Largo Caballero

Biografía

Largo Caballero en 1927Largo Caballero en 1927

(Madrid, 1869-París, 1946) Político socialista y dirigente obrero. Estuquista de profesión, ingresó en la [Unión General de Trabajadores] en 1890 y en el [Partido Socialista Obrero Español] en 1894, en el que actuó como uno de los principales colaboradores del fundador, Pablo Iglesias. Elegido concejal por el Ayuntamiento de Madrid en 1905, vicepresidente de la [Unión General de Trabajadores] desde 1914 y vocal del Comité Nacional del [Partido Socialista Obrero Español] desde 1915.

Miembro del comité de la huelga general de 1917, por lo que fue encarcelado y condenado a cadena perpetua, pena de la que fue amnistiado al año siguiente al salir elegido diputado en el Congreso de los Diputados por Barcelona.

Asumió la secretaría general de la [Unión General de Trabajadores] en 1918, y ante la crisis desatada en los partidos socialistas europeos por la llegada al poder de los comunistas rusos, se mostró favorable al mantenimiento de la independencia del [Partido Socialista Obrero Español] y, por ende, contrario a su ingreso en la Internacional Comunista Komintern en 1919.

Durante la dictadura de Primo de Rivera aceptó el cargo de consejero de Estado, alegando la necesidad de fortalecer desde los poderes públicos al sindicalismo socialista, cargo al que accedió en representación del Instituto de Reformas Sociales (1924-1930), pese a la oposición de Indalecio Prieto y otros dirigentes del partido.

Tras el advenimiento de la República, fue ministro de Trabajo durante el primer bienio (1931-1933), cargo desde el que procuró mejorar las condiciones de trabajo, y resultó elegido presidente del [Partido Socialista Obrero Español] y secretario general de la [Unión General de Trabajadores], derrotando a su principal contrincante, el moderado Julián Besteiro.

Diputado en todas las legislaturas republicanas, inició una deriva izquierdista a la cabeza del sector más radical del partido que organizó la insurreción obrera de 1934, en el marco del proceso llamado de bolchevización, y llegó a ser jaleado, con su beneplácito, como el Lenin español, abanderado de la revolución proletaria inminente. Procesado y encarcelado por algunos meses, que aprovechó para leer por primera vez a Marx, resultó absuelto de todos los cargos

En la campaña electoral de 1936 predicó con vehemencia la revolución. Se enfrentó con su correligionario Indalecio Prieto cuando este planteó la posibilidad de asumir la jefatura del gobierno tras el triunfo del Frente Popular y la elección de Azaña como presidente de la República (abril-mayo de 1936).

Se opuso sin éxito a la fusión de las juventudes socialista y comunista en la [Juventud Socialista Unificada], intuyendo que significaba un triunfo para los subordinados de Moscú en perjuicio del [Partido Socialista Obrero Español].

Al comienzo de la guerra civil (18-VII-1936), defendió la entrega de armas a las milicias de los partidos de izquierdas y otras medidas radicales. Pero ante el desastre militar y el desorden político de los dos primeros meses de revolución, Azaña tuvo precisamente que recurrir, como escribió Salvador de Madariaga, a dar el poder precisamente al hombre que había desatado el huracán, con la esperanza de que impusiera el orden en la zona republicana. Según la versión de H. Thomas, Azaña se resignó a lo inevitable.

Largo caballero fue designado jefe de gobierno el 4 de septiembre y formó un gabinete de concentración con ministros socialistas, republicanos y comunistas, en el que se reservó la cartera de Guerra.

La llegada al poder del presidente de la [Unión General de Trabajadores], con reputación de antimilitarista y revolucionario, entrañó, sin embargo, el comienzo de un gran viraje político, al menos retórico, hacia el fortalecimieto del Ejército y el ofrecimiento de un programa aparentemente contradictorio: aplazar la revolución, reconstruir el Estado, tranquilizar a las democracias, militarizar las milicias, para ganar la guerra, pero sin retrocesos sociales significativos.

El Gobierno español no lucha por el socialismo —proclamó nada más tomar posesión—, sino por la democracia y el orden constitucional. Raymon Carr asegura que el nuevo jefe del gobierno era consciente de las contradicciones de su posición como dirigente de la clase obrera que había predicado la revolución que ahora había que frenar.

Los aparatos coercitivos del Estado fueron rápidamente reorganizados con ese fin. Bajo su impulso, respaldado por varios jefes militares profesionales (Asensio, Casado, Jurado), el naciente Ejército Popular, según los patrones soviéticos, sufrió una drástica reorganización, con base en las brigadas mixtas y la incorporación de comisarios políticos en las unidades, pese a las reticencias de los oficiales de carrera. La llegada de numerosos asesores soviéticos y la formación de unidades comunistas de élite, como el Quinto Regimiento, aceleraron esa evolución.

Como ministro de la Guerra metió en la vereda de la disciplina a las milicias y adoptó otras medidas imprescindibles para la conducción de las operaciones militares. La nueva estrategia estaba en consonancia con la de la Komintern, consistente en la defensa de la República democrática y el estrangulamiento de la revolución más o menos espontánea desencadenada por la sublevación militar.

El 15 de octubre Largo firmó una carta en francés, probablemente redactada por Negrín, entregada al embajador soviético, Marcel Rosenberg, en la que se pedía permiso para enviar una gran cantidad de oro para que fuera custodiado en la [Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas].

En una segunda carta, dos días después, se precisaba que el oro sería utilizado para realizar pagos internacionales. Como justificación, explicó en sus memorias que la [Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas] era el único país que ofrecía garantías mínimas que precisaba la República para obtener sin dilación y sin cortapisas los suminustros para proseguir el esfuerzo bélico. El 4 de noviembre reforzó su autoridad con la formación de un nuevo gobierno para incluir por primera vez en la historia a cuatro ministros anarquistas.

No obstante, ante la progresión de las tropas franquistas hacia Madrid, dos días después se vio forzado a ordenar el traslado del Gobierno a Valencia (6-XI-1936). A principios-I-1937, recibió una carta de Stalin en la que este le hacía ver la necesidad de seguir las recomendaciones soviéticas para encauzar la revolución en España y darle una apariencia de legalidad republicana y democrática que no alarmara a las potencias occidentales.

La marcha desfavorable de la guerra y sus malas relaciones con el [Partido Comunista de España] y los asesores soviéticos gestaron una grave crisis que conoció diversos episodios antes de culminar con los trágicos sucesos de Barcelona entre el 2 y el 6-V-1937.

Como preludio de la tormenta, llegó a expulsar de su despacho con cajas destempladas al embajador soviético, Marcel Rosenberg, acompañado por Álvarez del Vayo, cuando estos le pidieron la destutución del general Asensio Torrado, según el testimonio de Luis Araquistáin, aunque no confirmado por otras fuentes. Lo que si queda claro en sus escritos es que, a su juicio, el embajador soviético se estaba entrometiendo de manera intolerable en la política interna española. No obstante, cuando Moscú le pidió opinión sobre Rosemberg, nada dijo de sus malas relaciones.

Los portavoces del [Partido Comunista de España] atacaron primero de manera indirecta, mediante una campaña de denigración contra su principal asesor militar, el general Asensio Torrado, chivo expiatorio de las derrotas militares, y luego denunciaron de manera insidiosa su supuesta colusión con los trotsquistas y la [Confederación Nacional del Trabajo], cuando lo cierto era que Moscú había preparado desde hacía meses una maquinación diabólica, seguida ciegamente por los comunistas españoles, para eliminar a Andreu Nin y sus correligionarios de manera siniestra y provocar al mismo tiempo la caída del gobierno.

En el Consejo de Ministros del 13-V-1937, los miembros comunistas del Gobierno, Jesús Hernández y Vicente Uribe, denunciaron al [Partido Obrero de Unificación Marxista] y la [Confederación Nacional del Trabajo] por urdir un supuesto complot e incluso por estar en contacto con Franco. Largo Caballero replicó acusando a los comunistas de propalar la mentira y la calumnia, pero se quedó prácticamente solo en su defensa de la dignidad gubernamental.

En ese momento, los ministros comunistas abandonaron la sala del Consejo, seguidos por Giral, Irujo, Álvarez del Vayo, Negrín y Prieto. El [Partido Comunista de España] y la ejecutiva del [Partido Socialista Obrero Español] exigieron que renunciara a la cartera de Guerra y la crisis se hizo irreversible, pues el jefe del gobierno consideró que el abandono de sus responsabilidades militares era un crimen, ya que tenía preparada una importante ofensiva en Extremadura.

Cuando le propuso a Azaña la formación de un nuevo gabinete sin los comunistas, sus mismo correligionarios Prieto y Negrín se pronunciaron en contra de su continuidad, habida cuenta de que la ayuda militar soviética resultaba imprescindible. Al no poder formar un nuevo gobierno sin la colaboración del [Partido Comunista de España], se vio forzado a su dimisión (15-V). Ya no volvió a ocupar ningún cargo gubernamental hasta el final de la guerra.

Exiliado en Francia, se mantuvo siempre al margen de las intrigas políticas y de las actividades de los exiliados, acompañado por su hija Isabel. El 20-XI-1939 escribió una carta a José Bullejos, ex secretario general del [Partido Comunista de España], estigmatizado y expulsado del partido en 1933, en la que le manifestaba su comprensión tardía y su firme determinación de no ser cómplice del espíritu de división y el caciquismo que tanto mal hizo a España.

Y añadía, Los hechos nos demuestran que, en la emigración, nos encontramos con un gobierno llamado de Negrín, un gobierno de Cataluña, un gobierno vasco y una Junta de Defensa Nacional. Evocaba también el asesinato de Nin y manifestaba una fuerte animosidad hacia su compañero Indalecio Prieto, creador del [Servicio de información Militar, SIM] que, según lamentaba, por cobardía de su fundador cayó en poder de los comunistas.

Fue detenido por la Gestapo, que, en vez de enviarlo a España, como pedía el general Franco, lo llevó a Berlín y luego lo recluyó en el campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburg en el año 1943, donde permaneció hasta que fue liberado por las tropas polacas (abril de 1945).

En su Carta a un obrero, escrita en la capital alemana después de su liberación, reflexionó sobre el pasado y, esbozó un plan para el futuro de España, en el incluyó un régimen de autonomías regionales, una gran tolerancia religiosa y un importante programa económico y cultural, incitando a sus compañeros de partido a renunciar a las rivalidades personales y las luchas estériles.

Volvió a residir en París, donde falleció el 23-III-1946. Sus restos mortales fueron trasladados a Madrid en 1978 y enterrados en el cementerio civil Autor de una memorias publicadas con el título Mis recuerdos: cartas a un amigo (México, 1954 y 1976), con prólogo de Enrique de Francisco, en las que se muestra bastante severo con sus correligionarios Prieto y Negrín.

En forma epistolar, denuncia las tácticas comunistas y las intromisiones del Kremlin en la política interior española, un testimonio imprescindible aunque esté redactado con la herida aún abierta y cuando su autor no disponía de documentación alguna.

Sus memorias completas, compuestas por 1.541 folios mecanografiados y con firma autógrafa al margen, fueron donados por sus hijos Francisco, Isabel y Carmen a la Fundación Pablo Iglesias en 1978, pero solo se han publicado en una parte mínima en el volumen titulado Escritos de la República (Madrid, 1985), con un estudio preliminar y notas del profesos Santos Juliá.

R.B.: Madridejos, Mateo, Diccionario onomástico de la guerra civil, Ed. Flor del Viento, 2006, págs. 185-189.