Descubridores y Libertadores

Juan de la Cosa, 1449-1509
Cristóbal Colón, 1451-1506
De las Casas, 1474-1566
Núñez de Balboa, 1475-1517
Francisco Pizarro, 1475-1541
Diego de Almagro, 1475-1538
Elcano, 1476-1526
Pedro de Alvarado, 1483-1541
Hernán Cortés, 1485-1547
Andrés Urdaneta, 1498-1568
Juan de Garay, 1527-1583
Miguel Hidalgo, 1753-1811
Miranda, 1750-1816
Simón Bolívar, 1783-1830
San Martín, 1778-1850
O´Higgins, 1778-1842
Artigas, 1764-1850

Juan de la Cosa

Biografía

Juan de la Cosa.Cartógrafo Juan de la Cosa (1460-1510).

1449-1509. Figura de descubridor nato, para quien era un placer vivir sobre la cubierta de una nave, tomar la altura del sol y anotar una nueva isla en las páginas de su diario, Juan de la Cosa es uno de los grandes pilotos y cosmógrafos de la primera época del descubrimiento de América.

De espíritu realista y ponderado, profundo conocedor de las cosas del mar, como heredero de la tradición náutica norteña, destaca al lado de Colón —el soñador— como hombre práctico que no se deja seducir por una vana ilusión y solo acepta la realidad misma de los hechos. Así fue La Cosa quien identificó por primera vez la insularidad de Cuba, pese a las protestas del gran almirante de las costas oceanas. Juan de la Cosa debió nacer en Santoña o en Orduña, en la costa cantábrica, a mediados del s. XV.

Desde sus años mozos se interesó por las cosas del mar, tanto por la navegación como por la cosmografía. Propietario de un buque, con el que realizaba un provechoso tráfico mercantil, y relacionado con el grupo de marinos andaluces, tomó parte en el primer descubrimiento colombino, en calidad de piloto de la Santa María, su propia carabela. Igualmente participó en el segundo viaje, de 1493 a 1495.

Muchas veces discrepó del almirante, el cual, como a todos cuantos descollaban a su alrededor, le acusó más de una ocasión de ambicioso y de traidor, como en el naufragio de la Santa María en las costas de la Española, el día de Navidad de 1492. Estas disensiones indujeron al notable piloto —uno de los que más contribuyeron a suscitar dudas sobre la capacidad náutica de Colón— a poner sus servicios a disposición de gente que los tuviese en mayor estima.

En mayo de 1499 se embarcaba como piloto mayor en la Armada de Alonso de Ojeda a Tierra Firme, que recorrió la costa septentrional de América del Sur, desde la desembocadura del Esequibo hasta la península de Guajira. En este viaje se destacó por la profundidad de sus conocimientos, la ponderación de su consejo y la madurez de su formación náutica.

Llegado a España en junio de 1500, con más fama que riquezas, se embarcó en octubre siguiente en la flota de Rodrigo de Bastidas, con el que realizó el mismo itinerario, aunque esta vez fue alcanzado el golfo de Urabá. De regreso a la Española, y luego a España, Juan de la Cosa fue nombrado por la corte con la lugartenencia de la gobernación de Urabá y recompensado con pensiones vitalicias.

Al mismo tiempo, le fueron confiadas nuevas y delicadas misiones, como una reclamación ante la corte portuguesa a causa de las incursiones fraudulentas de los navegantes lusos en Tierra Firme. La Cosa fue encarcelado en Portugal (1503). Pero debió recobrar muy pronto la libertad, pues en 1504 dirigía una flota de cuatro carabelas, encargada de vigilar el litoral americano desde Paria a Urabá.

Cumplió este cometido con la competencia con que presidía todos sus actos, y regresó a la patria coronado de nuevos laureles. Después de satisfacer otra misión de confianza, esta vez por las costas del Mediodía de Portugal, se embarcó para América, portador del título de gobernador de Nueva Andalucía para Alonso de Ojeda (1508).

Se embarcó con este en noviembre de 1509 para colonizar el golfo de Urabá, y halló la muerte en el poblado de Calamar, en una pelea contra los indígenas. Las crónicas de aquel tiempo narran que su cadáver apareció atado a un árbol, hecho un erizo de saetas y horrorosamente deforme por el efecto de una hierba ponzoñosa.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 221-222.

Vasco Núñez de Balboa

Biografía

Ejecución de Vasco Núñez de BalboaEjecución de Vasco Núñez de Balboa, por Ober, Frederick A.

1475-1517. La vida extraordinaria del conquistador español en la primera época del descubrimiento de América —un pie en la gloria y otro en el sepulcro— está reflejada cabalmente en Vasco Núñez de Balboa, el descubridor del mar de Sur.

Su personalidad está vinculada a la colonización del golfo de Darién y del istmo de Panamá, en cuyos parajes, en el transcurso de ocho años de vida frenética, fue soladado, alcalde mayor, jefe militar, adelantado del mar del Sur y gobernador de Panamá y Cohiba, para acabar miserablemente sus días en el patíbulo.

Aventurero genial, organizador de temple y de bravura sin par, Balboa es una figura de la que irradia una irresistible simpatía, pese a su temperamento levantisco y ambicioso y a su dureza para los indígenas.

Nacido en 1475 en Jerez de los Caballeros, villa extremeña en los confines de Andalucía, Núñez de Balboa pasó a América hacia 1501 en la expedición de Rodrigo de Partidas, con lo que recorrió la costa sudamericana desde el golfo de Paria al de Urabá. Se estableció en la Española, donde vivió cargado de deudas y rodeado de gran fama como pendenciero. En esta época se le conocía con el nombre del Esgrimidor.

La sangre hervía en sus venas. Gallardo, franco, decidido y bravo, pensó en abandonar la Española en busca de fortuna en Castilla del Oro, la nueva provincia de Darién. Pero no siendo posible embarcarse sin pagar sus deudas, se introdujo clandestinamente en el barco con que Martín Fernández de Enciso se aprestaba a socorrer las fuerzas de Ojeda en la batalla de Calamar (1510).

Metido entre unas velas, pasó allí la mayor parte de la travesía, hasta que, por último, se presento ante Enciso, quien le admitió en su compañía a instancias de sus soldados, los cuales conocían la bravura del Esgrimidor y su práctica de las costas del golfo de Urabá.

Realmente, los servicios que prestó Balboa a Enciso fuero, al principio, muchos; entre los cuales la indicación del emplazamiento de Santa María la Antigua, primera ciudad del continente sudamericano (fines de 1510). Pero muy pronto, cuando hubo adquirido cierta notoriedad sobre sus compañeros, apartó a Enciso de su camino, haciendo notar que Santa María estaba enclavada en el territorio de la gobernación de Nicuesa.

Con un tal Martín Samudio, Balboa fue elegido alcalde mayor de la plaza hasta la llegada de Nicuesa. Tan pronto hubo este llegado a Santa María, Balboa fomentó un movimiento de hostilidad de los colonos, por lo que Nicuesa tuvo que reembarcar con un puñado de partidarios (1-III-1511). Jamás se ha vuelto a saber de él. Habiendo el infortunado Nicuesa ofrecido delegar su autoridad en los dos alcaldes mayores con tal de permanecer en Santa María, Balboa se consideró investido de amplias atribuciones.

Hizo abrir proceso contra Enciso, le encarceló, le confiscó sus bienes y, por fin le autorizó a marchar a la Española, junto con dos emisarios que llevaban sendas cartas para explicar lo acaecido. Mientras esperaba la resolución regia, Balboa se dispuso a explorar los aledaños de la colonia, al objeto de realizar una acción que le hiciera famoso y le pusiera a cubierto de todo castigo por la ilegitimidad de sus actos.

Emprendió una serie de expediciones por las tierras de los caciques Cáreta, Pona y Comagre, obteniendo de ellos amistad y oro. Fue en la morada de Comagre donde Balboa oyó hablar por primera vez de las riquezas del Perú, situadas en otro mar.

De regreso a Santa María, pidió refuerzos a la Española, de la que solo recibió la confirmación provisional del cargo de gobernador. Decidido a adelantarse a las reclamaciones de Enciso, Balboa partió el 1-I-1513 para la busca del otro mar. A través de penalidades sin cuento, cruzó las tierras vírgenes del istmo de Panamá; el 25 de septiembre contempló el Pacífico y el 29 tomaba posesión del mismo en nombre del rey de España.

Después de aventurarse por sus aguas y de descubrir y bautizar las islas de las Perlas, Balboa regresó el 3 de noviembre a Santa María, localidad que alcanzó el 19-I-1514. El viaje de vuelta había sido tan penoso como el de ida. Pero Balboa llegaba cargado de oro y de perlas. Poco había de durar ya su fortuna. En julio de 1514 arribaba a Darién la flota de Pedro Arias Dávila, nombrado gobernador de Castilla del Oro el 27-VII-1513.

Pedrarias tenía la misión de abrir proceso sobre las actividades de Balboa, el cual fue favorable debido a la popularidad de que este gozaba en Darién. Sin embargo la rivalidad entre Pedrarias y Balboa no disminuyó. Vasco Nuñez no se resignaba a ser simple lugarteniente de Pedrarias, tanto más cuanto el 23-IX-1514 había sido nombrado Adelantado del mar del Sur. En 1515 se llegó a un acuerdo eventual entre ambos jefes. Balboa se casó por poderes con la hija de Pedrarias, María de Peñalosa, que residía en España.

Deseoso de seguir sus exploraciones por el mar del Sur, Balboa alcanzó de nuevo el istmo de Panamá, visitó las islas de las Perlas y prosiguió su marcha hacia el Sur. Pero tuvo que regresar por el mal estado de las naves. Cuando se acercaba a Acla, su base en la costa del Atlántico, fue sorprendido y capturado por unos soldados de Pedrarias, quien le acusaba de alta traición. El proceso se substanció con gran rapidez, y en enero de 1517 la cabeza de Balboa rodaba en el patíbulo levantado en Acla.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 222-223.

Francisco Pizarro

Biografía

1475-1541. La fabulosa ambición —ambición de conquistas y de cruzada— que anidaba en el pecho de los conquistadores españoles, alcanza su ápice en la persona de Francisco Pizarro, el conquistador del Perú. Toda su vida irradia actividad y dinamismo, espíritu de empresa y de misión. No fue su triunfo fruto de la casualidad, ni tan rápido ni fulgurante como el de Hernán Cortés.

Pero superó a este en cuanto los medios que tuvo a su disposición fueron aún más escasos y el territorio a conquistar más alejado de la base natural de operaciones del Caribe. En su atrevida epopeya, no se sabe que admirar más, si su bizarría guerrera, su habilidad diplomática, su oportunismo decidido o su gran temple de gobernante y colonizador. Nació en Trujillo en 1475; era hijo bastardo del capitán Gonzalo Pizarro, que se distinguió en las campañas italianas de Fernández de Córdoba.

La leyenda pretende que fue abandonado a la puerta de un templo y que en su adolescencia fue porquerizo. En todo caso, su instrucción fue nula Como tantos otros jóvenes de la época se dejo tentar por la fiebre del oro americano. En Sevilla se embarcó para América en la flota de Diego Colón. Ya en el Caribe (1509), tomó parte en las principales expediciones realizadas en el golfo de Darién y en Panamá.

En 1509 acompaño a Alonso de Ojeda en la fracasada expedición para establecerse en el gofo de Urabá. Luego se puso a las órdenes de Balboa, junto con él atravesó el istmo de Panamá y descubrió el mar del Sur, marco de sus futuras hazañas. A la muerte de Balboa, Pizarro se puso al servicio de Pedrarias Dávila. Bajo las órdenes de Gaspar de Morales, cruzó de nuevo el istmo panameño y pasó en canoa a las islas de las Perlas.

De aquí recorrió la costa panameña e intentó atravesar el istmo en dirección a Santa María la Antigua sin lograrlo. Es probable que en aquella expedición los aventureros oyeran hablar por primera vez del Birú.. Curtido en tantas empresas, Pizarro, hasta quien había llegado la noticia de los éxitos de Hernán Cortés en Méjico, se puso en contacto con otro compañero de armas y de aventuras, Diego de Almagro, para confirmar los datos reunidos por un tal Pascual de Andagoya en sus expediciones.

El 14-XI-1524 Pizarro partió para el río San Juan, donde hizo acopio de noticias y demostró su temple excepcional en el llamado Puerto del Hambre. Con la firme esperanza de tener un gran éxito en su empresa, Pizarro y Almagro obtuvieron la autorización de Pedrarias y confirmaron su asociación con el célebre sacerdote Hernando de Luque, quien financió la expedición (10-III-1526).

En el verano siguiente los dos conquistadores se hicieron a la mar del puerto de Panamá, en dos buques pilotados por Bartolomé Ruiz de Estradas. Este llegó hasta el pueblo inca de Túmbez, mientras Pizarro permanecía en la isla del Gallo en espera de los refuerzos que se creían indispensables para continuar la empresa.

La estancia en esta reducida extensión de tierra se caracterizó por grandes sufrimientos de los expedicionarios, acompañados de los inevitables actos de descontento, a los que Pizarro hizo frente con decisión y energía. Sin los refuerzos esperados, Pizarro decidió proseguir hasta Túmbez, abandonando la isla Gorgona donde había pasado siete meses.

En la ciudad peruana, los expedicionarios pudieron convencerse de la riqueza y poder del imperio inca (1527). Entonces Pizarro regresó a Panamá, y en la primavera de 1528 se embarcó para España, al objeto de solicitar el apoyo de la corte real y capitular la conquista que proyectaba. Logró convencer a Carlos I de la importancia de la empresa, y el 26-VII-1529 obtuvo la cédula confirmatoria de la misma, por la que se le nombraba gobernador y capitán general del Perú.

Después de recoger a su hermano Hernando y a sus hermanastros Gonzalo, Juan y Francisco Martín en Extremadura, Pizarro se embarcó para Panamá el 19-I-1530, y de aquí emprendió la travesía hacia el Perú a fines-I-1531, después de apaciguar a Almagro, quien se consideraba postergado por el tenor de las capitulaciones de conquista.

Pizarro desembarcó en las costa de Ecuador, conquistó varias comarcas litorales, se demoró algún tiempo en la isla de Puná, y, por fin, habiendo recibido socorros, puso sus pies en Túmbez. Al llegarle noticias de la guerra entre los jefes incas, Huáscar y Athahualpa, Pizarro se lanzó resueltamente hacia el interior del país, después de fundar la colonia de San Miguel (29-IX-1532).

A través de las estribaciones andinas, la pequeña hueste cayó sobre Cajamarca (15 de noviembre), y al día siguiente sorprendió a Atahualpa, haciéndole prisionero. La suerte del inca fue decretada al cabo de algunos meses, a pesar de haber colmado a los españoles con montones de oro, fue ejecutado en la horca (29-VIII-1533). El 15 de noviembre siguiente, Francisco Pizarro llegaba a Cuzco, la capital del imperio que había acabado de existir.

Después de librarse de las pretensiones de Pedro de Alvarado, quien de formas inesperada se había presentado en el Perú (1534), buscó un lugar para el emplazamiento definitivo de la capital de la gobernación. Al cabo de varios tanteos por la meseta peruana, se decidió por la costa, y el 18-III-1535 fundaba la ciudad de los Reyes, la actual Lima, a orillas del Rimac.

Mientras tanto Almagro había obtenido de la corte una provisión concediéndole un territorio de conquista al sur del otorgado a Pizarro. Aquél pretendía que la ciudad de Cuzco pertenecía a su nueva dominación. Para establecer una concordia Pizarro se trasladó a Cuzco, logrando firmar un acuerdo eventual con Almagro el 12-VI-1535. Este se desplazó al sur para proceder a la conquista de Chile.

Mientras tanto, Pizarro impulsó el desarrollo de los descubrimientos de su capitanía, fomentó la fundación de colonias y el engrandecimiento de la capital. Por este tiempo se produjo una gran sublevación de los quechúas, acaudillados por el Manco Inca, que estuvo a punto de triunfar. Almagro, que regresaba de Chile, derrotó a los quechúas, completando de este modo la unión de Perú a España (1537). Pero este éxito solo fue precursor de la terrible guerra civil entre pizarristas y almagristas, que estalló el 19-IV-1537, al apoderarse Almagro, a viva fuerza, de Cuzco.

Francisco Pizarro intentó concertar una tregua, que logró aunque fue de corta duración. El 8-VII-1538 Almagro perecía por orden de Hernando Pizarro. esta ejecución ocasionó terribles males. El virrey procuró reprimir la agitación almagrista, pero fue víctima de unos conjurados el 26-VI-1541, en su palacio de Lima. Cayó acuchillado a manos de Juan de Rada y sus secuaces, Martín de Bilbao y Juan Rodríguez Barragán.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 227-228.

Diego de Almagro

Biografía

1475-1538. No se sabe donde nació Pedro de Almagro —¿ quizá en el pueblo de este nombre ?—, ni cual fue su familia, aunque más tarde se dijera que su padre servía de copero en la corte de Enrique IV de Castilla. Lo cierto es que en 1514, en edad ya provecta, se embarcó en la flota de Pedrarias Dávila, que partía para Castillo de Oro.

Piso tierra americana por primera vez el 30 de junio, y luego, al servicio de Pedrarias, participó en las campañas y expediciones de la región del Itsmo. Es probable que se hiciera muy amigo de Francisco Pizarro, veterano de aquellas tierras, con quien decidió aprovechar las noticias recogidas por Pascual de Andagoya sobre el país del Birú.

En 1524, mientras Pizarro partía por mar hacia el río de San Juan, Almagro, que había reclutado un puñado de gente, se dirigió al mismo lugar por tierra. En esta expedición perdió un ojo; pero aunque no halló a su compañero en el lugar de la cita, regresó a panamá satisfecho por las noticias que había recogido.

Después de esta tentativa concertó con Pizarro y Hernando de Luque una asociación para conquistar el Perú (10-III-1526). A consecuencia de este pacto, acompañó a Pizarro en su segunda expedición hasta Túmbez (1526-1527), en la que tuvo una actuación apagada y secundaria.

Cuando Francisco Pizarro regresó de España con las capitulaciones concertadas con la corte de Carlos I para la conquista del Perú (1531), Almagro se halló burlado por su amigo, quien se había hecho reservar para sí, el título de gobernador de la futura conquista, dejándole tan solo el mando de la fortaleza de Túmbez.

Sin embargo, a pesar de que el recelo había quebrantado para siempre la confianza en el alma de Almagro, este secundó a Pizarro en la fabulosa empresa de la conquista del reino de los incas, defendiendo los derechos de su asociado, incluso contra Pedro de Alvarado cuando este quiso recibir una parte del cuantioso botín conseguido en las operaciones (1534).

Al año siguiente, Almagro recibía de España una provisión concediéndole el título de adelantado de los países situados al sur de la conquista de Pizarro o sea, a unas 270 leguas del río Santiago. Pizarro logró firmar con él un acuerdo eventual en Cuzco (12-VI-1535) sobre los límites de sus respectivas gobernaciones. Entonces Almagro partió de Cuzco con 570 españoles (3 de julio) y se dirigió hacia el mediodía. Costeó el lago Titicaca y el Aullagas; llegó, en Bolivia, hasta el confín del imperio inca; prosiguió hasta el extremo de la meseta boliviana, y luego decidió cruzar los Andes.

Remontó el valle de río Chascuil, y con un puñado de caballeros que hacían de avanzadilla, salvó los collados andinos a pesar de lo rudo del terreno, la insuficiencia del aire y la falta de víveres, y llegó al opuesto valle de Copiapó. Después de una etapa de descanso, prosiguió por la costa chilena hasta Coquimbo, a 35° de latitud Sur, sin hallar el oro ni el botín con que había soñado.

Entonces dispuso el regreso de la expedición a Cuzco, que se realizó, con maestría genial, a lo largo de la puna del Atacama, donde a cada momento les atenazaba la sed y el hambre. Por fin llegó a Cuzco, con la oportunidad de poder derrotar al Manco Inca en el valle del Jucay (1537). Esta inesperada victoria consolidó la posición de España en el Perú; pero al mismo tiempo inauguró las luchas entre pizarristas y almagristas.

Almagro, en efecto, reclamó la posesión de Cuzco, que estimaba comprendida en su demarcación, y, beneficiándose del malestar provocado por las intemperancias de los hermanos Pizarro, se apoderó de aquella ciudad el 19-IV-1537. Se desencadenó una violenta guerra civil, con varias alternativas de fortuna, hasta que el 26-IV-1538 los partidarios de Almagro fueron derrotados en las Salinas, cerca de Cuzco. Su jefe cayó prisionero de Hernando Pizarro, quien ordenó su ejecución. Diego murió decapitado el 8-VII-1538, después de una apariencia de proceso.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 228-229.

Juan Sebastián Elcano

Biografía

1476-1526. Para vencer las tormentas de tres Oceános y medir por primera vez la Tierra de meridiano en meridiano era preciso el temple de acero de los héroes antiguos y la experiencia de un Plotino, el experto piloto de la nave Argos, cuyo periplo llenó de admiración al mundo de los primeros navegantes helénicos.. Temple y pericia los alcanzó Juan Sebastián del Cano o de Elcano en las galernas del Cantábrico, desatadas bravamente contra los acantilados de Guetaria, en Guipúzcoa.

En este bello lugar del litoral español abrió los ojos en 1476 quien luego habría de inmortalizarse como compañero esforzado de Magallanes y jefe de la expedición que, por primera vez en los fastos de la Humanidad, había de circunnavegar el planeta. En la dura Escuela del Cantábrico y en el bregar cada día en el mar, se modeló el poderoso espíritu de Elcano.

En su juventud trabajó en varios puertos de Vizcaya y de Gascuña, hasta que en 1509 tomó parte, con un navío de unas 150 toneladas, del que era armador y patrono, en las empresas guerreras del cardenal Cisneros en el litoral de África Menor y poco antes debió participar en la flota que abastecía al ejército del rey Católico en sus operaciones en Italia. No parece que dichas actividades le reportaran mucho beneficio, ya que algún tiempo después se vio obligado a hipotecar su nave y, finalmente a venderla a unos mercaderes saboyanos.

Esta acción era muy castigada por las leyes de la monarquía, por lo que no es de extrañar que, al regresar de África, Elcano anduviera perseguido por la justicia real y huido para no caer en sus rigurosas manos. Esta fue su vida hasta que paró en Sevilla y allí encontró la oportunidad para alistarse en la flota de Magallanes, en concepto de maestre de la nao Concepción. Partió con este de Sanlúcar de Barrameda el 20-IX-1519.

Su nombre se esfuma con el anonimato de la expedición hasta que tomó parte en la sublevación de Juan de Cartagena contra Magallanes en el golfo de San Julián. Es muy probable que su intervención en la conjura no fuese muy destacada, pues después del fracaso del movimiento el jefe de la armada lo reintegró a su antiguo cargo. No es nadie ni piensa ocupar puesto preponderante en la responsabilidad del mando de la flota de Magallanes, pero la muerte de este pone en riesgo la suerte de la armada (abril de 1521).

Entonces, junto Gonzalo Gómez de Espinosa, quita la autoridad suprema a Juan Carvallo, incapaz sucesor de Magallanes. Desde aquel instante (abril de 1521), Elcano es el verdadero jefe de la flota, entonces ya reducida a dos unidades, la Victoria y la Trinidad. Con ellas llega a Tidore el 7 de noviembre del mismo año. Permanece dos meses en aquel centro de comercio de las especias, abarrotando sus buques con preciosas mercancías y captando para España la amistad del sultán Almanzor.

Por fin emprende el viaje de regreso por la ruta del Cabo. En Tidore deja a la Trinidad, que ha de reparar fondos por su pésimo estado. Cayoán, Laigoma, Sico, Laboán, Batján, Moa, Timor. Pasan las islas frente a la roda de la Victoria. Luego vienen los anchos mares del Índico. La angustia oprime el corazón de aquellos grandes hombres, sin escalas para reponer las vituallas, ni costa amiga para calafatear algunos maderos que se abren bajo sus pies.

Pero les domina una consigna inquebrantable: esclavos más del honor que de la propia vida. Elcano impone una disciplina sin violencias, y su honradez inmaculada, contribuye a fomentar la resolución de vencer o morir. El 6-V-1522, la Victoria dobla el Cabo de Buena Esperanza; el 9 de julio recala en la isla de Santiago, del grupo del archipiélago de Cabo Verde; el 8 de septiembre, después de un último temporal, arriba a la rada de Sanlúcar.

Dieciocho hombres han cumplido una de las mayores proezas de la Historia, entre los cuales, su capitán, Juan Sebastián Elcano, que mereció por su valos, espíritu de sacrificio y dotes de mando, ser recibido en audiencia por el emperador y recompensado con títulos y honores. En su escudo de armas figurará desde entonces la famosa leyenda de Primus circundedisti me. Pero Juan Sebastián Elcano no busca el reposo ni el solaz en tierra.

Cuando la corona española discute con Portugal los límites respectivos en la Molucas, Elcano la representa en las conferencias de Badajoz de 1525, luego, al romperse toda negociación, participa en calidad de pilota mayor, en la flota enviada a aquellas islas por la casa de Contratación de la Especería de la Coruña, y confiada a García Jofre de Loaisa. La nueva armada zarpa de ese puerto el 24-VII-1525. Zarpa para no regresar.

El estrecho de Magallanes se muestra defendido por los terribles cancerberos de los vientos del sudoeste. Loaisa y Elcano porfían una y varias veces. El vasco pierde su nave, que naufraga en aquellos lugares. Por último la flota atraviesa el estrecho (8 de abril a 26-V-1526). Pero el Pacífico ¿por qué no el Tormentoso? los recibe con furia singular.

Separada de todas sus compañeras, la Santa María de la Victoria es una tumba donde van consumiéndose los mejores. Primero Loaisa, el 4-VII-1526, Elcano... Fue un día sin sol. El padre de las aguas recibió en lo más profundo de su seno los despojos mortales del gran debelador de sus secretos.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 224-225.

Andrés Urdaneta

Biografía

1498-1568. Religioso y cosmógrafo español, nació en Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa) en 1498 y murió en Méjico en 1568. Estudio latinidad y poesía, y habiendo quedado huérfano prefirió la carrera militar a la eclesiástica, que sus padres querían que siguiese, aun cuando después ingresó en la Orden de San Agustín. Sirvió en las guerras de Alemania e Italia bajo las banderas de Carlos V, y por su valor y méritos llegó a capitán.

Al mismo tiempo se aplicó y con rápido progreso al estudio de las matemáticas, astronomía y cosmografía, y en 1525 se embarcó en la armada que al mando del comendador Fray García Jofre de Loaisa salió de la Coruña para el Maluco (las Molucas). Estuvo en aquellas islas hasta 1536, siempre con las armas en la mano, en compañía de Martín Íñiguez de Carquisano, Álvaro Saavedra y Hernando de la Torre, contra las agresiones de los portugueses.

Restituido a España por el piloto Macías del Poyo, natural de Murcia, por la vía de Lisboa, fue detenido por el guarda mayor de las Indias, que le tomó relación de la navegación, varios derroteros del mar de Sur y las Molucas, las cartas de Hernando de la Torre y otros papeles, sin haber podido lograr que se los devolviesen.

Pudo sin embargo escapar y se presentó en la corte, que entonces estaba en Valladolid, y comunicó el descubrimiento de la ruta de las Molucas desde Nueva España (Méjico), hecha por Saavedra, enviado por Cortés, y el de la isla del Poniente y Nueva Guinea. La casualidad de haber ido el emperador a la jornada de Túnez y la Goleta entorpeció el éxito de sus pretensiones, si bien sus prendas y grandes servicios merecieron mucha estimación del Consejo; más, cansado de tantas dilaciones, partió para Nueva España.

Acreditada su capacidad en los destinos que se le confiaron y supo desempeñar en Méjico, quiso el virrey Antonio de Mendoza elegirle general de la armada que debía ir al descubrimiento de las islas de Poniente, en lugar del adelantado de Guatemala Pedro de Alvarado, que había muerto despeñado por un caballo en Jalisco.

Pero, decidido ya a vivir vida tranquila, rehusó aquel honroso encargo; y más adelante, llevado de otra vocación, tomó el hábito de San Agustín, en cuya religión y convento de Méjico profesó el 20-V-1553.

Retraído así del bullicio pasó seis años dado enteramente al ejercicio de las virtudes monásticas, aunque sin esquivar el trato a que se ligaba la estimación que se merecía fuera del claustro, cuando malogradas las expediciones que el emperador había enviado a la conquista de Filipinas, su hijo y sucesor Felipe II, que se ocupaba de esta empresa con mayor ardor, le dirigió la carta siguiente:

El Rey. Devoto Padre Fr. Andrés de Urdaneta, de la orden de San Agustín: Yo he sido informado que vos, siendo seglar, fuisteis con la armada de Loaisa, y pasasteis el estrecho de Magallanes y a la Especiería, donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y ahora habemos encargado a Luis de Velasco, nuestro virrey en esa Nueva España, que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas de Poniente, hacia las Molucas, y les de orden en lo que han de hacer conforme a la instrucción que le he dado, y según la mucha noticia que vos diz que tenéis de las cosas de aquella tierra y entender como entendéis las cosas de la navegación de ellas, y ser buen cosmógrafo, sería de grande efecto que vos fuésedes en los dichos navíos, así por lo que toca a la navegación como para servicio de nuestro Señor. Yo vos ruego y encargo, que vais en los dichos navíos, y hagáis lo que el dicho nuestro virrey vos fuere ordenado, que demás del servicio que haréis a Nuestro Señor, seré yo muy servido, y mandaré tener en cuenta con ello, para recibáis merced en lo que hubiera lugar.R.B.: De Valladolid a 24 de septiembre 1559 años Yo, el Rey.Por el mandato de S.M. Francisco de Eraso.

Urdaneta recibió muy respetuosamente de manos del virrey, quien apreciando su modesta resignación en lo que fuese voluntad del prelado, llamó al provincial para hacerle saber la intención de su Majestad, y también la suya, de que fuesen de la misma Orden los religiosos que habían de ir en esta expedición para ayudar a Urdaneta en lo espiritual de la conquista.

El prelado le dio desde luego su beneplácito, y el virrey procedió inmediatamente, con dictamen en todo del mismo Urdaneta, a ultimar las disposiciones necesarias para la empresa, principiando por hacer construir en el puerto de la Navidad no solo los dos navíos que el rey designaba, sino también un galeoncete y un patache, con sujeción a la traza dada para cada uno por Urdaneta.

Estando ya muy adelantada la habilitación de los cuatro buques, se trató en repetidas Juntas del virrey y los oidores sobre el nombramiento del capitán general de dicha empresa, y al fin comprometieron a Urdaneta a que hiciese esta elección, la cual recayó en Miguel López de Legazpi, noble y acreditado marino guipuzcoano. Se concedió a los religiosos agregados que pudiesen elegir prelado, y eligieron a Urdaneta, y habiéndolo aprobado el definitorio, le expidió la correspondiente patente en Calhuacán, el 9-II-1564, concediéndosele además el título de Protector de los Indios.

Salió en fin, aquella armada del puerto de la Navidad el 21 de noviembre del mismo año, y a los cuatro días de navegación con buen tiempo y rumbo SO., abrió el general el pliego cerrado que había recibido de la Audiencia de Méjico y que contenía las instrucciones dadas para su gobierno.

En ella se le mandaba ir en derrota de las Filipinas o de otras por allí pertenecientes a la demarcación de Castilla. Y aunque esta determinación desazonó mucho a Urdaneta, porque iba persuadido de que el viaje sería a la Nueva Guinea, como él había propuesto al virrey, creyendo ser lo más conveniente, se conformó con esta alteración, respetándola como emanada de la superioridad y estableció desde luego los rumbos que se debían seguir para las Filipinas.

Se les separó otro día el patache San Lucas,por cohesión entre el capitán y el piloto que era mulato, codiciosos de ser los primeros que hiciesen los descubrimientos. Los demás buques de la expedición llegaron el 9 de enero siguiente a la isla que denominaron de los Barbudos, por alusión a los habitantes que tenían la barba y los cabellos largos; el 22 estaban buscando ya donde surgir en las islas de los Ladrones,y los indios que llegaban en sus paraos al rescate o cambio de sus frutas, se admiraban de que les hablase en su lengua Urdaneta.

Habiendo dejado el 3 de febrero estas islas por la mala voluntad de los isleños, llegaron el 13 a otras, desde las cuales descubrió una de las Filipinas. Urdaneta bajó a tierra junto con algunos oficiales a explorar en la que llamaban Ibabao, formalizando la toma de posesión en nombre del rey; pasaron los buques a otras de estas islas llamadas de Tandaya, y habiendo bajado a ella el general a hacer por sí mismo solemne toma de posesión, dejó en su lugar en la capitanía a Urdaneta.

Pasó, por fin, la armada a la isla de Cebú, y como en todas las anteriores, y aun en esta, hubiese sido más o menos hostilizada, por el odio que los portugueses de las Molucas habían difundido contra los españoles, se dispuso enviar a Nueva España a la capitanía, porque era la más fuerte y ligera, al mando de un nieto del general Legazpi, para dar cuenta a la Audiencia de todos los sucesos del viaje y del descubrimiento hecho, y que se embarcase también en este buque Urdaneta para el descubrimiento de la ruta de regreso, como estaba previsto en la instrucción dirigida por la corte.

Para el regreso, Urdaneta zarpó de San Miguel, en Filipinas el 1-VI-1565 y puso rumbo nordeste, ascendió hasta el paralelo 40, donde encontró la corriente de Kuro Siwo, que desde Japón les llevó hasta más al norte del cabo Mendocino, en California, desde donde costearon rumbo sur hasta Acapulco.

El 8-X-1565, tras haber recorrido 20.000 kilómetros en poco más de cuatro meses, la hazaña quedaba completada, la tornavuelta era ya una realidad, una histórica y capital aportación a la humanidad. Este viaje fue muy trabajoso para Urdaneta, por el cuidado de gobernar la nave y anotar los rumbos, vientos y escollos que le impedían dormir de noche y por las enfermedades de la tripulación y muerte de una parte de ella, incluso uno de sus dos pilotos, habiendo quedado inútil el otro por efecto de sus padecimientos. Fundó Acapulco y pasó luego a Méjico, causando allí mucha alegría su llegada, porque las patrañas del capitán del patache San Lucas hicieron creer que habían perecido las otras tres naos.

Durante el resto de los siglos XVI y XVII las naves españolas, particularmente los galeones que recorrían anualmente el trayecto Acapulco-Manila-Acapulco, emplearon la ruta de Urdaneta, quien además dejó escrita y presentada al Rey de España y a las autoridades las relaciones de sus expediciones con Loaysa y con Legazpi y la ruta completa del Tornaviaje. Después de corta detención partió para España por disposición de la Real Audiencia, con despachos de ella y los que traía del general Legazpi.

Llegado a la corte le dio el rey rápida audiencia. La relación que hizo de todo a su Majestad y los despachos del general Legazpi, pusieron de manifiesto el parte fraudulento del capitán del patache San Lucas, que ya estaba allí y tenía en buen estado sus pretensiones de premio como primer descubridor de la vuelta de las Filipinas a Nueva España.

El rey quiso recibir otro día y con más sosiego a Urdaneta, y este, entre tanto, posponiendo a su ansia de volver a la quietud de su celda las mercedes con que se le incitaba a detenerse algún tiempo en la corte, negociaba solamente por la licencia para restituirse a Méjico, cuyo viaje emprendió después de segunda audiencia del rey, quedando Su Majestad admirado de su desprendimiento de dignidades y honras terrenas.

Cuando ya se vio en aquel reposo, se sintió movido a ir otra vez a continuar sus tares evangélicas en Filipinas, pero cedió a la obediencia y a las persuasiones de los prelados, que consideraban su avanzada edad y el estado de salud en que le tenían sus muchos padecimientos y tantos viajes por todo el mundo, muriendo en su convento en la fecha indicada, a los setenta años de edad.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa, 1988, tomo 65 págs. 1406-1407.

Juan de Garay

Biografía

1527-1583. Uno de los conquistadores cuya vida mejor resume el esfuerzo colonizador de España en América del Sur, es Juan de Garay, el repoblador de Buenos Aires. Ciertamente, en su vida se presentan momentos en que no todos su impulsos fueron nobles y desinteresados. Sin embargo, en conjunto destaca en primerísimo lugar entre los españoles que por aquel tiempo dieron nueva vida al continente americano.

Tenaz, decidido y oportuno, supo prever el futuro del estuario de la Plata, con esa sagacidad intuitiva propia de los grandes temperamentos. Sobre su origen existen dos versiones. Afirman unos que era castellano y nacido en Villalba de Losa y otros que era vizcaíno, natural de Belandia, un barrio de Orduña, del cual pasó a Villalba a los siete años. Debió de nacer entre los últimos meses de 1527 y los primeros de 1529.

En 1543 cruzó el Atlántico con su tío, don Pedro de Zárate, nombrado oidor de la Audiencia del Perú. Al llegar a América pudo presenciar el periodo de las Guerras civiles peruanas. Muerto don Pedro en 1547, Juan de Garay entró al servicio del capitán Martín de Robles, con quien luchó a favor de La Gasca contra Gonzalo Pizarro y luego contra Francisco Hernández Girón.

En 1554 dejó la compañía de Robles e ingresó en la de Juan Núñez de Prado, con el cual pasó a Tucumán. Después de un tiempo de residencia en Potosí, donde trabó amistad con Juan Ortiz de Zárate, formó parte, en calidad de capitán, del contingente reunido por Andrés Manso para la conquista de Llanos (1559).

A raíz de las disputas surgidas entre este caudillo y Nufrio de Chaves sobre el distrito de Moxos, Garay se mostró dispuesto a aceptar el fallo arbitral del rey de Perú y se pasó con algunos hombres al bando de Chaves. Este hecho le vinculó a la conquista y colonización del Plata. Al servicio de Chaves, Garay contribuyó a la colonización de Santa Cruz de la Sierra (1561), villa en la que fue nombrado regidor del cabildo. Habiendo recibido una importante encomienda, residió durante ocho años en aquel lugar, forjándose en el aprendizaje de fundador de ciudades. Es posible que en 1564 acompañara a Chaves a la Asunción, donde contraería matrimonio con Isabel Becerra.

En todo caso, en 1569 abandonó el servicio de Chaves y se estableció en la Asunción. Aquí fue protegido por el teniente del gobernador Felipe de Cáceres, quien le nombró alguacil mayor de la provincia. En esta cargo dio pruebas de gran energía. Es posible que en 1572 acompañara a Cáceres en su viaje de exploración al Río de la Plata. Destituido Cáceres en el transcurso del mismo año, Garay obtuvo permiso de su substituto Martín Suárez de Toledo para establecer una ciudad aguas abajo del Paraná.

Emprendida la expedición, Garay fundó la ciudad de Santa Fe a fines-VI-1573. Al cabo de pocos meses y mientras exploraba la región del Coronda, tropezó con una hueste española procedente de Córdoba y mandada por el gobernador de Tucumán Jerónimo Luis de Cabrera. Después de unas entrevistas, cada uno de los jefes se volvió a su sitio de partida, sin que mediara humillación por parte de Garay.

Su regreso fue muy oportuno, pues pudo auxiliar al adelantado del Río de la Plata, Ortiz de Zárate, que se hallaba muy apurado en la desembocadura del Paraná (1547). A raíz de este hecho, Garay fue nombrado teniente de gobernador y capitán general del Río de la Plata. A la muerte de Ortiz de Zárate (1576), Garay desempeño varias misiones de importancia en la provincia de Tucumán y en el Perú, tanto para resolver las cuestiones de límite como para hacer aceptar los términos de la herencia zarantina.

En 1578, hallándose en Charcas, Juan de Garay fue nombrado gobernador del Río de la Plata por el adelantado Torres de Vera, marido de doña Juana, hija y beneficiaria de Ortiz de Zárate. En el transcurso de los cinco años que duró su mandato, pacificó el territorio, reprimió los levantamientos de los indígenas y repobló Buenos Aires (11-VI-1580). Murió a manos de los indígenas de la región del Carcarañá entre el 20 y el 25-III-1583, cuando se trasladaba de Buenos Aires a Santa Fe, las dos ciudades que harán imperecedera su memoria.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 15-16.

Bernardo O´Higgins

Biografía

Chillán (Chile), 20-VIII-1776-Lima (Perú), 24-X-1842. Revolucionario y Libertador de Chile. Aunque irlandés de origen, cuando nació ya era español de pleno derecho, pues su padre, Ambrosio O´Higgins, tenía por aquel entonces una dilatada carrera al servicio de España como militar y posteriormente virrey del Perú, lo que le valdría el título de marqués de Osorno.

La primera infancia de Bernardo O´Higgins transcurrió en el Colegio de la Misiones de Chillán, al cargo de los franciscanos, aprovechando que en aquel momento era su padre gobernador de Chile. Posteriormente se trasladó al Colegio San Carlos, en Lima, donde continuó su formación antes de partir a España en 1791.

Inmediatamente, y siguiendo los deseos de su familia, se le trasladó a Inglaterra, donde fue matriculado en la Academia de Richmond, en Londres, sede donde concurrían los jóvenes aristócratas ingleses.

En Londres tuvo sus primeros contactos con personajes importantes como Francisco de Miranda, maestro de sus primeras ideas políticas y antiguo discípulo de Jorge Washington; el duque de Portland, ministro de Asuntos Exteriores británico, o Rufus King, plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica.

Aunque aprendió mucho de estos contactos, su situación económica era muy mala, lo que le obligó a partir rumbo a España en 1799. Una vez llegado a Cádiz trató infructuosamente de ingresar en el ejército, por lo que decidió regresar a Chile.

El 3-IV-1800 se embarcó definitivamente en la fragata Confianza rumbo a América, aunque apenas había recorrido unas millas, cuando fue apresada por los ingleses, a la sazón en guerra con España, y conducida a Gibraltar, donde Bernardo fue despojado de sus pocas pertenencias.

Auxiliado por Nicolás de la Cruz, amigo de la familia, estuvo a punto de morir de la fiebre amarilla que asoló Cádiz durante buena parte de 1800 y 1081. Fue en este último año cuando recibió la noticia de América de que su padre, ya virrey del Perú, le había acusado de sedicioso y conspirador.

Sin embargo, apenas pudo defenderse Bernardo cuando recibió la noticia del fallecimiento de su padre, justo después de haber sido destituido de su cargo, aunque le dejaba una suculenta herencia que le permitió afrontar sus carencias de dinero y partir definitivamente a América. Después de un accidentado viaje en el que estuvo a punto de perecer en el Cabo de Hornos, llegó finalmente a Valparaíso a bordo de la fragata Aurora en septiembre de 1802.

Pasó los siguientes meses solucionando los asuntos de la herencia, de la que tuvo pleno uso un año más tarde. Trabó inmediata relación con los futuros insurgentes Juan Martínez Rozas, Joaquín Larrain o Eyzaguirre, con quienes compartía las mismas ideas políticas basadas, en última instancia, en la emancipación de España. Los excelentes lazos de su familia con la elite local le llevaron a ocupar un primer puesto político en 1805, como alcalde de Chillán.

Realizó diferentes viajes a la ciudad de Concepción a entrevistarse con Martínez Rozas, antiguo asesor político de su padre, quien tenía una mal disimulada animadversión contra los españoles desde que estos le despojaran de sus cargos años antes.

En 1808, a la muerte del gobernador de Chile, se produjo una dura pugna por ocupar el cargo, lucha en la que estuvo envuelto indirectamente al mostrar su apoyo a Martínez Rozas, quien consiguió en nombramiento del brigadier García Carrasco como gobernador en espera de poder recibir adecuadas compensaciones a cambio de su ayuda política.

Fue en este preciso momento cuando España fue invadida por los franceses y el rey Fernando VII depuesto, lo que hizo difícil la posición de liberales encubiertos, como Bernardo, que temieron que el regreso del rey español al trono trajera el absolutismo nuevamente. Pese a que era conocido por sus ideas liberales y emancipadoras, nunca fue detenido, como él mismo llegó a temer.

En cambio, en 1810 fue nombrado subdelegado del partido de La Laja, el cargo más ínfimo de la intendencia, pero que le ayudaría a ejecutar sus planes con mayor tranquilidad. El 25-V-1810 el Cabildo de Buenos Aires depuso al virrey Baltasar Hidalgo y dio comienzo un proceso irrefrenable en toda América del Sur tendente a la emancipación. En julio el propio García Carrasco fue depuesto, lo que inició formalmente el proceso revolucionario en Chile.

En septiembre el Cabildo de Santiago de Chile se hizo con el control completo de la situación, algo que aprovechó Bernardo para poner en práctica su modelo revolucionario en Concepción, reclutando gente del pueblo para oponerse a los realistas.

Aunque fue nombrado segundo comandante del regimiento de milicias que él mismo había reclutado en La Laja, su triunfo en esta primera etapa vino especialmente de su posición política en la región, que ganó muchos enteros gracias a su formación inglesa, que todos admiraban efusivamente.

El 21-II-1811 se proclamó formalmente la libertad de comercio, algo que Bernardo consideraba fundamental para el desarrollo de Chile. Aunque tenía una notable influencia en la Junta de Gobierno formada inmediatamente, y en la que estaba también Martínez Rozas, pronto las luchas internas de los sublevados estuvieron a punto de dar al traste con el movimiento emancipador.

José Miguel Carrera, militar de carrera y chileno como Bernardo, regresó desde España nada más tener constancia de la sublevación y gracias a su autoritarismo pronto se enfrentó con el control de la situación. En septiembre Carrera se llegó a proclamar dictador.

Actividad militar

La llegada en 1813 de una fuerte expedición realista desde España supuso una auténtica prueba de fuego para Bernardo. Ascendido a coronel, se hizo cargo personalmente de la situación, enfrentándose con pocos hombres y medios a las tropas realista a las que logró, sin embargo, vencer.

Esta victoria, en la que puso en juego no solo su vida sino sus bienes al servicio de la causa chilena, le valió su cota más alta de prestigio militar y sirvió, además, para hacer que Carrera se viera obligado a abandonar la Junta en febrero de 1814, ocupando el puesto de máxima responsabilidad política y militar de los sublevados.

En mayo de 1814 firmó el Tratado de Lircay en el que estamparon su firma el realista Gainza y el plenipotenciario chileno Juan Mackena. Los españoles, sin embargo, no cumplieron el tratado e inmediatamente plantearon volver a las operaciones militares.

Carrera, por su parte, se enfrentó nuevamente a Bernardo y, erigido en dictador, desterró a Argentina a Mackena. Bernardo, aún con el mando supremo del ejército, se negó a reconocer el golpe de Carrera y marchó sobre Santiago para deponerlo, aunque sorpresivamente fue derrotado, lo que le obligó a aceptar las condiciones de Carrera, que no eran otras que dejarle el mando supremo del Ejército. En septiembre de 1814 el Ejército chileno, en el que Bernardo dirigía una división sufrió una importante derrota frente a los realistas en Rancagua, cerca de Santiago.

Después de este contratiempo decidió unirse al ejército argentino de San Martín y, poniéndose bajo sus órdenes, se planeó el asalto a Chile y luego a Perú. La expedición partió de Mendoza en enero de 1817 con el general Soler, en calidad de segundo comandante, mandando la vanguardia, Bernardo el centro y San Martín la caballería a retaguardia.

Pese a la inferioridad numérica, Bernardo consiguió una importante victoria frente a los realistas en Chacabuco, lo que le permitió dirigir y controlar nuevamente la Junta instaurada en la recién liberada Santiago. Posteriormente conquistó Concepción en julio de 1817.

El Ejército fue replegado entonces en marzo de 1818 a Talca, donde proclamó la independencia de Chile. En agosto de 1818 se supo que un importante convoy militar que partió de España estaba a punto de llegar a apoyar al general realista Osorio. Bernardo consiguió un par de buques y emprendió la expedición al Callao para, una vez tomado, cercenar definitivamente cualquier intento español de recuperar los territorios perdidos en Suramérica. En octubre, después de un intenso aunque corto combate naval, se adueñó de la plaza, con lo que se evaporaba la última posibilidad realista de emprender una reconquista de Chile.

Actividad política

O´Higgins realizó una amplia labor gubernativa actuando en realidad como un dictador paternal, ayudando a establecer la libertad de prensa gracias a su iniciativa en el Senado; restauró el centro de enseñanza nacional e inauguro las primeras escuelas del sistema lancasteriano. Inspiró también la apertura de un Jardín Botánico y un museo en la capital, organizó la policía de seguridad e implantó el código sanitario.

La formación del Estado chileno con una estructura moderna fue, sin embargo, el fin de su carrera política, ya que con la aprobación de la Constitución de 1822 se vio obligado a retirarse de la vida pública, exiliándose a Lima en 1826. La revolución interior que acabó con el poder de O´Higgins se fraguó en parte gracias a las calamidades del pueblo que se vieron incrementadas con el terremoto que asoló Valparaíso en noviembre de 1822.

Como hubo gastado la mayor parte de su fortuna personal en el proceso revolucionario, se encontró ahora en una situación económica bastante pobre. Gracias a la intermediación de su amigo San Martín, pudo disfrutar de unas tierras en la hacienda de Montalbán, cerca de Lima, con la que se ayudó a sobrevivir. En 1842, a propuesta del Gobierno Chileno, le fue reconocido el derecho a gozar de una pensión en cualquier parte del territorio nacional en que viviera, pero, justo cuando iba a regresar a su tierra, murió en Lima el 24-X-1842.

Fue enterrado con mucha modestia en el Cementerio Central, aunque un mes más tarde se le homenajeó con una grandes exequias. El Gobierno chileno dirigido por el general Bulnes, decretó ocho días de luto oficial. En 1864 se presentó un proyecto para trasladar sus restos mortales a Chile.

La repatriación se produjo en 1868, llegando sus restos con grandes honores a Santiago de Chile el 13-I-1869, donde se le enterró en el Cementerio General en un grandioso mausoleo. El 19-V-1872 quedó inaugurada una estatua ecuestre de O´Higgins en el centro de la capital.

R.B.: SERRANO ÁLVAREZ, José Manuel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVIII, págs. 313-315.