Juan Jacobo Rousseau

Biografía

Jean-Jacques Rousseau a la edad de 41 años, pintado al pastel por Quentin La Tour.
Jean-Jacques Rousseau a la edad de 41 años, pintado al pastel por Quentin La Tour.

La corriente intelectual revolucionaria que agita las conciencias del s. XVIII y las precipita a la catástrofe de 1789, halla en la obra de Juan Jacobo Rousseau sus más claras formulaciones. Rousseau no es el prototipo del racionalista enciclopédico de la primera del siglo XVIII. En sus ideas hierve la inquietud prerromántica y apuntan las manifestaciones de un sentir contrario a la frialdad y al intelectualismo volteriano.

De temperamento apasionado, concentrado y en buena parte cínico, Rousseau, preconizó, contra el culto desenfrenado a la razón, el libre desarrollo de la personalidad, de dentro a fuera, la espiritualización del concepto de la naturaleza y la guerra contra el avasallamiento del racionalismo.

Sus obras de mayor resonancia inmediata no fueron las de carácter político sino las referentes a temas sociales y pedagógicos. En sus Nueva Eloísa y Emilio desenvolvió sus ideas sobre el retorno a la naturaleza, en una vida pacífica, simple, sin envidias, odios ni inquietudes.

Rousseau pretendía emocionar a sus lectores, hacerles comprender que el hombre tenía fuerzas de amor, generosidad y piedad capaces de oponerse y sobreponerse a las de crueldad y egoísmo. Su doctrina del hombre naturalmente bueno —tan discrepante de los dogmas cristianos— ejerció una profunda impresión en la sociedad de su época. Pero por sus conclusiones de un moralismo laico y humanitario y de un deísmo a la inglesa, por sus mismos ataques a la tradición religiosa y social, la filosofía rusoniana tuvo un efecto debelador análogo a la enciclopedista.

Este aspecto negativo de la obra de Rousseau se afirmó en El contrato social, cuya importancia fue en su tiempo escasa; pero luego, influyó en grado sumo en las generaciones posteriores por el dogmatismo y la contundencia de sus fórmulas. El Contrato está a la base de la ideología democrática del siglo XIX.

Las nociones de soberanía nacional, voluntad popular, ley consentida, gobierno delegado, gobierno del pueblo por el pueblo, etc., —que derivan en parte de Locke—, hallaron en Rousseau la radicalización que había de explicar la dictadura de los jacobinos: la libertad democrática por el Terror.

Su familia descendía de unos hugonotes franceses que se establecieron en Suiza en la época de las guerras de religión en Francia. Nacido en Ginebra, el 28 de junio de 1712, en casa del relojero Isaac, Rousseau no había perdido el carácter racialmente francés.

A los diez años de edad, huérfano de madre a poco de nacer, se vio desprovisto de la tutela paterna, pues Isaac tuvo que refugiarse en Lyón a causa de un fallo del tribunal de justicia de Ginebra. Durante algún tiempo vivió con el señor Lambercier, pastor de Boissy, y luego con su tío Bernardo, el cual procuró adiestrarlo en la notaría de una de sus amistades (1724). Pero el muchacho era muy rebelde y perdió muy pronto el empleo. Entonces hizo el aprendizaje de grabador (1725-1728), sin que tampoco lograra entusiasmarse por este oficio.

Desde 1728 a 1745, es decir, durante su juventud, su vida estuvo esmaltada por numerosas aventuras, que acreditan muy poco la rectitud de su formación moral. Ora en Francia, ora en Suiza, ora en Italia, estuvo al servicio de varios señores y señoras, ya como doméstico, ya como secretario. De una de ellas, Madame de Warens, de Annecy, fue amante oficial, viviendo gracias a su protección, hasta que hacia 1739 fue suplantado por un tal Vintzenried.

Estudiante de lenguas clásicas en los seminaristas de San Lázaro, aprendió también música con el propósito de hacer carrera en este arte. Preceptor de los hijos del señor de Mably, en Lyón (1740), fracasó también como profesor, ya que como músico nunca tuvo ningún éxito.

En 1741 visitó por vez primera París. Después de ejercer la secretaría particular del embajador de Francia en Venecia, Montaigu, en 1745 se estableció definitivamente la capital de Francia. Su vida privada continuó siendo poco recomendable y estuvo faltada del menor principio de responsabilidad.

Públicamente, empezó a destacarse como colaborador de la Enciclopedia para los artículos de música y economía política, trabajo literario que le proporcionó Diderot, a quien había conocido en 1741. En 1749 le dio gran popularidad la obra Discurso sobre las artes y las ciencias que fue premiado por la Academia de Dijon.

Su principal fuente de vida en esta época era la copia de música y una pensión que primero le pasó Madame Dupín y luego Madame D´Epinay. En 1752 representó una opereta en Fontainebleau que tuvo cierto éxito y mandó un trabajo al concurso abierto por la Academia de Dijon sobre los orígenes de la desigualdad. En ambos casos Rousseau desaprovechó las oportunidades que se le presentaban para obtener una posición sólida.

En 1754 pasó a Ginebra, donde abjuró de su conversión al catolicismo. Dos años después le hallamos de nuevo en París alojado en un hotel que arrendó para él Madame d'Epinay. Pero habían transcurrido muy pocos meses cuando rompió con su protectora, Diderot y los enciclopedistas. Ciertamente, las intrigas de amor continuaban jugando un papel importante —y poco halagador— en su vida.

Su ruptura con los enciclopedistas se tradujo en la vida pública por sendos ataques a Voltaire y D'Alembert, que fueron objeto de grandes comentarios. Mientras tanto, en 1760 publicaba su Nueva Eloísa y en 1762 aparecían El contrato social y el Emilio.

Aquella obra gozó de una rápida popularidad; las dos restantes motivaron sendas protestas de los elementos monárquicos y de la Iglesia francesa. Condenado el Emilio por el parlamento de París (junio de 1762), Rousseau, tuvo que buscar refugio en Neuchâtel, pues incluso el Consejo de Ginebra condenó la obra en cuestión.

Rebelde y petulante renunció a la ciudadanía ginebrina y atacó a sus adversarios en forma virulenta (Carta a M. de Beaumont y Cartas a la Montaña). Entonces se vio obligado a huir de Neuchâtel. Berna le negó la hospitalidad, y, por último, halló un refugio más o menos seguro en Inglaterra, que le fue proporcionado por David Hume (1765).

Su estancia en Gran Bretaña fue poco duradera, pues se extendió de enero de 1766 a mayo de 1767. Sujeto a terribles crisis espirituales, receloso de sus propias amistades, rompió con Hume y huyó a Francia. Fue alojado por el padre de Mirabeau y el príncipe de Conti. De nuevo inició una existencia aventurera, hasta que en 1770 se estableció en París y se dedicó a la copia de música.

Durante algunos años vivió pacíficamente, y en esta época escribió sus Confesiones y sus Diálogos. En 1778 aceptó la oferta de un tal De Girardín para residir en su finca de Ermenonville, donde murió el 2 de junio del mismo año, víctima de un ataque apoplético

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II.