Federico Carlos Gravina

Biografía

Federico Carlos Gravina nació en Palermo (Sicilia) el 12-IX-1756. Después de cursar estudios en su ciudad natal y en Roma, pasó a España para ingresar en la armada de Carlos III (1775). Fue guardia marina en Cádiz. se embarcó en 1776 con el grado de alférez de fragata, y desde este momento vivió entregado a la vida del mar. Sus primeros hechos de armas tuvieron por escenario las Antillas, Gibraltar y Menorca, durante la guerra de Independencia americana.

En 1783 le fue confiado el mando de la fragata Juno, con la que participó en la expedición que contra Argel dirigió el almirante Barceló. En 1788 navegó por los mares del Mediterráneo oriental.

Contribuyó a la evacuación de Orán en 1791 y a la guerra contra la Convención francesa, esta vez con el rango de jefe de escuadra. Actuó en el desembarco de Tolón de 1793 y en las operaciones de la guerra de Cataluña en 1794. Por sus méritos en esta campaña fue nombrado gentilhombre de cámara.

Dada la alianza de Francia con España durante las guerras del Directorio y de Napoleón, Gravina luchó continuamente contra Inglaterra, ya como segundo jefe, ya como jefe de escuadra. En 1788 se distinguió en las tentativas para romper el bloqueo que la escuadra inglesa tenía puesto a Cádiz. En 1800 se hizo cargo, con el grado de vicealmirante, de la flota española surta en Brest, con la cual cooperó a la reconquista de Port Delfín, en Haití (1802). Después de un breve periodo de descanso ejerció el cargo de embajador de España en Francia (1704-1805).

En febrero de 1805 tomó el mando de la flota española —a bordo del Argonauta con 80 cañones— la cual, junto a la del almirante francés Villeneuve, procedió a una operación de diversión en las Antillas con el objetivo de alejar a la flota inglesa, y así permitir el ataque de Napoleón a Inglaterra. A su regreso, libró combate con la escuadra de Calder en el cabo de Finisterre (22 de julio). En el mismo año, y contra su criterio, participó en la batalla de Trafalgar (21 de octubre), a bordo del Príncipe de Asturias. En esta acción resultó gravemente herido en el brazo izquierdo. Conducido a Cádiz, murió en esta ciudad el 9-III-1806, a consecuencia de la lesión sufrida en el memorable combate, en cuyo desarrollo, su valor y su pericia salvaron el honor de la armada española.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 160-160.

José Rebolledo de Palafox

Biografía

Palafox nació en Zaragoza en 1776, en la aristocrática familia de loa marqueses de Lazán Oficial de la Guardia de Corps en 1793, sirvió durante muchos años en la corte, donde alcanzó el grado de brigadier. En 1808 fue encargado de una misión para procurar la libertad de Fernando VII, a quien se suponía detenido en Bayona; pero no tuvo éxito. Al enterarse de los proyectos de Napoleón, corrió a su ciudad natal en la que fomentó el alzamiento de independencia.

El 25-V-1808, después de la deposición del general Guillelmi, era nombrado capitán general de Aragón, y poco después lanzaba una arrogante declaración de guerra al emperador. Zaragoza fue asediada por el general Lefevre-Desnouettes el 15 de junio. Vencido Palafox en la acción de Epila (24 de junio), se encerró con sus huestes en la ciudad (1 de julio). Desde ella dirigió la tenaz resistencia contra el asalto de los franceses, contando más con el parapeto de los pechos zaragozanos que con el de las murallas.

Ante la noticia del desastre de Bailén los sitiadores levantaron el cerco (14 de agosto). Conociendo la eventualidad del desistimiento de los franceses, Palafox procedió a consolidar las fortificaciones de la plaza. No anduvo engañado en sus previsiones, porque después de la batalla de Tudela varios cuerpos del ejército invasor se concentraron alrededor de la capital con la intención de expugnarla. El 10-XII-1810, las tropas del mariscal Moncey iniciaron la operación, que fue completada por el mariscal Lannes después del breve mando de Junot. La ciudad de Zaragoza resistió con un arrojo indescriptible, superior a toda ponderación.

Siendo ya imposible la defensa, capituló el 21-II-1809. Palafox entregó su espada desde el lecho donde le tenía agarrotado una cruel enfermedad. Hecho prisionero —pues no quiso rendirse— fue trasladado a la fortaleza de Vincennes, donde permaneció del 1-IV-1809 al 13-XII-1813. A su regreso a España fue nombrado capitán general de Aragón por Fernando VII. Su actuación política fue muy poco notable, pues se mantuvo alejado de las luchas partidistas.

No obstante parece ser que mostró alguna afección a las ideas liberales moderadas, pues fue destituido por Fernando VII de la jefatura de la Guardia de Corps que ostentaba desde 1821. Retirado a la vida privada desde ese momento, en 1833 lanzó un manifiesto a favor de la reina Isabel II. El 15-VII-1834 fue recompensado con el título de duque de Zaragoza. Murió en Madrid el 15-II-1847.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 161-161.

Rafael de Riego

Biografía

(Santa María de Tuñas, Asturias, 24-X-1775 / Madrid, 7-XI-1823). Descendiente de una familia de la nobleza menor asturiana, su padre, Eugenio Antonio del Riego Núñez, era conocido literato. Tras ingresar en la carrera militar en 1807, al año siguiente intervino en el Motín de Aranjuez (17-V). Después de la jornada del 2-V-1808, quiso continuar la lucha contra los ejércitos franceses y se trasladó a Asturias, donde su padre era miembro de la Junta Suprema del Principado.

Al poco tiempo fue nombrado ayudante del general Vicente Acevedo, quien resultó muerto en la batalla de Espinosa de los Monteros (Burgos, 10-XI-1808); por su parte, Riego fue apresado y trasladado a Francia, donde permaneció durante cinco años, hasta que pudo evadirse. Luego de pasar por varios países, regresó a España en 1814; al año siguiente recibió la Medalla del Sufrimiento por la Patria. Por estas fechas ya se había afiliado a la masonería.

A principios de 1817 fue destinado, como mayor, al ejército de Andalucía. Cuando empezó a gestarse una conspiración de carácter liberal para restablecer la Constitución de Cádiz de 1812, Riego se unió a ella; descubierta la conspiración en 1819, muchos de sus líderes fueron detenidos. A pesar de este revés, el movimiento revolucionario siguió adelante y el 1-I-1820, en la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan, Rafael de Riego, al frente de su batallón de Asturias, proclamó la Constitución de 1812.

En un principio el levantamiento apenas fue secundado por otros militares, por lo que Riego tuvo que escapar por tierras andaluzas con un pequeño grupo de camaradas de armas, convertidos en guerrilleros. Viendo el ejemplo de tenacidad y resistencia de Riego, poco después, otros militares se pronunciaron también en otras provincias a favor del regreso a la constitucionalidad; finalmente, Fernando VII (1808, 1814-1833), el 7-III-1820, fue obligado a jurar la Constitución de Cádiz.

Se iniciaba así el periodo conocido como Trienio Liberal (1820-1823). Riego, junto con los también militares Quiroga, Arco-Agüero, López Baños y O´Daly fueron entonces promovidos a mariscales de campo. A Riego, además, se le nombró ayudante de campo del rey, y fue condecorado con la gran Cruz de San Fernando. Estando en Madrid, en septiembre de 1820, tras la conciliación entre las facciones liberales de los moderados y los exaltados, fue nombrado capitán general de Aragón (28-IX-1820); no obstante, víctima de una nueva intriga política, en agosto de 1821, fue nuevamente destituido.

Por estas fechas contrajo matrimonio con su prima María Teresa del Riego y Riego. Gracias a su gran popularidad, fue elegido diputado por Asturias en 1822, y en el mes de marzo de ese año fue nombrado presidente de las Cortes. En esos días se compuso el famoso Himno de Riego, declarado oficialmente himno nacional el 7-IV-1822. Poco después, en julio de 1822, Riego ayudo a que fracasara el levantamiento de la Guardia Real en Madrid.

Ante la imposibilidad manifiesta de las fuerzas realistas de recuperar el poder de manos de los liberales, las potencias absolutistas europeas decidieron, en el Congreso de Verona (20-X-1822), encomendar a Francia la organización del cuerpo militar conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis, comandado por el duque de Angulema, para que penetrara en España y devolviera el poder al rey. Cuando esta tropas extranjeras desembarcaron en España, Riego y otros militares intentaron oponerse a su avance, pero fracasaron.

Detenido en la localidad de Arquillos (Jaén), fue llevado prisionero a Madrid y encarcelado. El alcalde de sala, Alfonso Pavía, encabezó un simulacro de juicio en el que Riego fue condenado a morir en la horca. La sentencia se cumplió el 7-XI-1823 en la madrileña plaza de la Cebada.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XVIII pág. 8917.

Francisco Espoz y Mina

Biografía

Francisco Espoz e Ilundain (Idocín, Navarra, 1781-Barcelona, 1836). Hijo del labrador Juan Esteban Espoz y Mina, trabajó en le campo hasta los veintiocho años. Al producirse la invasión francesa se unió (1809) a la guerrilla que mandaba su sobrino Javier Mina, llamado también "Mina el Mozo", y al ser capturado este por los franceses (marzo de 1810) tomó el mando de la guerrilla.

Desde entonces adoptó el segundo apellido de su padre, para aprovechar el prestigio que había ganado este nombre, y fue conocido en lo sucesivo como Espoz y Mina Respaldado por la Junta de Aragón, que le nombró jefe de todas las partidas de Navarra, consiguió unir a todos los grupos guerrilleros bajo su mando, por la persuasión o por la fuerza, y logró crear un auténtico ejército fantasma, que tan pronto atacaba a los franceses, como desaparecía en cuanto estos trataban de acorralarlo.

Por otra parte su talento para la administración le permitió organizar la subsistencia de sus hombres si hacerse gravoso a los campesinos. De 1810 a 1813 se dedicó a una labor de hostigamiento de los franceses destinada a mantener entretenidas sus fuerzas, y llegó a tener a dieciocho generales franceses persiguiéndole a la vez. En estos años alcanzó victorias tan resonantes como las dos sorpresas de Arlabán, la batalla de Rocafort y la derrota de la "columna infernal" del general Soulier.

En febrero de 1813, sitió y tomó Tafalla. En verano de este mismo año estableció contacto con la fuerzas de Wellington, y este le envió a Aragón, donde intervino decisivamente en la toma de Zaragoza. La guerra terminaba para Mina en plena gloria; pero el gobierno de Fernando VII disolvió sus tropas, y trató de conseguir que este hombre que se había convertido en héroe nacional se conformara con vivir retirado, con sueldo de general.

En septiembre de 1814 se pronunció contra el régimen absolutista en Pamplona; los testimonios coetáneos demuestran el carácter liberal y constitucionalista del pronunciamiento. La intentona fracasó, y Espoz y Mina tuvo que refugiarse en Francia, donde fue bien acogido por Luis XVIII. A su regreso de Elba, Napoleón trató de ganárselo, pero Espoz y Mina prefirió huir a Suiza, y no regresó a Francia hasta la derrota definitiva de Bonaparte. En marzo de 1820 pasó a Navarra para secundar el alzamiento de Riego.

En 1821 fue capitán general de Galicia, y en 1822 se le envió a Cataluña. Allí llevó a cabo una campaña magistral que le permitió limpiar el país de partidas absolutistas en el espacio de seis meses. Al producirse la invasión de los Cien mil hijos de San Luis (abril de 1823), trató de realizar una campaña de hostigamiento y diversión, ya que no tenía bastantes fuerzas para enfrentarse a los franceses en campo abierto.

Efectuó un intento de penetrar en Francia que acabó mal: en la retirada Mina cayó del caballo y se hirió gravemente. Ya nunca se recobraría por completo de este percance. Resistió sitiado en Barcelona durante cuatro meses, alentado por una población que estaba dispuesta a llegar a los últimos extremos antes que rendirse. Pero, a partir del mes de septiembre, Barcelona quedaba como el único foco de resistencia en toda España (Fernando VII ya había sido "liberado" y restablecido como soberano absoluto), y la continuación de la lucha no tenía sentido.

Mina firmó, a comienzos de noviembre, una capitulación muy honrosa con los francesas, y, acompañado por otros jefes, embarcó en el bergantín Le Coursier rumbo a Gran Bretaña, donde fue espléndidamente acogido. Pasó a Francia tras la revolución de 1830; desde allí presionado por unos y otros, realizó una infructuosa entrada en España; su partida fue deshecha en Vera y él mismo estuvo a punto de ser capturado.

Hasta 1834 permaneció enfermo e inactivo en Francia, olvidado por el gobierno español en las sucesivas amnistías de liberales. En este año se le nombró virrey de Navarra y se le confió el mando de la lucha contra los carlistas del norte. Pero su estado de salud, y el hecho de tener que desenvolverse en una tierra que ahora le era hostil y favorecía a sus enemigos, le llevó a renunciar y a regresar a Francia.

En septiembre de 1835, la Junta gubernativa de Cataluña le nombró capitán general. Pese a hallarse enfermo y achacoso, Espoz y Mina aceptó y volvió a dar muestras de su genio militar, iniciando una victoriosa campaña contra los carlistas. Sin embargo, su enfermedad se agravó, y falleció la víspera de Navidad del año siguiente.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 8 pág. 3966-3967.

José María Torrijos

Biografía

[Madrid-Málaga, 1791-1831]. Desde joven mostró predisposición para la carrera de las armas No tenía más de trece años cuando, después de un brillante examen, obtuvo su despacho de capitán, y, en vista de su corta edad, se determinó enviarle a seguir estudiando a la Academia de Alcalá de Henares, donde ingresó como alumno ingeniero y permaneció cuatro años. En 1808 se trasladó a Madrid.

En el levantamiento del dos de mayo acudió al cuartel del Voluntarios del Estado, donde solicitó al coronel ser agregado a la compañía que salía para el Parque de Artillería. Desde el Parque fue comisionado por el capitán Velarde para parlamentar con el general Gobert, pero en el curso de la entrevista con este hicieron fuego unos paisanos, rompiendo la tregua, y el general francés lo retuvo como prisionero. Su muerte hubiese sido trágica de no haberle salvado Borely, el ayudante de campo de Murat que le conocía y le puso en libertad.

Fue destinado después a Cataluña, y en 1810 tomó parte en la batalla de Vich, en la que ganó el grado de teniente coronel. En Tortosa fue hecho prisionero por los franceses y llevado a Francia, de donde logró escapar y volver a Cataluña para seguir haciendo la guerra. En 1811 le fue conferido en Cádiz el mando del Regimiento de Tiradores de Doyle, con el grado de coronel. Al frente de estas tropas marchó a Extremadura, donde se puso a las órdenes de Wellington, quien le propuso para ascender a brigadier.

Fue siempre un liberal exaltado, por cuya causa fue preso en 1819, en Alicante, al descubrirse el complot de Andalucía. Al poco tiempo fue trasladado a Murcia, donde trabajó por la Revolución de 1820 desde la misma cárcel, y al triunfar esta, fue libertado por el pueblo, que le aclamó como héroe. Entonces se le nombró capitán general de Valencia. En 1822 salió a campaña para combatir a los rebeldes de Cataluña, cuyo levantamiento sofocó y fue ascendido a mariscal. En 1823 llegó a recibir el nombramiento de ministro de la Guerra, si bien el rey revocó este nombramiento al llegar a Sevilla camino de Cádiz.

Con motivo de este incidente rompió con Fernando VII, a quien pidió que le exonerara de su empleo de general. Al restaurarse el absolutismo se encontró en una posición apurada y emigró a Francia y después a Inglaterra. Allí concibió la idea de fomentar un levantamiento en España, a cuyo efecto se trasladó a Gibraltar para esperar de cerca la ocasión de sublevarse. Hizo en este sentido varios intentos y una vez llegó a desembarcar en la playa de Algeciras (29-I-1831) con unos 200 hombres, pero encontró resistencia y tras breve y costoso combate hubo de volver a Gibraltar.

En estas circunstancias se le preparó la emboscada que habría de costarle la vida y cuyo plan se le atribuyó a El Ángel Exterminador [Sociedad secreta, siendo el obispo de Osma uno de sus fundadores]. Para ello se buscó y consiguió la confianza de un amigo de Torrijos, un coronel de Málaga, haciéndole creer que toda la guarnición de aquella plaza se sublevaría en cuanto la capitaneara un hombre de prestigio.

El amigo, engañado, acabó por comunicar esto a Torrijos, quien tan seguro estaba de su triunfo, que embarcó para Málaga con solo unos 60 hombres, escogidos entre los jefes y oficiales de su confianza, ya que creía que en Málaga encontraría tropa y que contaría también con la ayuda del gobernador González Moreno.

En el trayecto de este viaje, la noche del 30 de noviembre al 1 de diciembre, fue atacado por el Neptuno y se vio obligado a saltar a tierra precipitadamente en Fuengirola. Aún creía que su acción tendría éxito y atribuyó aquella persecución a los carabineros, que no sabrían nada de su levantamiento. Una vez en tierra se refugiaron en una alquería e izaron la bandera tricolor prorrumpiendo en vivas a la libertad. El gobernador mandó, en seguida, bloquearlos en la alquería y, tras cinco días de resistencia y haber agotado sus provisiones, se rindieron. A los pocos días fue fusilado, sin formación de causa, juntamente con todos sus compañeros.R.B.: DÍAZ GARCÍA, José, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 794.

Ramón María Narváez

Biografía

Retrato del militar y y político español Ramón María Narváez.

Retrato del militar y y político español Ramón María Narváez.

El espadón de Loja. Con esta frase quisieron zaherirle una vez más sus adversarios políticos, los progresistas españoles. Realmente, Ramón María Narváez fue un hombre enérgico, alguna vez duro, que echó en la balanza de las decisiones gubernamentales el peso de sus maneras autoritarias.

Pero a medida que transcurren los años y la perspectiva histórica ahuyenta las nimiedades y los personalismos, se observa que Narváez fue el estabilizador del régimen isabelino y el hombre que permitió la normalidad política, en medio de las perturbaciones provocadas por los carlistas, los liberales exaltados, y la camarilla que se agrupaba en torno a las dos reinas, Isabel II y su madre Maria Cristina. Su misión fue dura y espinosa. La experiencia de los sufrimientos del país le hizo abandonar las veleidades progresistas de sus años mozos, para hallar en el moderantismo monárquico la fórmula de salvación para España.

Nacido en Loja el 5-VIII-1800, de familia de noble prosapia, desde muy joven sus aficiones se inclinaron por la milicia. Ingresó en el ejército en el que ascendió con rapidez. Era oficial cuando se produjo el pronunciamiento del ejército en Andalucía. Ganado por la ideas liberales del momento, mereció la confianza de los gobiernos constitucionales de Fernando VII. El 7-VIII-1822 luchó en Madrid contra los guardias reales sublevados, y al año siguiente combatió contra los Cien Mil Hijos de San Luis.

Dados estos antecedentes liberales, no es de extrañar que al estallar la I Guerra Carlista se pusiera al lado de la Regente, a cuya causa prestó servicios muy relevantes en las campañas del Norte (Mendigorria y Arlabán) y del Sur (lucha contra Basilio Gómez y sus huestes (1836). Estos éxitos le enfrentaron con el general Espartero, que no quería compartir con nadie la gloria recientemente alcanzada en Navarra y las Vascongadas.

Don Baldomero obstaculizó la ascensión de Narváez, lo que provocó, de una parte, la antipatía de este y, además por el juego normal de las pasiones políticas, que se convirtiera en el paladín de los moderados. Después de una victoriosa campaña para combatir el bandolerismo en la Mancha (julio de 1838), los moderados casi abocaron a Narváez al golpe de estado. Habiendo presentado la dimisión de su cargo de jefe del ejército de reserva, se vio involucrado poco después (noviembre) en el pronunciamiento del general Córdova en Sevilla.

El golpe fracasó, por lo que Narváez partió para Tánger y luego para Francia, donde empezó a conspirar contra Espartero. Encumbrado este después del golpe de estado de 1840, Narváez halló partidarios entre los mismos progresistas para derribar al nuevo regente. En 1841 intentó un pronunciamiento en colaboración con O´Donnell, pero no tuvo éxito. Pero don años más tarde se desquitó cumplidamente.

Aprovechando el pronunciamiento de Prim en Reus, desembarcó en Valencia, se puso frente a las tropas sublevadas y se apoderó de Madrid después del simulacro de combate de Torrejón de Ardoz (22-VII-1843). Esta acción determinó la caída de Espartero. Narváez no recogió, de momento, los beneficios de su audaz campaña. Pero no podían escapársele.

Presidente de gobierno

En efecto, el 8-V-1844 era nombrado presidente de gobierno de Isabel II, iniciándose de este modo su carrera de estadista. En cuanto a sus ideas gubernamentales, se manifestaron modificando en forma conservadora la constitución de 1837 por el código 23-V-1845, reprimiendo cualquier alteración del orden público y facilitando la recuperación económica del país.

Después de un periodo de nueva inestabilidad política provocada por la corte, en cuyo transcurso Narváez fue por dos veces jefe de gobierno y embajador en París, el 3-X-1847 se encargó de constituir nuevo ministerio, cuya gestión se dilató hasta el mes-I-1851. Respecto a este periodo se ha hablado de dictadura de Narváez.

En realidad, el general procuró evitar las alteraciones públicas, tanto las provocadas por los revolucionarios de 1848 como por los carlistas, que en el mismo año intentaron levantarse en Cataluña y el Maestrazgo. También intervino en el año 1849 en el restablecimiento de la autoridad pontificia en Roma.

Alejado del gobierno y reemplazado por los extremistas del moderantismo, Narváez tuvo que restablecer el orden público, perturbado por los coletazos de la dominación progresista de 1854-1856. Del 12-X-1856 al 25-X-1857 anuló los efectos de la Vicalvarada y restauró el prestigio de la monarquía de Isabel II. Después del periodo de la Unión Liberal, la reina acudió de nuevo a Narváez en 1864 y 1866. Ante los progresos de los liberales, el general acudió a las medidas más duras. Su muerte. acaecida el 23-IV-1868, preludió la caída del trono isabelino.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 236.

Francisco Serrano

Biografía

Serrano, fotografiado por Nadar.

Serrano, fotografiado por Nadar.

De los cinco generales que suenan a cada paso en la Historia de España durante el reinado de Isabel II —Espartero, Narváez, O´Donnell, Serrano y Prim—;, el penúltimo ocupa un lugar especial como representante de la facción política que podríamos llamar izquierda liberal. De O´Donnell se separa por su actitud revolucionaria y se distingue de Prim por su ideología más tradicional y menos democrática.

Pese a su prestigio y a sus innegables dotes de buen administrador, no fue un hombre enérgico que supiera imponerse en los círculos políticos y que afirmara su personalidad en el Estado. Por esta causa, aparece siempre como la encarnación de los periodos de transición: de la revolución de Septiembre a la república y de la república a la Restauración. Tuvo su oportunidad histórica y la desaprovechó, quizé debido a la tremenda avalancha de la catástrofe revolucionaria en España

Nacido en la isla de León, Cádiz, el 17-IX-1810, el único trozo libre de la invasión francesa, Francisco Serrano procedía de una familia que se había ilustrado en el ejército. En 1822 ingresó como cadete en la milicia, en la que fue ascendiendo gradualmente hasta obtener la graduación de capitán en 1833. Al estallar la I Guerra Carlista, se afilió al bando cristino. Se distinguió por su bravura en varios combates, tanto en Navarra como en Cataluña, por lo que ascendió de modo rápido a brigadier general.

Por su brillante comportamiento en la acción de Larraiazar (2-III-1835) le fue concedida la cruz de San Fernando, máximo distintivo del valor militar. De ideas progresistas, Serrano fue favorecido por el final victorioso para su causa de la guerra de los Siete Años.

Diputado por Málaga en 1839, general de división en la capitanía de Valencia en 1840, apoyó a Espartero cuando este derribó la regencia de María Cristina. Pero como a tantos otros progresistas, le disgustó el caudillismo del duque de la Victoria. Ministro de la Guerra en el gobierno de Joaquín María López (mayo de 1843), sus medidas descontentaron al regente.

Cuando este intentó imponer su política personal, Serrano formó parte de los generales que se pronunciaron contra Espartero en los últimos días del mes de mayo. En Barcelona constituyó un ministerio universal con González Bravo. Poco después desempeñaba de nuevo la cartera de Guerra en los Gobiernos de López y Olózaga.

Durante los gobiernos de la década moderada, fue nombrado senador (septiembre de 1845) y capitán general de Granada (1848). En 1854 auxilió a O´Donnell en el alzamiento conocido con el nombre de la Vicalvarada. Mariscal en 1856, fue nombrado capitán general de Cuba por el gobierno de la Unión Liberal en 1859.

Durante sus tres años de mando en la isla, se acreditó por su sagaz percepción de los problemas antillanos; patrocinó las primeras reforma políticas y económicas de la colonia. A su regreso a España, en 1862, le fue concedido el título de duque de la Torre y la grandeza de España. Fue ministro de Estado en el gobierno de O´Donnell de 1863.

En 1866 reprimió el alzamiento del cuartel de San Gil, por lo que recibió el Toisón de oro. La incompatibilidad de la Unión Liberal con Isabel II y la subsiguiente caída de O´Donnell, hicieron que Serrano se aproximara a los grupos democráticos dirigidos por Prim. El gobierno de González Bravo dispuso el destierro de Serrano a Canarias el 7-VII-1868. Pero allí le fue a recoger una nave de la escuadra insurrecta de Topete.

Serrano se puso al frente del movimiento revolucionario IX-1868, que triunfó plenamente. Presidente del gobierno provisional en octubre de este año. Regente del reino de España de VI-1969 a I-1971.

La llegada de Amadeo de Saboya y la muerte de este general, dieron una nueva oportunidad al duque de la Torre, que el 4-I-1871 presidió el primer gobierno de la nueva monarquía, a pesar del poco afecto que sentía por la misma, pues personalmente había sido adicto a la candidatura de Antonio María de Orleáns , duque de Montpensier. Pero no pudo contener los apetitos de los demócratas, y su gobierno se disgregó a fines-VI-1871.

En abril de 1872 el gobierno le confió la jefatura del ejército del Norte que había de hacer frente al segundo levantamiento carlista. El duque de la Torre maniobró con habilidad y logró poner término a las operaciones por el convenio de Amorebieta (mayo de 1872).

Este pacto fue combatido vivamente por las Cortes y Serrano que había sido nombrado presidente del gobierno el 26 del mismo mes, tuvo que presentar su dimisión el 12 de junio. Desde entonces se alejó de su propia obra, de modo que al proclamarse la I República conspiró contra ella.

Descubiertas sus actividades tuvo que huir a Francia, de cuyo país regresó llamado por Pavía, que acababa de dar su golpe de estado. El 4-I-1874 se hizo cargo del poder ejecutivo, régimen de transición para restaurar la monarquía. Serrano gobernó de forma dictatorial, al objeto de hacer frente al carlismo y al cantonalismo.

Dirigió en persona las operaciones que dieron por resultado el levantamiento del cerco de Bilbao. Al acabar el año, desistía de oponer resistencia a la restauración de los Borbones y se refugiaba en Francia (1874). De regreso a España en 1876, reconoció el régimen y contribuyó a la formación de la izquierda dinástica. Murió el 26-XI-1885.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 237-238.

Manuel Pavía

Biografía

General Pavía.

General Pavía.

(Cádiz-Madrid, 1827-1895). Se había distinguido como militar al mando de las tropas que operaban en Navarra contra el carlista Dorregaray (1872). Al proclamarse la República, Salmerón le encomendó la represión del cantonalismo en Andalucía; era amigo del presidente Castelar y fue nombrado capitán general de Madrid.

Cuando Castelar quiso abrir las Cortes, en enero de 1874, Pavía le pidió que aplazase las reuniones parlamentarias, probablemente temiendo una votación adversa al presidente.

Cuando esta de produjo, Pavía penetró en el Congreso con unos cuantos soldados, mandó disparar al aire, y la reunión se disolvió: con este hecho se puso fin a la I República del 73. En las Cortes de 1876, Pavía fue elegido diputado, y desde su escaño explicó lo ocurrido en los últimos días de la República. Posteriormente volvió a ser capitán general de Madrid y presidente del Tribunal Superior de Guerra y Marina.

R.B.: BEGUÉ, Olimpia, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 192.