América Independiente

La división estatal

Conflictos con España

Conflictos con Interamericanos

La división estatal

La emancipación de la América española se consiguió después de una larga y dura lucha, de 1810 a 1825. En fechas diversas fueron obteniendo su independencia las antiguas entidades coloniales —virreinatos, capitanías generales y audiencias— que dieron origen a las entidades nacionales posteriores, aunque no del todo exactamente. En 1821, año decisivo, se había proclamado la independencia de México, Guatemala y Santo Domingo y la batalla de Carabobo había consumado la independencia de Venezuela y con ella de la llamada Gran Colombia, fundación de Bolívar; Nueva Granada, otra de sus partes componentes, se había emancipado en buena parte en 1819, y Quito lo sería en 1822, agregándose a dicha Colombia. Igualmente en 1822 se separó el Brasil de Portugal, Chile era oficialmente independiente desde 1818 y la Argentina, de hecho desde 1810 y oficialmente desde el Congreso de Tucumán (1816). El Paraguay había proclamado su separación absoluta en 1813. Aunque el Perú fue declarado independiente por San Martín en 1821 asimismo, no triunfó plenamente la separación hasta la batalla de Ayacucho en 1824, y al año siguiente Sucre emancipó el Alto Perú, que tomó el nombre de Bolivia.

Con anterioridad a la emancipación de la América española y portuguesa, solo había dos Estados soberanos en América: los Estados Unidos —desde la proclamación hecha en Filadelfia en 1776— y la república negra de Haití, cuya independencia —aún no reconocida— se había declarado en 1804 (el 1° de enero).

No fue definitiva tal distribución, pues ya en 1824, en esa fecha simbólica de Ayacucho, habían sobrevenido algunos cambios: Santo Domingo había sido sometido por Haití en 1822, y la América Central se había unido en este mismo año al Imperio mexicano de Iturbide, pero se había vuelto a separar en 1823.

La división política existente en 1825 no fue tampoco definitiva, pues aparecerían nuevas unidades estatales: en 1828 fue declarado independiente el Uruguay, separándose tanto de la Argentina como del Brasil al que había pertenecido últimamente. En 1830 la Colombia de Bolívar se fragmentó en las tres repúblicas de Nueva Granada -—más tarde Colombia—, Venezuela y Ecuador. En 1844 se emancipó la República Dominicana de Haití; volvió a unirse a España de 1861 a 1865 recobró en este año su independencia.

La Federación de la América Central se disolvió entre 1838 y 1839, repartiéndose en las cinco repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Hubo dos Estados de efímera existencia: la Confederación Perúboliviana, de 1836 a 1839, disuelta por un ataque chileno, y una república de Texas, segregada de México en 1836 e incorporada a los Estados Unidos en 1845. No hubo más creaciones de nuevos Estados en el siglo XIX. Al comenzar el siglo XX aparecieron Cuba, que entró definitivamente en la vida independiente en 1902, emancipada de España y al cesar la ocupación norteamericana, y Panamá, segregado de Colombia en 1903. Puerto Rico no consiguió una total independencia, pero su autonomía, respecto de los Estados Unidos, se transformó en el estatuto de Estado libre y asociado en 1952.

Fuera de la América española, el Canadá evolucionó hacia una independencia de hecho dentro de la Commonwealth británica completándose por los principios de la Conferencia Imperial de 1926 y por el Estatuto de Westminster en 1931. Recientemente han obtenido su independencia dentro de la Commonwealth Jamaica y Trinidad en 1962, con la categoría de Dominios, y en 1966 la Guayana británica y Barbados. Amplia autonomía se ha concedido a las antiguas posesiones holandesas, pero aún no una plena independencia. Quedan así ahora muy pocas posesiones europeas en el continente americano, primero que salió en su casi totalidad de la situación llamada colonial.

Las cuestiones internacionales. Nuevas colonias

A pesar de lo dicho, no han faltado nuevas implantaciones de régimen colonial en América. El presidente Monroe promulgó en 1823 su famosa doctrina, según la cual, los continentes americanos, dada la libre e independiente condición que han asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como susceptibles de futura colonización por cualquiera de las potencias europeas. Sin embargo, no faltaron nuevas colonizaciones; en primer término el texto citado iba dirigido contra Rusia, que pretendía extender sus posesiones en Alaska hasta 51° Norte; un acuerdo de 1824 puso el límite sur de las posesiones rusas en 54° 40'. En 1867 los Estados Unidos compraron Alaska a Rusia.

El territorio ribereño del Pacífico entre 42° límite con las posesiones españolas según el tratado de 1819 y el referido confín sur de Alaska fue disputado entre Inglaterra y los Estados hasta que el acuerdo de 1846 señaló la frontera, prolongando hasta el Pacífico el paralelo 49, y así la Gran Bretaña extendió hasta el Pacífico el que sería definitivo Canadá. Coincidiendo con la emancipación hispanoamericana aseguró Inglaterra su dominación sobre Belice u Honduras británica, lo que vinieron a confirmar el tratado con México de 1826 y el de los límites con Guatemala de 1859.

También trató de afirmar su soberanía sobre la costa atlántica de Nicaragua mediante un protectorado sobre un reino de Mosquitia, lo que ya venía del siglo XVIII y que aseguró hacia 1840, habiendo ocupado también las islas de la Bahía (Honduras) en 1830; pero la oposición de los Estados Unidos condujo al tratado Clayton-Bulwer (1850) por el que ambas potencias renunciaban a expansiones en América Central; Inglaterra devolvió la Mosquitia a Nicaragua en 1860. En 1833 la Gran Bretaña ocupó las islas Malvinas, reteniéndolas a pesar de las reclamaciones argentinas.

Conflictos con Europa

No han faltado algunas cuestiones con potencias europeas además de las tentativas coloniales dichas, aunque pasajeras. La falta de atención a unas reclamaciones francesas contra México motivaron el bombardeo de Ulúa por la escuadra francesa y la ocupación de Veracruz (1838), obligando a México a abonar una fuerte indemnización.

También en 1838 unas reclamaciones contra el dictador argentino Rosas dieron pie al bloqueo del Río de la Plata por la escuadra francesa, que ayudó al político uruguayo Rivera a ocupar la isla de Martín García; se resolvió el conflicto por un tratado con el enviado francés Mackau (1840); de nuevo rebrotó el conflicto por la ayuda franco inglesa a Rivera, sitiado en Montevideo por Oribe, al que apoyaba Rosas (desde 1843); en 1845 las escuadras francesa e inglesa capturaron la argentina de Brown y anularon el bloqueo de Montevideo, desembarcando fuerzas en ayuda de los sitiados y bloquearon Buenos Aires; en el mismo año se riñó el combate de la Vuelta de Obligado en el Paraná para forzar el paso a la navegación que había cerrado Rosas; cesó el bloqueo por un acuerdo en 1850.

Un bloqueo de las Costas venezolanas se estableció por Inglaterra, Italia y Alemania por negarse el presidente Cipriano Castro a pagar deudas; se terminó con el pago rebajado de lo reclamado, por una intervención del Tribunal de La Haya, que aceptó la doctrina de Drago -formulada por el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina-, que negaba derecho al empleo de la fuerza y a la ocupación de territorios para hacer efectivo el abono de deudas a un país.

La intervención europea más importante fue la efectuada en México y que tuvo origen en la supresión del pago de la deuda extranjera por Juárez en 1861. Causó esto la firma del pacto de Londres por el cual Inglaterra, Francia y España acordaron llevar una expedición militar que obligara a México al reconocimiento de las deudas. Pero Napoleón III deseaba una intervención francesa en México, que aumentara su prestigio y permitiera una explotación económica, alentado por los conservadores mexicanos que querían derribar el régimen revolucionario y anticlerical de la Reforma.

Efectuada la expedición, se ocupó Veracruz (1861) y se realizaron negociaciones en Orizaba; el gobierno accedió a las reclamaciones y las tropas inglesas y las españolas, mandadas estas por Prim, se retiraron, considerando cumplida su misión; las francesas continuaron la campaña hasta tomar la capital (1863), donde un nuevo gobierno conservador restableció la monarquía y ofreció la corona a Maximiliano de Austria, que aceptó (1864), pero solo se sostuvo mientras contó con el apoyo del ejército francés; retirado este en 1867, no tardó en caer Maximiliano, fusilado por Juárez en Querétaro (1867).

Conflictos con España

Tardó mucho España en reconocer la independencia de sus antiguas provincias americanas, no efectuándose el primer reconocimiento hasta el reinado de Isabel II, siéndolo el llevado a cabo de México en 1836, prolongándose mucho los de otros países por las dificultades para llegar a un acuerdo —lo que promovió otro conflicto con el Perú, que ahora se mencionará— y el último reconocimiento fue el de Honduras, no verificado hasta 1894. En las cuestiones surgidas entre España y los países hispanoamericanos hay que distinguir dos clases: conflictos con naciones independientes y la sublevación de las posesiones que aún conservaba.

En la primera especie hubo la ya citada reincorporación de Santo Domingo, a petición de uno de sus partidos y para dar paz al país (1861), que ocasionó una lucha continua con los enemigos de tal acto hasta que se abandonó de nuevo en 1865, y la expedición a México mencionada, en la que Prim no quiso hacer el juego a Francia y retiró las tropas españolas.

El conflicto de más importancia fue el sobrevenido con el Perú y Chile , a causa de una serie de reclamaciones no satisfechas por el Perú, y por la política expansionista y de prestigio efectuada por O'Donnell; se envió una escuadra al Pacífico que ocupó las islas Chinchas (1864), alegando que España las poseía por no haber reconocido todavía la independencia peruana, hecho que alarmó a las demás repúblicas; nuevas negociaciones, en las que España procuro mostrar energía condujeron a un tratado entre los generales Pareja —español- y Vivanco, ventajoso para España (1865); antes de llevarse a cabo el definitivo cayó el presidente Pezet, se anuló lo tratado, y la flota española se encontró en guerra con el Perú, Chile y Ecuador (1866); los chilenos capturaron el buque Covadonga, por lo que se suicidó Pareja, y su sucesor Méndez Núñez bombardeó Valparaíso y luego el puerto fortificado del Callao (2 de mayo de 1866), retirándose a continuación.

El otro conflicto fue interno; España aún conservaba su soberanía en Cuba y Puerto Rico al emanciparse los demás países; Puerto Rico se mantuvo tranquilo todo el s. ; en Cuba actuaban diversos factores, pero fue creciendo el sentimiento, tanto autonomista como francamente separatista, complicado con el problema de la esclavitud y las aspiraciones de los Estados Unidos a la anexión de la isla, vistas con simpatía, ya por los elementos patriotas como por los partidarios de la esclavitud, mientras esta existió en aquellos. Hubo conspiraciones abortadas y tentativas terminadas en fracaso como la de Narciso López (1851) hasta que al fin estalló una gran insurrección, que duró diez años, de 1868 a 1878, concluida por la paz del Zanjón, negociada por Martínez Campos, que prometió reformas, igualdad con la Península y la abolición de la esclavitud.

La paz siguiente —con una breve insurrección, la Guerra chiquita— no evitó nuevas conspiraciones y propaganda, fomentadas por los Estados Unidos, deseosos de la anexión y que con el incumplimiento de las promesas hechas desembocaron en la nueva guerra comenzada en 1895 con el grito de Baire. España trató de acabar con la insurrección por la fuerza antes de negociar y hacer concesiones; el apoyo de los Estados Unidos a los insurgentes y sus continuas reclamaciones a España fueron enconando el conflicto, que al fin, se convirtió abiertamente en internacional, sirviendo de pretexto la voladura del acorazado yanqui Maine para llegar a una guerra entre los Estados Unidos y España (1898), lucha breve marcada por los desastres navales españoles en Santiago de Cuba y Cavite (Filipinas), que apresuraron la paz de París en el mismo año de 1898, por la que España renunció a sus últimas posesiones anexionándose los Estados Unidos, Puerto Rico y Filipinas y ocupando Cuba, declarada independiente y que asumió su soberanía en 1902.

Conflictos Interamericanos

Al emanciparse de España aceptaron los nuevos Estados el uti possidetis del comienzo de la etapa revolucionaria con extensión y límites suyos, lo cual no impidió fragmentaciones, conflictos fronterizos y contiendas militares. Prescindiendo de las cuestiones de límites, resueltas varias o intentadas resolver por arbitrajes de presidentes de los Estados Unidos o monarcas europeos, no siempre con fortuna o aceptación, y omitiendo guerras secundarias, como algunas entre los países centroamericanos, no han faltado guerras sangrientas o de consecuencias prolongadas entre las naciones emancipadas. Ya se ha aludido a la oposición chilena a la Confederación del Perú y Bolivia, que condujo a su disolución, y a la intervención de Rosas en el Uruguay, que duró hasta su caída. Ya en tiempos de Bolívar atacó el Perú a Colombia por la posesión de Guayaquil, sin lograrlo (1828-1829). Los principales conflictos han sido tres: la guerra del Paraguay, la del Pacífico y la del Chaco.

La guerra del Paraguay

Disensiones anteriores, la cuestión de la libre navegación por los ríos y la intervención del Brasil en el Uruguay en favor del partido colorado provocaron la guerra entre el Paraguay, gobernado por el dictador Francisco Solano López y el Brasil en 1864; al negarse la Argentina a dejar pasar por su territorio a los paraguayos, López lo invadió y se formó la triple alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay (1865); algunos éxitos paraguayos iniciales resultaron estériles y la flota brasileña ayudó a la invasión del Paraguay; se dieron muchas batallas (Uruguayana, Curupayití, la rendición de Humaitá, Lomas Valentinas); cayó Asunción, pero López prosiguió la campaña, en la que había sido casi exterminada la población masculina capaz de combatir y solo quedaban en el ejército niños; concluyó la guerra en 1870 con la muerte de López en Aquidabán; habían perecido quizá medio millón de seres y el país quedaba totalmente arrasado, arruinado para mucho tiempo y perdidos amplios territorios.

La guerra del Pacífico

La guerra del Pacífico tuvo su origen en la explotación de los yacimientos de salitre o nitrato del desierto de Atacama, en aumento por las necesidades crecientes de la agricultura europea. El país, sin interés antes, pertenecía a Bolivia; en 1866, Chile, mejor administrado y más desarrollado que Bolivia, firmó con esta un acuerdo para la explotación conjunta del territorio entre 23° y 25° Sur; entre 24° y 25° Chile abonaría una participación en beneficios a Bolivia y esta a su vez a aquel entre 23° y 24°; en 1874 se fijó la frontera en los 24°, pero seguiría la explotación conjunta del nitrato, guano y metales; en 1878 Bolivia estableció un nuevo impuesto; a su vez mutuos temores entre Perú y Chile y un tratado secreto de aquel con Bolivia precipitaron la tensión y estalló la guerra en 1879, entre Perú y Bolivia de una parte, y Chile de otra. Chile , mejor armado, se apoderó de Antofagasta, Mejillones, Tacna y Arica; la victoria por mar sobre el Perú —definitiva cuando pereció el héroe peruano Grau— permitió la toma de Lima (1881).

Por el tratado de Ancón (1883) Chile se anexionó todo el desierto de Atacama y ocuparía Tacna y Arica durante diez años. Bolivia quedó privada de salida al mar. No se efectuó dicha devolución y el problema de aquellas provincias envenenó las relaciones entre Perú y Chile muchos años y amenazó la paz sudamericana. Por fin se llegó en 1929 a un acuerdo por el cual el Perú recibió Tacna y Chile se quedó con Arica.

La guerra del Chaco

Bolivia quedaba de nuevo sacrificada e intentó obtener una salida al río Paraguay a través del Chaco, país desértico, pero en el que el trazado de la frontera entre Bolivia y Paraguay había sido objeto de múltiples negociaciones y arbitrajes, sin resultado aceptable para uno u otro país. El incidente del fortín Vanguardia estuvo a punto de hacer estallar la guerra en 1928; al fin vino en 1932 y se combatió duramente en un país inhóspito, sin que las gestiones ajenas lograran establecer una paz provisional hasta 1935; el Paraguay había llevado la mejor parte y se quedó con los tres cuartos del territorio, duplicando el de la nación; Bolivia obtuvo el resto y una salida al río Paraguay. El acuerdo definitivo se firmó en 1938.

Conflicto de menor gravedad, fue el de Leticia, a orillas del Amazonas, disputada por peruanos y colombianos (1932); se resolvió por el protocolo de Río de Janeiro (1934) que adjudicó la zona a Colombia. La cuestión del oriente ecuatoriano ocasionó otro conato de conflicto armado entre Perú y Ecuador en 1941; otro protocolo en Río de Janeiro en 1942 estableció los límites, perdiendo Ecuador gran parte de la región amazónica (174.000 km) a lo que no se ha resignado.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 226-229.