Manuel Azaña

Politico 1880-1940

Biografía

Manuel Azaña Díaz en 1933

Manuel Azaña Díaz en 1933

Político y escritor español, Presidente de la 2ª República, nacido en Alcalá de Henares, en Madrid, y muerto en Montauban, Francia (1880-1940). Su familia tenía una posición social acomodada y le proporcionó los estudios medios en el colegio del Escorial, dirigido por los agustinos, etapa de su vida que analizó en la novela El jardín de los frailes, publicada en 1926, y en la que diseña una dura crítica contra la educación religiosa.

Frustrada a causa de sus problemas oculares la posibilidad de seguir la carrera militar, se licenció en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y en 1916 estuvo en París becado por la universidad.

Al regresar a España obtuvo por oposición una plaza en la administración, ingresando en la Dirección General de Registros y Notariado. En aquellos años, residiendo en Madrid, donde frecuentó las veladas del Ateneo, se sintió atraído por el reformismo político, muy moderado de Melquiades Álvarez.

En los años veinte dirigió las revistas literarias España y La Pluma,y escribió numerosos ensayos: Don Juan Valera, Amores, política y literatura, y el volumen de artículos Plumas y palabras (1930). Durante la dictadura del general Primo de Rivera se distanció del melquiadismo, que definía como una cataplasma para un agonizante, y en 1930 participó en las conspiraciones antimonárquicas, fundando un grupo llamado Acción Republicana.

También formó parte del comité revolucionario, que más tarde fue desarticulado. Al proclamarse la II República (1931), ocupó la cartera de Guerra en el Gobierno provisional que preparó la Constitución republicana. Inmediatamente descolló como una de las personalidades más activas de la nueva situación política y, dotado de una oratoria parlamentaria brillante y precisa, pronto se convirtió en un punto de referencia del republicanismo.

A finales de 1931 accedió a la Jefatura del Gobierno, siendo presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. Estableció entonces una alianza con los radicales y el sector moderado del partido socialista obrero español (PSOE), dirigido por Indalecio Prieto, e inspiró un programa político que ha sido identificado con el espíritu de la República y que se basa en cuatro elementos esenciales:

    1. Modernizar la agricultura en un sentido burgués, sustrayéndole la propiedad a la aristocracia y suprimiendo los latifundios, para otorgar un nuevo sentido a la propiedad con el signo de: la tierra para quien la trabaja
    2. Modernizar el ejército con mejoras en las dotaciones técnicas y materiales, expurgándolo de sus maneras de intervencionismo en la vida política forjadas durante el s. XIX
    3. Separar la Iglesia del Estado y especialmente desposeer a aquella institución de sus privilegios, promoviendo un proceso de laicización de la sociedad, lo que significaba arrebatar a la iglesia la enseñanza
    4. Reorganizar el aparato estatal y limpiarlo del parasitismo endémico de los tiempos en que los miembros de la baja nobleza se convirtieron en funcionarios: lo peor del país habita en las covachuelas del Estado

En conjunto, un programa liberal-reformista o social-demócrata, que intentó desarrollar en España los complementos de una revolución burguesa mutilada por la resistencia y hegemonía de las viejas clases oligárquicas. No buscaba ni una colectivización de la tierra, ni suprimir el ejército y sustituirlo por una milicia revolucionaria, ni disolver ni prohibir la actividad religiosa el lugar de la religión son las iglesias, afirmaba.

En definitiva, el programa azañista era de carácter reformista y pretendía con él situar a España en los niveles de las naciones modernas, como Francia o el Reino Unido. Sin embargo, su centrismo sufrió la presión de los extremos: por una parte la derecha histórica, españolista, militarista y católica, que desde el primer momento plantó cara a los excesos del republicanismo (en agosto de 1932 el general Sanjurjo fracasó en un intento de golpe de estado, contra las reformas militares y el proyecto de Estatuto Catalán.

Por otra parte, la extrema izquierda, es decir el movimiento anarco-sindicalista y la izquierda socialista, promotoras de un proceso revolucionario que partía de considerar inoperantes las reformas azañistas —la llamada revolución enero-1933, con conatos revolucionarios del Alto Llobregat y otros episodios similares, que culminaron con los sucesos de Casas Viejas—, el mismo año en que la represión gubernamental sobre los campesinos fue el inicio del desprestigio de la autoridad gubernamental republicana entre las clases populares.

Cierto es que durante el Gobierno Azañista las reformas funcionaron muy lentamente (aparte del estatuto catalán aprobado en agosto de 1932, y el conjunto de medidas militares y de la enseñanza, y de modo especial las reformas sociales en el campo.

En los comicios de octubre-noviembre de 1933, la coalición de Azaña sufrió una derrota electoral y la República pasó a ser controlada por una coalición del Partido Radical, de Lerroux, con la [Confederación Nacional de Derechas Autónomas], dirigida por José María Gil Robles.

Desplazado del gobierno se mantuvo en la oposición parlamentaria en 1934, sostuvo agrios combates contra el Gobierno y los conservadores catalanes, principalmente con Francesc Cambó, que se oponía a que el Parlamento autónomo catalán aplicara una moderada reforma agraria. En sus intervenciones definió a Cataluña como el baluarte del espíritu republicano (en Cataluña se mantenía en el poder Esquerra Republicana de Cataluña (socialmente un calco del azañismo).

En las elecciones de 1936 triunfó el Frente Popular, una moderada coalición de Azañistas y socialistas, y recuperó la jefatura del Gobierno, reinstaurando su programa reformista en unas condiciones de progresivo deterioro provocado por la violencia extremista. En mayo del mismo año sustituyó a Alcalá Zamora en la presidencia de la República, desprendiéndose así del gobierno ejecutivo.

La crisis nacional degeneró en la sublevación militar y durante toda la guerra Civil permaneció como presidente de la República, pero su protagonismo fue cediendo a medida que los socialistas de izquierda (Francisco Largo Caballero) y los comunistas, que basaban su influencia en la ayuda militar de la [Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas], cobraban mayor hegemonía.

En vísperas de la derrota definitiva de las fuerzas republicanas marchó al exilio y se instaló inicialmente en Colloges-sous-Selève: era febrero de 1939 y allí dimitió de su cargo de presidente, que fue asumido por el radical Diego Martínez Barrio.

Falleció en noviembre de 1940, en Montauban (Francia) donde se había instalado con su esposa, Dolores de Rivas Cherif. Póstumamente se publicaron otros escritos suyos, de los que son en especial interesantes sus memoriales y discursos y la obra de teatro La velada de Benicarló, imprescindibles para entender la historia contemporánea española analizada por una de las mentes protagonistas más lúcidas de su tiempo.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa, 1988, tomo 6 págs. 600-601.