José Gervasio Artigas

Libertador 1764-1850

Biografía

José Artigas. Dibujo de J. M. Blanes.

José Artigas. Dibujo de J. M. Blanes.

Nació en Montevideo en 1764 y m. en Ibiray (Paraguay) en 1850. Su abuelo Juan Antonio Artigas, natural de Puebla de Albortón (Zaragoza) (1693-1775) fue soldado, uno de los fundadores de Montevideo y oficial de milicias, propietario y miembro del Cabildo. Hijo suyo fue Martín José, ya nacido en el Uruguay y casado con Francisca Antonia Arnal, igualmente propietario y oficial de milicias, buen conocedor del país.

Pertenecía, por tanto Artigas a la burguesía de la Banda Oriental y se crió en un ambiente rural, modesto y duro del incipiente país. Recibió una elemental instrucción en los franciscanos, pero poseyó siempre cierta cultura. Le gustaba la vida del libre campo en contacto con los gauchos y se dedicó a negocios ganaderos —la riqueza del país— mejorando su fortuna; además del comercio en ese ramo, se supone que también se dedicó al contrabando.

De carácter violento y arrojado y dotado de un gran espíritu emprendedor, alcanzó muy pronto gran popularidad entre los gauchos, que llegaron a sentirse orgullosos de servir a sus órdenes.

Actividad militar

Las invasiones de los indios charrúas y minuanes y de los bandoleros que asolaban el país le dieron, por otra parte, ocasión de demostrar su valor y sagacidad militar, facilitándole el ingreso en el regimiento de lanceros de Blandengues, especie de guardia rural organizada por el virrey del Plata en 1797.

Como oficial participó en campañas contra los portugueses (1801), en la delimitación de la frontera, en la reconquista de Buenos Aires a los ingleses en 1806, en la defensa de Montevideo contra los mismos en 1807 y en guerrillas en la campiña al caer la ciudad.

Al comenzar la revolución de independencia era capitán de Blandengues. Este periodo representa, según Justo Maeso, la primera época de Artigas, en la que se erige en caudillo popular, a cuyas órdenes se congregan entusiastamente las poblaciones armadas y los más pudientes vecinos de la entonces provincia oriental y al frente de los cuales toma, desde febrero de 1811, una activa parte en las operaciones guerreras.

En efecto, al estallar el movimiento revolucionario en la Argentina, el 25-V-1810, Artigas se puso en contacto con la Junta de Buenos Aires agrupado con otros elementos cultos criollos, partidarios de la independencia, para quienes era un valioso colaborador por ser el único oficial de su graduación y prestigio en el campo. El 15-II-1811 abandonó la guarnición de Colonia y se presentó a la Junta bonaerense, que le ascendió a teniente coronel y le encomendó la sublevación de la Banda Oriental.

El 28-II-1811 comenzó la sublevación que se corrió inmediatamente a todo el país y en la que participaba el hermano de Artigas, Manuel Francisco, que sublevó Maldonado y San Carlos. Artigas regresó de Buenos Aires el 9 de abril con unos cien soldados y se puso al frente de la insurrección; el 25 de abril, Manuel Artigas, su primo, vencía en San José a los realistas, pero perecía allí.

Artigas marchó hacia Montevideo, derrotando al jefe español José Posadas en las Piedras (18 de mayo), batalla decisiva, que redujo la soberanía de la metrópoli a la capital, defendida por Elío, y que sitió Artigas, aunque a las órdenes de Rondeau, general enviado por el gobierno de Buenos Aires, ya que Artigas se movía en le ámbito de la nación argentina.

Actividad política

Se vio obligado a levantar el sitio después, el virtud del armisticio pactado el 20 de octubre entre Elío y el Gobierno de Buenos Aires, por el que este reconocía la soberanía de la metrópoli sobre la Banda Oriental y se retirarían las tropas portuguesas que habían entrado en el país.

Artigas, seguido entonces de unas 6.000 personas, emprendió el denominado Éxodo del pueblo oriental hacia Ayuí, donde estableció el campamento, desde el que inició, organizó y robusteció la temeraria defensa del territorio patrio contra el poderoso ejército portugués, que al fin se retiró en 1812 en virtud de otro acuerdo de la Argentina y del gobierno portugués de Río de Janeiro.

La actitud autonomista de Artigas disgustaba a los gobernantes argentinos y aunque le habían reconocido jefe de las fuerzas orientales, procuraron limitar su autoridad y enviaron como general a Sarratea que intentó minarle el terreno entre sus gentes. Roto el armisticio con los españoles reanudó Rondeau el sitio de Montevideo e hizo retirarse a Sarratea, logrando así que se le incorporara Artigas, cuyo prestigio había aumentado entre los orientales (26-II-1813); ante sus diferencias con los gobernantes de Buenos Aires, Vigodet, el defensor español de Montevideo, intentó en vano que volviera Artigas al servicio de España.

Convocadas elecciones por el Triunvirato que regía en Buenos Aires para la Asamblea Constituyente del Río de la Plata, Artigas convocó en el Peñarol (4-IV-1813) una reunión de los delegados de la Banda Oriental que le eran adictos con el fin de esclarecer un Gobierno provisional, y aquella asamblea le nombró gobernador militar y presidente del cuerpo municipal, eligiendo , además, diputados para representar a la Banda Oriental en la Asamblea constituyente de Buenos Aires.

Las Instrucciones del año XIII disponían que pidieran la independencia total de España, régimen republicano, confederación, amplísima autonomía de cada provincia, igualdad, libertad civil y religiosa, con marcado tono liberal y democrático e inspiradas en la revolución norteamericana (13-IV-1813).

Los diputados no fueron admitidos, alegando que su elección era ilegal, y Artigas se declaró, entonces, en abierta rebelión contra el gobierno argentino, abandonó a Rondeau que seguía sitiando Montevideo, pero rechazó nuevas ofertas españolas; el Director Supremo del Río de la Plata, Posadas, llegó a proscribir a Artigas, declarándole traidor y reo de muerte, lo que careció de efectividad.

Entre tanto Rondeau y Alvear lograron la rendición de Montevideo (20-VI-1814). Artigas sublevó con Ramírez y Estanislao López las provincias llamadas litorales junto con el Uruguay contra el gobierno unitario de Buenos Aires, asumiendo el título de Protector de los pueblos libres.

Incansablemente prosiguió la lucha, hasta que, derrotados los argentinos el 10-I-1815, el Directorio de Buenos Aires se vio obligado a reconocer la independencia de hecho del Uruguay y a entregar a Artigas la ciudad de Montevideo, que había sido puesta por Vigodet en manos de los argentinos (26-II-1815), y de la que se hizo cargo el teniente de Artigas Otorgués, que se dedicó a perseguir duramente a los españoles.

No obstante, participó poco después Artigas en el motín federal de Fontezuelas, con otros jefes argentinos, que derribó al director Alvear (abril de 1815). El nuevo director interino Álvarez Thomas llegó a ofrecer a Artigas reconocer la independencia del Uruguay, que rechazó porque quería permanecer dentro de la Federación, aunque sin admitir el menor predominio de Buenos Aires.

Disuelta la Asamblea constituyente y sustituido el Directorio por el cabildo, se entablaron nuevas negociaciones entre Artigas y aquella corporación, pero el Congreso de Tucumán, al proclamar los principios centralistas y confiar a Pueyrredón una verdadera dictadura, provocó nuevamente la guerra civil (1816). En el Congreso de Tucumán no hubo diputados de la Banda Oriental ni del resto de la Liga Federal (Córdoba, Corrientes y Santa Fe), en que ejercía Artigas su influencia.

El Gobierno argentino facilitó a los portugueses la invasión de las provincias sublevadas, entrando en campaña los generales Lecor, Silveira y Curado (septiembre de 1816), aprovechando la anárquica situación del país e invocando la seguridad del territorio brasileño. Montevideo se rindió el 20 de enero de 1817.

Una vez más demostró Artigas en esta ocasión sus grandes dotes militares, manteniendo en jaque a sus enemigos e incluso invadió Río Grande, pero él y sus jefes sufrieron varias derrotas, hasta que, amparada por la Argentina, la escuadra brasileña pudo entrar en el Plata, cortando las comunicaciones a los federales.

Resuelto entonces a entablar una batalla decisiva, reunió todas sus fuerzas u marchó en busca de los portugueses, con quienes se trabó combate el 4-I-1817, sufriendo cruenta derrota su general Andrés Latorre en El Catalán, y el mismo día Artigas fue vencido en Arapey; se disolvió su ejército y se redujo a guerrillas, pero prosiguió la lucha con sus fieles, como Fructuoso Rivera hasta 1820.

Ante la invasión portuguesa, unos enviados del cabildo de Montevideo procuraron obtener ayuda de Pueyrredón, que exigió el reconocimiento de la autoridad del Congreso y Directorio argentinos, lo que rechazó Artigas, tan enemigo de aquel como de los portugueses, y que luchó contra el gobierno argentino, ayudado por Ramírez y E, López.

La batalla de Tacuarembó (22-I-1820) puso fin a la resistencia de Artigas. Convencido de que era imposible continuar la lucha y consolidar la independencia uruguaya, se retiró a Entre Ríos al mismo tiempo que sus aliados López y Ramírez derrotaban en Cepeda al gobierno y hacían disolver el Congreso y el Directorio estableciéndose el sistema federal.

Pero no se contó con Artigas, a quien se quiso imponer el abandono de Uruguay, por un acuerdo secreto entre Sarratea, gobernador ahora de Buenos Aires, y Ramírez; irritado Artigas con este, le atacó, pero derrotado, se retiró al Paraguay, al amparo del dictador doctor Francia, quien lo recibió bien, pero lo tuvo en realidad como prisionero, confinándolo primero en un convento y luego en el pueblo de Curuguaty o San Isidro, a 85 leguas de la capital, donde permaneció diecinueve años dedicado a la agricultura; a la muerte del dictador paraguayo en 1840 fue encarcelado, pero el nuevo gobierno lo liberó.

Al terminar la clausura en que Francia había mantenido el Paraguay, el Uruguay, ya independiente del todo desde hacía años, deseó el regreso del fundador de su nacionalidad y se le invitó a reintegrarse a su patria, pero Artigas, que tenía entonces setenta y seis años, se negó repetidamente; el nuevo presidente Carlos Antonio López —amigo suyo— lo trasladó al pueblo de Iribay, cerca de la Asunción, donde falleció a los ochenta y seis años el 23 de septiembre d e1850.

Artigas gozó de enorme popularidad y arrastró a las masas de la Banda Oriental no solo a la revolución emancipadora de España sino también a la defensa de la autonomía de su provincia frente al poder absorbente de los gobiernos de Buenos Aires y encarnó más vivamente que nadie el ideal federalista que latía en las provincias y que constituyó el largo conflicto que retrasó la organización del Río de la Plata; pero aunque siempre quiso permanecer dentro de la nueva nacionalidad, su intransigente actitud preparó la formación de otra nacionalidad, la uruguaya, que acabaría por separarse del resto del Plata, por la intervención imperialista de Portugal, heredada por el Brasil independiente.

Fue también de los primeros en encarnar un ideal democrático y avanzado frente a las tendencias conservadoras dominantes en los primeros tiempos de la revolución argentina.

La república del Uruguay considera a Artigas como libertador de su pueblo, como sostenedor de los derechos políticos de su provincia, como inflexible defensor de su independencia contra la conquista extrajera, y, agradecida, le ha levantado numerosas estatuas, guarda sus restos en el sitio de honor del cementerio de Montevideo y ha declarado el aniversario de su muerte día de luto nacional.

R.B.: BEGUÉ, Olimpia y EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 386-388.