Barón de Montesquieu

Biografía

Retrato de Carlos de Secondat, barón de Montesquieu.

Retrato de Carlos de Secondat, barón de Montesquieu.

Uno de los representantes más cabales del espíritu de la Ilustración en Francia es Carlos de Secondat, barón de la Brede y de Montesquieu, hasta el extremo de que los críticos modernos consideran el año en que se publicó el Espíritu de las Leyes (1748) como el del triunfo de las ideas a ilustradas en aquel país.

Montesquieu, debelador de las costumbres e ideología del Antiguo Régimen, fue en particular, un gran teorizador político. Venerado como un ídolo por los enciclopedistas, ejerció una influencia profunda en el gran movimiento revolucionario de fines del siglo XVIII y, a través de él, en la revolución francesa y en la ideología constitucional posterior.

Montesquieu pertenecía a esa nobleza de robe que había dado a la monarquía de Francia tantos ilustres servidores en el campo de la magistratura. Nacido en el castillo de la Brede, cerca de Burdeos, el 18 de enero de 1689, era hijo de Jaime de Secondat y de María Francisca de Penel, quien había llevado en dote a su esposo el baronazgo de la Brede.

El tío de Montesquieu, Juan Bautista de Secondat, era presidente del parlamento de Burdeos y barón de Montesquieu, y al morir (1716), legó el cargo y el título a su sobrino.

Huérfano de madre, este había ingresado en el colegio del Oratorio de Juilly, próximo a Meaux, en 1700. Aquí permaneció durante once años, distinguiéndose por su apasionada afición a la historia. En 1711 pasó a Burdeos para completar sus estudios de derecho. Huérfano de padre en 1713, al año siguiente fue nombrado consejero del Parlamento bordelense y en 1716 heredó, según hemos dicho, el cargo de presidente del mismo alto tribunal, junto con el título de barón de Montesquieu y considerables riquezas.

Montesquieu no era muy amigo de la rutina profesional. Pese a que cumplió con discreción las obligaciones de su cargo, se dedicó con preferencia a los estudios más varios.

En 1717 entró en la Academia de Ciencias de Burdeos, a la que comunicó varios trabajos sobre física y ciencias naturales. Pero su ocupación favorita fue la redacción de las Cartas Persas, obra que apareció en forma anónima en Ámsterdam en 1721. Su éxito fue clamoroso, no sólo por la elegancia de la sátira, sino también por la agilidad de estilo y la profundidad de observación y pensamiento. Realmente, con las Cartas Persas, Montesquieu abrió el fuego de la literatura ilustrada en Francia.

Descubierto su anonimato, el nombre del parlamentario de Burdeos fue propuesto para ocupar un sillón de la Academia francesa en 1725. La elección, favorable, fue anulada porque Montesquieu residía fuera de la capital. Entonces vendió su cargo, con derecho de reversión para su hijo, y se trasladó a París. Aquí fue el hombre del día en los salones donde se reunían los filósofos, los literatos y los políticos.

Sin embargo, a causa de la oposición del cardenal Fleury, no fue admitido en la Academia hasta el 24.I-1728. En este mismo año emprendió un largo viaje por Europa al objeto de hacer acopio del material que precisaba para una nueva obra que llevaba entre manos: el Espíritu de las Leyes.

Visitó Austria, Hungría e Italia, los países del Rin e Inglaterra, donde residió durante año y medio. Esta estancia fue decisiva en su formación, tanto por las lecturas de Locke como por el estudio de la práctica constitucional inglesa. De regreso a Francia en 1731, se retiró en el castillo de la Brede para ordenar sus materiales.

Sólo algunas escapadas a París le hacían descansar de su ímprobo trabajo. En 1734 publicó las Consideraciones sobre la grandeza y la decadencia de los romanos, obra de teorización histórica en la que señalaba como ejemplo a la juventud francesa la organización y el espíritu de la República romana.

Esta obra no pareció gustar mucho en los frívolos salones de París. Pero, no obstante, proporcionó al Montesquieu una reputación mucho más sólida. En 1743 empezó la redacción definitiva del Espíritu de las leyes, que salió a luz en Ginebra en 1748.

Esta vez el éxito fue decisivo; en año y medio se publicaron veintidós ediciones. Montesquieu sostenía la tesis de que las leyes nacían de la concurrencia de varias condiciones físicas, sociales e históricas; que las formas de gobierno, también varias, se basaban en conceptos espirituales distintos, y que la mejor sería aquella en que, conservando el rey el poder ejecutivo, el legislativo recayera en una asamblea de la nobleza, el clero y los magistrados, y el judicial en los parlamentos. Monárquico por convicción la monarquía se funda en el honor, pero partidario de una nueva estructura del Estado, el Montesquieu del Espíritu de las Leyes fue el difusor en Europa del parlamentarismo inglés.

Agotado y medio ciego por el trabajo realizado, Montesquieu ya no emprendió ninguna otra obra de importancia. Murió en París el 10-II-1755, venerado por la generación que iba a desarrollar sus ideas políticas.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II.