo duró nueve meses, al cabo de los cuales la ciudad cayó en manos de al Qadir de Toledo. El único relato que abarca este breve periodo es el de la citada crónica, que resume de la forma siguiente su breve gobierno.

Se le prestó juramento de fidelidad en Valencia el día de la muerte de su padre, el viernes 6-VI-1085. Continuó su soberanía en ella y se pronunció la jutba en su nombre sobre el almimbar de la mezquita aljama de Valencia, hasta que al Qadir b. Di-l-Nun entregó Toledo a Alfonso VI y se vino a Valencia. Las gentes de Valencia temieron que Alfonso le proporcionase los medios para tomarla, entonces se la entregaron.
Depusieron a este emir y, como se dijo precedentemente, dejaron a al Qadir entrar en ella. También se ha dicho, por el contrario, que al Qadir había puesto como condición a Alfonso que este lo había de hacer señor de Valencia; como consecuencia Alfonso, fiel a su palabra, cumplió lo estipulado y lo hizo entrar en Valencia a viva fuerza en esta fecha del año 1085. El reinado de Abu Amr en Valencia fue de nueve meses. Al Qadir continuó reinando en ella hasta que el cadí Ibn Yahhaf se rebeló contra él y lo mató.

Como puede verse en el relato precedente, los motivos de la deposición del soberano valenciano Ibn Abi Bakr se vinculan con la caída de Toledo en manos del rey Alfonso VI en el año 1085.El gobierno de al Qadir, cuya incapacidad era manifiesta, iba de mal en peor y cada vez dependía más de la ayuda de Alfonso VI, quien lo redujo a una situación de protectorado que aumentó la impopularidad de al Qadir el cual, finalmente, optó por ofrecerle Toledo, si a cambio le conseguía el gobierno de Valencia.

En 25 de mayo de 1085 se producía la entrada de Alfonso VI en Toledo y pocos días después, a principios de junio, moría el soberano valenciano, lo que alimentaba las ambiciones de al Qadir, quien a través de emisarios preparó el terreno para su llegada, que ocurrió nueve meses después.

En febrero de 1086 se presentó ante Valencia con algunas tropas musulmanas y el apoyo del contingente cristiano prometido por Alfonso VI, comandado por Álvar Fáñez. Los notables de la ciudad deliberaron algunos días y, finalmente, optaron por abrirle las puertas. Ello supuso el fin del efímero gobierno de Ibn Abi Bakr, de cuyo cuyo destino ulterior tras ser depuesto nada dicen las fuentes.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVIII, pág. 824.

Yahya b. Ismail al Qadir

Biografía

Régulo de Valencia, 1086-1092. Régulo de Toledo, 1075-1085. Yahya b. Ismail Yahya al Qadir. ?,p. m. S. XI-Valencia, 28-X-1092. Tercer soberano de la dinastía Banu Di-l-Num y último soberano de la taifa de Valencia.

La trayectoria de Yahya b. Ismail, nieto de al Mamun, el gran soberano de la dinastía de origen beréber de los Banu Di-l-Num de Toledo, tiene dos partes bien diferenciadas que lo convierten en un personaje singular, al haber gobernado sucesivamente en taifas distintas, las de Toledo y valencia. Su padre, Ismail había muerto antes que su abuelo, de ahí que la herencia del trono toledano recayese en él.

En el año 1075 murió envenenado al Mamun, iniciándose el periodo de gobierno de su nieto, que adoptó el sobrenombre de al Qadir. Esta primera etapa toledana de su trayectoria se extiende a lo largo de diez años y está asociada a uno de los principales episodios del enfrentamiento entre cristianos y musulmanes durante la Edad Media, la conquista de Toledo en 1085 por el rey castellano Alfonso VI.

Probablemente por ello las fuentes árabes describen a al Qadir en términos bastante peyorativos, tildándolo de soberano indolente, débil y muy influenciable, sin dotes para el gobierno, siempre sometido a las opiniones de quienes le rodeaban, pues 'cualquiera llevaba su reino por donde se le antojaba y acaparaba un puesto de visir', según afirma el cronista Ibn al Kardabus.

Debido a sus escasas dotes, la posición de al Qadir se fue haciendo cada vez más débil, en especial a partir del asesinato en 1075 del visir Ibn al Hadidi, uno de los principales colaboradores de la familia. A esta pérdida se unió la del dominio de Córdoba, que hasta 1078 Ibn Ukasa mantuvo en su poder en nombre de al Qadir.

En la capital toledana había fuertes tensiones por la supeditación política y tributaria a los cristianos y la inoperancia de los gobernantes para hacerles frente. De esta forma, en 1079 la inestabilidad interna estalló en forma de rebelión abierta y al Qadir comenzó su relación de dependencia con Alfonso VI, iniciando una dinámica que conduciría a la entrega final de la ciudad a su aliado.

La situación de descontento entre la población toledana posibilitó la intervención de Mutawakkil de Badajoz, que entró en Toledo en junio de 1080. Previamente, al Qadir había decidido a huir, dirigiéndose a Huete, donde el gobernador local se negó a acogerlo, de forma que al Qadir volvió a pedir ayuda a Alfonso VI, quien tiempo atrás había sido acogido en Toledo por su abuelo al Mamun cuando atravesaba por dificultades.

El soberano castellano-leonés aceptó prestar su ayuda como parte de la estrategia diseñada a hacerse con el dominio de la ciudad, pues exigía a cambio fuertes sumas de dinero, con lo cual, en realidad, estaba socavando la posición de al Qadir, pues los recursos necesarios para hacer frente a los pagos no hacían sino aumentar su impopularidad. Pudo, así, recuperar el dominio de la ciudad casi un año más tarde, en abril de 1081, si bien a cambio tuvo que ceder, además de cuantiosas riquezas, la entrega de los castillos de Zorita y Cantuarias, así como el de Canales.

La estrategia de Alfonso VI, perfectamente consciente, consistió, a partir de entonces, en desgastar progresivamente la resistencia de la ciudad neutralizando cualquier posible intento de ayuda exterior, hasta que la reiteración de las campañas y la evidencia de la inutilidad de la resistencia forzaron la rendición final, en unos términos favorables para al Qadir, que obtuvo del rey leonés la promesa de la entrega de Valencia a cambio de Toledo. De esta forma, la antigua capital visigoda volvía a manos cristianas en mayo de 1085.

Se inicia así la segunda fase de la trayectoria de al Qadir, vinculada al gobierno de Valencia, cuya relación con Toledo se remontaba a la época de al Mamun, suegro del entonces régulo valenciano, al cual depuso en 1065, pasando la ciudad levantina a formar parte de sus dominios. Por ello, al Qadir esperaba encontrar en Valencia el apoyo de los partidarios de su abuelo.

Según lo acordado, pocos días antes de la entrada de Alfonso VI en Toledo, al Qadir salió de la ciudad en dirección a Valencia, en espera de que fuese conquistada por el rey castellano. Desde la muerte de al Mamun, la ciudad levantina había sido gobernada de forma totalmente independiente respecto a la taifa toledana por Abu Bakr, el cual murió apenas un mes después de la caída de Toledo.

En ese momento, la ciudad quedó dividida entre los partidarios de su hijo Utman y los que apoyaban la unión con Zaragoza, ya que una de las hijas del soberano fallecido estaba casada con el heredero de aquel reino. Había, también partidarios de al Qadir, que esperaba en Cuenca el desenlace de los acontecimientos, teniendo el apoyo de un sector de la aristocracia palatina valenciana, que debía su posición a la actuación de su abuelo al Mamun.

En principio 'Utman' pudo dominar la situación, pero, contando con el apoyo decisivo de las tropas enviadas por Alfonso VI al mando de Álvar Fáñez, al Qadir fue puesto en el trono de Valencia en febrero de 1086, donde se mantuvo a los largo de seis años.

La situación de al Qadir en Valencia era sumamente inestable, pues si la idea de un soberano musulmán apoyado por contingentes cristianos resultaba, de por sí, escasamente aceptable desde el punto de vista de la ortodoxia islámica, dicha ayuda, además dependía de las correspondientes contraprestaciones económicas, lo cual suponía el mantenimiento de fuertes exigencias fiscales que tampoco contribuían a aumentar la popularidad del Soberano.

Las circunstancias cambiaron a partir de octubre de 1086, cuando la derrota de Alfonso VI en Sagrajas ante la coalición musulmana formada por los almorávides y algunos de los principales reyes de taifa forzó la retirada de la milicia de Álvar Fáñez, dejando en situación muy comprometida al gobierno de al Qadir.

Ello desató las ambiciones sobre Valencia por parte de los emires musulmanes de Denia, Tortosa y Zaragoza. Fue, finalmente la presión de los almorávides la que determinó el destino de al Qadir en Valencia. El cadí Yafar b. Abdallah b. Yahhaf entabló contacto con ellos, de forma que las noticias de la inminente llegada de los contingentes norteafricanos provocó un amotinamiento de la población valenciana, en cuyo transcurso murió asesinado al Qadir el 28-X-1092. las tropas almorávides entraron entonces en la ciudad y tomaron posesión de ella en nombre del emir Tasufin, aunque el gobierno efectivo recayó sobre Ibn Yahhaf.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 499-500.

Yafar b. Abdállah b. Yahhaf

Biografía

Régulo de Valencia, 1092-1094. Yafar b. Abdallah b. Yahhaf, Abu Ahmad al Maafiri.?, p. t. s. XI / Valencia, 1095. Alfaquí, cadí y gobernante de la taifa de Valencia. Cadí de la ciudad de Valencia a finales del s. XI, alfaquí de gran prestigio y renombre que pertenecía a una familia de la tribu de Maafir según las fuentes árabes, y que destacó tanto como maestro de la escuela malikí en derecho como en literatura y ciencias de la lengua.

Sus antepasados habían servido a los omeyas desde la judicatura de la ciudad —al menos desde época de su abuelo— y en el campo de batalla, en el que había caído luchando contra los cristianos en Simancas (939), Yumn al Yahhaf, bajo las órdenes directas de Abderramán III, y su hijo Abderramán había formado parte de una embajada andalusí, enviada por Al Hakam II, ante el rey de León Sancho I (962).

La política entreguista del rey de la taifa de Valencia, Yahya al Qadir, frente a los castellanos hizo que cobrara fuerza un partido de notables del lugar que deseaban entregar la ciudad a los almorávides, en los que veían una salvaguarda frente a los expansivos reinos cristianos. El Rey de la taifa de Valencia había accedido al trono tras entregar Toledo a Alfonso VI y dependía para su permanencia en el trono de las tropas castellanas; estas hubieron de retirarse para defender Castilla tras el descalabro de Sagrajas (1086).

Ibn Yahhaf incitó al gobernador almorávide de Murcia, Ibn Ayisa, a ocupar la ciudad aprovechando el alejamiento de los castellanos y en octubre de 1092 un destacamento de soldados almorávides bajo la dirección de b. Nasr, caíd de Alcira, ocupaba Denia, Valencia y otras ciudades levantinas como Játiva.

El rey al Qadir intentó huir y salió del alcázar llevando consigo parte importante de sus tesoros, pero fue capturado y las personas próximas a él, tanto musulmanes como cristianos, huyeron de la región y fueron al encuentro de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, que se mantenía en Levante.

Ibn Yahhaf mantuvo bajo custodia a al Qadir y pronto dio orden de asesinarlo (28-X-1092). Esta orden fue cumplida por un hombre del clan de los Banu Hadidi, que tenía una deuda de sangre pendiente con el rey desde que este era monarca de Toledo, y la cabeza de al Qadir fue paseada por la ciudad; Ibn Yahhaf se apoderó de la mayor parte de las riquezas del difunto.

Ibn Yahhaf, ante la ausencia de personaje alguno de importancia entre los almorávides y amparándose en el importante papel que estos concedían a los alfaquíes, comenzó a comportarse como si fuera el nuevo rey de la taifa de Valencia, ampliando sus residencias y guarneciéndolas de guardias, aunque reconoció la soberanía del emir almorávide Yusuf b. Tasufin y no adoptó los símbolos reales, como la acuñación de moneda a su nombre o adoptar ropas diferentes a su condición de alfaquí.

Reorganizó la administración del reino, nombrando a los secretarios y visires de la misma, muy debilitada tras la huida de los partidarios del anterior Rey; mientras tanto, los soldados almorávides permanecían en el alcázar, recibiendo suministros enviados por Ibn Yahhaf, y el gobernador almorávide de Murcia se instaló en Denia, dejando el campo libre al cadí, que actuó como el nuevo rey de la taifa valenciana en casi todos los aspectos. Esta actitud le enajenó el apoyo de algunos notables de Valencia, como el antiguo rey de Murcia Ibn Tahir, que zahería al antiguo cadí con sus versos y sus escritos.

La falta de visión política de este personaje, destacada por las fuentes árabes en grado sumo, contribuyó a dificultar la posición de los valencianos ante las amenazas de los castellanos. El propio Rodrigo Díaz mantuvo correspondencia con el nuevo gobernador valenciano, echándole en cara haber dado muerte a su rey y haber saqueado los víveres de los castellanos en el barrio donde residían, Alcudia, y le amenazó con atacar Valencia y vengar los daños que habían causado al rey Qadir.

Ibn Yahhaf reunió un pequeño contingente de soldados valencianos y almorávides a los que pagó con parte de los bienes saqueados. Entonces comenzó a formarse un grupo contrario a su gobierno que, aliado con los almorávides y dirigido por los banu Wayib, comenzó a preparar la destitución de Ibn Yahhaf y la entrega de la ciudad al gobernador de Denia, Ibn Ayisa.

Mientras tanto, los daños causados por el ataque de las tropas del Cid contra los valencianos iban en aumento, y tras tomar algunas fortificaciones de la zona como el hins de Yubayla, que no habían llegado a aceptar el dominio del cadí ni el norteafricano, configuró una cabeza de puente desde la que acosar a la taifa valenciana.

En Valencia, el partido favorable a unirse al imperio almorávide fue ganando fuerza, y exigieron el envío de una embajada a Yusuf b. Tasufin, el soberano almorávide; el gobernador de Denia hizo saber a los valencianos que su misión no tendría éxito sino iba acompañada del tesoro de al Qadir.

En este momento parece haberse producido el primer engaño de Ibn Yahhaf a propósito de esta riqueza, pues al parecer envió solamente una parte de menos valor y retuvo para sí la parte más preciada; este envío no llegó, al parecer, a su destino, pues fue interceptado por el Cid gracias a la intervención de un miembro de la embajada, antiguo partidario de al Qadir, que comunicó al castellano el recorrido de la misma.

El asedio al que sometió Rodrigo Díaz a la ciudad de Valencia desde julio de 1093 fue muy dañino para Ibn Yahhaf, pues fueron incendiadas las propiedades extramuros de su clan. Las negociaciones entre ambas partes condujeron a un principio de acuerdo para hacer evacuar a los almorávides presentes en el alcázar de la ciudad, que se concretó en agosto de 1093, con la salida de los beréberes hacia Denia y el restablecimiento de la tutela castellana sobre la ciudad, que seguía bajo el mando de Ibn Yahhaf, al que Rodrigo Díaz propuso someter a los gobernadores de las plazas menores de la región para que pudiera hacer frente a los pagos a los que se había comprometido.

En diciembre de 1093, la proximidad de un fuerte ejército almorávide hizo que el bando partidario de apoyarlos, con los Banu Wayib a la cabeza, forzara a Yafar a cerrar las puertas a los representantes castellanos, a la espera de la llegada de los norteafricanos, y depuso a este del poder , entregándolo a los Banu Wayib, mientras el cadí se refugiaba en su residencia para no ser objeto de violencia.

Mientras, el Cid reunió en sus manos las rentas de las poblaciones cercanas a Valencia. Las malas condiciones de vida y la falta de ayuda llevaron a los habitantes de la ciudad a deponer a los partidarios de los almorávides i a devolver el control de la ciudad a Ibn Yahhaf (II-1094), que aceptó una condición impuesta por el campeador y expulsó a los más destacados partidarios de los almorávides de la ciudad, que fueron entregados al castellano.

Sin embargo, las conversaciones para una paz definitiva fracasaron, y el cerco de la ciudad fue reanudado con mayor violencia. El Cid llegó a un acuerdo con el cabecilla de los Banu Wayib, que le había sido entregado por el propio dirigente de Valencia, y se concitó con él para que entrara en la ciudad, la levantara contra el antiguo cadí y se convirtiera en el rey de la taifa.

Sin embargo, Ibn Yahhaf consiguió sofocar la revuelta y ejecutó a su enemigo. En junio de 1094, los valencianos, tras agotar toda esperanza de recibir ayuda, pactaron la entrega de la ciudad, que fue efectuada el 16-VI-1094; en los primeros momentos los pactos incluían una cláusula por la que los habitantes de la ciudad conservarían sus vidas y su bienes, incluyendo al antiguo cadí, pero las dilaciones en el cumplimiento de la entrega provocan disputas entre los historiadores acerca de la validez del mismo.

En los primeros momento de la ocupación intentó congraciarse con Rodrigo Díaz, sin éxito, pues este le solicitó la entrega de los tesoros de la Qadir que todavía tuviera en su poder, aunque Ibn Yahhaf juró que no tenía nada de aquella riqueza.

Poco después el Cid ordenó su detención y la de los suyos, que fue efectuada por los mismo valencianos, y tras ser torturado para que revelara donde había escondido sus riquezas, fue condenado a muerte, según las crónicas cristianas esta fue por lapidación y según las árabes en la hoguera. Dada la dependencia de las primeras respecto a las segundas, parece muy probable que se produjera tal y como señalan Ibn Bassam e Ibn Idari.

La falta de habilidad de este personaje hizo que incluso Ibn Jaldun lo señalara como ejemplo de las dificultades que un alfaquí atraviesa en el mundo, muy diferente al de su disciplina, de la vida política. Es un personaje que ejemplifica la transición entre el mundo de las taifas, en que triunfaron hombres de similares características, y el del s. XII, en que los alfaquíes gozaron de relevancia como apoyo del movimiento almorávide, pero sin detentar poder nominal alguno.

R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 483-485.