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Sabino de Arana

Historia de España, Europa e Hispanoamérica

Biografía

Sabino de Arana

Arana Goiri, Sabino de, Abando (Vizcaya), 26.I.1865 – Pedernales (Vizcaya), 25.XI.1903. Fundador e ideólogo del nacionalismo vasco.

Nació en la anteiglesia de Abando, anexionada a la villa de Bilbao en 1890. Fue el octavo y último hijo de una familia profundamente católica y carlista. Su padre, Santiago de Arana, propietario de astilleros de barcos de madera en la ría de Bilbao, estuvo implicado en la compra de armas para el ejército carlista, por lo que se refugió, junto con su familia, en el País Vasco francés durante la última guerra carlista (1872-1876).

La derrota militar del carlismo, seguida de la ley abolitaria de los fueros vascos, supuso una crisis moral y un quebranto económico para la familia Arana, que regresó a su casa de Abando en 1876.

Sabino Arana cursó el bachillerato en el colegio de los jesuitas en Orduña (Vizcaya) y durante cinco años (1883-1888) se matriculó en Derecho y en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, pero sólo aprobó unas pocas asignaturas, porque prefirió dedicarse al estudio de la lengua y la historia vascas, aprendiendo euskera y publicando sus primeros artículos y folletos.

Un día indeterminado de 1882, con diecisiete años, su hermano Luis (1862-1951), que se había hecho nacionalista vizcaíno en el colegio de los jesuitas en La Guardia (Pontevedra), le descubrió que Vizcaya no era España. Entonces, Sabino de Arana abandonó su carlismo juvenil y se convirtió en nacionalista, vizcaíno primero y luego vasco. El cincuentenario de esta revelación nacionalista fue el origen del primer Aberri Eguna o Día de la Patria Vasca, organizado en Bilbao por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), presidido por Luis Arana, el domingo de Resurrección de 1932 para resaltar la impronta religiosa de su fundador y de su doctrina, el aranismo, que seguía vigente en el PNV de la Segunda República.

En 1888 Sabino Arana se presentó candidato a la cátedra de Vascuence del Instituto Vizcaíno de Bilbao, recién creada por la Diputación de Vizcaya, que obtuvo el sacerdote Resurrección María de Azkue, quien superó también a Miguel de Unamuno (1864- 1936). Arana tuvo varias polémicas con este gran escritor bilbaíno, pues divergían en sus ideas políticas y lingüísticas. Arana propugnó un euskera puro, sin influencias del castellano, e inventó muchos neologismos: por ejemplo, el nombre de Euzkadi (el pueblo de raza vasca), tildado de incorrecto por Unamuno.

Escribió poesías en vasco, varios estudios sobre esta lengua y un santoral de nombres vascos, que tuvo éxito. Pero la mayoría de sus obras están escritas en castellano.

De acuerdo con sus ideas raciales y ruralistas, Sabino Arana se casó en 1900 con Nicolasa de Achica-Allende, una aldeana vizcaína de Pedernales con más de un centenar de apellidos vascos, pero mal vista por sus hermanos por ser pobre e iletrada. Antes de la boda, Arana la ingresó tres meses en un colegio de monjas de Bilbao para que aprendiese castellano. El matrimonio vivió en Pedernales y no tuvo descendencia.

En 1892 publicó un libro titulado Bizkaya por su independencia, que fue el acta fundacional del nacionalismo vasco. Se trata de una recreación históricolegendaria de cuatro batallas de la Vizcaya medieval contra León o Castilla, siendo las principales la apócrifa de Arrigorriaga (888, origen mítico del Señorío de Vizcaya) y la histórica de Munguía (1471). Con esta obra creó la historiografía nacionalista vasca, puesta al servicio de su doctrina política.

Las principales coordenadas históricas que explican la aparición del nacionalismo vasco fueron la literatura fuerista (“el ingenuo romanticismo vascongado”, según Unamuno), las guerras carlistas con las aboliciones forales y, sobre todo, la revolución industrial de Vizcaya en el último cuarto del siglo XIX. Arana reaccionó de forma virulenta contra sus consecuencias, en especial la masiva inmigración de trabajadores no vascos: Bilbao pasó de ser una pequeña población de treinta y dos mil habitantes en 1877 a convertirse en una industrial y conflictiva ciudad con ochenta y tres mil habitantes en 1900.

El nacionalismo vasco surgió en el Bilbao finisecular fruto de la labor política de Sabino de Arana, quien fue su único padre fundador, pues le proporcionó una ideología (el aranismo), sus principales símbolos (la bandera bicrucífera o ikurriña, el nombre Euzkadi y el himno), varios medios de comunicación y una primera organización política en Bilbao y algunos pueblos de Vizcaya, sobre todo en la comarca de Guernica.

En 1893 comenzó su actividad pública con su discurso de Larrazabal, en un caserío de Begoña, a un grupo de fueristas encabezado por el naviero Ramón de la Sota Llano (1857-1936), adoptando el lema “Dios y Ley Vieja” o Fueros. Su vida política se desarrolló en Bilbao y duró sólo una década, pero fue muy intensa, como muestran sus hitos principales: fundó y dirigió los periódicos Bizkaitarra (1893- 1895) y Baserritarra (1897); creó el primer centro nacionalista, Euskeldun Batzokija (1894), y el Partido Nacionalista Vasco (1895), siendo su presidente hasta 1903; publicó el folleto El Partido Carlista y los Fueros Vasko-Nabarros (1897), de polémica con el carlismo sobre el significado jurídico-político de los Fueros; fue diputado provincial de Vizcaya por Bilbao (1898-1902); escribió las obras teatrales De fuera vendrá [...] (1898) y Libe (1903); fue editorialista del diario El Correo Vasco (1899) y del semanario La Patria (1901-1903) y dirigió la revista político-cultural Euzkadi (1901). En la breve trayectoria política de Sabino de Arana se distinguen tres etapas bien diferenciadas. La primera transcurre entre los años 1893 y 1898 y se caracteriza por su nacionalismo radical y su integrismo religioso. Su doctrina sigue la concepción de nación del romanticismo alemán: las naciones tienen una esencia y existen desde siempre. Su nacionalismo es esencialista: sus esencias son la religión católica y la raza vasca, identificada por los apellidos “euskéricos”.

Ambas constituyen los pilares fundamentales de su concepción de nación, que no tiene en cuenta la voluntad de los ciudadanos. Su proyecto político para Euskadi sería un Estado vasco confederal basado en la unidad de raza y la unidad católica. También es providencialista, pues cree que las naciones son entes sagrados y eternos creados por Dios. Sostiene la existencia de una nación vasca y de una nación española, antagónicas por su raza y enemigas a lo largo de la historia, desde la Antigüedad hasta su época.

En el primer número de Bizkaitarra (8 de junio de 1893), Arana se declaró “anti-liberal y anti-español”.

Su nacionalismo se formuló contra España por considerar que era la causa de todos los males que padecía el País Vasco desde que el Estado liberal derogó sus Fueros. Estos eran concebidos por Arana como expresión de la independencia secular de los territorios vascos hasta la Ley de 25 de octubre de 1839, al final de la primera guerra carlista, que confirmó los Fueros “sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía”. Por su mentalidad tradicionalista, consideraba que los Fueros vascos eran incompatibles con cualquier constitución liberal española.

El nacionalismo aranista fue clerical y antiliberal por creer que el liberalismo era pecado y enemigo de la Iglesia, porque “nos aparta de nuestro último fin, que es Dios” (Bizkaya por su independencia, 1892).

Aunque Arana rechazaba la autonomía y abogaba por la independencia, esta no era su meta sino un medio político para alcanzar su finalidad última de índole religiosa: la salvación celestial de los vascos. Por eso, proclamó que su grito de independencia “sólo por Dios ha resonado”, pues “Bizkaya, dependiente de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica en la práctica” (“Efectos de la invasión”, en Baserritarra, 11 de julio de 1897).

Inicialmente, Arana fue antiindustrialista, atacando a los grandes capitalistas vizcaínos, encabezados por Víctor Chávarri, por destruir la sociedad tradicional y traer a obreros no vascos para trabajar en sus minas de hierro, sus altos hornos y sus astilleros de Bilbao y su entorno. Pero, sobre todo, el aranismo fue sinónimo de antimaketismo, una manifestación de xenofobia contra los españoles emigrantes en el Bilbao de la revolución industrial, criticada por Unamuno en su artículo “El antimaquetismo” (El Heraldo de Madrid, 18 de noviembre de 1898). Arana denunció constantemente en sus primeros periódicos la “invasión maketa” y sus consecuencias: “la impiedad, todo género de inmoralidad, la blasfemia, el crimen, el libre pensamiento, la incredulidad, el socialismo, el anarquismo...” (“¡Caridad!”, en Bizkaitarra, 20 de enero de 1895).

Sus continuos ataques a España y los graves insultos a los españoles en Bizkaitarra le ocasionaron multas, procesos y su primer encarcelamiento, de agosto de 1895 a enero de 1896. Estando preso en la cárcel de Bilbao, el Gobierno de Cánovas del Castillo llevó a cabo la primera persecución contra el incipiente nacionalismo vasco en septiembre de 1895: la clausura del periódico y del primer batzoki, la detención de su Junta directiva y el procesamiento de sus ciento diez socios. El Euskeldun Batzokija de Bilbao no se reabrió, pero fue el embrión del Partido Nacionalista Vasco, que nació en la clandestinidad el 31 de julio de 1895, festividad de san Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús. Arana sentía devoción por este santo vasco, al que consagró un número extraordinario de Bizkaitarra.

El año 1898 representó un importante punto de inflexión en su vida política y el inicio de su segunda etapa, que coincidió con su estancia en la Diputación de Vizcaya (1898-1902). Al comienzo de 1898, el PNV se hallaba en un momento crítico al ser un grupo ilegal, circunscrito a Bilbao, sin prensa y con escasos afiliados. Su situación se agravó con el estallido de la guerra hispano-norteamericana: el 24 de abril, la casa de los hermanos Arana fue apedreada por una manifestación de nacionalismo español convocada por la sociedad liberal El Sitio, de Bilbao. Pero en los meses siguientes el panorama político cambió de forma sustancial debido a tres hechos clave: la derrota militar de España ante Estados Unidos en Cuba y Filipinas con la pérdida de sus últimas colonias, el ingreso del grupo fuerista de Ramón de la Sota en el PNV y la elección de Sabino Arana como diputado provincial de Vizcaya por el distrito de Bilbao, con cuatro mil quinientos votos, en septiembre. Fue el primer éxito electoral del nacionalismo vasco, logrado gracias al apoyo del grupo de Sota y de su semanario bilbaíno Euskalduna (1896-1909).

Desde entonces, Arana empezó a evolucionar en un sentido pragmático, que se reflejó tanto en sus planteamientos económicos, con su evolución industrialista, como políticos, según muestra su actuación en la Diputación de Vizcaya. Así, en noviembre de 1898, su primera moción propuso la creación de un Consejo Regional, que no era más que una simple mancomunidad de las diputaciones vasco-navarras, mucho menos que un Estatuto de autonomía. Fue el primer antecedente de su evolución españolista.

Ahora bien, la moderación de Arana tuvo mucho más de pragmatismo político que de cambio ideológico, pues mantuvo sus postulados sobre la raza y la religión, aunque mitigase mucho su antiespañolismo y su antimaketismo. Sus ideas continuaban siendo independentistas y esto daba lugar a la persecución del PNV, como sucedió en septiembre de 1899 cuando el Gobierno de Silvela cerró su prensa y sus centros, incluidos el semanario Euskalduna y el Centro Vasco de Bilbao, controlados por los sotistas. Estos constituían el sector moderado del PNV, rival del sector radical de los aranistas, querían legalizar los fines del partido adoptando la autonomía como meta y tenían un modelo a imitar en la Lliga Regionalista, fundada por Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó en 1901, con la que entraron enseguida en contacto, a pesar de que Arana siempre consideró muy distinto al catalanismo del nacionalismo vasco.

Su tercera etapa política es la denominada evolución españolista de Sabino Arana en el último año de su vida (1902-1903). Fue el intento de resolver la dualidad existente en el PNV desde 1898 entre una doctrina independentista y una práctica que ya no lo era. Su formulación se produjo inmediatamente después de una nueva represión sobre el nacionalismo vasco, llevada a cabo por el Gobierno de Sagasta, en mayo y junio de 1902, cuando Arana fue encarcelado al intentar enviar un telegrama al presidente norteamericano Theodore Roosevelt, felicitándole por haber concedido la independencia a Cuba, y los once concejales del PNV en el Ayuntamiento de Bilbao, elegidos en 1899 y 1901, fueron suspendidos de sus funciones por el gobernador civil de Vizcaya debido a su mensaje de bienvenida a un buque de la Armada argentina fondeado en el puerto de Bilbao.

Entonces Arana, preso en la cárcel de Bilbao, anunció su giro estratégico en un escrito titulado “Grave y trascendental” y publicado en su semanario La Patria el 22 de junio de 1902. En él señalaba que, viendo que al PNV no se le permitía la vida legal, se proponía desistir de continuar el nacionalismo y sustituirlo por “un nuevo partido vasco que sea a la vez español, que aspire a la felicidad de este país dentro del estado español, que camine hacia ella sin quebrantar la legalidad presente”.

Dicho partido se llamaría Liga de Vascos Españolista (para él, sinónimo de regionalista), nombre semejante a la Lliga Regionalista de Cataluña. Esto demostraba la creciente influencia del sector moderado, que apoyó la evolución españolista desde su semanario Euskalduna.

El manifiesto y el programa de la Liga, publicados en 1902, suponían el triunfo de sus tesis: la renuncia a la independencia de Euzkadi como meta y su sustitución por “una autonomía lo más radical posible dentro de la unidad del estado español”, según el propio Arana (La Patria, 29 de junio de 1902). En cambio, los aranistas radicales no eran partidarios de dicha evolución, pero no se atrevieron a cuestionar a su líder carismático.

La evolución españolista de Arana fue muy contradictoria debido a que en su fuero interno continuaba siendo independentista, como prueba su manuscrito “Mi pensamiento” (junio de 1902), en el cual soñaba con una idea salvadora: “la independencia de Euzkadi, bajo la protección de Inglaterra, será un hecho en día no lejano”. Este independentismo soterrado aparece también en la última obra que publicó en 1903: el melodrama legendario Libe, nombre de una heroína apócrifa que perecía en la batalla de Munguía (1471) arengando a los vizcaínos, que derrotaban al ejército castellano invasor y mantenían su independencia. Así pues, el último Arana sustituyó la historia por la literatura, que se convirtió en el refugio de su ideología independentista, siendo el epígono de la literatura fuerista romántica del siglo XIX.

Durante un año, primero en la cárcel hasta noviembre de 1902 y después en libertad, Arana impulsó la evolución españolista con artículos en la prensa y con su práctica política: en 1903 apoyó la candidatura del católico José María de Urquijo a diputado a Cortes por Bilbao en base a un programa regionalista. Pero la enfermedad de Addison le impidió culminar dicha evolución, a la cual no renunció expresamente.

En septiembre de 1903, Arana nombró sucesor como delegado general del PNV a su amigo Ángel Zabala (1866-1940), diputado provincial de Vizcaya y cabeza del sector radical. Zabala enterró la evolución españolista al mismo tiempo que daba sepultura al cadáver de Sabino Arana en el cementerio de Pedernales en noviembre de 1903. Para ello contó con la ayuda de Luis Arana, quien nunca aceptó la última etapa de su hermano y fue el máximo guardián de la ortodoxia aranista.

La temprana muerte de Sabino Arana, con sólo treinta y ocho años de edad, contribuyó a sustituir su carisma por la mitificación sacralizada de su figura por parte de sus discípulos y seguidores, que desarrollaron un auténtico culto a Sabino Arana, a quien denominaban “el Maestro, mesías, apóstol y mártir”, llegando algunos a compararle con Jesucristo. Durante mucho tiempo, el PNV mantuvo incólume el legado aranista, cuya ortodoxia doctrinal se identificó con las ideas radicales e independentistas del primer Arana, anterior a 1898. Al estar muy unido a la religión católica, el aranismo se convirtió en una especie de segunda religión, que aglutinaba a los miembros de la comunidad nacionalista vinculada al PNV a lo largo del siglo XX.