Taifa de Zaragoza

Introducción a la taifa

Emires de Zaragoza

Mundir b. Yahya, 1013-1022
Yahya b. Mundir, 1022-1036
Mundir b. Yahya Muizz, 1036-1039
Abdállah b. Hakam, 1039-1039
Sulayman b. Hud, 1039-1046
Ahmad al Muqtadir, 1046-1083
Yusuf b. Ahmad, 1083-1085
Ahmad b. Yusuf, 1085-1110
Abd al Malik Imad, 1110-1130
Ahmad b. Abd, 1130-1146

Introducción a la taifa

Desde 1009, en la guerra civil por el Califato de Córdoba sobresalió Mundir, de los Tuyibíes, la familia árabe que venía gobernando Zaragoza desde finales del s. IX . El califa Sulayman concedió a Mundir el dominio de Zaragoza, en 1013, y allí se alzó, independiente, en su taifa, extendida por el valle del Ebro, limitando con las taifas de Toledo, Albarracín, Valencia y Tortosa, además de lindar con territorios cristianos.

Así, la taifa de Zaragoza estuvo regida, en una primera fase, por los Tuyibíes. Mundir I se tituló hayib, mayordomo de palacio, igual que se había titulado Almanzor, al que imitó también en su epíteto de al Mansur, el Victorioso.

Las crónicas señalan la prosperidad de la taifa de Zaragoza en tiempos de Mundir I (muerto hacia 1021-1022), y de sus sucesores, su hijo Yahya († 1036) y su nieto Mundir II, asesinado en 1038 por un primo, pronto suprimido por el gobernador hasta entonces de Lérida y Tudela, Sulayman b. Hud, quien pasó a señorear la taifa. El gran oponente de Zaragoza fue en este periodo Sancho III el Mayor de Navarra (m.1035).

La segunda fase de la taifa de Zaragoza estuvo dominada por la dinastía de los Banu Hud, otra familia árabe asentada desde el s. VIII en al Andalus. Los Banu Hud destacaron en el partido árabe andalusí, encabezado por la taifa de Zaragoza. Guerrearon por cuestiones fronterizas con los régulos beréberes de la taifa de Toledo.

Recurrieron en este y otros conflictos externos e internos, al pago de parias a Barcelona, Cerdaña, Urgel, Aragón, Pamplona y Castilla. El Cid, como auxiliar de los Banu Hud, llegó a Zaragoza en 1081. La ofensiva cristiana se intensificó con la intervención de la Cruzada en la Península, logrando la toma efímera de Barbastro en 1064, repitiendo incursiones en 1073, 1077 y 1086-1087.

Al morir Sulayman b. Hud en 1047, sus cinco hijos, repartidos por él en el gobierno de los principales enclaves de su taifa (Calatayud, Huesca, Tudela y Lérida, además de Zaragoza), se alzaron cada uno en si lugar, hasta que uno de ellos, Ahmad al Muqtadir, desde Zaragoza, volvió a reunirlo todo, tras luchas que quebrantaron la taifa, aunque pudo expandirse, anexionándose la taifa de Tortosa, en 1060-1061, y la de Denia, en 1076; luego, los régulos de Zaragoza competirán con otras taifas y con el Cid por apoderarse, ya sin éxito, de la taifa de Valencia. Ahmad al Muqtadir murió en 1082, y fue el más importante soberano de la taifa de Zaragoza, dando tono monumental a su corte de la Aljafería, que lleva su nombre de Abu Yafar.

Hasta la conquista de Zaragoza por los almorávides, en 1110, se sucedieron tres régulos más: al Mutamin, 1081-1085; al Mustain II, 1085-1110, e Imad al Dawla, 1110-1130, que tras ser expulsado de Zaragoza por los almorávides, se mantuvo en Rueda de Jalón, apoyado por los reyes cristianos de Aragón y luego de Castilla.

El final de la taifa de Zaragoza está marcado por luchas dinásticas, intentos frustrados de expansión por Levante, conquistas cristianas (Huesca, en 1096; Barbastro, en 1100) y ocupación de los almorávides, quienes tampoco lograron mantenerse: Zaragoza fue ocupada por Alfonso Iel Batallador en 1118, y Tudela en 1119. La Marca Superior de al Andalus quedó desmantelada en el s. XII.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo V Diccionario temático, págs. 1231-1232.

Yahya b. Mundir al Muzaffar

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1022-1036. Yahya b. Mundir b. Yahya b. Mutarrif al Muzaffar. ¿Zaragoza?, f. s. X / ¿Zaragoza?, s. m. s. v-XI./1035-1036. Segundo rey de la dinastía tuyibí de la Taifa de Zaragoza (1021-22 / 1035-36). Al fundador del reino Taifa de Zaragoza, Mundir I, le sucedió su hijo Yahya, como señala el cronista al Udri: después de morir [Mundir I], fue Yahya gobernante al-wali...durante dieciséis años, los cuales cuenta por el calendario lunar de la Hégira desde 412 a 427 (1021/1022-1035-36) y es una precisión considerable para fijar sus fechas de reinado, oscilantes en algunas fuentes árabes y discutidas por los investigadores.

Lo mismo que su padre, y como tantos otros reyes de taifas, ejerció el poder como chambelán hayib, reconociendo en sus monedas primero al califa hammudí al Qasim de Córdoba, luego al califa Abdallah al Muayyad bi-Allah, quizás (?) al genérico califa Abdallah, e incluso al omeya Hisam III al Mutadd bi-Allah.

A diferencia de su padre Mundir I, a quien solo unos versos encomiásticos titulan al Mansur, Yahya si adoptó un título soberano, el de al Muzaffar (el Triunfante), de rango pseudo-califal y muy frecuente entre los reyes de taifas; además acuñó moneda de oro en su capital madinat Saraqusta = la ciudad de Zaragoza, pruebas ambas de su representación soberana y del nivel al que se coloca la segunda generación real de esta dinastía, como también hicieron otras.

La primera serie de dinares acuñados por Yahya fue entre 1024-25 y 1027-28, anteriores pues a la abolición del Califato de Córdoba, como ha subrayado F. Clément, que también indica como las monedas de Yahya al Muzaffar y sus dos sucesores de la dinastía tuyibí (Mundir II y Abdallah) muestran sus dificultades en definir sus fidelidades califales, pues Yahya pasó sucesivamente por reconocer, en sus acuñaciones de 1024-25 a un imam entonces en prisión (al Qasim b, Hammud), a un híbrido de imam ficticio-desaparecido Abdallah, en 1027-28, pero además a Hisam III (en acuñaciones de 1031-32), que fue último califa de Córdoba (entre 1027-y 1031), y que se refugió en Lérida, después de su etapa califal, hasta morir en 1036.

Las hostilidades entre Zaragoza y Pamplona se mantuvieron durante este reinado de Yahya al Muzaffar. Acaso Sancho III el Mayor intentó alzar su propio candidato para suceder a Mundir I, quizás dando ya vuelos en este sentido a Sulayman b. Hud, el poderoso caíd de Lérida y Tudela (que acabará por lograr el reino zaragozano, pocos años después: en 1038 ó 1039).

Sin que se puedan ordenar sus fechas, se sabe que Yahya al Muzaffar emprendió una campaña contra Nájera y logró cautivos y botín; que el Rey navarro acudió a tratar con él en Zaragoza, ofreciéndole un regalo de caballos de raza, y celebrándose su entrevista con gran solemnidad ante las puertas de la ciudad; que Sulayman b, Hud acudió también a sometérsele, tras un periodo de rebeldía.

Esta reconciliación —que ha de fecharse antes de 1028, cuando Ibn al Darray, que la cita en un poema abandona Zaragoza— quizás fuera motivada por hostilidades navarras contra territorios de Lérida y Tudela gobernados por Sulayman b. Hud, pues el verso de Ibn Darray dice de este que: al ver que la salvación está en avenirse, hacia tí [=Yahya] corrió temeroso de su desvío; o quizás la rebeldía de Sulayman b. Hud tuviera alguna relación con la proclamación en Córdoba del último califa Hisam III, al que después de un destronamiento, como antes señalamos, el poderoso caíd de Lérida y Tudela acogerá en sus tierras.

Este citado poeta cortesano, Ibn Darray nos ofrece en sus versos la importancia de aquel retornar de Sulayman b. Hud a la obediencia del rey de Zaragoza.

Abre sus oídos para oír [tus órdenes]. / cierra y clausura la puerta de los detractores. / Te alza bandera de obediencia, / omo quien enciende hoguera en lugar alto. / Jáctase de proclamar tu derecho desde la madera de su almimbar, / y tu nombre a los oyentes de sus mezquitas.

Estas alianzas entre el rey de Zaragoza, Yahya, y este caíd Sulayman b. Hud tuvieron su contrapartida inmediata, pues Berenguer Ramón I de Barcelona procuró conciliarse con Sancho el Mayor de Pamplona. En 1023, Ponce, abad de Tavernoles, fue a Pamplona con cartas del obispo de Vich, Oliva, para coordinar acciones contra los musulmanes de Lérida y de Zaragoza, los cuales aprovecharon algo las primeras rivalidades entre los cuatro hijos de Sancho el Mayor que, a su muerte en 1035, se repartieron sus dominios, especialmente entre García de Pamplona y Ramiro de Aragón, y desde la taifa zaragozana fue atacada Tafalla, pero García les rechazó.

La dinastía taifa zaragozana estableció su primera alianza matrimonial conocida con el poderoso linaje beréber de la Marca Media que eran los Du-l-Num o Zennun: Yahya al Muzaffar casó con la hija del jeque de aquel linaje, llamado Abderramán, y a su vez hermana de Ismail (que será rey de la taifa de Toledo, desde 1028). este enlace tuvo que celebrarse algo después de 1018, y de él nació todavía en vida de su abuelo paterno Mundir I (que murió en 1021-22), el tercer soberano de la taifa zaragozana, Mundir II, lo cual nos permite calcular en unos diecisiete años su edad al acceder al trono de su taifa.

Durante los siete primeros años del reinado de Yahya, siguió el gran poeta Ibn Darray residiendo en Zaragoza, llenando su oficio de poeta cortesano, y como tal empezó por componer a Yahya una casida de felicitación por su acceso al poder, dedicando sentidos versos de elogio al fallecido Mundir I, aunque los versos dejan bien claro que dejó al Islam su hijo [Yahya] para compensar su pérdida, justo lo contrario de lo indicado por el cronista Ibn Hayyan, transmitido por Ibn Idari: y tras él no vino nadie que pudiera llenar su vacío, lo cual enjuicia el menor rango político de Yahya. Ibn Darray, buen vate áulico, dedicó una casida entera ala boda de Yahya con la hija del jeque de los u-l-Num, y compara el enlace con el de Salomón con la reina de Saba y el de Alejandro con la hija de Darío.

Yahya al Muzaffar murió en 1036 (según el valioso relato del cronista al Udri, antes resaltado). En las monedas había empezado a figurar el nombre de su hijo y heredero, Mundir II, desde 1029, posiblemente desde que fuera designado sucesor, hacia los diez años de edad.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 501-503.

Mundir b. Yahya Muizz

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1036-1039. Mundir b. Yahya b. Mundir [I] b. Yahya b. Mutarrif al Tuyibí, al Mansur. Zaragoza 1019 / Zaragoza 1038. Tercer rey de la dinastía Tuyibí en la taifa de Zaragoza (1035-1036 / 1038); o comienzos-VIII-1039. Mundir II fue hijo del segundo rey de la taifa zaragozana, Yahya al Muzaffar y de la hija del jeque de los Du l-Num o Zennum, linaje beréber que logró reinar en la taifa de Toledo desde 1028.

Este celebrado casamiento tuvo lugar hacia 1018, y de él nació, todavía en vida de su abuelo paterno Mundir I (que murió en 1021-1022), el tercer soberano de la taifa zaragozana, Mundir II, lo cual permite calcular en unos diecisiete años su edad al acceder al trono de su taifa. El poeta cortesano Ibn Darray, que residió en Zaragoza hasta 1028, dedicó una casida a celebrar el nacimiento de este Mundir II, el tercer rey de la dinastía Tuyibí en la taifa zaragozana.

En él se encuentran los astros más fulgurantes / con los luceros de la suerte y el linaje. / Por el nombre de su padre [Yahya] se alza [vivificando] al Islam / y llega con el nombre de su abuelo [Mundir, avisando] al enemigo, / como anunciador de vida hayá a la Fe / y aviso mundir de desgracia al politeísmo.

Mundir II sucedió a su padre, Yahya al Muzaffar, que murió en 1035-1036, según el valioso dato del cronista al Udri, que permite zanjar las dudas al respecto. Es cierto que en la monedas de Yahya había empezado a figurar el nombre de su hijo y heredero Mundir II, desde 1029, lo cual indicaría que entonces sería designado sucesor, hacia los diez años de edad.

En el dinar de 1029 se indica su acuñación en la ciudad de Zaragoza, su referencia como Mundir al hayib Muizz al Dawla (el chambelán Mundir Muizz al Dawla, y su reconocimiento al Iman Abdalláh, emir de los creyentes, al Muayyad bi-Allah; en 1031-1032, el dinar señala el reconocimiento al Iman Hisam, emir de los creyentes, al Mutadd bi-Allah (es decir, al último califa de Córdoba, Hisam III), aún dentro de las oscilaciones que se señalan en la biografía de su padre Yahya.

Tras su proclamación como rey, el propio Mundir II acuño moneda de plata o dirhemes de oro o dinares, y en 1036-1037, su dinar reconoce aún a Hisam III, por entonces refugiado en Lérida, donde este último califa cordobés murió precisamente en 1036-1037, sirviendo con su reconocimiento a varios reyes de taifas que recelaban de la política califal sevillana, como en concreto hizo el rey de Toledo Ismail, tío de Mundir II.

Llevó Mundir el apelativo de hayib (chambelán), el título pseudo califal de al Mansur (el Victorioso) y el sobrenombre sultánico de Muizz al Dawla (Enaltecedor de la dinastía), utilizando las referencias habituales en el poder de los reyes de taifas.

Es evidente que Mundir II se resistió a reconocer al falso califa omeya Hisam II, falsamente reaparecido, proclamado por el rey de la taifa de Zaragoza, desde 1035; y esta resistencia, que entrañaba supeditarse a la taifa sevillana, le costó a Mundir II la vida, pues fue asesinado por su primo Abdállah b. Hakam, descendiente de la rama principal del linaje Tuyibí que venía gobernando el valle del Ebro desde finales del s. IX, pero que desde principios del s. XI había derivado en esta rama secundaria de la familia (Mundir I), su hijo y su nieto, reinante hasta aquí en la taifa zaragozana.

Al tratar de Mundir II, los cronistas árabes solo atienden a contar las circunstancias de su muerte: se alzó contra él su primo Abdállah b. Hakam y lo apuñaló a traición, hallándole en sus aposentos del alcázar enfrascado en la lectura de un libro, en octubre-noviembre de 1038 según al Udri, mientras que el gran historiador Ibn Hayyan (citado por Ibn Idari) fechaba el asesinato a comienzos-VIII-1039.

Tras asesinarle, Abdállah b. Hakam exhibió en la picota la cabeza de Mundir II, proclamando: Este castigo merece quien se resiste al emir de los creyentes Hisam [II] y se niega a reconocer sus derechos. Ibn Hayyan apostilla que Mundir II había rechazado la impostura del falso Hisam II, lo mismo que hiciera su padre Yahya b. Mundir y su tío materno Ismail, rey de Toledo.

El asesinato de Mundir II causó gran perturbación en Zaragoza, mientras el primo asesino, Abdállah b. Hakam, se hacía proclamar enseguida rey de la taifa de Zaragoza, como cuarto y último de sus reyes Tuyibíes, por breves días.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVI, págs. 783-784.

Abdállah b. Hakam

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1039-1039. Abu Muhammad Abdállah b. Hakam b. Abderramám b. Muhammad b. Hasim al Tuyibí. Cuarto rey de la dinastía Tuyibí en la taifa de Zaragoza, conservó el poder durante veintiocho días.

Abdállah b. Hakam había asesinado de forma traicionera a su primo, Mundir II, tercer rey Tuyibí de la taifa de Zaragoza, en X-XI-1038 ó en VIII-1039, y se proclamó rey de aquella taifa, con la excusa de fidelidad al falso califa Hisam II, que había sido alzado por la taifa sevillana desde 1035: pero tras ese regicidio se adivinan sus propias ambiciones y rencores, pues Ibn Hakam pertenecía a la rama más ilustre de los Tuyibíes, que de esta forma recuperaban el poder en Zaragoza.

Su abuelo Abderramán había conspirado en la capital del Ebro contra Almanzor, en 989, y esto había propiciado los cambios de poder en el interior de la amplia familia de los Tuyibíes, pues, amparado precisamente en el servicio de Almanzor, habían logrado Mundir I (seguido por su hijo Yahya y su nieto Mundir II) ser sucesivos reyes de la taifa de Zaragoza, hasta que Ibn al Hakam se alzó y acabó con Mundir.

Ibn al Hakam venía ejerciendo como jefe militar, y esto le facilitó tener tan bien dispuesto su plan que, incluso en los veintiocho días durante los cuales conservó el poder, no solo logró una proclamación más o menos aceptada, sino acuñar moneda a su nombre, aunque fuera moneda de plata o dirhemes, constando en ello el año 1038-39 y su referencia como el chambelán Abdállah, sin mencionar al califa cuya causa había enarbolado como excusa.

El asesinato de Mundir II causó gran perturbación en Zaragoza, mientras el primo asesino, Abdállah b. Hakam, ocupaba su lugar soberano en la taifa de Zaragoza, como cuarto y último de sus reyes Tuyibíes. La primera disposición de Ibn al Hakam fue convocar en el alcázar al caíd y al consejo de notables de Zaragoza, que le hallaron vestido con ropas de ceremonia de Mundir II y sentado sobre su mismo trono, con el cadáver todavía presente.

Les expuso los fines altruistas por los que había actuado, y quizás reconoció, también, estratégicamente, la autoridad del caíd de Lérida Sulayman b. Hud, que se encontraba en Tudela cuando le llegó la noticia de lo ocurrido. Los personajes de la ciudad se mostraron conformes con los que Ibn al Hakam les propuso, pero a sus espaldas empezaron a sublevarse y a atacarle.

Acudió el rey de Toledo, Ismail, tío materno del asesinado Mundir II, vengativo de su muerte y ambicioso de lograr la gran taifa del Ebro; y también acudió el caíd de Lérida y Tudela Sulayman b. Hud, cuyo poder se hacía sentir desde tiempo atrás en Zaragoza, y, además, no en vano había acogido en Lérida al último califa de Córdoba Hisam III, hecho que parece muy determinante de la política de reconocimiento califal hasta entonces mantenida por los Tuyibíes, en la cual no hay tanto de autonomismo y de recurso a figuras califales marginales —como se ha subrayado a veces—, sino unos concretos intereses que arrancan de la situación zaragozana entre los pro-amiríes y los pro-omeyas, y dentro de estos últimos manteniendo unas lealtades que proceden de cuanto debían al califa Sulayman al Mustain, con todas sus consecuencias.

Ibn al Hakam escapó furtivo del alcázar, llevándose los tesoros regios, y se refugió en el castillo relativamente próximo a Rueda de Jalón, dispuesto a mantenerse, para lo cual guardó como rehenes a dos hermanos del asesinado Mundir II, a su visir Abu l-Mugira b. Hazm y a otros cortesanos. A raíz de su marcha, la muchedumbre asaltó el alcázar de Zaragoza, y llegaron a arrancarle sus mármoles.

Las agitaciones que ocurrieron entonces debieron ser graves, porque en su curso murió violentamente Yequtiel b. Ishaq, alto personaje judío de la Corte zaragozana, a cuya pérdida dedicó Ibn Gabirol sentidas elegías. Al cabo Sulayman b. Hud se hizo dueño de la situación, y se instaló en Zaragoza como nuevo soberano de la taifa, en XI-1038 (según al Udri) o un año después (según b. Hayyan). Así terminó el poder de los Tuyibíes en la Marca Superior de al Andalus y comenzó el de los Banu Hud, cuya dinastía rigió Zaragoza hasta la conquista almorávide en el año 1110.

R.B.: VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXVI, págs. 793-794.

Sulayman b. Hud al Mustain

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1039-1046. Primer régulo de la dinastía de los Banu Hud en Zaragoza (1038-1039), murió en 1046. Padre de Yusuf al Muzaffar, Muhammad Lubb, al Mundir y Ahmad al Muqtadir, que reinó con el título de Ahmad I (1046-1081). Había sido gobernador de Tudela (Navarra) por encargo del rey Tuyibí de la taifa de Zaragoza, al Mundir I, a quien había conocido en las tropas de Almanzor.

En 1018 apoyó el ascenso de Abderramán IV al rango de califa; algunos años después, acogió al último califa de Córdoba, Hisam III, tras su derrocamiento, lo que le enfrentó con los Tuyibíes de Zaragoza, a los que expulsó de la Marca Superior. Tras la muerte del monarca zaragozano al Mundir II (1036-1038), consiguió declararse independiente en Zaragoza con el título honorífico de al Mustain (el encomendado a Dios), tomó el rango de chambelán hayib y amplió sus dominios hasta Huesca, Tudela, Daroca y Calatayud.

Entre 1043 y 1044 luchó contra el rey de la taifa de Toledo, Abu I Hasan Yahya. Las tropas zaragozanas al mando de al Muqtadir, hijo y sucesor de Sulayman, vencieron en Guadalajara al toledano, apoyadas por las de los reyes de Navarra, García IV Sánchez el de Nájera, y de León, Fernando I el Magno, quienes atacaron Toledo a cambio de una serie de concesiones. Por su parte, Sulayman ocupó Medinaceli (Soria) y recuperó algunas plazas.

Los enfrentamientos con Abu I Hasan Yahya se reanudaron, tras saquear este los territorios situados entre Tudela y Huesca, y asediar Calahorra (La Rioja, 1045).

Sulayman dividió sus posesiones entre sus cinco hijos: Yusuf al Muzaffar gobernó en Lérida hasta 1081; Muhammad, en Calatayud; Lubb en Huesca; al Mundir en Tudela, y Abu Yafar Ahmad, en Zaragoza. Sin embargo, tras la muerte de su padre, los hermanos se enfrentaron entre sí hasta que uno de ellos, Ahmad I, logró someter a los demás.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XXI, pág. 10026.

Ahmad al Muqtadir

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1046-1083. Régulo de Tortosa, 1060-1081. Rey musulmán de los Banu Hud en la taifa de Zaragoza entre 1046 y 1082: Sucedió a su padre, Sulayman b. Hud, y debió combatir a sus cuatro hermanos, alzados en los territorios donde habían sido designados por su padre para gobernar.

En 1050 ó 1051 había derrotado a sus hermanos Labb, de Huesca, Muhammad de Calatayud y Mundir de Tudela; pero el mayor, Yusuf al Muzaffar el Victorioso, no solo resistió en Lérida sino que llegó a sitiar Zaragoza con la ayuda de los condes catalanes y del rey de Pamplona.

En 1061 la taifa zaragozana consiguió una salida al mar con la anexión de la taifa de Tortosa, entregada de forma pacífica por el rey eslavo Nabil.

La presión de los reinos cristianos obligó a al Muqtadir al pago de parias a Ramón Berenguer I, conde de Barcelona, Ramón de Cerdaña, Armengol de Urgel, Ramiro I de Aragón, García IV Sánchez de Pamplona y Fernando I de Castilla. Este último rey intentó conseguir el monopolio del vasallaje, por lo que ayudó a los musulmanes en la batalla de Graus (Huesca) contra los aragoneses, que fueron derrotados y perdieron a su rey Ramiro I de Aragón.

El 24-26-VI-1064 el ejército del nuevo rey Sancho Ramírez, reforzado por los cruzados francos impulsados por el papa Alejandro II, conquistó la plaza de Barbastro (Huesca). Ela antiguo señor de la ciudad, al Muzaffar, reconciliado con su hermano al Muqtadir y con la ayuda del rey abbadí al Mutadid de Sevilla, recuperó la ciudad el 10-IV-1065.

Entre 1068 y 1075 un monje de la abadía de Cluny realizó diversos intentos para convertir al rey zaragozano al cristianismo, que fueron contestados en nombre de este por el teólogo andaluz Abu al Walid al Bayi (se conserva la correspondencia a que dio lugar este hecho). Después de la conquista, en 1065 de la plaza de Alquézar (Huesca) por el rey de Aragón, al Muqtadir selló una alianza en abril de 1069 con el rey de Pamplona, Sancho IV de Navarra el de Peñalen, que tuvo continuación en otra de 25-V-1073 (se conservan ambos documentos).

En marzo-abril de 1076 la taifa de Zaragoza engrandeció su poder con la anexión de la taifa de Denia y con el vasallaje de Abu Bakr, rey de Valencia. Este último, en cumplimiento del acuerdo, ayudó al rey zaragozano, en 1081, en su lucha contra Rodrigo Díaz, que devastaba las tierras bajo aragonesas desde que se había exiliado de Castilla. A mediados de ese año, el Cid entró al servicio de la dinastía de los Banu Hud, representada a partir de entonces por al Mutamin, después de que al Muqtadir se sintiera incapacitado por una enfermedad senil que le causó la muerte en 1082 ó 1083.

En los últimos años de su reinado se reintegró el territorio de Lérida, una vez que al Muzaffar fue vencido, con posterioridad a 1078 y recluido en el castillo de Rueda (Escatrón, Zaragoza). Mecenas de filósofos, matemáticos, astrónomos y poetas, se hizo construir un palacio al que puso su nombre, Abu Yafar al Ya fariya, la Aljaferia, que aún hoy, a pesar de los numerosos avatares, constituye la mejor muestra que se conserva del arte civil hispano musulmán del s. XI. El mismo dejó escrito un poema sobre su obra.

¡Oh, alcázar de la alegría! ¡oh, salón de oro! / Con vosotros colmé mis anhelos. / Si en mi reino solo a vosotros tuviera / ninguna otra cosa echaría de menos.
R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo I pág. 65.

Yusuf b. Ahmad al Mutamin

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1083-1085. Yusuf al Mutamin b. Ahmad b. Sulayman. ?, p. m. s. XI / Zaragoza, 1085. Rey de la Taifa de Zaragoza (1081-1085).Sucedió a su padre Ahmad b. Sulayman en el gobierno de Zaragoza desde el momento en que este cayó enfermo, tras treinta y seis años en el trono.

Desde el principio se vio envuelto en combates contra su hermano al Mundir Imad al Dawla, que mantuvo el control de las provincias orientales del reino desde su sede en Lérida, incluyendo la antigua taifa de Denia, incorporada por su padre al Muqtadir a los dominios de la taifa de Zaragoza, y que rechazó prestar obediencia, ni siquiera de forma nominal, a Yusuf. Este adoptó el apelativo de al Mutamin (El que confía en Dios).

En los combates entre estos dos personajes, Yusuf contó con la sobresaliente ayuda de Rodrigo Díaz, que tras su destierro del reino de Castilla por Alfonso VI, pasó al servicio del antecesor de al Mutamin, y este le confió la dirección del ejército de Zaragoza en su lucha contra su hermano, que a su vez estaba reforzado por el conde de Barcelona Berenguer Ramón II, el conde Guillermo de Cerdaña y el Rey de Aragón y Navarra, Sancho Ramírez, que ponían en peligro la misma seguridad de la capital.

En una campaña impresionante el ejército mandado por el Cid, aseguró Monzón, reedificó el castillo de Almenar y tomó Escorp, en la confluencia del Segre y el Cinca; ante la amenaza de una coalición de los ejércitos de la taifa de Lérida y de condes catalanes acudió a asediar la plaza de Almenar, y al socorrerla el ejército de Zaragoza al mando del propio al Mutamin, reforzado por la mesnada del Cid, se trabó batalla al pie de la fortaleza, en la que el mismo conde de Barcelona fue aprisionado (1081-1082).

Durante la batalla el rey zaragozano había permanecido prudentemente en la fortaleza de Tamarite, donde fue conducido el conde de Barcelona Berenguer Ramón II, que fue liberado poco después.

La segunda amenaza contra el reino taifa de Zaragoza durante el gobierno de Yusuf llegó desde el propio reino de Castilla, que había comenzado una firme política expansiva que le llevaría en los años siguientes a conquista Toledo (1085) y a asediar Zaragoza, antes de la llegada de los almorávides a la escena peninsular.

Durante el reinado de Yusuf, sin embargo, esta amenaza se circunscribió a apoyar al rebelde Muzaffar, tío del rey al Mutamin y antiguo rey de la taifa de Lérida, en la localidad de Rueda, ayuda que la muerte del rebelde hizo inútil, por lo que el segundo en el mando traicionó a los castellanos, asesinando a varios magnates del reino el 6-I-1083.

Posiblemente la ayuda que el rey Alfonso VI prestó al visir Ibn Royuluh se puede inscribir en su política de debilitar la taifa de Zaragoza, causando problemas internos; este funcionario fue, como consecuencia de su connivencia con el Rey de Castilla, ejecutado por orden de al Mutamin. Desde entonces el ascendiente de Abu al Fadil b. Hasday en la Corte no tuvo rival alguno, encargándose de la mayor parte de los asunto relevantes.

En el año 1083, el rey al Mutamin envió a su ejército a saquear las tierras fronterizas del reino de Aragón, y tras una breve campaña, las tropas de Zaragoza se volvieron hacia la frontera oriental del reino, buscando liquidar la resistencia de la taifa de Lérida, que fue castigada con una incursión muy continuada, que afectó de forma muy principal a la comarca de Morella; al Mutamin ordenó construir una fortaleza frente a esta última población, en el emplazamiento de la antigua hisn al-Uqab (Castillo de las Águilas).

En el año 1084, el rey de Lérida al Mundir al Hayib, aliado con el rey de Aragón Sancho Ramírez, al que pagaba parias para recibir su ayuda militar, comenzaron una campaña en esta zona para tratar de alejar al ejército de la taifa de Zaragoza, que bajo el mando de Rodrigo Díaz de Vivar causaba grandes daños en territorio leridano.

El choque se produjo cerca de Morella y concluyó con la victoria de las tropas zaragozanas, por lo que durante los años siguientes este reino taifa pudo desatender un tanto su frontera norte, y reanudó la política expansiva hacia la zona de Levante, inaugurada por al Muqtadir mediante la conquista de Denia y que al Mutamin reanudó por medio de una hábil política matrimonial, que llevó al enlace de su hijo y sucesor con la hija del rey de Valencia Abu Bakr (26-27-I-1085).

Dentro de su política de procurar la expansión hacia el Levante se produjo también su ayuda a Ibn Ammar, huido del reino de al Mutamid desde que fracasara su rebelión de Murcia. Este intentó apoderarse de la fortaleza de Segura para incorporarla al reino de Yusuf con algunas tropas zaragozanas, aunque fracasó en su intento y fue aprisionado por el alcaide de esta fortaleza (1084).

En otoño de 1085, poco después de la caída de Toledo en manos de Alfonso VI, se produjo la muerte de al Mutamin, al que heredó su hijo Ahmad al Mustain. Las fuentes definen a Yusuf al Mutamin como un hombre ascético, sabio y muy dado a las ciencias, en especial a las matemáticas y fue una de las últimas figuras del al Andalus de la taifas, pues la conquista de Toledo y la llegada de loa almorávides cambiaron profundamente la política de la península Ibérica.

Los problemas en la frontera oriental de su reino le condujeron a descuidar un tanto la frontera norte, en la que Aragón consiguió unas pequeñas rectificaciones de la misma en su provecho: Agüero, Ayerbe, Graus (1083), Arguedas y Secastilla (1084). sus intentos de extender la influencia de su reino hacia el levante fueron aprovechados posteriormente por Rodrigo Díaz, cerrando así el área de expansión marcada por su antecesor en el trono de Zaragoza.

R.B.: RAMÍREZ DEL RÍO, José, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 627-628.

Ahmad b. Yusuf al Mustain

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1085-1110. Cuarto soberano de la dinastía hudí que gobernó la taifa de Zaragoza tras los Tuyibíes. Ejerció el poder durante los veinticinco años que transcurren entre 1085 y 1110, un periodo de gran relevancia por la importancia de los sucesos que tuvieron lugar, en los que la taifa de Zaragoza desempeñó un protagonismo especial, al ser una de las más importantes de al Andalus.

Por otra parte, la taifa de Zaragoza, por su propia situación geográfica, se hallaba más expuesta a la presión de los reinos cristianos, tanto de los propios aragoneses como de los castellanos leoneses, ya que, desde comienzos del s. X, León había manifestado claras tendencias expansivas hacia el este.

Ahmad sucedió a su padre, que gobernó bajo el título de al Mutamín durante un breve periodo de tiempo, entre 1081-1083 y 1085. Ello hizo que accediese al poder siendo muy joven, lo que explica la larga duración de su gobierno, tomando el apodo de al Mustain, el mismo que había llevado el primer soberano de la dinastía.

Fue el último gran soberano de la dinastía hudí y el último, también, que gobernó sobre Zaragoza, la capital de sus dominios, que a partir de su muerte caería en manos de los almorávides y, pocos años después, en 1118, en la de los cristianos. Su actuación estuvo determinada por un contexto dominado por la actuación castellana, en el lado cristiano, y la llegada de los almorávides, en el musulmán, así como por las difíciles relaciones con la vecina taifa de Valencia.

La situación interna era también difícil, debido a que su tío al Mundir mantenía el control de la parte oriental de los dominios hudíes, incluyendo Lérida, Tortosa y Denia, que actuaban de forma independiente. El comienzo de su gobierno fue bastante significativo respecto a las circunstancias a las que tuvo que enfrentarse. El mismo año de su acceso al trono, Alfonso VI había logrado ganar Toledo y su objetivo inmediato sería Valencia, ciudad que había prometido al destronado soberano Toledano al Qadir a cambio de rendirle su reino.

Pero, al mismo tiempo, Valencia había sido, desde la época del al Muqtadir, el objetivo de los soberanos hudíes, logrando en 1076 la sumisión de Abu Bakr. Años más tarde, en 1084-1085, los lazos entre ambas taifas se estrecharon con el matrimonio de al Mustain con la hija del régulo valenciano. A su muerte fue sucedido por su hijo Utman pero entonces se formaron dos bandos, uno partidario de al Mustain y otro del toledano al Qadir.

Tras la conquista de Toledo, Alfonso VI ayudó al toledano a hacerse con el domino de Valencia, ya que el soberano amirí había muerto poco antes, con un contingente encabezado por Álvar Hañez. A su vez, Alfonso VI se dirigió contra Zaragoza, iniciando un asedio que debió comenzar a principios de 1086. pese a que al Mustain le ofreció renovar el pago de las parias que sus antecesores habían pagado en época de Fernando I ySancho II, el rey castellano no cesó en su empeño hasta que la llegada del emir almorávide Ibn Tasufin lo acabó obligando a levantar el asedio de la capital aragonesa en agosto de 1086.

Tras este episodio, al Mustain intentó apoderarse de Valencia, pero sin éxito. La ciudad había sido sitiada por su tío al Mundir, de manera que al Qadir solicitó el auxilio de Alfonso VI y de al Mustain a comienzos de 1087. De esta forma, el soberano aragonés y el Cid se dirigieron hacia la capital valenciana, pero pronto al Qadir maniobró y se puso al servicio del castellano, con lo que las ambiciones de al Mustain quedaron frustradas.

A la presión castellana sobre los dominios de al Mustain se añadió pronto la aragonesa, protagonizada por Pedro I, primero durante el gobierno de su padre, Sancho Ramírez, logrando la importante conquista de Barbastro, rendida mediante capitulación pese a la ayuda enviada por el soberano de Zaragoza. A continuación concentró su objetivo en Huesca, en cuyo cerco encontró la muerte el rey Sancho Ramírez el 4-VII-dicho año.

Dos años más tarde, el 12-V-1096, Pedro I lograba hacerse con el dominio de la ciudad con la ayuda de contingentes franceses, pese a que destacamentos castellanos acudieron en socorro de los musulmanes. Ello representó un fuerte revés para al Mustain, ya que sus dominios quedaban muy mermados y, además, su capital mucho más expuesta a la amenaza expansiva del reino aragonés.

De hecho, el propio Alfonso VI se dirigió de nuevo a Zaragoza en 1097 con la probable intención de ayudar a al Mustain a recuperar Huesca, pero la nueva llegada del emir almorávide a la Península lo obligó a desistir de su planes.

En su lugar, el propio Pedro I llevó a cabo la primera tentativa aragonesa de apoderarse de Zaragoza, llegando incluso el papa Pascual II a proclamar la cruzada, a la que acudieron numerosos contingentes francos que comenzaron a congregarse a partir del año 1101. No obstante, la ciudad aún tardaría varios años en pasar a manos cristianas.

En este punto, al Mustain se encontraba cercado por tres flancos. A las parias que debía pagar a León se añadía la presión aragonesa. Además, a la amenaza cristiana tenía que añadir a partir de estas mismas fechas la de los almorávides, quienes habían logrado ya para entonces el dominio de la mayor parte de los dominios musulmanes de al Andalus. Dicha amenaza se hizo acuciante a partir del momento en que, muerto el Cid (1099), lograron apoderarse de Valencia (1102), lo que suponía que Zaragoza sería su siguiente e inmediato objetivo.

Como señala el cronista Ibn al Kardabus, los almorávides dominaban entonces toda la Península de al Andalus, menos Zaragoza, donde al Mustain contaba con la protección de los cristianos gracias al pago de las parias. Esta situación, unida al hecho de que el soberano hudí fue uno de los que no acudieron a la convocatoria almorávide previa a la victoria de Sagrajas, lo colocaban en una incómoda situación respecto a los nuevos soberanos de al Andalus.

Sin duda, al Mustain era perfectamente consciente de su delicada situación y, por ello, al ser proclamado Ali b. Yusuf como sucesor oficial del emir Yusuf b. Tasufin en el verano d 1102, no dudó en enviarle a su propio hijo como representante a Marrakech para mostrarle su sumisión y solicitarle su colaboración para poder mantener el dominio musulmán en Zaragoza frente al empuje de los cristianos.

Esta iniciativa y la favorable respuesta del emir almorávide sirvieron para desactivar la actuación del nuevo gobernador de Valencia, Abd Allah b. Fatima, quien ya se había puesto en marcha para dirigirse a Zaragoza.

El regreso del hijo de al Mustain en septiembre con la carta redactada por el propio emir hizo que el gobernador regresara a Valencia. De nuevo, al año siguiente, Ibn Tasufin repitió la proclamación oficial, esta vez en Córdoba, lo que permitió a Mustain estrechar los lazos con el emir almorávide, volviendo a enviarle a su hijo como emisario, cargado de regalos. Este buen entendimiento inicial con el soberano almorávide se manifestó con el envío de ayuda en 1103 para detener las incursiones de Alfonso VI, que seguía hostigando los dominios de al Mustain.

En 1110 se produjo la muerte de al Mustain, que acaeció precisamente luchando frente los aragoneses. Las conquistas de 1105 de Egea y Tauste, cercanas a Zaragoza, habían aumentado el riesgo de amenaza directa sobre Zaragoza y, por ello, el soberano hudí había cambiado su residencia a la fortaleza de Rueda, situada a pocos kilómetros de distancia al sureste de la capital aragonesa, considerándola más segura que la propia Zaragoza.

Según el citado Ibn al Kardabus, esta fortaleza había sido dispuesta por el propio al Mustain, excavando en ella un pasadizo subterráneo que llegaba hasta el río Jalón, a través del cual podían enviarse suministros y pertrechos. Allí, dice el cronista, permaneció durante años, inabordable para los politeístas.

Al Mustain se había desplazado desde Rueda hasta Zaragoza para que se renovara el juramento de fidelidad a su hijo y sucesor, que había adoptado el sobrenombre de Imad al Dawla. A continuación se dispuso a emprender una incursión sobre la zona noroeste de la taifa, y al regreso de la misma, los cristianos le salieron al paso, siendo muerto en el lugar que Ibn al Kardabus designa como Cámara, en el término de Valtierra, unos diecisiete kilómetros al norte de Tudela, el 24-I-dicho año.

No obstante, pese a su muerte, Zaragoza aún siguió en manos musulmanas hasta 1118 y, además, la dinastía hudí, tuvo continuidad en la figura de su hijo y sucesor, Imad al Dawla, si bien la desaparición de al Mustain frente a los cristianos reforzó las tendencias pro almorávides dentro de la taifa aragonesa.

R.B.: GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol II, págs. 49-51.

Abd al Malik Imad al Dawla

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1110-1130. Último rey de los Banu Hud en la taifa de Zaragoza (en Zaragoza de enero a junio de 1110); y en Rueda de Jalón, 1110-1130) Fue el último rey musulmán de Zaragoza, donde su dinastía de los Banu Hud venía rigiendo la gran taifa del valle del Ebro, desde mediados del s. XI.

Su padre, Ahmad al Mustain se había instalado en el castillo de Rueda del Jalón, a distancia de unos treinta y cinco kilómetros de Zaragoza, buscando quizás una mayor seguridad que la ofrecida entonces por su capital Zaragoza, adonde sí se trasladó, por ejemplo, para que allí renovaran juramento de fidelidad a su hijo y heredero Abd al Malik b. Ahmad, titulado Imad al Dawla (Pilar de la dinastía), sobrenombre honorífico que llevaron también otros cuatro reyes de taifas. Acuñó solo moneda de plata, con la ceca de Zaragoza.

Entre los avances cristianos y los almorávides se mantenía la taifa zaragozana difícilmente, y ya el rey Ahmad al Mustain, padre de Abd al Malik Imad al Dawla, recurrió a contener a unos con la amenaza de los otros.

A los almorávides llamó en 1104 contra ataques del rey castellano Alfonso I por Medinaceli, y un año antes, según se refiere Ibn Idari el al Bayan, el rey de Zaragoza envió a su hijo Abd al Malik Imad al Dawla ante el emir Yusuf b. Tasufin, que se hallaba en Córdoba, para llevarle entre otros regalos doce arrobas de vajilla de plata grabada con el nombre de su abuelo al Muqtadir, y Yusuf b. Tasufin ordenó fundirla para acuñar quirates almorávides, y repartirlos con ocasión de la Fiesta de los Sacrificios de aquel año, 16-IX-1103.

Desde 1102, estaban en Valencia los Almorávides, quienes con la barrera de la ocupación cidiana no habían podido llegar aún a otras taifas más septentrionales, como Albarracín y las del valle del Ebro, muy amenazadas por el reino de Aragón, que ocupó Monzón en 1089, Almenar en 1093, Balaguer en 1091, coincidiendo allí con las conquistas del condado barcelonés hacia Lérida.

Capitales como Huesca y Barbastro cayeron en poder del rey de Aragón, en 1096 y en 1110, y una cabeza de asedio se instaló contra Zaragoza. Los Almorávides siguieron subiendo desde Levante, y en 1104 ocuparon Albarracín. Ahmad al Mustain murió a comienzos de 1110: tras algarear tierras aragonesas por Tudela fue alcanzado por la caballería cristiana en Valtierra, donde el rey taifa perdió su vida, el 1-I-1110.

Antes de acabar aquel mismo mes de enero, fue proclamado en zaragoza su hijo Abd al Malik Imad al Dawla, pero la grave derrota sufrida por este había reforzado, aún más, contra él, a los partidarios pro-almorávides existentes en la ciudad, quienes veían en la ayuda de los norteafricanos la salvación frente al avance cristiano. Abd al Malik ya no pudo mantenerse en equilibrio entre cristianos y almorávides.

El emir Ali b. Yusuf había iniciado su emirato con el triunfo de Uclés, y sus partidarios en toda la Marca Superior o Valle del Ebro estaban decididos a lograr allí también su intervención salvadora, mostrando firme oposición a que Abd al Malik siguiera recabando servicios de los cristianos y tratara con ellos, según indica Ibn Idari en su crónica, y que para pagar esas ayudas impusiera a sus súbditos gravosas parias. Así, le comprometieron a cortar aquella política.

Los almorávides ya se habían presentado ante Zaragoza, pues al saber el entonces gobernador de Valencia, Ibn Fátima, la muerte de al Ahmad al Mustain en Valtierra, llegó ante aquella capital, hacia febrero de aquel año, un mes después, aproximadamente, de aquel alarmante encuentro.

Una comisión de zaragozanos pidió entonces a ese gobernador y general almorávide que se retirara, para evitar una guerra civil, con el peligro además que Abd al Malik hiciese acudir tropas cristianas. Se retiraron los almorávides, pero el rey de la taifa, sin cumplir lo entonces acordado con sus súbditos, volvió a tratar con los aragoneses, que no habrían dejado de hostigarle en todos los sentidos.

Entonces los zaragozanos destronaron a Abd al Malik y le expulsaron de la capital, abriendo la ciudad a los almorávides. La crónica de Ibn Simak, al Hulal al Mawsiyya, refiere en cambio que fueron los consejeros del emir almorávide quienes le presionaron para que interviniera en Zaragoza, y cómo envió al cabo un ejército, ante lo cual reaccionó Abd al Malik con una carta en que recordaba los anteriores acuerdos establecidos con Yusuf b. Tasufin; el emir almorávide se habría arrepentido de esta intervención, pero sus tropas ya habían entrado en Zaragoza.

Abd al Malik se retiro al castillo de Rueda del Jalón, protegido por Alfonso Iel Batallador. El general almorávide Ibn al Hayy, tras ocupar Zaragoza el 30-VI-1110, gobernó la ciudad durante cinco años, actuando contra Alfonso I y contra el anterior rey de la taifa, refugiado en Rueda del Jalón. Apostado el rey aragonés cerca de Zaragoza, contra él salió Ibn al Hayy, alejándolo hasta Ejea, sin que los aragoneses de Abd al Malik renunciaran a hostigar la plaza.

Los almorávides atacaban Huesca y Calatayud, incluso, al mando del gobernador de Murcia, Ibn Aisa, tierras de Barcelona, sufriendo la derrota al cruzar el Congost de Matorell, que las fuentes árabes llaman la Batalla del Puerto, en 1114.

En 1115 murió el gobernador almorávide de Zaragoza, Ibn al Hayy, y fue sucedido por el emir Abu Bakr b. Tifilwit, que se instaló en la capital del Ebro con todo lujo, rodeado de poetas como Ibn Jafaya y de sabios como Ibn Baya (Avempace); este último fue enviado por el gobernador almorávide como embajador a Abd al Malik, que lo retuvo en prisión algún tiempo.

Parece que este gobernador almorávide solo emprendió una breve algara contra Borja y Rueda de Jalón, donde dominaba Abd al Malik, con quien llegó a pactar, para seguir su vida placentera en Zaragoza, donde enfermó y murió en invierno de 1117. Ya no llegó a ir allí ningún otro gobernador almorávide, quien si se presentó fue Alfonso. Desde 1117 se dedicó el rey aragonés a preparar la conquista de Zaragoza, convocando ayudas ultra pirenaicas.

El asedio aragonés se formalizó a fines-V-1118. Alfonso I ocupó la Aljafería el 11 de junio. Desde Tarazona, tropas almorávides que acudieron desde Jaén, intentaron defender la plaza, y su general Ibn Madzali logró entrar en la ciudad, en septiembre de 1118, para morir dos meses después. Otros socorros llegaron ante la ciudad, a primeros de diciembre, pero sin eficacia. El 11 de diciembre, agotados los alimentos, Zaragoza pactó su rendición. Alfonso I tomó posesión de la ciudad el 18 de diciembre.

Tras tomar Zaragoza, Alfonso I siguió contra los enclaves musulmanes del oeste, donde había guarnición almorávide, por ejemplo en Tudela, pero el resto de las plazas musulmanas sin esos defensores se le fue entregando con facilidad, Belchite, Pitarque, Jarque, Galve, Alcalá de la Selva, Zurita, Velilla de Ebro [...] En 1119 consiguió Alfonso I someter Tudela y Tarazona y la región del Moncayo. en 1120 repobló Soria, y enseguida inició el asedio de Calatayud.

Tropas almorávides subieron por Teruel, desde Valencia, hasta Cutanda, donde los musulmanes fueron derrotados en junio de 1120. A continuación los aragoneses tomaron Calatayud, Ricla, Épila y Daroca, avanzando hasta Monreal y Torrelacárcel, cerca ya de Teruel. En 1128, están ya sobre Molina de Aragón. Entretanto, a pesar de todas estas conquistas, o precisamente gracias a ellas, Abd al Malik se mantuvo, con ayuda del rey de Aragón, en Rueda del Jalón y su territorio de alrededor, hasta morir en 1130.

Fue sucedido en aquel exiguo reino por su hijo Ahmad, el tercero de este nombre en la dinastía Hudi, que adoptó el sobrenombre gubernativo de Sayf al Dawla (Espada del Estado), castellanizado como Zafadola. De Abd al Malik se ha conservado un vaso de cristal de roca con su nombre grabado como Mitadoulos, es decir Imad al Dawla, como ha planteado G.T.Beech al estudiar el vaso de Leonor de Aquitania, y las relaciones de variado tipo entre la Marca Superior de al Andalus y las tierras más septentrionales.

R.B.: VIGUERA MOLINS, María Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 129-131.

Ahmad b. Abd al Mustansir

Biografía

Régulo de Zaragoza, 1130-1146. Ahmad b. Abd al Malik, fue el último rey de la dinastía de los Banu Hud. Sucede en el trono a su padre Abd al Malik b. Ahmad Imad al Dawla y fue el tercero de este nombre en la dinastía Hudi, que adoptó el sobrenombre gubernativo de Sayf al Dawla (Espada del Estado), castellanizado como Zafadola.

Los Banu Hud, ayudados por los soberanos de Castilla y Aragón, resistieron casi medio siglo más, primero en Rueda de Jalón, luego en Castilla, para reaparecer finalmente recabando en algún poder en la segundas y terceras taifas.

Sayf al Dawla b. Hud, hijo del último soberano hudí de Zaragoza (Ahmad b. Abd al Malik), a quien los castellanos habían dejado el mando del castillo de Rueda del Jalón decidió intervenir en los asuntos andalusíes con el apoyo de Alfonso VII y se hizo con el poder en Córdoba en marzo de 1145, pero no pudo mantenerse allí por la hostilidad popular.

Se dirigió entonces a Valencia y Murcia en enero de 1146, proclamándose Emir de los creyentes y adoptando el título de Al Mustansir. Ibn Hud fue derrotado y muerto por los cristianos en febrero de 1146.

R.B.: VIGUERA MOLINS, María Jesús, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 129-131.