Juan Prim

Índice

Introducción
Gobernador de Puerto Rico
Expedicción a México
Prim y la Revolución septembrina
Prim y Amadeo
El asesinato de Prim

Introducción

(1814-1870). Hijo de militar, antes de los veinte años ingresó Prim en el cuerpo de Tiradores de Isabel II, como voluntario, al iniciarse la guerra carlista. Tomó parte en 35 hechos de armas, y en 1839 había ascendido ya a coronel, grado este último que le fue conferido por su heroico comportamiento en el combate de Casa Llovera. La misma sangre fría que mostró Prim en el campo de batalla caracterizó también su actuación política. Liberal de convicción, hizo sus primeras armas parlamentarias en las Cortes de 1841, en las que representó a Tarragona. Sin embargo, no tardó en acusarse su desacuerdo con Espartero.

En 1842 ya empezó Prim a distanciarse de los métodos gubernamentales del duque de la Victoria, y tuvo señalada intervención en la sesión del Congreso (19-V-1843) que acabaría con la regencia de aquel. Del Parlamento pasó Prim a la acción armada: el 30 de mayo sublevó a Reus, lanzando un manifiesto con Milans del Bosch. Reus fue atacada por Zurbano, fiel esparterista, pero este se retiró, después de dirigirse Prim al Bruch, hacia Lérida.

Constituido el Ministerio universal en Barcelona, bajo la presidencia de Serrano, este exoneró a Espartero, y se trasladó con Prim a Madrid (24-VII-1843): iba Prim al frente de los voluntarios catalanes y fue nombrado gobernador militar de la capital. Surgió un choque entre la Junta de Barcelona y el Gobierno provisional de Madrid, y, para remediar la situación, Prim fue destinado como gobernador militar a la ciudad condal (17-VIII), a la que encontró en plena agitación; con él marchaba el batallón de voluntarios catalanes, significativo detalle de su tendencia personalista. A pesar de preferir Prim la gestión pacífica a la armada, sofocó el movimiento barcelonés a sangre y fuego; sus méritos le valieron el ascenso a mariscal de campo, y afirmó la autoridad del Gobierno de la nación. La reina le premió con los títulos de conde de Reus y vizconde del Bruch, si bien Prim diría después, aludiendo al 1843, que fue el año de ominosa memoria, año de traición, año de deslealtad. Tampoco le satisfizo el matiz moderado que tomaba la política después de la caída de Espartero.

Amadeo de Saboya rey de EspañaJoan Prim, por Eusebio Valldeperas.

Por otra parte, la persona de Prim tampoco inspiraba confianza al Gobierno moderado, que, si bien le ascendió a general, le nombró gobernador de Ceuta, puesto que Prim no aceptó. Acusado de conspirar contra Narváez, es apresado y condenado, aunque se trata con mucha consideración pues el indulto coincide con la sentencia. No por eso se inclinó hacia los moderados y prefirió dedicarse, desde 1845 a 1847, a viajar por Francia, Inglaterra, Italia y otros países. Salió de su ostracismo por iniciativa de Fernández de Córdoba, ministro con Narváez, a quien propuso en 1847 el nombramiento de Prim para la Gobernación de Puerto Rico.

Gobernador de Puerto Rico

La isla recibió al gobernador con grandes festejos, y en 1848 Prim se dedicó a recorrer el territorio de su jurisdicción. Reprimió los movimientos de los esclavos con dureza, promulgando ordenanzas que se llamaron Código negro; cooperó con los daneses a reprimir insurrecciones análogas en las islas de San Cruz y de Santo Tomás, recibiendo por ello una condecoración de Dinamarca. También hubo de enfrentarse con el bandolerismo en el que se destacó el cuatrero de Caborrojo, José Ignacio Ávila, apodado -por defectuosa pronunciación- El Águila. Prim pactó con él, rogándole que abandonara su actividad de bandolero a cambio de la libertad. El El Águila. aprovechó la primera ocasión para robar el caballo predilecto de Prim. Este, una vez capturado el bandolero, le mandó fusilar el 3 de abril de 1848. Se produjo una corriente hostil al general, desde la Audiencia hasta el Gabinete de Madrid: todos juzgaban a Prim arbitrario y cruel; el 14 de julio de 1848 fue nombrado su sucesor, Juan de la Pezuela. Superior al fruto de su labor en Puerto Rico debió de ser la experiencia por él lograda en contacto con instituciones у hombres de los llamados a conmover los destinos de España en AméricaEmeterio S. Santoveni Prim, Madrid, 1953, pág. 45.

De vuelta en Madrid, reanuda sus tareas parlamentarias; marcha a París, desde donde en 1853, parte para Turquía, en calidad de jefe de la Comisión militar del Gobierno español que debía agregarse al ejército turco en guerra contra los rusos. Su intervención en la guerra de Crimea le valió para adquirir la experiencia de la psicología del mundo árabe, lo que le serviría después en la guerra de África. Con la Revolución de 1854 vuelve a la Península, y el Gobierno progresista le confía el cargo de capitán general de Granada (1855). De aquí pasa a Melilla para sofocar la insurrección de los rifeños (preliminares de la guerra de África), y por su breve pero enérgica actuación, Prim fue ascendido a teniente general (1856). Fue años después, ya con la Unión Liberal, cuando alcanzaría su máximo prestigio como militar en las acciones de los Castillejos -fue creado entonces marqués de este nombre- y de Wad Ras.

Expedición a México

Otra de las misiones importantes que la historia había reservado a Prim fue la de la expedición a México. Era capitán general de Cuba Francisco Serrano; antes de firmarse la Convención de Londres entre Francia, Inglaterra y España, para exigir el pago de las deudas (octubre de 1861), Serrano cumpliendo Real orden de 11 de agosto, movilizó un ejército expedicionario para pedir reparaciones por el apresamiento de la nave Concepción. Salieron de La Habana 16 barcos у 6.000 hombres, al mando de Gutiérrez de Rubalcava y de Manuel Gasset. En octubre, Prim solicitó de O'Donnell la jefatura del ejército expedicionario: Las tropas españolas destinadas a México debían obtener reparación completa por los agravios de que se consideraba responsable al Gobierno de la República, acusado de incumplir estipulaciones solemnes y consentir continuos atropellos contra súbditos de Isabel II. Prim, como legado de esta investido de amplios poderes, también conduciría, con los plenipotenciarios de Francia e Inglaterra, las cuestiones diplomáticas anejas a la empresa bélica Santovenía, ob cit, pág. 101.

Tantas facultades concedidas a Prim no agradaron a Serrano; el general llegó la víspera de Nochebuena de 1861 a Cuba, con su esposa —Francisca Agüero, dama mexicana de gran fortuna— y con su hijo. Prim, nada más pisar tierra mexicana (enero de 1862), afirmó que los ejércitos europeos estaban allí para exigir garantías por agravios pasados, pero no para conquistar ni dominar. Prim quería negociar con el presidente Juárez, con cuyo ministro Doblado firmó los preliminares de La Soledad (19-II-1862), en virtud de los cuales el gobierno mexicano se comprometía a dar las satisfacciones exigidas. Sin embargo, las miras francesas eran otras; Napoleón III quería entronizar en México a Maximiliano José de Austria. Inglaterra carecía de candidato, y Prim, resuelto a no inmiscuirse en la política interior mexicana (lo que se ha achacado a su matrimonio, aunque injustamente), escribió una célebre carta al emperador desde Orizaba ( 17-III -1862), reprobando sus proyectos. Pero los franceses seguían aferrados a coronar a Maximiliano, se pusieron de parte de los enemigos mexicanos de Juárez, y Prim, después de una reunión con sus colegas extranjeros en Orizaba (9-IV), decidió la retirada de México, y así lo comunicó el mismo día a Serrano.

La Habana recibió con frialdad al que antes se había creído héroe reconquistador de México. O'Donnell no participaba de la opinión de Prim, pero en Palacio fue aprobada su conducta, por lo que en la sesión del Congreso (19-V-1862), tanto el jefe del Gobierno, como Calderón Collantes, manifestaron que estaban de acuerdo con las medidas tomadas por Prim. Jenaro Estrada Don Juan Prim y su labor diplomática en México, México, 1928, pág. 7 afirma que el general español se convirtió, desde 1862, en el símbolo de la amistad hispano mexicana.

Prim y la Revolución septembrina

Pero, como la política seguida por Prim en América disgustó a todos los, conservadores de España Emilio Castelar, Historia del movimiento republicano (en Europa, Madrid, 1889, pág. 378, de regreso en la Península el general volvió a las filas del progresismo (1863), con marcada tendencia antidinástica. Acusado de conspiración, fue Prim desterrado a Oviedo ( 1864); el ambiente era francamente adicto a él, y durante una reunión en Covadonga, los discursos presagiaban ya el lenguaje de la Revolución de Septiembre, en las palabras de uno de los oradores:

Puesto que está prohibido hablar de los vivos, hablaré de los muertos. Brindo por Pelayo y por el general Riego: es decir, por la independencia y la libertad de mí patria.

En los cuatro años que median hasta 1868, Prim alcanzó en Europa la fama de liberal y conspirador, símbolo de una España romántica que soñaba con la libertad: apenas fracasado en una tentativa de pronunciamiento, ya estaba metido en otra, sin perder su brío ni la ciega confianza en estas arriesgadas aventuras Pérez Galdós, Prim, Madrid, 1906 Episodios Nac, IV serie), pág. 161 Cooperó, primero, a debilitar a Narváez y a O'Donnell y, con ello, la seguridad de Isabel II, y acabó por ser el más eficaz inspirador del ideario de la revolución septembrina; preparó la sublevación de los sargentos de San Gil (junio 1866), dirigió la reunión de Ostende (1866), viajó disfrazado por Italia, Francia, Suiza, entrevistándose con Sagasta, Ruiz Zorrilla, Becerra, Olózaga y otros conspiradores, mientras el ministro de España en Bruselas le creía en la capital belga cf. Francisco J. Orellana, Historia del general Prim (s a...), tomo III, pág. 542.

Por otra parte, Prim firmó con el independiente cubano Céspedes un convenio, por el que Cuba secundaría el movimiento revolucionario, comprometiéndose el general a dar a la isla una autonomía idéntica a la que disfrutaba el Canadá con relación a Inglaterra. Sin embargo, el proyecto no se cumpliría nunca, y las revoluciones —que surgieron con sincronismo casi exacto— de España y de Cuba tuvieron bases ideológicas divergentes.

De acuerdo Prim con Serrano, o Topete y con otros elementos militares, se inició el pronunciamiento de la escuadra. Prim arengó a las tripulaciones y desembarcó con Topete en Cádiz (19 de septiembre de 1868), Serrano venció en Alcolea y llegó victoriosos a Madrid. Prim siguió otra ruta: fue a Valencia (2-X) y llegó a Barcelona (3-X), donde lanzó el anatema contra los Borbones y preconizó la necesidad de unirse todos los liberales. El 7 de octubre entró en Madrid, aureolado de fama heroica, convertido en mito popular, hasta el punto de que se le atribuía también la victoria de Alcolea. La Revolución, tan minuciosamente preparada, había triunfado.

El 8 de octubre de 1868 se constituye el primer gobierno nacido de la Revolución, bajo la presidencia de Serrano, Prim es ministro de la Guerra. Reunidas las Cortes Constituyentes el 11 de febrero de 1869, el 6 de abril se inicia el debate parlamentario sobre el proyecto de la nueva Constitución, que es Promulgada el 6 de junio; el Gobierno resigna sus poderes, y nombrado regente del reino el general Serrano (17-VI), este encarga a Prim la formación de nuevo Gabinete. No era fácil gobernar al país que se había desatado, después de muchos años de un despótico autoritarismo, en sucesivos movimientos revolucionarios (Cádiz, en diciembre de 1868; Burgos, donde fue asesinado el gobernador civil Gutiérrez de Castro; motines en Jerez, en marzo de 1869, etc.), mientras en Cuba había empezado la guerra llamada de los Diez Años.

Prim, desde la jefatura del Gobierno, en el que se ha reservado, además, la cartera de Guerra, se ve obligado a proceder con mano dura para hacer frente a las turbulencias interiores: desarma a los voluntarios, con lo que se ocasionan graves desórdenes en Barcelona, Valencia y Zaragoza. El partido federal cobra grandes impulsos en 1869, año en que cuenta con 60 diputados a Cortes; se produce una sublevación federal en casi toda España, revistiendo caracteres de gravedad en Valencia y Zaragoza, por lo que son fusilados Guillén y Carvajal (septiembre-octubre de 1869.

Prim y Amadeo

Por otra parte, Prim dedica sus esfuerzos a encontrar un rey para el trono vacante de España. Hay varios candidatos, entre los que se cuenta incluso Espartero. El más indicado es en un principio, el príncipe Leopoldo de Hohenzollern, pero su posible elección suscita los recelos de Francia, que se lanza a la guerra contra Prusia, en la que es derrotado Napoleón III (1870, desastre de Sedán). Otros dos candidatos, el infante don Enrique y el duque de Montpensier, se desafían en duelo, siendo muerto el primero (12-II-1870). Por fin, el 16 de noviembre de 1870 las Cortes eligen por 191 votos, a Amadeo de Saboya, que es proclamado rey de España. Un levantamiento carlista en Astorga es reprimido con implacable energía por Prim, que se ve también atacado por elementos republicanos y otros grupos descontentos de la Revolución. Entre los que más se distinguen en sus ataques a la política de Prim hay que citar a Paúl y Angulo.

El asesinato de Prim

El 27 de diciembre de 1870 salía Prim del Congreso, en compañía de Sagasta y Herreros de Tejada, que subieron con él al coche, mientras sus ayudantes Nadín y Moya seguían a pie, hasta sustituir en el vehículo a los dos acompañantes de general Prim, que miembro de la masonería para servirse de la fuerza política de las logias (con lo que logró someterlas a su inspiración), debía haber asistido a un banquete masónico en la calle Arenal; teniendo que pasar antes por el ministerio, avisó por medio de su amigo Ricardo Muñiz que llegaría a los brindis. Siguió el coche la calle el Turco (hoy Marqués de Cubas) y, próximo ya a la de Alcalá, fue objeto de unos disparos que alcanzaron a Prim, destrozándole un hombro y parte del pecho. Fue llevado al palacio de Buenavista y subió la escalera por su pie, sin embargo, las heridas eran de tal gravedad, que no había salvación posible, si bien Prim luchó, con plena lucidez, durante tres días, entre la vida y la muerte. Cuando llegó a Madrid el rey Amadeo I, lo primero que hizo fue visitar el cadáver de Prim en la basílica de Atocha.

Se instruyó causa por el asesinato, pasando los folios de 18.000, sin que se aclarase nada. Roque Barcia se defendió de las sospechas recaídas sobre él Carta de Roque Barca sobre el asesinato de don Juan Prim, Barcelona, 1871, y dejó su nombre limpio de culpa; los más señalaban a Paúl y Angulo, que desde el periódico El Combate había amenazado de muerte a Prim. No poca suspicacia infundió el duque de Montpensier, sin que faltara quien acusase al regente, general Serrano, de complicidad en la cuestión. Céspedes, el cubano, atribuía la muerte de Prim a los negreros de la Habana, temerosos de que las innovaciones del general pudieran mermar la explotación de su negocio. Lo cierto es que la muerte de Prim ha quedado envuelta en el misterio, o pesar de la abundante bibliografía en torno al tema cf. J. M. Miguel y Verges, El General Prim en España y en México, México, 1949, págs. 427-448, y M. Fernández Almagro, Cánovas. Su vida y su política, Madrid, 1951, pág. 197 s.. Con su desaparición quedaría muy debilitada la efímera dinastía saboyana, por él llamada a reinar desde el trono español.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 329-333.